martes, 16 de febrero de 2010

Nota cavernícola

Al principio nada.

Después uno

con frío de silencio

quiso compañía

y se acompañó con ella.

Un sonido.

Una palabra:

“Nada”

la palabra de uno

la piedra contra el estanque

el sonido de la nada

contra nada

quién fue el primero en tirarla

quién abrió esta grieta

perfecta

para el descalabro.

En la nada imperfecta.

Quién inventó la palabra

que quiero nombrar

y me evade

palabra anulada

en un mundo de nada.

La palabra piedra

sordera

para hablar de alguien

que hablaba

de la palabra “sangre”.

¿Y en la sangre

qué había?

Una flor oscura

Roja

Oscura.

Nada que decir.

Enmudecimiento.

Porque no hay palabras

cerillos quemados

las manos raspadas

nada que decir.

Uno que da manotazos

inventando una palabra,

más que palabra, gruñido,

jadeo

aullido.

El sonido que se escapa

en la primera embestida.

jueves, 11 de febrero de 2010

Temporada invierno 2009-2010

Me quema la memoria de la nieve. Su blancura en el amanecer extendiéndose hasta asfixiar la mirada. El vértigo de montes nevados coronados por flores psicodélicas de la primera vez. La electricidad tocándola por primera vez. La pureza de la nieve y echarla a perder con pisadas, con esperpentos replicando a hombres despreciables, y los cuadrados con tapetes de “Bienvenidos a nuestra casa”, y los juegos malditos de inocencia.

Pasados 60 inviernos fue el primero que volvió a nevar en este valle. Y todos se mostraban preocupados por mi locura de estación. Lanzándome montado al trineo por escarpadas colinas disparando carcajadas que laceraban el nervio de los valles. En los momentos de calma oyendo rap y heavy metal a todo volumen en el cuarto. Los vecinos tocaban, y vivían a dos kilómetros de distancia. Fue el tiempo de la carne desencadenada, de las palabras regurgitadas, de la sintonía lujuriosa. Mis padres, mis maestros, mis contrincantes de ajedrez, venían, para mantenerme entretenido, y evitar que bailara, de nuevo, con las sirenas detrás del horizonte de la nieve.

Hoy hasta yo creo que la fiebre ha pasado. Pero como un mastodonte famélico aguarda. El anhelo, de salir corriendo, a las montañas nevadas, y arrancar los brotes imposibles, masticarlos, tocar la nieve, bañarme con la nieve, robar la nieve. Que apague, que reviva el fuego de los hombres. Lo único que realmente me detiene es cómo reaccionará –cuando llegue- mi primavera.

martes, 9 de febrero de 2010

Autorretrato de Daniel Johnston

Is and always was, el disco que sacó el año pasado, nos trae un Daniel Johnston higienizado en comparación con la crudeza de aquellas primeras cintas que años atrás grababa confinado en la cochera de su casa para luego tratar de vendérselas al al primer incauto. Pero lo que salva a Daniel Johnston de la esterilización absoluta es que él siempre será un aficionado, “me gusta el arte de los aficionados”, declara en la siguiente entrevista concedida para la sección “Self-portrait” para la edición de febrero de 2010 de la revista Mojo. “Estoy loco por los Beatles”, dice también y uno siente la tentación de tomárselo casi en un sentido literal. Bueno, pues no podríamos decir que es como los Beatles, pero contra todos los pronósticos, imponiéndose a los desequilibrios neurológicos, las reclusiones en sanatorios mentales, el eterno desamor, el eterno combate con el diablo y sus esbirros, Daniel Johnston finalmente consiguió –con un empujoncito de la película The Devil and Daniel Johnston (Jeff Feuerzeig, 2003) ser admirado por un puñado de personas alrededor del mundo y eso le alcanza para vivir de su arte. Claro que el caso de Daniel Johnston de nuevo plantea la discusión de hasta qué punto priva el morbo en los gustos de nuestra época. Como sea, resulta refrescante leer en una revista a un hombre que habla desde el centro de la zozobra compartida y no con la intención de proyectar tal o cual imagen. Puede parecer chocante que todavía alguien sea tan ingenuo para mencionar que “un árbol es arte”, la diferencia está en que para él no es una pose romántica, es la afirmación de que el arte está ahí, al alcance de cualquiera y ni siquiera hace falta ser un “artista”. Pero tampoco nos engañemos con la ingenuidad, ya que en el fondo es el reconocimiento de que irreversiblemente será un inadaptado porque simplemente hay gente que no encaja, él entre las primeras “hay personas con mejor visión de la realidad, ellos ven un árbol, los artistas ven arte”. Al paso del tiempo y la diabetes, los demonios con los que tanto batalló se notan más calmados, como en sus canciones, la manera en que Daniel Johnston reflexiona aquí acerca de sí mismo adquiere un tono de candor infantil que por momentos arroja frases en las que bien podría encontrar su iluminación un joven aprendiz de zen. El retrato es de la mano de Daniel Johnston. El relato según fue contado a Lois Wilson para la revista Mojo de febrero de 2010. Y de la versión al castellano, como es mala costumbre, se encargó el eRRe.

