La mejor banda sobre la Tierra
Por Bill Tuomala
Prólogo
Es probable que sea una banda con la que no estén muy familiarizados porque no podían tomarse un solo descanso. Nunca vendieron muchos discos ni tocaron en un lugar mayor a un teatro pequeño, pero carajo, cada día que pasaba sonaban mejor. Aparecieron a finales de los setenta con un sonido pegajoso, inteligente y juguetón; el problema fue que era la época en que los Ramones, los Sex Pistols y los Clash dominaban las listas. Cualquier grupo de metal lo tenía difícil para conseguir que los programaran en la radio, toda la década el punk había dominado las listas de rock duro. Sólo si tenías la suerte de conocer a alguien que sabía o si frecuentabas la tienda de discos adecuada a lo mejor acababas oyendo algo de metal durante los setenta. Había favoritos del subterráneo como Led Zeppelin, una banda que le metía sonidos tan variados a su mezcla –funk, folk, blues, reggae- que debió ser un éxito comercial; también tenían una canción, “Communication Breakdown”, de la cual sacaron su sonido los Sex Pistols. Y estaba Aerosmith, que combinaba James Brown con los Yardbirds. Y por supuesto Black Sabbath, creadores de un rock narcotizante, lóbrego y maldito tan sombrío como ingenioso. Pero el punk había sido La Neta desde que las altas ventas de los discos Fun House de los Stooges y Back in the USA de los MC5 tomaron la delantera a pasos agigantados en la carrera por modelar el panorama del rock pesado, allá por 1970. O como dijo Jon Landau: “he visto el futuro del rocanrol y su nombre es MC5”.
A principios de los setenta un cuate llamado Lenny Kaye lanzó un álbum con sencillos de los sesenta semiolvidados con el título de Nuggets. Fue acogido por las bandas de garage con aspiraciones a lo largo de la nación con todas sus tonadas proto-metaleras como “Dirty Water”, “Psychotic Reaction”, y “Pushin’ Too Hard”. Pronto en cualquier poblado había una banda de locochones que tocaban riffs de blues amplificados y cantaban canciones sobre chicas, pastillas y alcohol. Todo el que veía una banda de metal y le gustaba, formaba una. Nacía un movimiento con raíces profundas, aunque para la mayoría de los Estados Unidos durante los setenta el metal era esa música de-la-que he-oído-algo-pero-que-realmente-no-he-oído.
1978-1979
“A los críticos de rock les encanta Van Halen y a mí me odian porque los críticos de rock lucen como yo pero quisieran irse de juerga con David Lee Roth.”
-Elvis Costello, 1979
El punk mandaba en las listas y cuando en 1978 debutó Van Halen (Eddie Van Halen en la guitarra, Alex Van Halen en la batería, Michael Anthony en el bajo y David Lee Roth en la voz) fueron ignorados por la corriente principal. Van Halen coqueteó con el sonido punk, en su primer álbum incluyeron una exótica canción llamada “Atomic Punk” y en el segundo, “DOA”, que sonaba descaradamente a los Stooges. A diferencia de muchas otras bandas de metal, las canciones de Van Halen duraban tres-punto-cinco minutos; estaban repletas de humor y partes pegajosas. Pero la base de blues, el sonido agresivo y los cortes de cabello hicieron que sus álbumes fueran colocados en la sección de metal de las tiendas de discos. Si te dejabas ver con uno de sus discos o una camiseta, lo más probable era que se metieran contigo y te dijeran de cosas. A finales de los setenta llevar el cabello largo era como una invitación al desastre en la escuela. Lo que estaba de moda era el cabello en picos, las camisetas rotas y las chaquetas de cuero negro. Los chicos populares formaban pandillas en las que todos tenían el mismo apellido y se burlaban de los metaleros diciéndoles “pachequillos” o “anticuados”. Además insultaban a la música, le decían basura y ruido y se reían de lo poco conocidas que eran las bandas de metal. En buena medida el mismo comportamiento que las bandas de la corriente principal repitieron cuando la escena metalera momentáneamente emergió a la superficie al final de los setenta.
