martes, 1 de junio de 2010

Por México viendo a Charly García, parte II: No voy a parar, déjalo que suba

A partir de ahí un relámpago de emoción deslumbra la memoria del eRRe. Le alcanza para recordar que a “Demoliendo hoteles” siguió “Promesas sobre el bidet” y, en la parte que dice “yo te prometo te escribiré si es que para de llover”, el momento de comunión entre Charly y audiencia que levantan ojos y gargantas al cielo reprochándole a Tláloc o cualesquiera divinidades responsables de los contratiempos que no cesan: el audífono que le sirve de monitor a Charly no termina de ajustarle al oído, constantemente un ayudante trata de acomodárselo, sea sentado al gran piano de cola o cuando se levanta a empuñar el pedestal del micrófono al centro del escenario. Seguro en otros tiempos esto hubiese bastado para despertar su furia y correr a refugiarse en el camerino, pero esta noche lo asombroso es que las maniobras del asistente no lo distraigan del trajinar por el teclado, que incluso pulsa con el pie. “Valió la pena la espera, ¿no?”, dice en un momento de la noche, ya con el público bien metido a la bolsa, la única muestra de rabia el dedo medio puntiagudo que sobresale de una de sus manos para que al mandamás de las alturas no le queden dudas del repudio por oponerse a esta celebración, pus quién te crees que eres para meterte con Charly García que antes de este concierto afirmó: “tengo muchas ganas de tocar para México porque le debo un gran concierto, hemos hecho algunos conciertos ahí en el pasado que no han estado muy buenos”.

La última visita que Charly nos hizo fue en 2002, se presentó en el defeño salón 21 visiblemente alterado, con un brazo enyesado, aunque igual sacando maravillas del marañón de teclados que lo rodeaban. Aquel intento de gira terminó con Charly acusando al empresario de haberlo estafado. Antes de eso, por a’i del ’99, cubierto de pintura plateada fue al Teatro Metropolitan para marcharse tres rolas después no sin antes amenazar: “vayan mañana, ahí sí va a estar bueno”; en efecto al día siguiente dio para quien quisiera un concierto en el Zócalo de tres majestuosas horas junto a su mamá “Negra”, Mercedes Sosa. La primera vez que vino debe haber sido alrededor de 1989, en la época del álbum Cómo conseguir chicas, apareció en el programa “Mala noche no” de Verónica Castro y tocó en el Auditorio Nacional, antes de la remodelación, con intento de portazo, pero de eso el eRRe no puede contarles mucho, era una edad en la que todavía no le daban permiso de asistir toquines.

Si antes la letra de “Fanky” (“no voy a parar, déjalo que suba”) podía interpretarse como declaración de los principios decadentistas que regían a Charly, ahora la resignifica en un ni por la vida que he llevado voy parar, ni por la sobriedad En el pasado tal vez representó mejor el salvajismo que se supone propio del rocanrol, pero ni quien se queje. Da gusto ver a este Charly recuperado con color en las mejillas, robustecido, sin olvidarse de la letra de las canciones, arrasando en una locomotora de banda sobre rieles de puro portento, una vez arranca te aprieta de los riñones para no soltarte lo que dura el concierto.

¡Qué banda! Una combinación del trío chileno que le ha servido de base en los últimos años (Kiuye Hayashida en guitarra, Toño Silva Peña en batería y Carlos González en bajo) con músicos que lo acompañaron en los 80 y 90: el “Negro” García López en el requinto, el Zorrito von Quintieros en los sintes y la princesísima Hilda, acomodando florituras vocales precisas, con la cadencia exacta en el baile para materializar las canciones de Charly García frente a tus ojos, sílfide afinada en la inquebrantable armonía del maestro que deja caer otra pedrada en el estanque del eRRe: “Una canción que me gusta mucho. Se llama ‘Filosofía barata y zapatos de goma’.” Porque a nadie le interesa que la única banda en la que alguna vez cantó el eRRe también se llamaba así, “Filosofía Barata”, y era en honor a esa rola de Charly, pero quién no ha conocido ese sentimiento despreciable del que ahora canta: “quise quedarme cuando morí de pena, quise quedarme pero me fui. Filosofía barata y zapatos de goma, quizás es todo lo que te di”. La voz de Hilda erupciona en trazos arabescos y la siguen los demás instrumentos, que apremian el galope, lo detienen, apremian de nuevo, como caballería marchando al despeñadero. Desfilan “No te animas a despegar” –pero de qué hablas Charly, si hace rato andamos volando-, “Rezo por vos”, “Yendo de la cama al living”… Con “Nos siguen pegando abajo (pecado mortal)” aquello ya es un hervidero de brincos y frenesí, Doc Cuajo, que ha regresado de la correría chelera con pinta de náufrago ahí está practicando sus mejores pasos de baile y dónde dejan la monstruosa imitación de Travolta en Pulp Fiction que el eRRe se atreve a ensayar. La esperpéntica escena se repite con “Estoy verde (no me dejan salir)”. La multitud corea el riff de “No voy en tren” desde el inicio y cuando llega la parte de “soy el que prende y el que apaga la luz”, Charly predica con el ejemplo, el escenario se pone a oscuras, y se retira con su banda.
Pero no lo dejamos ir tan fácil. Charly vuelve a salir para obsequiar la primera canción que grabó luego de la recuperación en la finca de “Palito”, “Deberías saber por qué”, una melodía a medio tiempo que bajo su aparente sosiego suelta la carga combativa que Charly nunca podrá dejar atrás: “che, si es que entraste a mi apartamento, deberías saber por qué”. La guitarra del “Negro” García López inicia la ofensiva final con “No toquen”. El concierto pasó como un incendio de combustión acelerada, ha durado poco más de una hora y aunque todos quedamos con ganas de más, los comentarios que se oyen por donde quiera son “qué banda, suena poca madre”, “qué buen concierto”, “¡es Charly, güey!”. Y el eRRe les responde que no pierdan las esperanzas, contándoles cómo en el dvd de El concierto subacuático –el disco grabado en vivo que supuestamente vino a presentar pero que inexplicablemente todavía no está en las tiendas- cuando toda la gente ya va de salida, Charly regresa, y en la toma cenital es muy chistoso ver a ese mundo de gente apurándose a regresar…

Pero aquí no pasa lo mismo, y resignados Doc Cuajo y eRRe enfilan a la salida, en el camino un cuate que flota en mullidas nubes de intoxicación balbucea: “tsss, qué sonidote le sacaba al pianote ese el Charly”… y sí, el comandante desde ahí llevaba las riendas de su ejército.

Hay que apurarse, a media noche sale el camión a Gudalajara, donde mañana Charly reparte la segunda dosis de esta visita a México. Antes de despedirse, Doc Cuajo le comunica eRRe que Feisbuk le tronó la página de amigos de la película en la que está trabajando con el pretexto de alguna de las nuevas políticas fumadas que está implementando. ¡Qué mamada! ¡Los amigos de La revolución de Juan Escopeta queremos que regrese, pinche Feisbuk!