lunes, 31 de diciembre de 2007

Noche de Año Nuevo I

Primera parte de una traducción de Lester Bangs sobre nuestras peculiares celebraciones findeañeras. Cualquier coincidencia con la realidad es fruto exclusivamente de su imaginación. Esperen la segunda y última parte dentro de unos días. Que nos sea leve. Nos leemos en el 2008. Salud pues.

Noche de año nuevo

Últimamente a donde voltees alguien está diciendo: “¡ya se acercan los ochenta!”. Como si al llegar la media noche y con ella el Año Nuevo ¡todo fuera diferente! Y cuando les dices, “por favor, ya sabes que todo va a seguir hundiéndose poco a poco”, ¡se ponen como locos! ¡Aguafiestas! ¡Qué falta de sentido del deber social! ¡Es verdad que soy antisocial! Pero también lo son todas las personas con las que me junto. Cuando nuestro bar favorito el Bells Hell cerró hace unos cuantos meses todos nos quedamos en nuestros departamentos en lugar de ponernos a buscar un nuevo agujero donde chupar. (Lo que probablemente sugiera que, como los búfalos, pronto desapareceremos.) Se lo conté a mi loquero y me dijo: “todos son patéticos”.
En otra ocasión cuando me quejaba porque me sentía raro en proximidad de otras personas porque nunca las veía porque lo único que hacía era quedarme en cama con las cobijas echadas encima de mi cabeza porque de verdad creía que como dijeron los poderosos Ramones “no había nada qué hacer ni lugar adonde ir” y sólo quería estar sedado, mi loquero aconsejó que llamara uno por uno a todos mis amigos para que salieran de sus estrechas celdas a ver si juntos se nos ocurría una forma en que disfrutáramos repatriarnos a la raza humana. Así que llevé a cabo el plebiscito y cuando volví me dijo: “¿cuál fue el consenso?”. Yo le dije, “el consenso es, “¿para qué quieres estar cerca de la gente? ¡La mayoría de cualquier forma es una porquería!”.
Supongo que piensan que estoy siendo negativo. Está bien, si soy negativo, ¡vayan y díganle a Madre que algo anda mal en el útero! ¡Ja, los caché! Aparte de que conforme los ochenta se aproximan sospecho que mi minoría antisocial ¡pronto será mayoría y tendremos una antisociedad! ¡Imagínenselo! ¡Will Rogers el último forajido! ¡Y qué mejor momento para inaugurar este pueblo fantasma que la noche de Año Nuevo! ¡Afuera lo viejo, adentro lo viejo! Y lo más viejo y lo más viejo. Les pregunto, ¿alguna vez han disfrutado de un Año Nuevo? ¡Claro que no! ¿Por qué? ¡Porque persisten en esa demente ilusión de que por algún motivo las cosas deben mejorar, o que la naturaleza cíclica del ying y el yang implica que la Tierra se recarga o alguna mierda parecida! Ni siquiera la mierda se recarga. ¿Acaso lo hacen estas banquetas? ¿Esta pintura descarapelada, el yeso cuarteado, las tuberías reforzadas? ¿Hay un casero recargable? ¡Con una chingada que no!
Existen dos posibilidades: (a) el éxtasis o (b) la decadencia. Y la noche de Año Nuevo es el timo más grande de todos, porque todos salimos con estas expectativas y sólo nos ponemos bien borrachos para poder aguantar el estar juntos porque nos pasamos el final del otoño y el primer albor del invierno hundiéndonos cada vez más profundo en el Teleguía y ahora lo que se espera es que hallemos deleite en la cercanía de estas plastas de espantosa humanidad. Así que CLARO ESTÁ se producen escenas horribles.
El primer Año Nuevo que recuerdo con claridad probablemente sea el primero en que tuve edad para beber: en lugar de eso me drogué con nueces moscadas. Aunque todos mis amigos se emborracharon y saliendo de un club para adolescentes lleno de lumpen con granos reducidos a tibias cicatrices manejamos sin rumbo alrededor de El Cajon, inevitablemente acabamos en la línea Jack in the Box, donde, mientras la gente vomitaba todos las vestiduras de mi coche, debimos saber que eso de los jipis nunca funcionaría.
1968: Fui a una fiesta en la que todos habían bebido mucho vodka demasiado aprisa y se pateaban o intentaban hacerlo mientras Donovan cantaba sobre ángeles gordos. Solamente vi a una persona vomitar: mi novia, encima de sus nuevos pantalones entallados blancos. (Previamente en la velada le había hecho un comentario acerca de ese tipo de pantalones femeninos. “Pareces una prostituta de Tijuana”. Qué tipo tan refinado era.) Me había metido Marazine y no dejaba de ver hombrecitos con hachas y martillos machacando los demonios pigmeos desnudos que farfullaban por las solapas de las demás personas hasta matarlos. Cuando llegué a casa aluciné que toda clase de personas entraba a mi cuarto y al estirarme para tocarlas gritaba “¡no se disuelvan! ¡no se disuelvan!”. Pero claro que lo hicieron. Entonces creí ver la silueta de un amigo al otro lado de la persiana susurrando en el jardín: “¡Lester! ¡Lester!”. Salí dando un salto de la cama y me avalancé hacia la sombra, con un agradecimiento patético por contar con algo de compañía humana. No había nada excepto por la calle vacía con hojas arrastradas por el viento.
Entré al baño para echar una meada y aluciné que mi madre se quedaba mirándome la verga con un ojo descomunal a través de un orificio en la puerta. Luego volví a la cama y soñé que había oficiales antinarcóticos de trajes gris metálico apostados en puntos estratégicos de mi escuela vigilándome con lentes oscuros Silva-Thin de espejuelos removibles. Fui incapaz de ver directo a los ojos a nadie durante los primeros dos meses de 1968.
1969: Salimos por ahí con un montón de cuates en la carcacha de uno de ellos. Bebimos cerveza pero fue en vano. Un carnal que luego entraría a la marina donde se especializó en demoliciones subacuáticas (exhortándome a que me enlistara como él: “¡es muy divertido explotar cosas!”) dijo, “vamos a conseguir unas patochas”. Nadie más dijo nada. A la larga todos nos fuimos a casa demasiado deprimidos como para siquiera sentirnos ebrios y quedarnos dormidos. Toda la velada debió escribirla (o ser castigado con ella) Robbe-Grillet.
1970: Me pasé la Noche de Año Nuevo emborrachándome con cerveza viendo TV en la casa de los padres de mi novia, saliendo periódicamente para conducir hasta los bungalows de un motel donde estaban quedándose unos amigos amantes de las jeringas porque quería comprar algo de heroína, la cual nunca había probado. Finalmente los encontré y me vendieron un poco. Cuando volví a casa de mi novia corrí al baño para intentar inhalarla. Como no estaba acostumbrado a los billetes enrollados, tiré el material de un espejo que sostenía en un ángulo precario por encima del lavabo, lo balanceé a una pulgada de mi nariz y aspiré con fuerza. Nada sucede excepto que más tarde bebo algo de licor de malta Country Club, me voy a casa y escribo una reseña para Rolling Stone (que nunca llega a ser publicada) acerca de una grabación pirata de un concierto de Bob Dylan. Al día siguiente les presumo a mis amigos “¡anoche escribí una reseña con heroína!”. Ser tan torpe como para no haber sabido meterme esa mierda ha sido mi único momento afortunado en una noche de Año Nuevo.
1971: Me quedé en casa a leer la Biblia. Bueno, eso es una mentira. Lo que hice fue acudir al autocinema con mi novia bien armados (es decir, bien armado yo) de vodka y pastillas para la tiroides que usaba su madre, absolutamente incapaz de concentrarme en la doble función de I Drink Your Blood (estelarizada por Ronda Fultz, Jadine Wong y alguien a quien sencillamente acreditan como “Bhaskar”) y I Eat Your Skin (William Joyce, Heather Hewitt) lo que de cualquier modo hubiera sido imposible bajo cualesquiera otras circunstancias, pensando toda la noche en cómo a la mañana siguiente le haría igual que Kerouac y simplemente saltaría dentro de mi auto comiendo speed con una mano y encendiendo la marcha con la otra para manejar manejar manejar hasta toparme con grandes olas de luz blakeana en las doradas proas de las Rocallosas. Claro que no lo hice, en cambio me levanté con una resaca tremenda, lo que probablemente haya sido igual de bueno: pude haber terminado siendo John Denver.
1972: Pasé el Año Nuevo borracho como cuba y deprimido hasta la médula en casa de mi madre en California. Llamé a mi amigo Nick en Nueva York y le lloriqueé miserablemente a través de varios vasos de güisqui, “creo que me estoy convirtiendo en un alcohólico”. No era algo que él quisiera escuchar pues estaba a punto de pasar el Año Nuevo realizando un recorrido por Broadway desde la calle 99 parando a tomar un trago en todos los bares del camino hasta terminar en Broadway y la Tercera, en el último bar, el St. Adrian Co., también conocido como el Bar Central de Broadway, ya que está junto al Hotel Central de Broadway, un refugio para indigentes. Al día siguiente me devolvió la llamada: “disculpa, Les, estoy muy deprimido para hablar”.
1973: Fui a una fiesta con mi ex novia ojos-de-perrito (la que tiñó de verde los pantalones entallados), su hermana y su cuñado. La mayoría de las otras personas eran solteros flamantes o intentaban serlo. Bailé con la hostess de modo muy cachondo. Algo como sacado de Doctors’ Wives. Mi ex se piró, me reprendió por restregarme con una mujerzuela e hizo una pequeña rabieta. Apuesto a que Gore Vidal nunca salió con algo tan ingenioso como “¿a ti qué te importa? ¡A mí no me vas a joder!”. Eso fue lo que berreó. Más tarde en el coche presa de una horrible y alcoholizada frustración sexual le hundí una uña en la muñeca hasta hacerla sangrar. Me dijo que era un marica. Lo era.
1974: De nuevo en California, me quedo en el departamento desierto pero amueblado de una antigua novia, ya que, sin que su mamá lo sepa, ella vive ahora con un empresario de unos cuarenta-y-cinco años que cuando está parado junto a ti en el bar para beber siempre lleva un buen fajo de dólares apretado para poder irlos disparando conforme vaya alumbrándose. Esa clase de tipo. Así que aquí estoy disfrutando de su departamento vacío, echado por ahí escuchando Raw Power y Berlin todo el tiempo cuando se me ocurre una idea brillante: voy a tomar todos estos LPs de rock inmoral y voy a llevarlos a esa fiesta de solteros/casados/lo-que-crean-que-son y voy a volarles la cabeza. ¡TOMEN, PUTOS! De modo que junto el montón de discos y allá voy y toda la noche me la paso deslizándolos en el tocadiscos bajándole los ánimos a todo mundo aunque también están fascinados, como que la habitación se queda medio callada en ocasiones, incluso pulida, igual es entendible porque estos son los suburbios de California donde todos van vestidos para encajar en cualquier tipo de cadena y qué sé yo, coronándolo todo con un frappé de la Yardley al lado, arracadas enormes, todos los tipos arman tan bien sus gallos que se los fuman cuando Lou suelta: “Caroline says… while she gets up from the floor… ¿Why is it that you hit me?... It’s no fun at all…”
Mientras todos estos jóvenes se relajan entregándose a la dolce vita a través del espejo. Momentos congelados, todos malos. Labios helados y lentes de sol frígidos.
“¡La frígida no soy yo, son mis Foster Grants!”
“¡El impotente no soy yo, es mi cuero inglés!”
“¡Bueno, tengamos un intercambio!”
“¡Guau! ¡Está bien!”
“¡Oye, esta decadencia metida en el culo es divertida!”
Desgraciadamente, esto nunca sucedió. No puedo recordar este Año Nuevo y tuve que inventarme algo. Pero las historias que te inventas al día siguiente siempre son mejores que lo que pasó en realidad.
1975: Por una vez sensible. Combiné speed con Valium y me fui a la oficina, que estaba desierta, y me pasé la noche escribiendo un texto para la edición de febrero de Creem. ¿Devoción al deber? No. Retirada del holocausto.
1976: Había estado saliendo con una chica durante un par de semanas como que luciéndonos por la escena de Detroit con el pretexto de que era fotógrafa. Ella decidió que yo era maricón porque una noche entre octubre y noviembre en un concierto de Barry White sentados detrás de los Ohio Players, los peores teloneros del mundo, ella se fijó en el bajista, “tiene buenas nalgas”, yo me incliné un poco para ver y ella me dedicó una mirada de extrañeza y con eso tuvo. Pues como sea, esta chica y yo seguimos saliendo, pero nada de sexo. Yo era torpe y tímido y ella, bueno, supongo que sus cámaras le estorbaban. Como sea aquí viene la noche de Año Nuevo, el evento, y por dios que los cabrones de la revista Creem rentan toda una suite en un hotel lujoso del centro nada más para, ah, entretener a cualquier cuate importante que pueda aparecer como, digamos, los disc jockeys locales o Martin Mull que hizo su sketch en el piso de abajo y también arriba. Por alguna estúpida razón esta chica como que me gustaba. No sé por qué, bueno en realidad sí: de frente se parecía a una persona a la que había amado llamada Judy, y por detrás se parecía a alguien a quien amaba pero que en ese momento no quería verme llamada Nancy. Así que MEA CULPA CABR’, etc. Como sea, me di cuenta de que la única razón por la que había ido a esta bazofia conmigo era nada más porque daba la casualidad de que yo trabaja en la misma publicación que este sujeto de nombre Charlie Auringer que le gustaba a TODAS las chavas que andaban ahí por su sentadito indiferente que tiene todo el tiempo, la mirada perdida, ese tipo de cosa. Cuando noté que descaradamente me estaba UTILIZANDO para acercarse a Charlie me encabroné. E hice lo que cualquier otro rasta que se respete habría hecho: escabullirme al piso de abajo y beber hasta la nulidad. Pero no estaba solo en esta faena y mucho antes de media noche ella y yo milagrosamente acabamos juntos, ahí en una mesa de pista en el salón de abajo, con suficientes globos como para mandar a Steve Martin a surcar los aires, pedazos de papel por todas partes, Flo y Eddie por ahí metiendo mano a cuanto trasero podían EXACTAMENTE como en esa canción de los Fugs “Dirty Old Man”, el confetti caía, y yo y Lee Ann (pues así era como se llamaba) con gorritos de fantasía, todolindo, yacasi es medianoche, quémaravilla, fuera luces.
Yo paso mi brazo de ebrio por sus hombros y la beso. Ella voltea la cara apretando los labios.
“¡Oye! ¡Todo el tiempo te llevo a lugares ! ¡Me gustas! ¡Hacemos cosas juntos! ¡Chico y chica! ¡¡¡¡¿¡¡¡¡Y ni siquiera vas a besarme en la noche de Año Nuevo!!!!????!!!! ¿De qué se trata esta mierda?”
“Tienes mal aliento”, dijo.
La cosa sólo podía ponerse mejor. Tras haber conquistado el corazón de la ya mencionada Nancy, nos mudamos a Nueva York donde estuvimos muriéndonos de hambre Descalzos en el Parque y nos acurrucábamos en la ciudad para ver a Donnie y Marie todos los viernes por la noche. En su lugar vimos a Jimmy y Rosalynn la noche de Año Nuevo. Fue su baile de preinauguración. Lloramos juntos cuando Loretta Lynn cantó “One’s on the Way”. Nos dio esperanzas por la sociedad. Éramos jóvenes e idealistas y enamorados. Tan fascinados caminábamos sobre montañas de azúcar que nunca se nos ocurrió cuidarnos de la diabetes por todo el edulcorante que nos estábamos retacando en los conductos linfáticos. Seis meses después ella me había abandonado para escuchar a los Sex Pistols en paz.
Tuve un par de romances menores después de eso mientras me la pasaba principalmente borracho y prácticamente era un residente del CBGB’s donde interpreté el rol de bohemio/artista bukowskiano dentro de esa gran comedia. Lo cual me consiguió algunas mujeres de verdad: de esas que se sientan en tu departamento con las piernas cruzadas luego que ambos pasaron toda la noche despiertos metiéndose drogas malas y que no cogerán contigo pero son muy amenas describiendo en detalle al linóleo sus múltiples intentos de suicido y su compleja Weltenschauung postexistencial derivada de Richard Hell e incontables audiciones del querido Sydney gorgoreando “My Way”, una declaración filosófica que se reduce a la Vida no vale la pena vivirse y todo apesta pero suicidarte conlleva demasiado esfuerzo ¿así que qué otra chingada cosa tienes para beber?
Tarde o temprano fue evidente que era posible predecir a millas de distancia que cualquier mujer que compartiera mis gustos musicales sería una muda jorobada con el cerebro quemado, receptáculos de drogas medio retrasadas entregadas a una agitada acción de tics faciales. No es que buscara algo salido de Fascinating Womanhood. Puedo dar cuenta de un soufflé de espinacas de Stouffer’s con la pericia de la mismísima Régine, pero sentía que debería haber una ligera posibilidad de que existiera algo en medio de estos dos extremos del tienes-razón-dame-la-pistola-que-quiero-ser-el-primero-en-volarme-los-sesos. En realidad estaba listo como Li’l Abner con su rubor puesto y en las navidades del 77 me enamoré de la primera de lo que resultaría una sucesión de mujeres que, como yo, ocupaban destacados puestos en distintos campos de los medios y no les interesaba terminar abortando una botella de vodka en los escalones del CBGB’s. Estas eran mujeres refinadas y con un caché de urbanidad. ¡Algunas tomaban taxis a cualquier lugar que fuesen! También noté cierta propensión a emplear lo que entre risas ellas denominaban como “mi mayordomo marica”, haciendo bromas sobre lo práctico que resultaban sus compulsiones imaginarias y fijaciones infantiles cuando se trataba de fregar el baño. La primera con la que me comprometí incluso tenía un amo de llaves que me consideraba un barbaján y me aborrecía porque ningún hombre de treinta años anda por ahí sin trabajo vestido todo el tiempo con una chamarra de cuero, y quién sabe pero puede que tuviera razón.
En cuanto a mi nuevo amor, apenas habíamos terminado de reír con nuestras fantasías de tener una “luna de miel” en ese jacuzzi con forma de corazón en Poconos cuando ese bastardo, la Realidad (que debería ser exterminada con extremo prejuicio) llegó a instalarse. Tomó exactamente una semana para que resultara claro aunque velado por el silencio que no teníamos absolutamente nada en común, en realidad éramos la irracional atracción magnética de los polos opuestos. Yo no quería otra cosa que no fueran fuentes de chirriante sonido anormal mientras que su forma favorita de aprovechar su tiempo libre era pasársela viendo interminables películas para la TV acerca de ocultistas siniestramente encorvados que portan oscuros cascos de Nueva Inglaterra. No era culpa de nadie y no podíamos hacer algo al respecto aparte de pasarnos los siguientes meses torturándonos mutuamente. Nuestro Año Nuevo: despertamos y nos encontramos sentados en su sofá inmersos en el más profundo silencio viendo a la Royal Canadians interpretar la obra de Guy Lombardo “Auld Lang Syne” sin hacer siquiera un guiño a las revolucionarias interpolaciones de Jimi. Y luego la enorme pelota cayó sobre todos esos idiotas alegres lentamente como un meteorito senil. Era la primera vez en mi vida que presenciaba este ritual que me dicen es muy popular (aunque en definitiva yo soy un fan de Yule Log), y ciertamente será la última, ya que posiblemente seauna de las cuatro o cinco experiencias más tétricas que haya conocido. No bebimos nada, aunque teníamos dinero. Supongo que estábamos tan pasoneados que se nos olvidó beber, no hace falta decir que la marihuana habría resultado mucho más letal que de costumbre. Me sentía como una cuerda en re flotando a la deriva en algún punto de los golfos infraterrenos del segundo álbum de Dire Straits.
Al día siguiente fui a una cena con cinco de mis más antiguos y queridos amigos en la que absolutamente nadie pudo pensar en una sola palabra que decir. La mejor frase de la velada: “¿alguien se sabe algún buen chiste?”. (Soltada a mitad de la mesa acumuló un silencio que nos puso al borde de la catatonia.)

