Lo peor de las malas noticias es su impaciencia. Regresas de vacaciones y tu papá tiene un accidente casi mortal. Estás dulcemente echado en un sofá sin meterte con el mundo y recibes una llamada urgente. Planeas un día de feliz dispendio en el centro y se te pierde la tarjeta de crédito. Realizas el sueño de bañarte en una piscina acompañado por dos nínfulas radiantes y he aquí que la grabadora resbala dentro del agua. Dicta sabio el refrán: “si no hay noticias, son buenas noticias”. Las buenas noticias llegan protegidas en burbujas de plástico e irremediablemente tarde, por eso aunque como a Calamaro, no nos guste esperar, lo mejor es armarnos de paciencia. Las malas noticias, en cambio, finiquitan rápidosus negocios, les apura cumplir con toda la gente a la que tienen que ir a molestar. Te acostumbras a pensar que los pasajes venturosos de tu vida son presagios de tormenta y a la perorata de que todo va a estar peor. Cuando ves la luz al final del túnel, sabes que sólo se trata del faro del tren acercándose, pero ni siquiera vale la pena intentar apartarse, si de todos modos a donde corras, te tocará parte del ramalazo; mejor a ver si ahí quedas, con suerte y aparte no te toca lidiar con las consecuencias. (M)Ámame ahora no mañana. O en la escueta forma que el camarada Tom Jobim tiene para decirlo:
Tristeza no tem fin
Felicidade sim
domingo, 19 de octubre de 2008
jueves, 16 de octubre de 2008
Calamaro: último concierto
¿Será que a menudo los oídos más urgentes no tienen prisa dos conciertos después? ¿Será la altura del Distrito Federal? ¿Será que de verdad la emoción del encuentro se disipa conforme crece el auditorio? ¿Será que los chilangos hemos llegado a creernos tan cosmopolitas que nos cuesta más irnos soltando? ¿Será, al fin, que la peor manera “sale afuera” más seguido de lo que pensamos?
En la vida al eRRe le ha tocado conocer a más de un fan lo suficientemente aferrado para atravesar fronteras, incluso cruzar océanos, para asistir a un concierto de la banda de su preferencia. Si algo le ha quedado claro de estas experiencias es que los fans también van de gira, y muchas veces el grupo o artista en cuestión sólo es un mero pretexto para salir y encontrarse con el mundo y perderse y reencontrarse y encontrar la forma de perderse otra vez. Lo mejor de todo es que puede haber drogas, alcohol y sexo, pero no son imprescindibles, porque al no gozar de los privilegios que tienen las estrellas de rocanrol, la diversión siempre viene de otra parte, desde los pretextos que debes inventar para faltar al trabajo hasta comprar los boletos y apartar hoteles, de la noche en que te quedaste en Praga con un puñado de billetes mexicanos como si fueran del Banco de la Ilusión, de sentarse alrededor de una mesa compartiendo ronda tras ronda con extraños que te tratan como amigo de toda la vida a conocer a una chica que nunca vas a tocar pero cuya sonrisa pone tu cabeza a girar. En esos momentos uno entiende el poder del rocanrol mucho mejor que sudando junto a miles de otros mugrosos en un festival de cartel interminable.
Invariablemente regresar es el peor bajón. O quizá decir eso sea injusto. Agradeces dormir –ahora sí- en tu cama, el animado movimiento de cola de tu perro, verte con tus viejos amigos. Pero a la vez librar los rigores impuestos al viajero te malacostumbran a creerte invulnerable. Volver al hogar también es volver al sitio donde puedes ser vencido, porque todos saben quién eres.
Al eRRe le gustaría sacudirse esta sensación del último concierto de Calamaro, la sensación de retomar la rutina. Por supuesto, el problema tiene más que ver con el eRRe que con el concierto en sí. Aunque también influye la lejanía de los asientos que pudo comprar, y que la mayoría de la gente en esa sección estuviera sentada mientras en Guanatos parecían poseídos por mil y un demonios de rocanrol, y sí, Andrés, con todo el cariño que te tengo, y la pasión que me inspiras, y que en estos días no he parado de oír tus discos, que hubieras variado más los conciertos. Porque Springsteen, al que sé tú también admiras cambia por lo menos de 10 a 15 canciones de su set cada noche, y porque las rolas que escucho hoy no son las mismas que las que escucharé mañana, y porque me hubiera gustado vibrar con “OK Perdón”, “Corazón en venta”, “Clonazepán y circo”, “El tercio de los sueños”, "Ansia en Plaza Francia". Pero está bien, porque de antemano pediste perdón por faltar tanto a esta cita, y porque diste la única excusa aceptable ante semejantes reclamos, “solamente somos hombres”, y porque prometes volver, volver, volver... el eRRe por hoy aceptará la culpa. Porque esta vida de rocanrol nos cansa, no perdona, ni a ustedes ni a nosotros. Eso ya lo tengo, y la tristeza también.