Los primeros dos discos de Van Halen se quedaron estancados en las listas y su mejor esperanza para una canción exitosa, “Dance the Night Away”, también se vino abajo. Los jóvenes norteamericanos sólo querían los acordes rápidos y las voces guturales del punk; nada del eclecticismo todo-cabe de Van Halen. Eso era un revoltura: los chavos no querían vérselas con todo el blues, el vaudeville y las versiones de éxitos de Linda Ronstadt que estaban sirviendo. A los chicos los Ramones les pasaban porque eran más fáciles de digerir; sus chistes eran más simples, lo mismo que su música: sabías bien qué obtendrías en cada ocasión. Van Halen era un nombre chido para soltar en ciertos círculos y la prensa musical les daba reseñas espléndidas, pero sus ventas eran demasiado pobres.
1980
“Los setenta se terminaron.”
-Lester Bangs escribiendo en 1980 sobre cómo “Romeo Delight” y “Take Your Whiskey Home”, de Women and Children Frist, eran indicadores introspectivos de una sociedad que cada vez más aprendía a dejar de amar.
Women and Children First de 1980 fue la cúspide del fracaso comercial. Estaba destinado a fracasar desde el principio, un ejemplo es el piano eléctrico que abre “And the Cradle Will Rock…”. Ni siquiera hacían el intento por ganarse al público, la mayor parte del álbum era una oscura exploración de callejuelas que eventualmente no tendrían salida. Algunas canciones superaban la barrera de los cuatro minutos y, de éstas, la mayoría no tenía mucha forma: la banda creaba un ruido magnífico sobre el que Roth iba improvisando. Era un álbum ruidoso y artístico que desafiaba tu gusto. Como escribió Dave Marsh: “…finalmente: la respuesta de un álbum de rock blanco a “There’s a Riot Goin’ On””.
1981
Al año siguiente le sucedió el aún más oscuro Fair Warning. El otoño de 1980 trajo la reelección de Jimmy Carter. Previamente, en abril, el presidente había liberado a los rehenes en Irán mediante una operación militar. Eso lo puso muy alto en las encuestas y venció con facilidad al candidato republicano Ronald Reagan en la elección de noviembre. Como era un presidente demócrata, siguió haciendo promesas desde su perfil izquierdo mientras con el derecho ladraba órdenes. Carter comenzó su segundo periodo prodigo en labia sobre las causas sociales al tiempo que aumentaba el presupuesto militar y hacía que la Guerra Fría creciera financiando operaciones encubiertas en Afganistán, ocupada por los soviéticos. Los Estados Unidos llevaba la frente en alto, aunque era una época extraña e incómoda si uno ponía atención.
Con este panorama Van Halen entraron al estudio. Habían conseguido alienar a su compañía discográfica, abandonaron el sonido-pásalo-bien y ahora tenían algo que decir. Y lo dijeron. Desde los dos primeros cortes uno se daba cuenta que algo distinto estaba pasando. El álbum inicia con “Main Street”, una caprichosa mirada funk-metal a través de la decadencia urbana. Seguía “Dirty Movies”, en la que tu noviecita santa se vuelve actriz porno. La música se inclinaba por un sonido con bajeo ágil, batería espacial y Eddie sacándose riffs graznantes y acordes de poder como si fuera Pete Townshend poseso. Las letras hablaban de Relaciones en las Rocas o La Decadencia de América. En un país donde los-que-tienen rápidamente se estaban separando de los-que-no-tienen, Van Halen lo contemplaba todo a nivel de calle.
“Hear About It Later” captaba la desesperación del hombre común a la perfección. Empieza con una introducción instrumental reflexiva, luego Roth canta:
No tengo dinero
No tengo casa en la montaña
Dime cariño
¿Tu amor pagará mis deudas?