Continuará...

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Los eRRementales del 2007...

Por supuesto, el eRRe no ha escuchado todo lo que salió durante el año, pero de lo que cayó en sus manos aquí tienen lo más representativo. Y chéquense la palabrita, los títulos incluidos ni siquiera son los discos que más le gustaron al eRRe durante el año, la lista busca ser una fotografía balanceada y lo más heterogénea posible del año musical. El orden no es forzosamente significativo; la lista absolutamente inapelable y nada definitiva. Empiecen a leerla de abajo para arriba.

-Radiohead – In Rainbows
La revista inglesa Q lo dijo bien: no deja de ser paradójico que el acontecimiento del año en la industria también sea el esfuerzo más accesible que Radiohead haya presentado desde el OK Computer. Armados en esta ocasión con más canciones que juguetitos tecnológicos, los de Oxford regalaron –casi literalmente- un álbum que quienes van de iconoclastas aplaudieron como piedra puntual en el sepulcro de las grandes compañías discográficas al mismo tiempo que le hacían caras por favorecer un formato de composición más claramente rock. Exageran: los coros siguen brillando por su ausencia, manejan patrones rítmicos singularísimos y la explotación de las posibilidades del estudio se mantiene a todo lo que da… sólo que a servicio de la melodía. Si con Animal Collective hablamos del monje que vuelve al mercado, Radiohead entendieron que cuando uno se decide a dar un paso adelante hacia un sitio en el que nadie antes se ha atrevido a entrar, es también el momento de mostrar la mejor cara a la gente, para convencerlos de seguirte.

-Animal Collective – Strawberry Jam
Dice el antiguo texto budista Los diez toros del zen que el verdadero iluminado no se queda meditando aislado en la cumbre de una montaña sino que regresa a mezclarse con la gente del mundo pues aun en el bullicio del mercado la meditación va con él. Pues algo así es lo que hacen los integrantes del Animal Collective en Strawberry Jam, que indudablemente es su álbum más comercial hasta la fecha sin que esto signifique bajarle un ápice al ánimo experimental que ha construido su prestigo. Viajes psicodélicos en los que irrumpen voces sacadas de algún sueño de heavy-metal, melodías ondulantes que tan pronto perturban como remiten a fantasías oníricas. Esta jalea de fresa seguro que trae algo raro porque uno no deja de ver elefantitos rosados.

-Spoon – Ga Ga Ga Ga Ga
Este es uno de esos discos que a la primera suena tan bien que podemos dudar de su mérito. Pero justamente esa es una de las principales cualidades que han distinguido a Spoon desde hace algunos álbumes, hacer que lo difícil parezca fácil servido en dosis del mejor pop que una banda de rock pueda manufacturar. Como su balbuceante título, Ga Ga Ga Ga Ga, es un trabajo minimalista en el sentido más estricto del término: realizado desde lo mínimo. Lo que no forzasemente implica un ensimismamiento. Tal parece que la condición que Brit Daniels, líder de la banda, se impuso en esta ocasión fue hacer las canciones con los elementos justos. Y así se siente, música austera fiel en su espíritu primitivo al primer rocanrol, pero al mismo tiempo sutilmente innovadora con guitarras que apenas y tocan acordes limitándose a emitir ruidos que complementan la canción. Un edificio levantado en el puro fervor.

-Robert Plant & Alison Krauss – Raising Sand
¿Creeen que lo más importante que hizo Robert Plant este año fue la reunión de Led Zeppelin en Londres? Pues se equivocan, lo más importante que hizo este año se llama Raising Sand. Bajo la premisa de conseguir un disco de “americana sexy y oscura”, Plant unió fuerzas con la cantante de country y blue-grass Alison Krauss para llevar a buen término una de las combinaciones más inesperadas de todos los tiempos y producir una de las sorpresas del año. Crédito especial merece la producción de T. Bone-Walker, cuya mano se percibe a lo largo de todo el disco creando texturas de justa emotividad para redundar en lo que muy probablemente sea el disco más importante que Robert Plant ha producido después del Zeppelin. Escuchando algunas canciones hace poco un amigo le dijo al eRRe: “esa no es su voz”. Y es cierto, después de casi 40 años de carrera, Robert Plant decidió desafiarse a sí mismo y salió avante, canciones como “Gone, Gone, Gone”, “Please Read the Letter”, o “Nothing”, nos traen a un dios del rock entregándose con el corazón de un blusero cualquiera pidiendo monedas en las frágiles esquinas del alma.