Me describo a mí mismo cómo… un desastre. Soy maniaco depresivo y me gusta pensar que soy un artista, y me gusta pensar en hacer películas y dibujo muchas caricaturas y ahora incluso estoy ganándome la vida con eso también y creo que eso me define. Tengo un estilo de caricatura para tocar la guitarra, me gusta el arte de los aficionados, la manera de tocar la guitarra de los aficionados, los dibujos de los niños pequeños.

La música me cambió… animándome. Los Beatles me han animado a través de mi vida, sus álbumes en grupo y como solistas, estoy loco por los Beatles. Nunca los dejaré. Le dan forma a mi vida.

Cuando no estoy haciendo música… como un montón, como unas pizzas que me digo que son bastante buenas, a veces no se cocinan bien, pero me gusta que nada más tengan queso encima, cuando pides las que tienen carne no son tan buenas por alguna razón, y tomo un montón de refresco de dieta y fumo un montón de cigarrillos y yo y mi gato nos divertimos un montón. Nos sentamos a ver programas juntos, como “Time Bandit”.

Mi mayor vicio es… el arte. Me quedé encerrado en mi casa durante meses haciendo dibujos y escribiendo música y luego salía con mi perro y había un árbol y me quedaba mirando el árbol y era como “esto es arte”. Hay otras personas con mejor visión de la realidad, ellos ven un árbol, los artistas ven arte.

La última vez que me sentí avergonzado fue… no soy muy de avergonzarme, pero desde que salió la película The Devil and Daniel Johnston me reconocen en la tienda de abarrotes y en otros lugares. Las chicas dicen “oigan, es el tipo de la película”, lo cual es gracioso. Soy tímido pero actúo como si nada cuando se acercan.

La última vez que lloré… lloro un montón, me pongo a pensar en algo que me importa mucho y estoy nada más ahí sentado y las lágrimas empiezan a salir y yo estoy llorando y es muy extraño.

¿LP, CD o MP3?.... Realmente no entiendo lo de los MP3, escogería ya sea un LP o un cassette porque los CDs salen muy caros.

La posesión que más atesoro es… Lizard Girl, es un lagarto de plástico, es como que bonita y era mi juguete predilecto, pero ahora no la puedo encontrar, la he buscado por toda la casa y debe estar enterrado en algún lugar del armario. Tengo un millón de juguetes, todos en estantes, me voy con mi hermana a tiendas de descuento y te sorprendería saber cuántos juguetes tan padres puedes encontrar ahí.

El mejor libro que he leído es… Ya no leo mucho, parece que ya no puedo leer muy bien, así que sólo miró las imágenes… cómics baratos, cualquier cosa que pueda comprarme. Los colecciono todos.

¿El vaso está medio vacío o medio lleno…? Yo diría que lo vuelvan a llenar.

Mi mayor arrepentimiento es… me han pasado muchas grandes catástrofes en el camino, pero si no me hubieran pasado, no estaría aquí, en el lugar donde estoy hoy en día, y he sobrevivido, y eso me impresiona y todavía tengo un montón de ideas sobre lo que quiero hacer por el resto de mi vida, así que no hay arrepentimientos.

Qué pasa cuando nos morimos… Es algo que me pregunto mucho, si entierran el cuerpo y se pudre, ¿será que ya dejaste tu cuerpo? Porque yo siento como si mi cuerpo fuera mi alma, de la cabeza al dedo gordo del pie soy yo, así que cuando muera no quiero que simplemente lo tiren. Luego hay quienes dicen que los muertos se levantarán, ¿eso quiere decir que tendremos algo parecido a “La noche de los muertos vivientes”?