Y después el coro:
Mira me han juzgado y sentenciado
Cosa del ganador se lleva todo
Quiero correr por mi dinero
Eso es todo
Después no quiero saber
En “Unchained” Roth se detiene para gritar: “¡Oye, hombre: ese traje eres tú!”. Al parecer tenía la mira puesta en los tipos yupificados y obtusos que desde Times Square tomarían el control de Estados Unidos en los años venideros. O quizá el disparo iba contra las bandas new wave de traje y corbata que personificaban una ironía distante que contrastaba con la incontenible pasión de Van Halen. Incluso la contagiosa “So This Is Love?” venía con un signo de interrogación. El álbum termina con Roth apurándose por salir del dormitorio de un marido celoso, la banda medio paso por delante.
Fair Warning fue el álbum con el que Van Halen, aparentemente renunciando a sus aspiraciones de estrellato, se propusieron la simple grandeza. La respuesta de los críticos fue abrumadora. Greil Marcus escribió que en Fair Warning “Van Halen vieron con desdén a nuestros lóbregos años ochenta y ganaron por un pelo. Hard-rock de brutalidad perniciosa mezclado con funk y fervor.” Según la leyenda los mismísimos Clash (quienes dieron credibilidad al metal llamando a Sandy Pearlman, productor de Blue Oyster Cult, para trabajar en su segundo álbum) descendieron de sus tronos multiplatino para escuchar Fair Wairning y desecharon todo lo que habían adelantado para su siguiente álbum. El propio Mick Jones confesó: “supimos que debíamos mejorarlo un poco.”
1982
Después de Fair Warning el retiro parecía inevitable. Van Halen empezaron a tener miedo hasta de sus sombras. Siguió un disco “divertido”, y aunque Diver Down entretenía y tenía unos covers ingeniosos, eso de recurrir a la Motown y particularmente a los Kinks parecía un intento desesperado por aferrarse a un pasado mítico que había sido mejor.
1984
“Todos nuestros discos duran treinta minutos, tocamos la mitad de nuestros conciertos hasta la madre y todo mundo dice que nos tomamos a nuestros fans a la ligera. Todos los discos de Van Halen duran treinta minutos, tocan la mitad de sus conciertos hasta la madre y a ellos los aclaman como un regreso fascinante a la esencia misma del verdadero rocanrol.”
-Paul Westerberg, 1984, intentando desconocer las similitudes entre “Take Me to the Home” de los Replacements y “Somebody Get Me a Doctor” de Van Halen.
El álbum 1984 de Van Halen incluía una última apuesta por el estrellato. Pero “Jump”, una gema synth-pop influenciada por The Who no la hizo en las listas, aunque se abrió paso en los clubes de baile de todo el país. Fue un éxito gigantesco en otro universo, se los garantizo. El resto del álbum es de una solidez absoluta, la sección rítmica emite una seca y afilada base sobre la cual Eddie toca. Una y otra vez Eddie hace éste álbum suyo, la mitad de las canciones parecen existir únicamente para que él se regodee, se saque acordes de poder, figuras y virtuosismo melódico puro. Operó aquí una clase de genio peculiar que supera el de Eric Clapton; las canciones evitan por completo la improvisación y Eddie nunca sacrifica el ritmo en su ejecución, lo que la vuelve mucho más fuerte, un estilo que muchos dioses de la guitarra nunca podrán igualar.