-El-P – I’ll Sleep When You’re Dead
El-P (apócope de “El-Producto”) es el nombre que Jaime Meline ha elegido para dar batalla en el mundo del hip-hop. Cinco años después de su debut Fantastic Damage, un álbum que sentó nuevos parámetros para la el hip-hop abstracto, I’ll Sleep When You’re Dead profundiza en los conceptos de producción de su predecesor, aunque lo hace desde otro ángulo con una distribución de sonidos más espaciosa (e igual de espacial) construida sobre complejas bases rítmicas muy alejadas del hip-hop de las grandes ventas. Es evidente que no nos hallamos ante un álbum de hip-hop convencional desde el corte abridor, “Tasmanian Pain Coster”, que por sí solo posee valores que otros creadores del género tardarían años en siquiera esbozar con todo y la improbable colaboración de los miembros fundamentales de The Mars Volta, primeros en una lista de invitados estelares e inesperados como Trent Reznor de NIN o Chan Marshall (alias Cat Power), además de otros más próximo a un trabajo de esta naturaleza como Cage o Aesop Rock (a quien El-P tiene firmado en su disquera Definitive-Junx y cuyo álbum None Shall Pass estuvo a punto de ganarle el sitio a su patrón en esta lista. También recomendado)

-Holy Fuck – LP
En un momento donde buena parte de la electrónica parece agotada en la sampledelia, es de agradecer que Holy Fuck venga a darle una vuelta a la tuerca. Si Kraftwerk nos enseñó que el futuro sería del híbrido hombre-máquina, como antes lo había visto Walter Benjamin, inclinándose más por la segunda parte del binomio con su estética robótica (¿a qué viene tanto revuelo con los supuestos robots de Daft Punk, en realidad un par de tipos disfrazados que vuelven como de Disney todo lo siniestro de los maniquís mecánicos utilizados por Krafwerk?), Holy Fuck opta por la vía contraria. Su sonido tiene los efectos de la electrónica sin recurrir a los métodos tradicionales de esa música, en este sentido podría decirse que representan una ruptura dentro de una vanguardia que ya muestra signos de aburrimiento. Programaciones, loops y laptops quedan fuera para dar paso a teclados de juguete, viejas máquinas de 35 mm, instrumentos y no-instrumentos. Lo que van a escuchar en “LP” es una música potente, hipnótica e infecciosamente bailable como la que podría exigírsele al mejor disco de electrónica… sólo que aquí todo tiene carnita entre los huesos.

-Grinderman – Grinderman
Peludos, rudos y urgidos. Grinderman representó la parada intermedia en la preparación del siguiente disco de los Bad Seeds (que Nick Cave promete para el próximo año habrá de encabezar listas como esta). En complicidad con tres de sus malas semillas, Warren Ellis, Mick Harvey y Jim Sclavonous, Cave esta vez olvidó la llave del piano para en cambio desencadenar toda la furia de sus deseos reprimidos y la crisis de la mediana edad en chorros de guitarra eléctrica dando forma a un rock agreste por momentos evocador de sus tiempos con The Birthday Party, pero sobre todo del rancio blues que vaga por el mundo desde el encuentro de Robert Johnson y Satanás en una encrucijada cerca del Mississippi. A este sonido, más que terrenal pedestre, correspondía un cambio en el manual de letras de Mr. Cave, que puso a un lado la Biblia y no tuvo miedo en exponer las telarañas de su libido.

-Manu Chao – La Radiolina
Tras haber ofrecido uno de los conciertos más potentes del año pasado en la ciudad de México, este 2007 finalmente vio salir a las calles su tan esperado nuevo disco. Sin apartarse de los lineamientos marcados previamente por Manu Chao en su trabajo como solista (reunir músicas de los cuatro puntos cardinales alrededor de una base rítmica cercana al reggae con tiempos variable según amerite la ocasión, aderezando la mezcla con ruiditos y samples al gusto), La Radiolina es el momento donde se les oye mejor cohesionados, en absoluta sincronía con el Radio Bemba Sound System, la banda que lleva años acompañando a Manu, que así sea con las tranquilitas o las explosivas, siempre brinda una interpretación prendida, intimista y contagiosa.
-Andrew Bird – Armchair Apocrypha
Andrew Bird se dio a conocer tocando el violín para los Squirrel Nut Zippers y desde 1997 ha estado lanzando discos bajo su propio nombre. Armchair Apocrypha (sucesor del muy recomendable Andrew Bird and the Mysterious Production of Eggs, de 2005) muestra su lado más pop hasta el momento en 12 composiciones con las virtudes para encabezar el hit parade de un mundo ideal, arregladas con el personal instinto armónico de Bird, quien ejerce sus dotes como multi-instrumentalista y silbador experto… Si no lo creen nada más escúchenlo. No queda mucho más que agregar.

-The Good, the Bad and the Queen - The Good, the Bad and the Queen
A diferencia de Gorillaz, su creación junto a Jamie Hewlett cuyos miembros visibles eran cuatro personajes de dibujos animados que se ganaron una entrada en el Libro de Records Guinness como la Banda Virtual Más Exitosa, el nuevo proyecto de Damon Albarn, no era un intento por imaginar el futuro, sino una especie de salto al pasado. Aunque no totalmente… The Good, the Bad and the Queen asomaba su perfil revisionista desde la colaboración de Paul Simonon, ex bajista de The Clash ausente de la música por más de una década, pero el agregado de la guitarra de Simon Tong (ex The Verve) y Tony Allen (baterista de Fela Kuti, creador del afro-beat,), sumado a la producción de Danger Mouse, resultó en un disco donde se mezclaban añoranzas clásicas y resacas de vanguardia. Cadencias dominadas por un reggae dislocado, tenues pero vitales toques de electrónica y una imaginería sonora que se mueve como siluetas en la neblina acompañan unas letras que describen la vida moderna en Londres pero que igual podrían situarse en el siglo XVIII, haciendo del disco algo así como un pequeño curso de historia sobre la capital inglesa.

Otros discos destacados en el año:
Panda Bear - Person Pitch; Patti Smith - Twelve; Aesop Rock - None Shall Pass; LCD Soundsystem - Sound of Silver; Of Montreal - Hissing Fauna, Are You the Destroyer?; Devendra Barnhart - Smokey Rolls Down Thunder Canyon; Future of the Left - Curses; Tinariwen - Aman Iman; Bruce Springsteen - Magic; Carbon/Silicon - The Last Post

Recopilaciones, reediciones y similares:
-Sonic Youth - Daydream Nation (DeLuxe Edition)
-Varios - I'm Not There (OST)
-Pink Floyd - The Piper at the Gates of Down (40th Annyversary Edition)
-Varios - Block Rockin' Boots (descarga: blockrockinboots.blogspot.com)
-Counting Crows - August and Everything After (DeLuxe Edition)

Disco mexica del año:
-Niña - Punkrobot

Fiasco del año:
The Who pospuesto para la eternidad...

Sala de espera

No me gusta esperar, pero igual te espero
-Andrés Calamaro

Te he estado esperando con los duendes realizando actos aberrantes delante de mí. Adolorido por las horas que se me quemaron entre los dedos. Con los discos regados por todo el departamento a medio meter en sus fundas. Te he estado esperando subiéndole al volumen hasta que la música me arrinconó y me puso de cuclillas. Te he estado esperando entreteniendo a la locura con cerveza, pero la noche se le está subiendo a la cabeza y me preocupa mi sala nueva. Viendo en el balcón aletear a las niñas vestidas de verano en su lección de vuelo. Despellejando las palabras que no debo decirte la próxima vez que nos veamos. Te he estado esperando bailando sobre el cable de alta tensión que cuelga de mi ventana a la antena que de noche transmite a tus sueños para que por la mañana no tengas piedad del mundo. Te he estado esperando imaginando una condena apropiada para ambos. Entre estas bestias monolíticas a medio terminar he estado fregándoles los pisos, cuidando de sus resacas. Entre estos murmullos que oxidan el pensamiento. Te he estado esperando rayoneando los mapas, escurriendo baba, jugando a las canicas con mis ojos. Te he estado esperando con la daga guardada en el cuello de este lobo tierno que chorrea sueños escarlatas encima de mi regazo.

viernes, 14 de diciembre de 2007

Las Cobras pican por Detroit

Está bien, yo no voy a decir como John Landau en esa frase legendaria que “en una noche en que necesitaba sentirme vivo me sentí como si escuchara música por primera vez”; mucho menos “he visto el futuro del rocanrol y su nombre es…”. Pero sí que en una noche donde el mundo parece irse de lado, en la que a uno le da por sentirse poeta sin una sola buena frase, sentado frente al televisor con la mente revuelta y un trago de un licor que ni siquiera apetece pero es algo que beber, con los audífonos encajados a los oídos jugando con esta nueva maquinita llamada iPod, de repente encontrarse con las Detroit Cobras es una forma de la felicidad.
La voz de Rachel Nagy es una de las más poderosamente sugestivas actuando en el rock actual y realmente es una lástima que ande cantando por clubes pantanosos de Norteamérica mientras el resto de la gente aspira oxígeno como si nada importante pasara en el mundo. A la vez ahí es donde pertenece. Las Cobras de Detroit, que se completan por Mary Ramirez en la guitarra, Nick Lucassian en el bajo, Joey Mazzola en la otra guitarra y Kenny Tudrick en los tambores, en realidad son como la banda del bar de tus sueños. El repertorio que han armado en cuatro lps e igual número de eps casi en su totalidad se compone de covers de canciones de soul olvidadas de las décadas de los 50 y 60. Ahora que eso de “covers” es un decir. Si bien es cierto que poseen un gusto infalible al sacar los viejos 45” de su cofre de los tesoros, las Cobras merecen crédito por el filtro de guitarras grasosas y la ponchada sección rítmica, herederas de la tradición garage por la que es famosa la ciudad que conforma un medio de su nombre, la misma que vio enloquecer a Iggy Pop al frente de los Stooges, a la que Kiss dedica uno de los himnos que hasta sus detractores aprueban: Detroit Rock City.
Pocas bandas, visibles o no, roquean hoy en día con la garra de Las Detroit Cobras. Suenan a un caballo de hierro abriéndose paso a través de la tribulación en turno para que la voz de Rachel termine de fulminar cualquier tipo de resistencia. Es como si una vez que abriera la boca exigiera toda tu atención… y no precisamente por las buenas. El casto público disculpará, pero la voz de Rachel Nagy se te mete en el culo para decirte “¿ah, sí, cabrón? ¿Con que te la quieres pasar mal? Pues te jodiste, porque esto es rocanrol”, entonces te das cuenta que las células te saltan y se te quita lo intelectual y da igual si esta canción la escribieron ayer o en la época de las cavernas, lo que sí es seguro que te sientes como un cavernícola, con la mente exaltada y vacía, sólo quieres más. ¿A poco no de eso se trata el rocanrol? ¿Cuántas rolas del rock no hablan de perder el control? No importa que sean las letras más inocentes del mundo “my love is growing stronger and I know that you can’t hold it too much longer”, “come on, baby, dance with me and then maybe we’ll be and see… won’t you dare?”, “you better leave my kitten alone”.. ¿Qué falta de ahí a creer que es posible un lenguaje basado en onomatopeyas? ¿“Bama-lama”? ¿“Ya ya ya”? Pura represión sexual. O sea, puro rocanrol. Y a veces cae tan bien.

