“So much rejection in every connection I make”, cantan los Counting Crows, un grupo que solo quienes se sienten orgullosos de su estulticia desprecian. Discúlpenme, pero si algo conozco bien es el rechazo, y puedo decirles que hay casos en los que ni el dinero basta para solucionarlo. Al eRRe, por ejemplo, en la escuela le llegó a pasar que los niños ricos lo rechazaban por no vestir como ellos y que los pobres lo veían como pequeñoburgues (whatever that means en la secundaria). Lejos de intentar adaptarse a uno de los grupos, esta dicotomía sirvió para reforzar el espíritu aguerrido del eRRe, casi nos atreveríamos a decir que “rebelde” si la palabra no implicara connotaciones tan monumentales televisivamente hablando. Mal consejo muchachos. La rebeldía queda muy cool para la mocedad, pero ya con años encima uno debe aceptar que se ve ridículo, como despeinado y sin rumbo. A veces por inercia sucede que uno lleva la contraria hasta en cosas con las que está de acuerdo, hasta en cosas en las que cualquier otro día uno admitiría que está siendo un completo pendejo, “así es el calor”, nos dirían los Abuelos de la Nada. I only hurt the people I love, aludiendo de nuevo a los Counting Crows.
No menos cierto es que hay personas para las que el rechazo se vuelve algo tan común que cuando sucede lo contrario los toma por sorpresa e incluso les resulta incómodo. Es algo igual que cuando uno está a toda madre acurrucadito en un sillón a oscuras y alguien entra a la habitación prendiendo la luz de sopetón. Uno patalea y vocifera ajos y cebollas… hasta que los ojos dejan de arder.
¿Cuáles serán las rolas más adecuadas para un día de rechazo, lo cual casi equivale a decir un día en que todo sale mal? Mi voto va para “Terrible Lie”, de Nine Inch Nails; “The Boy With The Thorn on His Side”, de los Smiths; “Siempre puedes olvidar”, de Charly García…
Heme aquí de nuevo, envuelto entre las nubes del rechazo. It almost feels like home… but just almost… En las películas de uno, uno siempre es el matón que vence al resto de los tiradores del Oeste. Las canciones de uno las canta uno y hablan de uno y uno es el invariable héroe. Pero allá afuera, como dice Andrés Calamaro en “5 minutos (minibar)”, primer sencillo de La lengua popular, su nuevo disco: “allá afuera todo el mundo va armado”. Y a cambio de salir, solo queda escribir, contarse historias, irse quedando dormido.
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