1984 también fue el año en que el vicepresidente Walter Mondale compitió por la presidencia contra John Anderson. Los republicanos presentaron a Anderson como una alternativa moderada frente a alguien como Ronald Reagan, cuya imagen derechista, bonachona y ultraconservadora asustaba a gran parte de los estadounidenses. Anderson empezó cooptando por los temas tradicionales de los demócratas, como beneficiar a los pobres y las minorías. Mondale, como era un pelmazo aburrido que hacía que incluso Anderson pareciera carismático, batallaba con las encuestas y andaba en busca de tema. Había aprendido el golpeteo político de un maestro, Hubert Humphrey. El golpeteo político en buena parte consiste en mentir y distorsionar la verdad acerca de la(s) persona(s) que uno quiere aplastar o quizá simplemente usar como chivos expiatiorios. La versión de golpeteó político que se le ocurrió a Mondale fue lo ofensivas que resultan las letras de rocanrol. No acusó a Van Halen y otras bandas de ser comunistas, simplemente tomó sus letras de sexo-y-alcohol más desenfadadas y salió corriendo con ellas. Pronto los senadores demócratas y sus señoras empezaron a aullar sobre lo “sucio” de las letras, las esposas formaron una asociación anti-libertad de expresión que se las arregló para conseguir audiencias en el congreso. Uno de sus blancos favoritos era “Hot for the Teacher”, de Van Halen, que según alegaban era una glorificación de la pedofilia. (Siempre ha estado bien que los hombres mayores canten sobre chicas adolescentes, pero si escribes una canción sobre una mujer adulta y un adolescente, cuidado.) Los censores traían a Van Halen entre ceja y ceja, y la presión para que las tiendas dejaran de vender sus discos fue tremenda.
Mondale consiguió tema y obligó a que Anderson defendiera la expresión artística, pagando por ello el precio en las encuestas. Las Esposas de Washington hablaron tanto en contra de Van Halen que eventualmente el departamento de David Lee Roth fue cateado por la policía. Roth salía en una foto alusiva al sexo bondage en un póster que incluía el álbum Women and Children First y fue encarcelado bajo cargos de obscenidad. Poco después la banda se separó, en parte por los problemas legales que el acoso trajo consigo.
Epílogo
Eddie Van Halen se dedicó a elaborar música para películas. Alex Van Halen y Michael Anthony se fueron a trabajar con el productor Lee “Scratch” Perry. Un par de años más tarde, David Lee Roth (libre al fin) lanzó una versión de su primer álbum solista, Eat ‘Em and Smile, cantado en español. Se vendió muy bien en las comunidades hispanas del sudoeste de Estados Unidos, donde el metal tiene muchos seguidores. Debido a este esfuerzo multicultural, recibió un reconocimiento de la NAACP. En el banquete de premiación dedicó el galardón a Joe Elliot, de Def Leppard.
Una sombra del Van Halen divertido de los primeros tiempos continuó existiendo en la tendencia glam-metal que pervivió en pequeños sellos independientes como SST y Twin/Tone. Bandas como Poison, Ratt, y Cinderella elevaron el cociente llamativo de Van Halen tupiéndole al maquillaje y embarrándose pantalones de espándex. Aunque tenían sus momentos, les faltaba la diversidad, el humor o el brío de Van Halen.
El metal siguió siendo subterráneo (aunque durante los 80 fue sampleado o vuelto accesible por cuatro de cada cinco raperos con su granito de sal) hasta que Nirvana la hizo en grande en 1991 (“El Año en que el Metal Irrumpió”). Una oída a las primeras tres canciones de Nevermind y uno sabía que estos chicos habían hecho su tarea de sacudir las cabezas. En una acción de mucha clase durante su concierto de MTV Unplugged, llamaron a Eddie y Dave para que los acompañaran con “Take Your Whiskey Home” y “Could This Be Magic?”
El año pasado, Van Halen se reunió para dar un concierto aquí en la Primera Avenida. Con “Feel Your Love Tonight” como tema de That Seventies Show y las bandas de rock independiente mencionando a Van Halen por todos lados, ahora tienen los seguidores (todavía no demasiados pero sí dedicados) para poder hacerlo. Junto a los ojos se les ven las patas de gallo y Diamond Dave ya no puede saltar como antes; pero la música no tiene tiempo. Los muchachos (adultos o no) que llenaron el lugar estaban extasiados. Desde la apertura de “And The Craddle Will Rock…” hasta el final de “Panama”, fue una gran canción tras otra. El regocijo en las sonrisas que llenaban el auditorio casi igualaba el regocijo de las sonrisas sobre el escenario. Y por fin una banda durante tanto tiempo ignorada saldó la cuenta que tenía pendiente. Por fin.