*Agiten ese puerquecito, que buena falta le hace, al son de Life, Love and Loving, ponedor disco de The Detroit Cobras:

martes, 11 de diciembre de 2007

Los Odio

Y puede ser que sean las drogas
o puede ser mucha televisión
y puede ser que nos vayamos hoy
a ver qué reven

Aparte de tener uno de los mejores nombres para una banda de rock en español, Los Odio, el proyecto alterno del guitarrista de Fobia, Paco Huidobro (lo cual equivale a decir el proyecto alterno del cerebro de Fobia), cuenta con unas canciones rebosantes de mala leche para respaldarlo. Valiéndose de un bagaje roquero más crudo que el de la banda por la cual es famoso, destacando la presencia de guitarras fieles al credo del riff que no esconden su natural instinto pop, Huidobro acidifica el humor que siempre ha caracterizado a sus letras decantándose por el método de asomar verdades entre broma y broma, terminando así de afilar todas las esquinas de su nuevo juguetito.
Según rumores que corrieron por las cañerías del rock nacional cuando la separación de Fobia, ésta sobrevino en parte porque Paco, autor del 99.9 % de las canciones, llegó al punto de hartarse por la imagen de galán dominguero proyectada por el cantante, Leonardo, que muy poco tenía que ver con la música. Es uno de los conflictos más antiguos entre las bandas de rock, si nos apuramos, semejante a los relatos de gemelos terribles que algunas mitologías cuentan: Jagger, el seductor hombre de negocios, vs. Richards, el valemadrista pasado de blues; el intelectual Lennon vs. el niño bonito McCartney. Con una diferencia crucial: Paco no necesitaba ayuda para componer. Así que cuando Fobia llegó a su fin, muchos, en lugar de los olvidables discos solistas de Leonardo nos quedamos esperando qué sería lo siguiente con lo que saldría Huidobro. Y esperamos, y esperamos… Tocó un poco con Morbo, la propuesta individual del primer cantante de Moenia; algunas otras colaboraciones aquí y allá, pero de algo realmente propio nada…
Ahora sabemos por qué. “Los Odio es un proyecto que no avisa”, contestó Paco al preguntarle por futuras tocadas luego de presentarse como parte del Corona Music Fest 2007 para enseguida dejar en claro que no quiere tener nada que ver con las presiones de los grandes medios. Viendo a sus compañeros de banda, Jay de la Cueva (sí, otra vez el Brian Amadeus de Moderatto), Tito (el de Molotov) y un baterista que el eRRe no ha podido identificar (pero de fisonomía similar a la de Marcelo Lara, gerente de la estación radiofónica Reactor y guitarra de los moderattos), uno entiende por qué es tan enfático en este punto e incluso puede intuirse que el grupo tuvo mucho de terapia despresurisadora de tensiones. “Los Odio surgió en la sala de mi casa, de grabar las canciones en una sola toma”. Así, no debería resultar tan extraño que Los Odio surja en medio de la reunión de Fobia, es una respuesta reflejo de la víscera frente a la popularidad, tal y como lo confirmó su desenfadado pero sólido directo en el Corona Music, cerrando con una ruda versión del “Helter Skelter” de los Fab Four, letra chachalaquizada incluida -“cuando estamos arriba tú te quieres bajar, cuando estamos abajo te quieres regresar estoy hasta la madre de este amor caliente”-, que ejemplifica a la perfección la irreverencia de su propuesta.
Y como, por lo que se entiende, Paco quiere que la música fluya libre de restricciones impuestas por las leyes del mercado, seguramente no tendrá inconveniente alguno en que eRRemental ponga a su consideración cuatro rolitas de Los Odio: “El último”, “Radio”, “Superpompas” y “Sussy A”. Pueden escuchar una más, “No sé perder”, acudiendo al myspace del grupo: myspace.com/losodio… Está bien, si no quieren que no avisen, pero entonces que saquen un disco a la voz de ya.

Descarguen las rolas odiosas aquí:
http://rapidshare.com/files/75916334/Los_Odio.rar.html

lunes, 10 de diciembre de 2007

El eRRe en el Fondo...

Y no, no es que por fin haya tocado el suelo del abismo (salto que por lo demás ha pegado gustoso en más de una ocasión), sino que por descuido o exceso de indulgencia por parte de los editores de la Gaceta del Fondo de Cultura Económica, el texto aparecido en estas páginas virtuales, Jaco, en vuelo a lo imposible, ahora existe en páginas reales dentro de la edición de este mes de diciembre de dicha publicación. La Gaceta puede conseguirse gratuitamente en todas las librerías del Fondo de Cultura Económica, aunque también pueden consultarla en línea siguiendo este vínculo: http://www.fondodeculturaeconomica.com/subdirectorios_site/gacetas/DIC_2007.pdf
La versión aparecida es ligeramente distinta a la publicada en eRRemental, para que valga la pena su distracción.
A la salud de Jaco... y de todos ustedes.

P.S: En la misma edición también encontrarán la traducción del eRRe a una locochona entrevista de maese Lester Bangs al Capitán Beefheart.

martes, 4 de diciembre de 2007

Iggy & the Stooges: piromaniacos de profesión

Un comentario sobre la carrera de Iggy Pop junto a los Stooges con motivo de su visita el pasado 1 de diciembre encabezando el cartel del Corona Music Fest 2007 elaborado a petición de la agencia de noticias de Canal 22.

Iggy Pop solo inventó toda una manera de ser al frente de una banda de rock. A finales de la década de los sesenta James Newell Osterberg, jr. ya había desfilado como baterista de distintos grupos de blues y adquirido el mote de Iggy cuando el sonido crudo y primitivo de nuevas bandas como The Sonics o los MC5 lo inspiró a formar The Psychedelic Stooges con los hermanos Asheton, Ron y Scott en guitarra y batería respectivamente, y Dave Alexander en el bajo.
Sería realmente en el año jipi de 1967 que nacería una de las personalidades más claramente indicadoras de que el sueño de amor y paz estaba destruido. Iggy empezaría a transgredir los límites sobre el escenario luego de ver un concierto de los Doors contagiado por el estilo de Jim Morrison, pero acabaría siendo algo totalmente distinto. Porque lo que en Morrison o en Mick Jagger era una rebeldía sensual y carismática para las quinceañeras, el Pop lo volvía un acontecimiento monstruoso, la expresión de un sufrimiento desesperado que también manifestaba ese cuerpo tan escultural que era (y sigue siendo) como si cada parte de él gritara por una liberación irrealizable.
En 1969, con el nombre del grupo reducido a The Stooges, editan su álbum debut homónimo que presentaba en canciones como “1969”, “No Fun” o “I Wanna Be Your Dog” un potencial incendiario que no supo comprender el ex Velvet Underground John Cale, quien pretendió imponer en el estudio su trabajo metódico a una banda cuyo principal valor era lo impredecible de su ejecución en directo. Al final, el propio Iggy entraría al rescate del barco, asumiendo el control de las mezclas finales. Las cosas se compondrían para el segundo disco, Fun House, en el productor Don Galluci el grupo encontraría la libertad necesaria para explotar la intensidad de su sonido. En este, que para muchos músicos es el mejor álbum grabado en la historia, los hermanos Asheton y Alexander dan rienda suelta a su animal interno mediante unas improvisaciones basadas, no en el virtuosismo, sino en la electricidad de sus organismos conectados a los instrumentos que dan a luz un paisaje sónico del Bosco por el cual Iggy va desparramando los demonios que saltan en su voz. Existen horas de grabación que dan testimonio de una de las sesiones más delirantes en la historia y que Elektra puso a disposición de los aferrados hasta 1999 en una caja de siete discos.
Poco después de la salida de Fun House desafortunadamente la banda se desmembraría debido al romance que Iggy mantenía con la heroína. Y luego vendría un penoso episodio cuyas rencorosas consecuencias tardarían años en aclararse. Apoyado por David Bowie para salir de su adicción, en 1973 intenta revivir a los Stooges con los servicios del guitarrista James Williamson. A falta de mejores reemplazos, los hermanos Asheton son llamados a participar como simples músicos de apoyo en un grupo que era tan suyo como de Iggy (Alexander no fue requerido pues en ese momento batallaba con un alcoholismo que en 1975 lo llevaría a la tumba), sin participación en el proceso creativo y, para colmo, con Ron teniendo que pasarse al bajo para el lucimiento de la guitarra de Williamson. El resultado fue Raw Power, un disco estridente, caótico, la tensión que reinaba entre los involucrados se hace perceptible confiriéndole un aire amenazador, como si las cosas fueran a salirse de control en cualquier momento, escucharlo no es lo que uno describiría como una experiencia bonita, y tan traumático debe haber sido que por eso no tuvimos el placer perverso de que “Search and Destroy” o “Gimme Danger” sonaran durante la pasada visita de los Stooges a la ciudad de México, esas canciones no les traen buenos recuerdos.
El final de los Stooges ocurrió en medio de la escandalosa sordidez que siempre los rodeó el 9 de febrero de 1974, cuando tocaron en el Michigan Palace de Detroit para una audiencia compuesta mayormente por motociclistas beodos que terminaría con Iggy madreándose abajo del escenario, lo cual quedó documentado en Metallic K.O., una grabación del evento que a través de los años ha circulado en distintas ediciones cuyo atractivo primordial radica en ser, como escribió el crítico Lester Bangs, el único disco de rocanrol “donde de verdad puede oírse el ruido de botellas de cerveza rompiéndose contra cuerdas de guitarra”.
Después Iggy volvería a perder el norte un tiempo. Se internó en un hospital mental y todo indicaba que no viviría mucho más. Entonces Bowie volvió a echarle la mano, se lo llevó de gira y luego a Berlín donde en un solo año (1977) le produjo los dos álbumes más emblemáticos de su carrera solista The Idiot y Lust For Life. Durante los ochenta y los noventa Iggy Pop fue una presencia esporádica en los medios que se consolidó en su estatus de celebridad bizarra.
Las semillas para la reunión de los Stooges quedarían sembradas en el año 2003, cuando los hermanos Asheton graban junto a Iggy tres cortes para el álbum Skull Ring de este último, lo que representa su primera colaboración desde 1974. Decidiendo que se siente bien tocar de nuevo juntos, mandan llamar al ex Minutemen y FireHOSE Mike Watt para suplir al difunto Dave Alexander en el bajo y al saxofonista Steve McKey, quien participó en las sesiones de aquel Fun House, iniciando giras mundiales y concretando un disco entero de nuevo material, The Weirdness, aparecido este mismo año, que si bien dista de ser imprescindible, habrá que agradecerle haya servido de pretexto para traer a los Stooges al Corona Music Fest del 2007.
Ya no se revolcará sobre vidrios rotos en el escenario, pero ver a Iggy en acción sigue siendo uno de los espectáculos más vibrantes en el rock. Después de todo, él en gran parte originó esa estética decadentista que desde entonces muchos han querido adoptar con diversos niveles de credibilidad; sólo que mientras en Iggy aquello era manifestación de una locura genuina, en muchos de sus clones el efecto es más ofensivo que aterrador, como deberían darse cuenta muchos otros participantes en el cartel del Corona Music Fest. Iggy sigue manteniéndose vital frente a los escenarios ya que su espectáculo nunca ha pretendido el lucimiento del ego, es un acto desmoronado de pensamiento en donde la personalidad queda aplastada por la energía fuera de control… qué otra estrella, si no, se promovería con el sobrenombre de “El Idiota”?

jueves, 29 de noviembre de 2007

Jueves

Ella está afuera en la calle, repartiendo sonrisas entre la gente. Él está solo en su casa, con la cara hundida en las manos, deseando que alguien vaya a buscarlo. Ella es todo lo que el mundo espera. De él nadie espera ya nada. Su teléfono nunca deja de sonar. Él cree que cualquier ruido podría ser una llamada. Ella se ríe de sus intentos de suicido. Él quisiera no llorar en los velorios. Ella presume que siempre ha obtenido el corazón que ha querido. A él apenas le queda un pedacito para sí mismo. Ella siempre se está yendo. Él no va a ningún lugar. Ella usa su libertad como un prendedor en el pelo. Él puso precio a su libertad y nadie se la quiso comprar. Ella quiere que esté loco por ella. Él quisiera saber quién es él cuando ella no está, cuando él desaparece.

Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas

Y como necesito hacer cosas para no sentirme solo. Una traducción de Master Dylan... una favorita de Cholita... y mía cuando estoy con ella

He visto el amor pasar por mi puerta
Nunca ha estado tan cerca antes
Nunca ha sido tan fácil o tan lento.
He estado disparando en la oscuridad mucho tiempo
Cuando algo no está bien está mal
Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas.

Las nubes dragón están muy altas
Yo sólo he conocido el amor descuidado
Siempre me ha golpeado desde lo bajo
Esta vez es algo más correcto
Justo en el blanco, tan directo
Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas.

Un trébol púrpura, el listón de la Reina Anne
Pelo carmesí atravesando tu cara
Podrías hacerme llorar si no lo supieras.
No recuerdo qué estaba pensando
Podrías arruinarme con tanto amor, amor
Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas

Las flores en la colina florecen locas,
Los grillos que no dejan de hablar en rima
El río azul que corre lento y perezoso,
Podría quedarme contigo por siempre
Y nunca darme cuenta del tiempo.

Las situaciones han acabado con tristeza
Todas las relaciones han resultado mal.
La mía ha sido como la de Verlaine y Rimbaud.
Pero no hay forma en que pueda comparar
Todas esas escenas a esta aventura,
Vas a hacer que me entristezca cuando te vayas.

Vas a hacer que me pregunte qué hago,
Quedándome lejos atrás sin ti.
Vas a hacer que me pregunte qué digo,
Vas a hacer que me dé algo bueno de qué hablar.

