They're going to give my heart a medal for letting go of you.
-Leonard Cohen
Cuando me enteré de la noticia
andaba un poco mareado
-últimamente paso mucho tiempo
mareado. Y respiré hondo para no llorar
-este año ya mucho he llorado.
No es que fuera algo inesperado,
hiciste un disco para avisarnos.
Una broma pesada, una capilla ardiente,
como asistir a tu propio velorio.
Eras el bufón de la funeraria,
la plañidera en media orgía.
Me funcionó unas cuantas horas
el teatro de los ojos secos, suficiente
para cumplir algunas obligaciones,
restar y sumar números -tú sabes
que las cuentas nunca salen.
Cuando la ciudad cayó, levanté
mi ramillete de lágrimas, pero tú sabes
que ya estaban secas, bien lo sabes:
desde el primer día estaban secas.
Tú, con tus rotas tablas de la ley.
Tú, con aguafuertes de noche y deseo.
Tú, de sombrero y nudo en la garganta.
Tú, mi amigo el traidor, el más querido.
El pequeño judío que escribió la Biblia, tú.
El dueño de la vida secreta, el que firmaba
L.C. los cuchillos, las cartas. Tú lo sabes.
Tú: Leonard Cohen.