Por Bill Tuomala
Prólogo
Es probable que sea una banda con la que no estén muy familiarizados porque no podían tomarse un solo descanso. Nunca vendieron muchos discos ni tocaron en un lugar mayor a un teatro pequeño, pero carajo, cada día que pasaba sonaban mejor. Aparecieron a finales de los setenta con un sonido pegajoso, inteligente y juguetón; el problema fue que era la época en que los Ramones, los Sex Pistols y los Clash dominaban las listas. Cualquier grupo de metal lo tenía difícil para conseguir que los programaran en la radio, toda la década el punk había dominado las listas de rock duro. Sólo si tenías la suerte de conocer a alguien que sabía o si frecuentabas la tienda de discos adecuada a lo mejor acababas oyendo algo de metal durante los setenta. Había favoritos del subterráneo como Led Zeppelin, una banda que le metía sonidos tan variados a su mezcla –funk, folk, blues, reggae- que debió ser un éxito comercial; también tenían una canción, “Communication Breakdown”, de la cual sacaron su sonido los Sex Pistols. Y estaba Aerosmith, que combinaba James Brown con los Yardbirds. Y por supuesto Black Sabbath, creadores de un rock narcotizante, lóbrego y maldito tan sombrío como ingenioso. Pero el punk había sido La Neta desde que las altas ventas de los discos Fun House de los Stooges y Back in the USA de los MC5 tomaron la delantera a pasos agigantados en la carrera por modelar el panorama del rock pesado, allá por 1970. O como dijo Jon Landau: “he visto el futuro del rocanrol y su nombre es MC5”.
A principios de los setenta un cuate llamado Lenny Kaye lanzó un álbum con sencillos de los sesenta semiolvidados con el título de Nuggets. Fue acogido por las bandas de garage con aspiraciones a lo largo de la nación con todas sus tonadas proto-metaleras como “Dirty Water”, “Psychotic Reaction”, y “Pushin’ Too Hard”. Pronto en cualquier poblado había una banda de locochones que tocaban riffs de blues amplificados y cantaban canciones sobre chicas, pastillas y alcohol. Todo el que veía una banda de metal y le gustaba, formaba una. Nacía un movimiento con raíces profundas, aunque para la mayoría de los Estados Unidos durante los setenta el metal era esa música de-la-que he-oído-algo-pero-que-realmente-no-he-oído.
1978-1979
“A los críticos de rock les encanta Van Halen y a mí me odian porque los críticos de rock lucen como yo pero quisieran irse de juerga con David Lee Roth.”
-Elvis Costello, 1979
El punk mandaba en las listas y cuando en 1978 debutó Van Halen (Eddie Van Halen en la guitarra, Alex Van Halen en la batería, Michael Anthony en el bajo y David Lee Roth en la voz) fueron ignorados por la corriente principal. Van Halen coqueteó con el sonido punk, en su primer álbum incluyeron una exótica canción llamada “Atomic Punk” y en el segundo, “DOA”, que sonaba descaradamente a los Stooges. A diferencia de muchas otras bandas de metal, las canciones de Van Halen duraban tres-punto-cinco minutos; estaban repletas de humor y partes pegajosas. Pero la base de blues, el sonido agresivo y los cortes de cabello hicieron que sus álbumes fueran colocados en la sección de metal de las tiendas de discos. Si te dejabas ver con uno de sus discos o una camiseta, lo más probable era que se metieran contigo y te dijeran de cosas. A finales de los setenta llevar el cabello largo era como una invitación al desastre en la escuela. Lo que estaba de moda era el cabello en picos, las camisetas rotas y las chaquetas de cuero negro. Los chicos populares formaban pandillas en las que todos tenían el mismo apellido y se burlaban de los metaleros diciéndoles “pachequillos” o “anticuados”. Además insultaban a la música, le decían basura y ruido y se reían de lo poco conocidas que eran las bandas de metal. En buena medida el mismo comportamiento que las bandas de la corriente principal repitieron cuando la escena metalera momentáneamente emergió a la superficie al final de los setenta.