Te buscaré en la vieja Honolulu,
San Francisco, Ashtabula,
Vas a tener que dejarme ahora, ya lo sé.
Pero te veré en el cielo que hay arriba,
En el pasto crecido, en las personas que amo,
Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas.

"You're Gonna Make Me Lonesome When You Go"
de Bob Dylan
Encuéntrenla en: Blood on the Tracks (si es que han podido vivir sin este disco al lado).

Solo con Soledad

Nena, nunca voy a ser un superhombre
Sueles dejarme solo
-G. Cerati

Tengo que reconocerlo. Ayer les hablaba de Roy Orbison para no quedarme solo, para sentir que había alguien con quien hablar, para sentir que quedaba algo. Hoy sólo queda la soledad y solamente escribo para no quedarme solo con ella. Escribo como escuchando música, sin detenerme, deslizando los dedos sobre el teclado más rápido que el pensamiento para que no me alcance. Para escaparme de la soledad, para vaciarme de mí, si consigo dejar de ser yo será imposible sentirme solo. Si de algo sabe el eRRe, es de soledad, básicamente ha pasado todos los años de su vida solo y no debería resultarle un sentimiento tan abrumador. Hace unos momentos no me sentía solo. Maten a la tecnología, en ella vive el demonio. Viva la tecnología, ¿cómo podría intentar estirar la mano para alcanzarlos a ustedes y así no sentirme solo? Y uno sigue escribiendo queriendo abordar aquello para lo que no se han inventado las palabras. Un hueco. Un hueco donde no hay palabras. Y aun así la palabra silencio todavía es un sonido, como decía Bataille. Nunca se fíen de un lector de Bataille. Cuando entras a la soledad todavía quedas tú mismo. Eso es lo peor de todo, que ni siquiera puedes tener la decencia de dejarte a solas con tu soledad. Ojalá esto que escribo me ayudara a diluirme. Cuando venía a este restaurante desde donde les estoy escribiendo (hey, ¿hay alguien allá fuera?) todavía venía pensando en qué platillo degustaría el día de hoy. Dos minutos antes de entrar se me había quitado el hambre. A Soledad, esa amante inoportuna, le dio por venir abrazarme. Es cachonda, muy cachonda. Ojalá tuviera fuerzas para resistírmele.
A su salud...

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Only the lonely

For the mystery girl, like all the rest...
“Only the lonely knows the way I feel tonight”. Ah, qué cabrón rompe la voz de Roy Orbison una noche como esta. Cuando él abre la boca más le vale a los mamones de los lobos dejarse de aullidos y al mundo escuchar. El darketo originario: invariablemente vestido de negro de pies a cabeza –literalmente, incluso llevaba siempre lentes oscuros-, tocando su guitarrita, entonando unas canciones de amor no correspondido con una voz de tenor malherido que elevaba la más trivial de las miserias románticas a la novena esfera concéntrica. Es capaz de transformar los versos más cursis en armas letales que te van cortando desde la médula y en el cielo inspira que los ángeles rompan sus arpas. Su versión de “Love Hurts” es definitiva. Sólo en su garganta adquieren el dramatismo de su rotunda inocencia verdades como “your baby doesn’t love you anymore” o “in dreams I walk with you”. La vida del buen Roy quiso empatarse con sus temas desconosolados: su primera esposa murió en un accidente de moto, su casa se le incendió ocasionando la muerte de dos de sus hijos. Un infarto acabó con él apenas cuando recuperaba popularidad vía su colaboración con los Traveling Wilburys (el supergrupo que conformó junto a Dylan, Harrison, Tom Petty y más) y el disco que recién le habían producido Bono y The Edge: Mystery Girl. Un discazo por cierto. En el tema homónimo –compuesto por la pareja de U2- canta sobre una dama que al caer la noche lo lleva de la mano a un lugar donde todo, excepto el amor, es gris. No obstante, con la luz del día, aquellos paraísos “se desgarran en infiernos”, dejando al protagonista preguntándose si lo han dejado ardiendo y deberá arder eternamente. Muy aparte de las metáforas budistas sobre el deseo que pueda facilitar la imagen, esto nos devuelve al personaje de “Only the lonely”. Si al solitario se le hace perceptible su soledad es porque antes solía estar acompañado, y de hecho así lo hace saber bien pronto: “there goes my baby”. Pero el siguiente verso, en su aparente candor conlleva todo el peso del asunto: “there goes my heart”. No es tanto perder a una persona como perderse a sí mismo lo que acongoja al de la voz, más aún cuando parece que “they’re gone forever”. Después de eso la verdad es que poco importan los motivos, poco importa si se encuentra solo porque apareció otro hombre, por la muerte de su amante o simplemente porque ésta se fue de vacaciones. En la interpretación de Roy Orbison lo único que hay es el peso de esa ausencia, la plenitud del abandono, lo desesperanzador de ese momento en que la soledad parece la única realidad viable, cuando nos dan la espalda, dicho no de manera poética sino descarnadamente real, como cuando vamos a despedir a una persona al aeropuerto o a una estación de autobuses –o para el caso cuando nos despedimos de ella todos los días- y, con una confianza que si uno se detiene a pensarla da escalofríos, dejamos abierta la posibilidad de nunca volver a verla. El solitario de “Only the lonely”, no está simplemente solo, se siente solo porque de momento ni siquiera sabe si habita dentro de sí mismo, de momento el vacío que deja esa pérdida, la fractura de esas cosas insignificantes que nunca deben pensarse, parece enorme: ni siquiera se siente solo, arde en un infierno de soledad. Sin embargo, y ahí radica lo grandioso de esta canción, el solitario de “Only the lonely”, en realidad no está solo… O por lo menos no quiere estarlo… está llamando al solitario, a la única persona que podría entender su condición. Años después Bruce Springsteen captaría el mensaje haciéndolo explícito en los primeros versos de su “Thunder Road”: “Roy Orbison sings for the lonely/hey, that’s me and I want you only”. Lo que quiere el solitario es a alguien que comparta su soledad. El solitario quiere que lo acompañen. A estar solo. Juntos. Al fin solos. Los dos.

martes, 27 de noviembre de 2007

Al menos tocaron sus rolas...

Acabamos de ver a los reformados Soda Stereo y The Police. Y el eRRe salió de ambos conciertos con la sensación de que más que una banda sobre el escenario presenció a unos actores cumpliendo con su papel de rock stars. Lo peor para el eRRe es que cuando tiene que explicar por qué, debe aceptar que en ambos la ejecución fue impecable, el público respondió bien y técnicamente casi no hubo reproches… pero aun así diría que faltó algo.
El problema no es de nadie más que del eRRe. El caso de Soda Stereo lo entristeció particularmente. Una banda que lo ha acompañado desde su adolescencia, que se caracterizaba por arriesgar nuevas apuestas en cada disco, instalada en la cómoda seguridad de aventar los hits y esperar las ovaciones del público que alimenten su ego, sin ápice de espontaneidad pese a los nuevos arreglos, como en un concierto de U2, todo está diseñado para que salga bien… tal vez demasiado bien. Por ejemplo, el eRRe se acuerda del concierto en el gimnasio Juan de la Barrera de la Alberca Olímpica, cuando sacaron Dynamo, un disco que hoy es venerado como joya del rock en español pero que entonces había dividido a la fanaticada. Además, estaba el detalle poco recordado de que por ese entonces el prestigio de la banda, al menos en esta capital, había decaído debido a un concierto en el Palacio de los Deportes con los Caifanes donde según la leyenda, cumpliendo el sueño de una final de Copa América, los mexicanos le ganaron a los argentinos (esa noche, por cierto, ambos cerraron con una versión conjunta de ni más ni menos “Message in a Bottle”). Reinaba un componente de riesgo que en esta ocasión se echo mucho en falta. Y no se trata de repetir los gritos de “pelón” a Zeta hace 15 años, de los abucheos en las rolas menos conocidas, de armar un slam violento donde si no corre sangre no hay diversión. Se trata de que en ese entonces, o la siguiente ocasión en la gira del Sueño Stereo, escasas noches antes de que grabaran su Unplugged, o incluso en la falsa gira de despedida, tenían algo que probar. Ahora dio la impresión que simplemente vinieron a recoger los laureles, a pasear su estampa para recibir la segura admiración del pueblo, como nobles. Lo cual por otro lado puede ser muy respetable, pero emociona poco.
Quizá proporcionalmente al número de años que habían pasado separados como que el corazoncito se movió un poco más con The Police. A esto contribuía la expectación de una audiencia que mayoritariamente nunca había visto al trío. Musicalmente, el eRRe debe reconocer que incluso superaron sus expectativas, al proponer unos arreglos vigorizantes –en los que destacaba la infatigable guitarra de Andy Summers- para una lista de éxitos asesina con la que no podían fallar. Pero al final pasa lo mismo que con Soda; más allá, nada: todo está planeado para gustar, para que salga bonito, para perpetuar la autoindulgencia de la estrella confirmada como tal por la autoindulgencia de un público satisfecho de que le sirvan el platillo al que su paladar está acostumbrado. Muy seguro, uno sabe que esperar del otro, todo en su lugar. Sólo que esto es rocanrol, es lo que nos enseñó que un tipo como Bob Dylan podía cantar, que bastaban dos acordes para tocar la guitarrra, que los artistas de oropel habían terminado y se valía hablar de lo que antes escondíamos bajo el tapete del alma.
Aun así, leyendo en el blog de Ozamo cuánto disfrutó del concierto de Soda o recordando a los miles de personas que se contorsionaban al compás de “So Lonely” (como todos lo hicimos en algún momento: borrachos abrazados de nuestros amigos), debe reconocerse que hasta en sus peores excesos de vanidad el rocanrol es un espectáculo más respetable que, por ejemplo, el que cada añon dan los escritores en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Por lo menos aquellos son tipos que salen a sudar la gota gorda cada noche sobre un escenario con rolas que de verdad le llegan a la gente. No perros hambreados de reconocimiento que van lamiendo una pasarela.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Desvarío

El eRRe había planeado todo su día para mantenerse ocupado, de un lado a otro, para no quedarse solo con su pensamiento… No había contemplado que sería día de asueto, que la realidad siempre traiciona. Así que aquí está, hundido bajo un cielo nublado, ha empezado tres textos distintos y no ha terminado ninguno, por lo cual con este no se hace muchas esperanzas. El fin de semana cayó en sus manos un disco que no ha parado de escuchar, Raising Sand, de Robert Plant y Alison Krauss; está lleno de canciones melancólicas que con un sonido austero de cualidades altamente narcotizantes tiende la banda liderada por T. Bone Burnette (con el guitarrista Marc Ribot entre sus filas) como un tapete de fino bordado por el que Plant y Krauss despliegan el baile de sus cuerdas vocales. “Rich Woman” abre con un tono de relajada sensualidad que tiene a los dos protagonistas cantando “she’s all mine and I’m so glad”; luego, a partir de “Killing the Blues” una tríada de canciones lentas y adoloridas hasta llegar a “Gone, Gone, Gone (Done Moved On)”, junto con “Fortune Teller” una de las canciones canallas del disco que Plant vuelve completamente suya desde la estrofa inicial donde como si de una broma se tratara amenaza a su amante: “Some sunny day-hay baby/When everything seems okay, baby/You’ll wake up and find that you’re alone.” El álbum alcanza su cúspide entre “Through the Morning, Through the Night”, un lamento por un amor perdido con Alison Krauss al frente cantando con una fragilidad que de no ser absoluta resultaría intolerable “believe me when I tell you I could never kill a man”, y “Please Read the Letter”, en que la voz de Plant vuela en el tono más cálido que se le haya conocido. La elegía que es “Your Long Journey” viene como el cierre perfecto para un disco meditabundo y ensoñador, del cual sería recomendable que todos tuvieran una copia en casa para evitar el peligro de derrumbe a esas horas en que el peso de ciertas nostalgias amenaza con echar abajo el techo.
Como empaques para el fregadero de la cocina o fusibles por si falla la luz, hay que tener discos para cada emergencia. ¿Por qué si no le subimos al estéreo hasta que la cabeza nos estalla? Pues precisamente por eso, porque queremos volarnos los sesos, dejar de pensar, perdernos en la letra de una canción que hace parecer todo más brillante de lo que es en realidad o en un ritmo machacante que fulmina los nervios o en una red de sonidos psicodélicos que nos quemen la conciencia. La música piensa por nosotros cuando no queremos pensar y dice las palabras que tenemos prohibidas. Sirve para tapar las goteras que dejan todas las cosas que vamos perdiendo, para no extrañarlas tanto, aunque igual se filtra un poco de agua y es posible que lo que haga falta justamente sea decir de vez en cuando que uno las extraña y ya. O a lo mejor hace falta pedirle al dj que cambie la tonada y nos ponga a bailar otra canción favorita del fin de semana: Josele Santigo con “Pensando no se llega a ná”.

lunes, 12 de noviembre de 2007

La mejor banda sobre la Tierra (un cuento del rocanRRol)

A veces la verdad ha sido tan distorsionada que para poder hablar de ella uno precisa de inventarse un cuento. Y desgraciadamente sobre el rocanrol se han vertido tantas frases sentenciosas que lo que realmente debería importar, la música, queda al fondo de toda la verborrea. Hoy es el dance-punk, ayer el house-progresivo y mañana seguro la cumbia-industrial-prehispánica… Al mismo sector de la crítica de rock que ha desarrollado un criterio musical a base de la división esquizofrénica de géneros que separan a los “honestos” de los “vendidos” le interesan las biografías sordidas y las anécdotas curiosas más que los méritos artísticos. ¿Qué tan extrañados deberíamos estar? Después de todo ya Salman Rushdie nos ha dicho que el rocanrol se acerca mucho a una mitología de nuestros días. En cualquier caso, tal parece que Bill Tuomala, autor del texto que leerán a continuación -originalmente publicado en la revista Exiled on Main Street número 27 e incluido en la antología Da Capo Best Music Writing 2003 (con la curaduría del creador de Los Simpson, Matt Groening)-, sintió que para rescatar a una de sus bandas predilectas de las garras de los grandes demiurgos de las tendencias, debería usar su propia jerga, reescribir la Historia con una pequeña historia sacada del reino del revés, recrear el mito de una banda llamada Van Halen. La versión al castellano, of course, cortesía del eRRe.