Me gustaría ser recordado como… Preferiría ser olvidado. Oh, sólo estoy bromeando. Me gustaría ser conocido como un hombre con suerte que tiene ganas de ver qué hay en el más allá.

lunes, 8 de febrero de 2010

Cuatro poemas de Bukowski

Pertenecientes al archivo que dejó para ser publicado tras su muerte. Encuentran los originales en el libro The Flash of Lightning Behind the Mountain, editado en 2005 por Harper Collin Publishers, en Nueva York. La versión al castellano es del eRRe.

el juego de la poesía

los chicos
juegan el juego de la poesía
otra vez
escribiendo
líneas sin sentido
y haciéndolas pasar por arte
otra vez.

los chicos
están al teléfono
otra vez
escribiendo cartas
otra vez
a las editoriales y los
editores
diciéndoles
a quién editar y a quién
publicar.

los chicos
saben que o
perteneces o
no.

hay una forma de hacerlo
ves
y
sólo unos pocos saben cómo
hacerlo
de la forma correcta.

todos los demás
están
fuera
y
si no sabes
quién está fuera
o quién dentro
bueno
los chicos
te lo dirán
otra vez.

los chicos
han estado por aquí
mucho tiempo:
un par de
siglos
por lo menos.

y antes de
morir
los viejos chicos
pasan su sabiduría a
los chicos
más jóvenes
de forma que ellos escriban
las líneas sin sentido
y las hagan pasar como arte
otra vez.

esta noche
tantas de mis neuronas devoradas por
el alcohol
me siento aquí a beber ahora
todos mis compañeros de bebida muertos,
me rasco la panza y sueño con el
albatros
bebo solo ahora.
bebo conmigo mismo y por mí mismo.
bebo por mi vida y por mi muerte.
mi sed todavía no está saciada.
enciendo otro cigarrillo, volteo la
botella lentamente, la
admiro.
una buena compañía.
años como este.
¿qué más pude haber hecho
que hiciera así de bien?
he bebido más que los primeros
cien hombres que te cruces
por la calle
o que veas en el manicomio.
yo me rasco la panza y sueño con el
albatros.
me he unido a los grandes ebrios de
los siglos.
he sido seleccionado.
me detengo ahora, levanto la botella, le doy
un trago poderoso.
me resulta imposible pensar que
algunos realmente se hayan detenido y se
convirtieran en ciudadanos
sobrios.
me entristece.
están secos, torpes, seguros.
yo me rasco la panza y sueño con el
albatros.
esta habitación está llena de mí y yo estoy
lleno.
bebo esta por todos ustedes
y por mí.
pasa de la media noche ahora y un perro
solitario aúlla en la
noche.
y yo estoy tan joven como el fuego que todavía
arde
ahora.

corazones solitarios
cuando empiezas a aburrirte a ti mismo
sabes endemoniadamente bien
que vas a empezar
a aburrir a otras personas;
de hecho, a todas las personas con las que
entres en contacto:
en el teléfono, en la oficina
de correos, sobre un plato de
spaghetti.

oh, toda la gente agotada con sus
historias agotadas:
por ejemplo de cómo los arruinaron las Fuerzas
Despiadadas de la vida, cómo están jodidos
y no hay mucho que puedan hacer
ahora
excepto contarte acerca de eso.

luego retroceden y esperan que
les des consuelo
pero lo que verdaderamente te dan ganas de hacer
es
orinarles encima,
lo cual puede hacer que desistan de
invitarse solos a
cenar
para después contarte más acerca
de sus trágicas
vidas.

hay muchos más de
ellos,
formándose fuera en la oscuridad
esperando por ti.
nadie más los
escuchará.
han alejado
a cientos de antiguos
amigos, amantes y conocidos
pero todavía necesitan lloriquear y
quejarse.

voy a mandarlos a todos a
verte
a partir de hoy.
ten tu compasión y
comprensión
listas.

es probable que al final de esa
fila
esté yo.

es difícil ver a tu propia muerte aproximarse
vi a dos escritores sentados a la mesa de un café
el otro día –no malos tipos realmente, ni con las
palabras ni con la forma de ser.
habían pasado muchos años desde la última vez
que los había visto y al pasar cerca me di cuenta que ambos
se veían viejos –sus rostros decaídos y el cabello
de uno era blanco:
por lo que se notaba el amable arte de la poesía
no los había tratado mejor que si hubieran trabajado en
los campos de tomate, y extrañamente, cuando los saludé,
tartamudearon y apenas pudieron responder,
sólo se quedaron ahí sentados en la mesa como un
par de viejas fochas en una tarde calurosa
de verano.

me fui de regreso a mi mesa,
le sonreí a mi esposa, complacido porque yo no había
envejecido así, no,
de ninguna manera.

disfrutaba de la vista de la bahía contemplando los
barcos de pintura brillante atracados subir y caer
suavemente con la marea
y mientras levantaba mi vaso para brindar por mi eterna
juventud
la voz delante de mí me dice, “Hank, será
mejor que te vayas con calma, sólo falta una semana
para que cumplas
65”.