Los primeros dos discos de Van Halen se quedaron estancados en las listas y su mejor esperanza para una canción exitosa, “Dance the Night Away”, también se vino abajo. Los jóvenes norteamericanos sólo querían los acordes rápidos y las voces guturales del punk; nada del eclecticismo todo-cabe de Van Halen. Eso era un revoltura: los chavos no querían vérselas con todo el blues, el vaudeville y las versiones de éxitos de Linda Ronstadt que estaban sirviendo. A los chicos los Ramones les pasaban porque eran más fáciles de digerir; sus chistes eran más simples, lo mismo que su música: sabías bien qué obtendrías en cada ocasión. Van Halen era un nombre chido para soltar en ciertos círculos y la prensa musical les daba reseñas espléndidas, pero sus ventas eran demasiado pobres.
1980
“Los setenta se terminaron.”
-Lester Bangs escribiendo en 1980 sobre cómo “Romeo Delight” y “Take Your Whiskey Home”, de Women and Children Frist, eran indicadores introspectivos de una sociedad que cada vez más aprendía a dejar de amar.
Women and Children First de 1980 fue la cúspide del fracaso comercial. Estaba destinado a fracasar desde el principio, un ejemplo es el piano eléctrico que abre “And the Cradle Will Rock…”. Ni siquiera hacían el intento por ganarse al público, la mayor parte del álbum era una oscura exploración de callejuelas que eventualmente no tendrían salida. Algunas canciones superaban la barrera de los cuatro minutos y, de éstas, la mayoría no tenía mucha forma: la banda creaba un ruido magnífico sobre el que Roth iba improvisando. Era un álbum ruidoso y artístico que desafiaba tu gusto. Como escribió Dave Marsh: “…finalmente: la respuesta de un álbum de rock blanco a “There’s a Riot Goin’ On””.
1981
Al año siguiente le sucedió el aún más oscuro Fair Warning. El otoño de 1980 trajo la reelección de Jimmy Carter. Previamente, en abril, el presidente había liberado a los rehenes en Irán mediante una operación militar. Eso lo puso muy alto en las encuestas y venció con facilidad al candidato republicano Ronald Reagan en la elección de noviembre. Como era un presidente demócrata, siguió haciendo promesas desde su perfil izquierdo mientras con el derecho ladraba órdenes. Carter comenzó su segundo periodo prodigo en labia sobre las causas sociales al tiempo que aumentaba el presupuesto militar y hacía que la Guerra Fría creciera financiando operaciones encubiertas en Afganistán, ocupada por los soviéticos. Los Estados Unidos llevaba la frente en alto, aunque era una época extraña e incómoda si uno ponía atención.
Con este panorama Van Halen entraron al estudio. Habían conseguido alienar a su compañía discográfica, abandonaron el sonido-pásalo-bien y ahora tenían algo que decir. Y lo dijeron. Desde los dos primeros cortes uno se daba cuenta que algo distinto estaba pasando. El álbum inicia con “Main Street”, una caprichosa mirada funk-metal a través de la decadencia urbana. Seguía “Dirty Movies”, en la que tu noviecita santa se vuelve actriz porno. La música se inclinaba por un sonido con bajeo ágil, batería espacial y Eddie sacándose riffs graznantes y acordes de poder como si fuera Pete Townshend poseso. Las letras hablaban de Relaciones en las Rocas o La Decadencia de América. En un país donde los-que-tienen rápidamente se estaban separando de los-que-no-tienen, Van Halen lo contemplaba todo a nivel de calle.
“Hear About It Later” captaba la desesperación del hombre común a la perfección. Empieza con una introducción instrumental reflexiva, luego Roth canta:
No tengo dinero
No tengo casa en la montaña
Dime cariño
¿Tu amor pagará mis deudas?