La mejor banda sobre la Tierra
Por Bill Tuomala

Prólogo
Es probable que sea una banda con la que no estén muy familiarizados porque no podían tomarse un solo descanso. Nunca vendieron muchos discos ni tocaron en un lugar mayor a un teatro pequeño, pero carajo, cada día que pasaba sonaban mejor. Aparecieron a finales de los setenta con un sonido pegajoso, inteligente y juguetón; el problema fue que era la época en que los Ramones, los Sex Pistols y los Clash dominaban las listas. Cualquier grupo de metal lo tenía difícil para conseguir que los programaran en la radio, toda la década el punk había dominado las listas de rock duro. Sólo si tenías la suerte de conocer a alguien que sabía o si frecuentabas la tienda de discos adecuada a lo mejor acababas oyendo algo de metal durante los setenta. Había favoritos del subterráneo como Led Zeppelin, una banda que le metía sonidos tan variados a su mezcla –funk, folk, blues, reggae- que debió ser un éxito comercial; también tenían una canción, “Communication Breakdown”, de la cual sacaron su sonido los Sex Pistols. Y estaba Aerosmith, que combinaba James Brown con los Yardbirds. Y por supuesto Black Sabbath, creadores de un rock narcotizante, lóbrego y maldito tan sombrío como ingenioso. Pero el punk había sido La Neta desde que las altas ventas de los discos Fun House de los Stooges y Back in the USA de los MC5 tomaron la delantera a pasos agigantados en la carrera por modelar el panorama del rock pesado, allá por 1970. O como dijo Jon Landau: “he visto el futuro del rocanrol y su nombre es MC5”.
A principios de los setenta un cuate llamado Lenny Kaye lanzó un álbum con sencillos de los sesenta semiolvidados con el título de Nuggets. Fue acogido por las bandas de garage con aspiraciones a lo largo de la nación con todas sus tonadas proto-metaleras como “Dirty Water”, “Psychotic Reaction”, y “Pushin’ Too Hard”. Pronto en cualquier poblado había una banda de locochones que tocaban riffs de blues amplificados y cantaban canciones sobre chicas, pastillas y alcohol. Todo el que veía una banda de metal y le gustaba, formaba una. Nacía un movimiento con raíces profundas, aunque para la mayoría de los Estados Unidos durante los setenta el metal era esa música de-la-que he-oído-algo-pero-que-realmente-no-he-oído.

1978-1979
“A los críticos de rock les encanta Van Halen y a mí me odian porque los críticos de rock lucen como yo pero quisieran irse de juerga con David Lee Roth.”
-Elvis Costello, 1979
El punk mandaba en las listas y cuando en 1978 debutó Van Halen (Eddie Van Halen en la guitarra, Alex Van Halen en la batería, Michael Anthony en el bajo y David Lee Roth en la voz) fueron ignorados por la corriente principal. Van Halen coqueteó con el sonido punk, en su primer álbum incluyeron una exótica canción llamada “Atomic Punk” y en el segundo, “DOA”, que sonaba descaradamente a los Stooges. A diferencia de muchas otras bandas de metal, las canciones de Van Halen duraban tres-punto-cinco minutos; estaban repletas de humor y partes pegajosas. Pero la base de blues, el sonido agresivo y los cortes de cabello hicieron que sus álbumes fueran colocados en la sección de metal de las tiendas de discos. Si te dejabas ver con uno de sus discos o una camiseta, lo más probable era que se metieran contigo y te dijeran de cosas. A finales de los setenta llevar el cabello largo era como una invitación al desastre en la escuela. Lo que estaba de moda era el cabello en picos, las camisetas rotas y las chaquetas de cuero negro. Los chicos populares formaban pandillas en las que todos tenían el mismo apellido y se burlaban de los metaleros diciéndoles “pachequillos” o “anticuados”. Además insultaban a la música, le decían basura y ruido y se reían de lo poco conocidas que eran las bandas de metal. En buena medida el mismo comportamiento que las bandas de la corriente principal repitieron cuando la escena metalera momentáneamente emergió a la superficie al final de los setenta.
Los primeros dos discos de Van Halen se quedaron estancados en las listas y su mejor esperanza para una canción exitosa, “Dance the Night Away”, también se vino abajo. Los jóvenes norteamericanos sólo querían los acordes rápidos y las voces guturales del punk; nada del eclecticismo todo-cabe de Van Halen. Eso era un revoltura: los chavos no querían vérselas con todo el blues, el vaudeville y las versiones de éxitos de Linda Ronstadt que estaban sirviendo. A los chicos los Ramones les pasaban porque eran más fáciles de digerir; sus chistes eran más simples, lo mismo que su música: sabías bien qué obtendrías en cada ocasión. Van Halen era un nombre chido para soltar en ciertos círculos y la prensa musical les daba reseñas espléndidas, pero sus ventas eran demasiado pobres.

1980
“Los setenta se terminaron.”
-Lester Bangs escribiendo en 1980 sobre cómo “Romeo Delight” y “Take Your Whiskey Home”, de Women and Children Frist, eran indicadores introspectivos de una sociedad que cada vez más aprendía a dejar de amar.
Women and Children First de 1980 fue la cúspide del fracaso comercial. Estaba destinado a fracasar desde el principio, un ejemplo es el piano eléctrico que abre “And the Cradle Will Rock…”. Ni siquiera hacían el intento por ganarse al público, la mayor parte del álbum era una oscura exploración de callejuelas que eventualmente no tendrían salida. Algunas canciones superaban la barrera de los cuatro minutos y, de éstas, la mayoría no tenía mucha forma: la banda creaba un ruido magnífico sobre el que Roth iba improvisando. Era un álbum ruidoso y artístico que desafiaba tu gusto. Como escribió Dave Marsh: “…finalmente: la respuesta de un álbum de rock blanco a “There’s a Riot Goin’ On””.

1981
Al año siguiente le sucedió el aún más oscuro Fair Warning. El otoño de 1980 trajo la reelección de Jimmy Carter. Previamente, en abril, el presidente había liberado a los rehenes en Irán mediante una operación militar. Eso lo puso muy alto en las encuestas y venció con facilidad al candidato republicano Ronald Reagan en la elección de noviembre. Como era un presidente demócrata, siguió haciendo promesas desde su perfil izquierdo mientras con el derecho ladraba órdenes. Carter comenzó su segundo periodo prodigo en labia sobre las causas sociales al tiempo que aumentaba el presupuesto militar y hacía que la Guerra Fría creciera financiando operaciones encubiertas en Afganistán, ocupada por los soviéticos. Los Estados Unidos llevaba la frente en alto, aunque era una época extraña e incómoda si uno ponía atención.
Con este panorama Van Halen entraron al estudio. Habían conseguido alienar a su compañía discográfica, abandonaron el sonido-pásalo-bien y ahora tenían algo que decir. Y lo dijeron. Desde los dos primeros cortes uno se daba cuenta que algo distinto estaba pasando. El álbum inicia con “Main Street”, una caprichosa mirada funk-metal a través de la decadencia urbana. Seguía “Dirty Movies”, en la que tu noviecita santa se vuelve actriz porno. La música se inclinaba por un sonido con bajeo ágil, batería espacial y Eddie sacándose riffs graznantes y acordes de poder como si fuera Pete Townshend poseso. Las letras hablaban de Relaciones en las Rocas o La Decadencia de América. En un país donde los-que-tienen rápidamente se estaban separando de los-que-no-tienen, Van Halen lo contemplaba todo a nivel de calle.
“Hear About It Later” captaba la desesperación del hombre común a la perfección. Empieza con una introducción instrumental reflexiva, luego Roth canta:

No tengo dinero
No tengo casa en la montaña
Dime cariño
¿Tu amor pagará mis deudas?

Y después el coro:

Mira me han juzgado y sentenciado
Cosa del ganador se lleva todo
Quiero correr por mi dinero
Eso es todo
Después no quiero saber

En “Unchained” Roth se detiene para gritar: “¡Oye, hombre: ese traje eres tú!”. Al parecer tenía la mira puesta en los tipos yupificados y obtusos que desde Times Square tomarían el control de Estados Unidos en los años venideros. O quizá el disparo iba contra las bandas new wave de traje y corbata que personificaban una ironía distante que contrastaba con la incontenible pasión de Van Halen. Incluso la contagiosa “So This Is Love?” venía con un signo de interrogación. El álbum termina con Roth apurándose por salir del dormitorio de un marido celoso, la banda medio paso por delante.
Fair Warning fue el álbum con el que Van Halen, aparentemente renunciando a sus aspiraciones de estrellato, se propusieron la simple grandeza. La respuesta de los críticos fue abrumadora. Greil Marcus escribió que en Fair Warning “Van Halen vieron con desdén a nuestros lóbregos años ochenta y ganaron por un pelo. Hard-rock de brutalidad perniciosa mezclado con funk y fervor.” Según la leyenda los mismísimos Clash (quienes dieron credibilidad al metal llamando a Sandy Pearlman, productor de Blue Oyster Cult, para trabajar en su segundo álbum) descendieron de sus tronos multiplatino para escuchar Fair Wairning y desecharon todo lo que habían adelantado para su siguiente álbum. El propio Mick Jones confesó: “supimos que debíamos mejorarlo un poco.”

1982
Después de Fair Warning el retiro parecía inevitable. Van Halen empezaron a tener miedo hasta de sus sombras. Siguió un disco “divertido”, y aunque Diver Down entretenía y tenía unos covers ingeniosos, eso de recurrir a la Motown y particularmente a los Kinks parecía un intento desesperado por aferrarse a un pasado mítico que había sido mejor.

