jueves, 29 de noviembre de 2007

Solo con Soledad

Nena, nunca voy a ser un superhombre
Sueles dejarme solo
-G. Cerati

Tengo que reconocerlo. Ayer les hablaba de Roy Orbison para no quedarme solo, para sentir que había alguien con quien hablar, para sentir que quedaba algo. Hoy sólo queda la soledad y solamente escribo para no quedarme solo con ella. Escribo como escuchando música, sin detenerme, deslizando los dedos sobre el teclado más rápido que el pensamiento para que no me alcance. Para escaparme de la soledad, para vaciarme de mí, si consigo dejar de ser yo será imposible sentirme solo. Si de algo sabe el eRRe, es de soledad, básicamente ha pasado todos los años de su vida solo y no debería resultarle un sentimiento tan abrumador. Hace unos momentos no me sentía solo. Maten a la tecnología, en ella vive el demonio. Viva la tecnología, ¿cómo podría intentar estirar la mano para alcanzarlos a ustedes y así no sentirme solo? Y uno sigue escribiendo queriendo abordar aquello para lo que no se han inventado las palabras. Un hueco. Un hueco donde no hay palabras. Y aun así la palabra silencio todavía es un sonido, como decía Bataille. Nunca se fíen de un lector de Bataille. Cuando entras a la soledad todavía quedas tú mismo. Eso es lo peor de todo, que ni siquiera puedes tener la decencia de dejarte a solas con tu soledad. Ojalá esto que escribo me ayudara a diluirme. Cuando venía a este restaurante desde donde les estoy escribiendo (hey, ¿hay alguien allá fuera?) todavía venía pensando en qué platillo degustaría el día de hoy. Dos minutos antes de entrar se me había quitado el hambre. A Soledad, esa amante inoportuna, le dio por venir abrazarme. Es cachonda, muy cachonda. Ojalá tuviera fuerzas para resistírmele.
A su salud...

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