Y después el coro:
Mira me han juzgado y sentenciado
Cosa del ganador se lleva todo
Quiero correr por mi dinero
Eso es todo
Después no quiero saber
En “Unchained” Roth se detiene para gritar: “¡Oye, hombre: ese traje eres tú!”. Al parecer tenía la mira puesta en los tipos yupificados y obtusos que desde Times Square tomarían el control de Estados Unidos en los años venideros. O quizá el disparo iba contra las bandas new wave de traje y corbata que personificaban una ironía distante que contrastaba con la incontenible pasión de Van Halen. Incluso la contagiosa “So This Is Love?” venía con un signo de interrogación. El álbum termina con Roth apurándose por salir del dormitorio de un marido celoso, la banda medio paso por delante.
Fair Warning fue el álbum con el que Van Halen, aparentemente renunciando a sus aspiraciones de estrellato, se propusieron la simple grandeza. La respuesta de los críticos fue abrumadora. Greil Marcus escribió que en Fair Warning “Van Halen vieron con desdén a nuestros lóbregos años ochenta y ganaron por un pelo. Hard-rock de brutalidad perniciosa mezclado con funk y fervor.” Según la leyenda los mismísimos Clash (quienes dieron credibilidad al metal llamando a Sandy Pearlman, productor de Blue Oyster Cult, para trabajar en su segundo álbum) descendieron de sus tronos multiplatino para escuchar Fair Wairning y desecharon todo lo que habían adelantado para su siguiente álbum. El propio Mick Jones confesó: “supimos que debíamos mejorarlo un poco.”
1982
Después de Fair Warning el retiro parecía inevitable. Van Halen empezaron a tener miedo hasta de sus sombras. Siguió un disco “divertido”, y aunque Diver Down entretenía y tenía unos covers ingeniosos, eso de recurrir a la Motown y particularmente a los Kinks parecía un intento desesperado por aferrarse a un pasado mítico que había sido mejor.
1984
“Todos nuestros discos duran treinta minutos, tocamos la mitad de nuestros conciertos hasta la madre y todo mundo dice que nos tomamos a nuestros fans a la ligera. Todos los discos de Van Halen duran treinta minutos, tocan la mitad de sus conciertos hasta la madre y a ellos los aclaman como un regreso fascinante a la esencia misma del verdadero rocanrol.”
-Paul Westerberg, 1984, intentando desconocer las similitudes entre “Take Me to the Home” de los Replacements y “Somebody Get Me a Doctor” de Van Halen.
El álbum 1984 de Van Halen incluía una última apuesta por el estrellato. Pero “Jump”, una gema synth-pop influenciada por The Who no la hizo en las listas, aunque se abrió paso en los clubes de baile de todo el país. Fue un éxito gigantesco en otro universo, se los garantizo. El resto del álbum es de una solidez absoluta, la sección rítmica emite una seca y afilada base sobre la cual Eddie toca. Una y otra vez Eddie hace éste álbum suyo, la mitad de las canciones parecen existir únicamente para que él se regodee, se saque acordes de poder, figuras y virtuosismo melódico puro. Operó aquí una clase de genio peculiar que supera el de Eric Clapton; las canciones evitan por completo la improvisación y Eddie nunca sacrifica el ritmo en su ejecución, lo que la vuelve mucho más fuerte, un estilo que muchos dioses de la guitarra nunca podrán igualar.