1984
“Todos nuestros discos duran treinta minutos, tocamos la mitad de nuestros conciertos hasta la madre y todo mundo dice que nos tomamos a nuestros fans a la ligera. Todos los discos de Van Halen duran treinta minutos, tocan la mitad de sus conciertos hasta la madre y a ellos los aclaman como un regreso fascinante a la esencia misma del verdadero rocanrol.”
-Paul Westerberg, 1984, intentando desconocer las similitudes entre “Take Me to the Home” de los Replacements y “Somebody Get Me a Doctor” de Van Halen.
El álbum 1984 de Van Halen incluía una última apuesta por el estrellato. Pero “Jump”, una gema synth-pop influenciada por The Who no la hizo en las listas, aunque se abrió paso en los clubes de baile de todo el país. Fue un éxito gigantesco en otro universo, se los garantizo. El resto del álbum es de una solidez absoluta, la sección rítmica emite una seca y afilada base sobre la cual Eddie toca. Una y otra vez Eddie hace éste álbum suyo, la mitad de las canciones parecen existir únicamente para que él se regodee, se saque acordes de poder, figuras y virtuosismo melódico puro. Operó aquí una clase de genio peculiar que supera el de Eric Clapton; las canciones evitan por completo la improvisación y Eddie nunca sacrifica el ritmo en su ejecución, lo que la vuelve mucho más fuerte, un estilo que muchos dioses de la guitarra nunca podrán igualar.
1984 también fue el año en que el vicepresidente Walter Mondale compitió por la presidencia contra John Anderson. Los republicanos presentaron a Anderson como una alternativa moderada frente a alguien como Ronald Reagan, cuya imagen derechista, bonachona y ultraconservadora asustaba a gran parte de los estadounidenses. Anderson empezó cooptando por los temas tradicionales de los demócratas, como beneficiar a los pobres y las minorías. Mondale, como era un pelmazo aburrido que hacía que incluso Anderson pareciera carismático, batallaba con las encuestas y andaba en busca de tema. Había aprendido el golpeteo político de un maestro, Hubert Humphrey. El golpeteo político en buena parte consiste en mentir y distorsionar la verdad acerca de la(s) persona(s) que uno quiere aplastar o quizá simplemente usar como chivos expiatiorios. La versión de golpeteó político que se le ocurrió a Mondale fue lo ofensivas que resultan las letras de rocanrol. No acusó a Van Halen y otras bandas de ser comunistas, simplemente tomó sus letras de sexo-y-alcohol más desenfadadas y salió corriendo con ellas. Pronto los senadores demócratas y sus señoras empezaron a aullar sobre lo “sucio” de las letras, las esposas formaron una asociación anti-libertad de expresión que se las arregló para conseguir audiencias en el congreso. Uno de sus blancos favoritos era “Hot for the Teacher”, de Van Halen, que según alegaban era una glorificación de la pedofilia. (Siempre ha estado bien que los hombres mayores canten sobre chicas adolescentes, pero si escribes una canción sobre una mujer adulta y un adolescente, cuidado.) Los censores traían a Van Halen entre ceja y ceja, y la presión para que las tiendas dejaran de vender sus discos fue tremenda.
Mondale consiguió tema y obligó a que Anderson defendiera la expresión artística, pagando por ello el precio en las encuestas. Las Esposas de Washington hablaron tanto en contra de Van Halen que eventualmente el departamento de David Lee Roth fue cateado por la policía. Roth salía en una foto alusiva al sexo bondage en un póster que incluía el álbum Women and Children First y fue encarcelado bajo cargos de obscenidad. Poco después la banda se separó, en parte por los problemas legales que el acoso trajo consigo.

Epílogo
Eddie Van Halen se dedicó a elaborar música para películas. Alex Van Halen y Michael Anthony se fueron a trabajar con el productor Lee “Scratch” Perry. Un par de años más tarde, David Lee Roth (libre al fin) lanzó una versión de su primer álbum solista, Eat ‘Em and Smile, cantado en español. Se vendió muy bien en las comunidades hispanas del sudoeste de Estados Unidos, donde el metal tiene muchos seguidores. Debido a este esfuerzo multicultural, recibió un reconocimiento de la NAACP. En el banquete de premiación dedicó el galardón a Joe Elliot, de Def Leppard.
Una sombra del Van Halen divertido de los primeros tiempos continuó existiendo en la tendencia glam-metal que pervivió en pequeños sellos independientes como SST y Twin/Tone. Bandas como Poison, Ratt, y Cinderella elevaron el cociente llamativo de Van Halen tupiéndole al maquillaje y embarrándose pantalones de espándex. Aunque tenían sus momentos, les faltaba la diversidad, el humor o el brío de Van Halen.
El metal siguió siendo subterráneo (aunque durante los 80 fue sampleado o vuelto accesible por cuatro de cada cinco raperos con su granito de sal) hasta que Nirvana la hizo en grande en 1991 (“El Año en que el Metal Irrumpió”). Una oída a las primeras tres canciones de Nevermind y uno sabía que estos chicos habían hecho su tarea de sacudir las cabezas. En una acción de mucha clase durante su concierto de MTV Unplugged, llamaron a Eddie y Dave para que los acompañaran con “Take Your Whiskey Home” y “Could This Be Magic?”
El año pasado, Van Halen se reunió para dar un concierto aquí en la Primera Avenida. Con “Feel Your Love Tonight” como tema de That Seventies Show y las bandas de rock independiente mencionando a Van Halen por todos lados, ahora tienen los seguidores (todavía no demasiados pero sí dedicados) para poder hacerlo. Junto a los ojos se les ven las patas de gallo y Diamond Dave ya no puede saltar como antes; pero la música no tiene tiempo. Los muchachos (adultos o no) que llenaron el lugar estaban extasiados. Desde la apertura de “And The Craddle Will Rock…” hasta el final de “Panama”, fue una gran canción tras otra. El regocijo en las sonrisas que llenaban el auditorio casi igualaba el regocijo de las sonrisas sobre el escenario. Y por fin una banda durante tanto tiempo ignorada saldó la cuenta que tenía pendiente. Por fin.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Desde el borde del verde mar

...una traducción, a la salu' de la Cura

Cada vez que hacemos esto
Caigo por ella
Ola tras ola tras ola
Todo es por ella
“sé que esto no puede estar mal” yo digo
(y mentiría por hacerla feliz)
“mientras yo sepa que tú sabes
Que hoy debo estar
Aquí contigo
Justo aquí contigo…”

Y vemos el sol subir
Desde el borde del verde mar
Y ella escucha como si su cabeza estuviera en llamas
Como si quisiera creer en mí
Así que intento
“pon tus manos en el cielo
Ríndete
Recuerda
Estaremos aquí para siempre
Y nunca nos diremos adiós…”

Nunca he estado tan
de-cabeza- transparente-de-colores
Nunca he estado tan
Maravillosamente-que-quieres-más-de-mí
Y lo único que quiero es conservarlo así
Tú y yo solos
Un beso secreto
Y no te vayas a casa
No te alejes
No dejes que esto acabe
Por favor quédate
No sólo por hoy

“nunca nunca nunca nunca nunca me dejes ir” ella dice
“abrázame así para siempre durante cien miles de millones de días”
Pero de repente se detiene
Y mira mi cara al romperse
“¿por qué lloras? ¿qué fue lo que dije?”
“pero si es solo la lluvia” yo sonrío
Limpiándome las lágrimas…

Desearía poder parar
Sé que otro momento romperá mi corazón
Demasiadas lágrimas
Demasiadas veces
Demasiados años lloré por ti

¿cúanto más podremos usar?
¿nos lo tomamos en seco?
¿nos tomamos esta droga?
¿Buscamos algo que para siempre se ha ido
Pero algo que
Siempre querremos?

“¿por qué por qué por qué estás dejándome ir?” ella dice
“siento que estás tirando hacia atrás
Siento que estás cambiando de forma… "
Y justo cuando me libero
Ella se cuelga delante de mí
Deja caer su vestido como una bandera al suelo
Y manos en el cielo
Se rinde a todo…

Desearía poder parar
Sé que otro momento me romperá el corazón
Demasiadas lágrimas
Demasiadas veces
Demasiados años lloré por ti
Siempre es lo mismo
Levantarse en la lluvia
Con dolor de cabeza
Colgado en la vergüenza
Un nombre distinto
Mismo viejo juego
Amor en vano
Y a millas y millas y millas y millas y millas
Lejos de casa otra vez…

Descarguen a Smith, Thompson, Gallup y Cooper interpretando "From the Edge of the Deep Green Sea" el primero de abril de 2006 en el Royal Albert Hall aquí: http://rapidshare.com/files/66724949/05_From_the_Edge_of_the_Deep_Green_S.mp3.html

Días intermedios: una Cura


“¿O sea que tu vida se divide en antes y después del concierto de The Cure?”, días atrás alguien le preguntó al eRRe ante su negativa a recibir en ese momento malas noticias que podían postergarse. Pues sí, ¿verdad?, qué baboso suena, como de escuincle caguengue, eso de que uno quiera mantenerse sano sólo por ir a un concierto de rock, eso de gastar una pequeña fortuna en boletos para los tres conciertos porque uno sabe que no podría dormir tranquilo sabiendo que una de sus bandas favoritas toca esa noche en la ciudad. Pero así es… igual es todo lo que hay. Porque en los tres días que acaban de pasar como que el tiempo se suspendió y prácticamente nada era capaz de empañar la felicidad que Porl Thompson, Simon Gallup, Jason Cooper y Robert Smith supieron derrochar en el Palacio de los Deportes.
Anoche, en el tercer concierto, el eRRe casi sentía que iba al bar de la esquina a ver a la banda de casa, tanta familiaridad para tan sólo tres noches. Al tercer concierto solo, como en el 2004, saldando su complicidad con Robert Smith, el último apretón de manos a un amigo que vino de visita (aunque esté a 30 filas de distancia, que después de todo, no está tan mal). Solo también para, como dicen, “no olvidarse de las raíces”, no olvidarse que todo empezó solo en una habitación, mordiéndose el alma de pena o rabia, escuchando todas estas canciones abrazándose a uno mismo como Robert en el escenario al entonar “Kyoto Song” y dibujársele una sonrisa por la efusión incontenible que obtiene del público.
Esta Cura sin teclados suena como un animal exótico indomesticable. Porl Thompson, que dejó el grupo al final de la gira Wish de 1992 y había visitado México antes con la banda de Page y Plant, regresó en 2005 para sutil pero efectivamente reimaginar las canciones en su guitarra calidoscópica. El bajo de Simon Gallup sigue proveyendo esa columna de sólida sencillez para el sonido Cure pocas veces advertida. Esto no es una reunión, porque The Cure siempre ha sido un vehículo con Robert Smith al volante, aunque dando crédito a los miembros de las alineaciones que lo han acompañado a lo largo de los años, y lo que estamos viendo aquí es el germen de la Cura más presente en la memoria colectiva, la de Head on the Door, Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me y Disintegration; Gallup y Thompson también estuvieron presentes en el primer álbum que concretó el sonido Cure, Seventeen Seconds; estaban incluso desde antes, desde Easy Cure. Con Jason Cooper en las baquetas -el más joven de la formación, que de cualquier forma lleva ya más de 10 años apoyando a Robert- por momentos durante los conciertos, especialmente en los cortes extraídos de Seventeen Seconds, Faith y Pornography, dan la impresión de ser una de las bandas que mejor ha aprendido las lecciones del Velvet Underground en manejo de estructuras repetitivas que varían su modo, no a nivel musical, sino de intensidad, hasta que en canciones como la extenuante “Watching Me Fall” o “End” revientan el ritmo más allá del rocanrol transformandose más bien en un grupo de guitarras interpretando música trance, término que parece apropiado para algo que bordea el ritual.
Y de repente se aclara el coro de “Inbetween Days”, una canción que sonó los tres días: “and I know I was wrong/when I said it wast true/that it couldn’t be me and be her/inbetween without you”, eso sin lo cual no podemos estar a gusto es también lo que nos mata, miren si no a esta gente que canta “Pictures of You” con la misma fuerza que cada uno usó en su frustración al romper las fotos que los lastimaban, y ahora eso es motivo para esta fiesta. Así que, supongo, que sí y no. Sí, la vida se divide en antes y después de los conciertos de The Cure, porque son "días intermedios" de algarabía por toda la mierda que habrá de venir después. No, porque uno sabe eso, que esta sensación como el resto de las cosas habrá de pasar, que será barrida en el vendaval de los días. Aunque siempre queda la posibilidad de que le prueben haber estado equivocado y que realmente nunca es tarde para llevársela leve, como se oyó en "Doing the Unstuck" del tercer concierto, con Robert Smith sintetizando el sentimiento entre la audiencia: "let's get happy!".

lunes, 22 de octubre de 2007

Quiero quedarme a vivir en un concierto de la Cura...

Segundo concierto de The Cure y las palabras no bastan. ¿Qué hay para reportar? Que esta agrupación de la Cura, con Roberto acompañado por sus camaradas de varias andanzas, Simon Gallup y Porl Thompson, agitando las hachas al frente tiene toda la fuerza para mantener a cualquiera tres horas con los pelos como alambre de púas. Roberto, por cierto está enamorado de México y no lo dismula. “These are songs we haven’t played in a long time”, dice con la sonrisa saliéndosele de los labios enrojecidos y ¡zas! que nos avienta una andanada de rolas salidas de los álbumes Seventeen Seconds y Faith, este último sin duda una de las cosas más devastadoras que se hayan producido en la historia de la música grabada. Y abajo unos saltan y otros cantan con los rostros enrojecidos como escupiendo algún recuerdo que lastima y no se va y por eso causa placer, otros simplemente nos hemos quedado sin palabras, no nos queda más que contemplar anonadados, si acaso dándole un sorbito al juguito del levadura, como el explorador cansado de ver sitios extraordinarios. Al salir no he oído a nadie quejarse. Más bien todos van con una sonrisa idiota como después de haber tenido una intensa sesión de intercambio amoroso. Días de gracia, ¿quién dijo que la vida ya no podía otorgarlos? ¿Y quién putísimas madres con un carajo de la chingada dijo que la música de The Cure era para deprimirse? "Tonight I'm so alive with you"… y todavía falta uno. Qué atascón…

viernes, 12 de octubre de 2007

Las canciones más tristes del mundo

Una lista ociosa y completamente arbitraria de las canciones más tristes del mundo. La lista, por supuesto, no es definitiva y pueden sentirse con la libertad de incluir o tachar las melodías que ustedes quieran.

Story of an Artist – Daniel Johnston
Bad News – Eels
Calling You (tema de Café Bagdad) – en versión de Jeff Buckley, también, claro está, su interpretación al Hallelujah de Leonard Cohen
The Waiting Hour – Human Drama
Something I Can Never Have - NIN
The Other Woman – Nina Simone
Sweet Lil Gal – Ryan Adams
I’m So Lonesome I Could Cry – Elvis, en efecto, definía esta composición de Hank Williams como “la canción más triste que haya escuchado”, yo me quedo con la versión de Johnny Cash y Nick Cave en el disco del primero American IV: The Man Comes Around, aunque del mismo plato podríamos proponer Hurt y Danny Boy.
Colorblind – Counting Crows
Ojos rojos – Fito Páez
Have You Ever Loved A Woman? – me quedo con la versión de BB King
Thorn Tree in the Garden – una canción ignorada de Derek & the Dominos que cierra el álbum doble donde viene Layla
Trouble - Ray Lamontagne
Strange Fruit - Billie Holiday
Last Night I Dreamt That Somebody Loved Me - The Smiths, de estos también es imposible dejar fuera Please, Please, Please Let Me Get What I Want
Todo el disco () de Sigür Rós
A Pair of Brown Eyes - The Pogues

…y así hasta que se secan las lágrimas de la frustración y no queda más que respirar, exhalar, respirar, exhalar…

The world has turned and left me here

Hacía mucho que no me sentía tan triste. Tan desolado. “The World Has Turned and Left Me Here”, como canta Weezer en este momento con el estéreo a todo lo que da. Ya sé, ya sé, sí, el consejo del gato –creo, más bien que es gata- llamado Virtud de los Weakerthans: esas canciones amargas no sirven de nada, no te harán fuerte. Pero es que hay días en que parece que no bastan todas las canciones tristes del mundo, tampoco todas las felices, para vaciar ese sentimiento que parece tenerte tomado del cogote. Es como si los hubieran invitado a la fiesta del año y se la pasaran pensando que vestido usar, como cortarse el pelo, practicando un caminar elegante… solo para que de último minuto les digan que su nombre ya no cupo en la lista de convidados. Los eels lo explican fácil en su rola “Guest List”: “Are you one of the beautiful people?/Is my name on the list?/Wanna be of the beautiful people/Wanna feel like I’m missed”. Habemos tipos que siempre nos quedaremos afuera del banquete, viendo tras la ventana pasar generosos platos, escuchando el eco de la música lejana, añorando la tibieza de un cuerpo cercano en la pista de baile. Habemos quienes nunca aprenderemos a bailar. Y qué… los que están al otro lado del cristal deberían estarse preparando, ya lo advirtió Siniestro Total: “los feos somos más”. Ojalá que su fin de semana sea más luminoso que el mío. Trépenle al volumen hasta que no puedan oír sus propios pensamientos.

jueves, 11 de octubre de 2007

Rejection, they call it...

“So much rejection in every connection I make”, cantan los Counting Crows, un grupo que solo quienes se sienten orgullosos de su estulticia desprecian. Discúlpenme, pero si algo conozco bien es el rechazo, y puedo decirles que hay casos en los que ni el dinero basta para solucionarlo. Al eRRe, por ejemplo, en la escuela le llegó a pasar que los niños ricos lo rechazaban por no vestir como ellos y que los pobres lo veían como pequeñoburgues (whatever that means en la secundaria). Lejos de intentar adaptarse a uno de los grupos, esta dicotomía sirvió para reforzar el espíritu aguerrido del eRRe, casi nos atreveríamos a decir que “rebelde” si la palabra no implicara connotaciones tan monumentales televisivamente hablando. Mal consejo muchachos. La rebeldía queda muy cool para la mocedad, pero ya con años encima uno debe aceptar que se ve ridículo, como despeinado y sin rumbo. A veces por inercia sucede que uno lleva la contraria hasta en cosas con las que está de acuerdo, hasta en cosas en las que cualquier otro día uno admitiría que está siendo un completo pendejo, “así es el calor”, nos dirían los Abuelos de la Nada. I only hurt the people I love, aludiendo de nuevo a los Counting Crows.
No menos cierto es que hay personas para las que el rechazo se vuelve algo tan común que cuando sucede lo contrario los toma por sorpresa e incluso les resulta incómodo. Es algo igual que cuando uno está a toda madre acurrucadito en un sillón a oscuras y alguien entra a la habitación prendiendo la luz de sopetón. Uno patalea y vocifera ajos y cebollas… hasta que los ojos dejan de arder.
¿Cuáles serán las rolas más adecuadas para un día de rechazo, lo cual casi equivale a decir un día en que todo sale mal? Mi voto va para “Terrible Lie”, de Nine Inch Nails; “The Boy With The Thorn on His Side”, de los Smiths; “Siempre puedes olvidar”, de Charly García…
Heme aquí de nuevo, envuelto entre las nubes del rechazo. It almost feels like home… but just almost… En las películas de uno, uno siempre es el matón que vence al resto de los tiradores del Oeste. Las canciones de uno las canta uno y hablan de uno y uno es el invariable héroe. Pero allá afuera, como dice Andrés Calamaro en “5 minutos (minibar)”, primer sencillo de La lengua popular, su nuevo disco: “allá afuera todo el mundo va armado”. Y a cambio de salir, solo queda escribir, contarse historias, irse quedando dormido.

martes, 9 de octubre de 2007

Radiohead revela In Rainbows

Van a ser 10 días de que Radiohead anunció en su sitio de Internet que su nuevo álbum estaba listo y se llamaba "In Rainbows". El disco sale mañana asestando un buen golpe a la industria discográfica tradicional, pues en un principio sólo estará disponible desde el sitio inrainbows.com para ordenarlo ya sea en forma física o como descarga dando al comprador la libertad de elegir el precio que quiera pagar. El acceso a las descargas estará disponible a partir del 10 de octubre para todos aquellos que se registren antes de las 10 de la mañana -tiempo de Inglaterra- de ese mismo día, de modo que aunque apurados todavía están a tiempo de aprovechar esta movida de los invariablemente revolucionarios Radiohead y descubrir qué nuevos derroteros exploran en su aventura musical.
we hope that you choke...

Sobre las canciones...

Se me está haciendo tarde para lo que ustedes quieran, pero en la tornamesa da vueltas “Visions of Johanna” en el lado uno de Blonde on Blonde y prefiero que el tic-tac del reloj me coma los nervios antes que cortar los sinuosos versos que la carraspeada voz de Dylan emite. Ni modo, la música me impone un respeto así de abrumador, especialmente las canciones, porque bueno, también hay que ser realistas y zamparse los 15 o 20 minutos de una sinfonía con el tránsito de la ciudad de México equivale a echar por la borda tu día entero, pero, hombre, una rolita, qué te cuesta: un regaño del jefe por cinco minutos de verdad vestida de belleza de bolsillo.
En casa de mis papás eso era un problema. Yo estaba clavado oyendo al psicópata que canta como un arrullo “I am an American aquarium drinker/I assassin down the avenue” en “I Am Trying to Break Your Heart”, del Yankee Hotel Foxtrot de Wilco, y mi mamá llegaba y ponía el radio con el chismorreo de Maxine Woodside y eunucos que la acompañan a todo volumen. Hay maneras, ¿no? Desgarrar un momento así puede arruinarte todo el día, en el peor de los casos convertirte en un personaje parecido al de la canción. Porque a veces basta eso, una canción para salvarte de la locura que acumulan los días herrumbrosos. “Sometimes salvation in the eye of the storm”, como bien cantan los Black Crowes.
A veces me da la impresión que no escucho canciones según mi estado de ánimo, sino que son ellas, las canciones, las que tironean a su gusto la veleta de mi voluntad. Pongamos por ejemplo la otra tarde, estaba muy quitado de la pena escuchando el Cómo conseguir chicas cuando Charly García se pone a cantar “yo estaba en un lugar/a punto de caer/y aunque te parezca extraño música es lo que das”. De súbito esas palabras envueltas en una melodía aparentemente inofensiva resonaron con un significado brutal, como si un dragón empezara a materializarse del humo que escapaba de mi cigarrillo. Cuando terminó la volví a poner. “El problema no está aquí./Cambiar es bien/aun sin amor/aun sin creer”. Parecía un mensaje mandado por el capricho de quién sabe qué dioses justo cuando tenía sentido. Me ocurre más seguido de lo que me gustaría admitir, esa sensación de que ciertas canciones te expresan mejor de lo que tú mismo jamás podrás. “Salta y sé feliz./Para qué fingir./No vale la pena./Y música es lo que me das”. Atacó entonces la imperiosa necesidad de compartir este descubrimiento con una persona, algo que ha sido una pesadilla durante mi vida, correr a ponerle a quien sea una canción que te emociona para obtener un aburrido “ah, está bonita” de respuesta. Como sea, aquí el día terminó sin que siquiera se presentara la oportunidad de hacer que esta persona escuchara la mentada melodía y por alguna razón eso se sintió como un mal augurio.
Elegir lo primero que merezca escucharse al despertar impone una operación delicada al que ve un oráculo en su colección de discos. Primero, para no sacarme mucho de balance, a la mañana siguiente retomé a Charly, esta vez con Filosofía barata y zapatos de goma, “Curitas”, que habla de “la chica que esperaba era infinita/como el bajo que perdí/pegaba las canciones con curitas/hay algo sangrando/hay algo que sangra…”; la letra y la sonoridad de este tema me parecían de lo más raro hasta que en No digas nada, la biografía que Sergio Marchi escribió sobre Charly, leí que un día éste batallaba en el estudio con dos canciones que se negaban a salir hasta que alguien (pudo ser una dama, no importa demasiado) llegó y con espontaneidad apabullante le sugirió juntarlas para hacer una, “pegar las canciones con curitas”, si al final el mejor arte es más claro en lo que dice de lo que nadie se atreve a reconocer. Después decidí que era tiempo de algo más animado y puse un dvd que tenía guardado de The Polyphonic Spree, un hatajo de freaks enfundados en túnicas de colores que suenan como la cruza de los Flaming Lips con una orquesta juvenil en éxtasis fugada de alguna iglesia bautista. Muchos los critican por exceso de optimismo, pero a veces exactamente eso es lo que se necesita para creer que las cosas cambian. Y las cosas cambian. Para bien o para mal cambian. Aunque uno siga sentado en la esquina del cadalso.

***

Han pasado días desde que escribí lo anterior y siento la obligación de precisar que las canciones no salvan a nadie. No basta sacar la canción que uno atesora al fondo de sus secretos y verterla en el oído de quien más quiere para redimir su tristeza. No basta el caballero de pelo largo, guitarra eléctrica trenzada al pecho y corazón sangrante –sagrado corazón. No bastan los versos de Oliverio Girondo a estas alturas ya muy sobados (que podrían sonar en una rola de los Byrds): “llorarlo todo pero llorarlo bien”. Ni siquiera bastan los abrazos ni el amor a la medida. Y no tiene caso lamentarse o sentirse impotente. Un diluvio se avecina, ya lo anunció Peter Gabriel: “¡beban, soñadores, que se están quedando secos!”. Las canciones no nos salvan, pero son los pedazos del barco a los que nos aferramos para creer que el naufragio todavía no es absoluto. Las canciones se nos meten por la boca y las narices y nos hacen levantar una sonrisa idiota al sol que nos quema la cara. Pereceremos ahogados por los lagartos que vuelan nuestra sangre, silbando una tonada que no recordamos en dónde escuchamos.