1984 también fue el año en que el vicepresidente Walter Mondale compitió por la presidencia contra John Anderson. Los republicanos presentaron a Anderson como una alternativa moderada frente a alguien como Ronald Reagan, cuya imagen derechista, bonachona y ultraconservadora asustaba a gran parte de los estadounidenses. Anderson empezó cooptando por los temas tradicionales de los demócratas, como beneficiar a los pobres y las minorías. Mondale, como era un pelmazo aburrido que hacía que incluso Anderson pareciera carismático, batallaba con las encuestas y andaba en busca de tema. Había aprendido el golpeteo político de un maestro, Hubert Humphrey. El golpeteo político en buena parte consiste en mentir y distorsionar la verdad acerca de la(s) persona(s) que uno quiere aplastar o quizá simplemente usar como chivos expiatiorios. La versión de golpeteó político que se le ocurrió a Mondale fue lo ofensivas que resultan las letras de rocanrol. No acusó a Van Halen y otras bandas de ser comunistas, simplemente tomó sus letras de sexo-y-alcohol más desenfadadas y salió corriendo con ellas. Pronto los senadores demócratas y sus señoras empezaron a aullar sobre lo “sucio” de las letras, las esposas formaron una asociación anti-libertad de expresión que se las arregló para conseguir audiencias en el congreso. Uno de sus blancos favoritos era “Hot for the Teacher”, de Van Halen, que según alegaban era una glorificación de la pedofilia. (Siempre ha estado bien que los hombres mayores canten sobre chicas adolescentes, pero si escribes una canción sobre una mujer adulta y un adolescente, cuidado.) Los censores traían a Van Halen entre ceja y ceja, y la presión para que las tiendas dejaran de vender sus discos fue tremenda.
Mondale consiguió tema y obligó a que Anderson defendiera la expresión artística, pagando por ello el precio en las encuestas. Las Esposas de Washington hablaron tanto en contra de Van Halen que eventualmente el departamento de David Lee Roth fue cateado por la policía. Roth salía en una foto alusiva al sexo bondage en un póster que incluía el álbum Women and Children First y fue encarcelado bajo cargos de obscenidad. Poco después la banda se separó, en parte por los problemas legales que el acoso trajo consigo.
Epílogo
Eddie Van Halen se dedicó a elaborar música para películas. Alex Van Halen y Michael Anthony se fueron a trabajar con el productor Lee “Scratch” Perry. Un par de años más tarde, David Lee Roth (libre al fin) lanzó una versión de su primer álbum solista, Eat ‘Em and Smile, cantado en español. Se vendió muy bien en las comunidades hispanas del sudoeste de Estados Unidos, donde el metal tiene muchos seguidores. Debido a este esfuerzo multicultural, recibió un reconocimiento de la NAACP. En el banquete de premiación dedicó el galardón a Joe Elliot, de Def Leppard.
Una sombra del Van Halen divertido de los primeros tiempos continuó existiendo en la tendencia glam-metal que pervivió en pequeños sellos independientes como SST y Twin/Tone. Bandas como Poison, Ratt, y Cinderella elevaron el cociente llamativo de Van Halen tupiéndole al maquillaje y embarrándose pantalones de espándex. Aunque tenían sus momentos, les faltaba la diversidad, el humor o el brío de Van Halen.
El metal siguió siendo subterráneo (aunque durante los 80 fue sampleado o vuelto accesible por cuatro de cada cinco raperos con su granito de sal) hasta que Nirvana la hizo en grande en 1991 (“El Año en que el Metal Irrumpió”). Una oída a las primeras tres canciones de Nevermind y uno sabía que estos chicos habían hecho su tarea de sacudir las cabezas. En una acción de mucha clase durante su concierto de MTV Unplugged, llamaron a Eddie y Dave para que los acompañaran con “Take Your Whiskey Home” y “Could This Be Magic?”
El año pasado, Van Halen se reunió para dar un concierto aquí en la Primera Avenida. Con “Feel Your Love Tonight” como tema de That Seventies Show y las bandas de rock independiente mencionando a Van Halen por todos lados, ahora tienen los seguidores (todavía no demasiados pero sí dedicados) para poder hacerlo. Junto a los ojos se les ven las patas de gallo y Diamond Dave ya no puede saltar como antes; pero la música no tiene tiempo. Los muchachos (adultos o no) que llenaron el lugar estaban extasiados. Desde la apertura de “And The Craddle Will Rock…” hasta el final de “Panama”, fue una gran canción tras otra. El regocijo en las sonrisas que llenaban el auditorio casi igualaba el regocijo de las sonrisas sobre el escenario. Y por fin una banda durante tanto tiempo ignorada saldó la cuenta que tenía pendiente. Por fin.

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