En la vida al eRRe le ha tocado conocer a más de un fan lo suficientemente aferrado para atravesar fronteras, incluso cruzar océanos, para asistir a un concierto de la banda de su preferencia. Si algo le ha quedado claro de estas experiencias es que los fans también van de gira, y muchas veces el grupo o artista en cuestión sólo es un mero pretexto para salir y encontrarse con el mundo y perderse y reencontrarse y encontrar la forma de perderse otra vez. Lo mejor de todo es que puede haber drogas, alcohol y sexo, pero no son imprescindibles, porque al no gozar de los privilegios que tienen las estrellas de rocanrol, la diversión siempre viene de otra parte, desde los pretextos que debes inventar para faltar al trabajo hasta comprar los boletos y apartar hoteles, de la noche en que te quedaste en Praga con un puñado de billetes mexicanos como si fueran del Banco de la Ilusión, de sentarse alrededor de una mesa compartiendo ronda tras ronda con extraños que te tratan como amigo de toda la vida a conocer a una chica que nunca vas a tocar pero cuya sonrisa pone tu cabeza a girar. En esos momentos uno entiende el poder del rocanrol mucho mejor que sudando junto a miles de otros mugrosos en un festival de cartel interminable.
Invariablemente regresar es el peor bajón. O quizá decir eso sea injusto. Agradeces dormir –ahora sí- en tu cama, el animado movimiento de cola de tu perro, verte con tus viejos amigos. Pero a la vez librar los rigores impuestos al viajero te malacostumbran a creerte invulnerable. Volver al hogar también es volver al sitio donde puedes ser vencido, porque todos saben quién eres.
Al eRRe le gustaría sacudirse esta sensación del último concierto de Calamaro, la sensación de retomar la rutina. Por supuesto, el problema tiene más que ver con el eRRe que con el concierto en sí. Aunque también influye la lejanía de los asientos que pudo comprar, y que la mayoría de la gente en esa sección estuviera sentada mientras en Guanatos parecían poseídos por mil y un demonios de rocanrol, y sí, Andrés, con todo el cariño que te tengo, y la pasión que me inspiras, y que en estos días no he parado de oír tus discos, que hubieras variado más los conciertos. Porque Springsteen, al que sé tú también admiras cambia por lo menos de 10 a 15 canciones de su set cada noche, y porque las rolas que escucho hoy no son las mismas que las que escucharé mañana, y porque me hubiera gustado vibrar con “OK Perdón”, “Corazón en venta”, “Clonazepán y circo”, “El tercio de los sueños”, "Ansia en Plaza Francia". Pero está bien, porque de antemano pediste perdón por faltar tanto a esta cita, y porque diste la única excusa aceptable ante semejantes reclamos, “solamente somos hombres”, y porque prometes volver, volver, volver... el eRRe por hoy aceptará la culpa. Porque esta vida de rocanrol nos cansa, no perdona, ni a ustedes ni a nosotros. Eso ya lo tengo, y la tristeza también.
lunes, 13 de octubre de 2008
Andrés Calamaro en Guadalajara, 11-10-2008
El sábado resulta que de verdad hay una verbena popular. La fiesta de la patrona, la virgen de Zapopan, que se vela esa madrugada en la Catedral de Guadalajara. Procesiones que llegan de todo Jalisco y Michoacán, puestos de todo tipo, calles cerradas. El tránsito de la ciudad es un caos y luego de una jornada infernal con la parentela local que sólo la compañía de Mystery Girl hizo tolerable, el tiempo aprieta para llegar al segundo concierto de Andrés Calamaro. Y ya que la hemos mencionado, el eRRe aprovecha para agradecer a Mystery Girl por ponerle al rock el maravilloso aderezo de su rol, que convirtió en extraordinario lo que de otro modo simplemente hubiera sido un viaje feliz. No haber conseguido boleto para ella quizá pese en la percepción que el eRRe tiene de un público menos animado que la noche anterior. Al escuchar los primeros versos de “El salmón”, el estallido, los brincos, los gritos de la gente no son tan intensos. Hay quien se disgusta mucho cuando un artista repite el mismo concierto en noches seguidas; el eRRe podría estar de acuerdo pero lo cierto es que no hay concierto idéntico, aun cuando las rolas sean interpretadas en orden idéntico, especialmente en el caso de artistas como Calamaro y su banda, los quiebres de voz, los redobles de batería, las guitarras llorosas, establecen una dinámica de relación completamente diferente con el público que, finalmente, cada noche es distinto. Esto es algo que no cualquiera entiende y por eso te miran como un bicho raro cuando saben que acudirás a tres conciertos consecutivos de un grupo o cantante que te gusta. Significativamente esta noche a nadie se le ocurre lanzar una camiseta de la selección tricolor que acababa de perder vergonzosamente frente a Jamaica, mejor una máscara de luchador que Andrés prefiere guardar para “el momento indicado”. Abandona un momento el escenario para corregir algunos problemas con los monitores auriculares que desde el principio le han dado molestias, “tengo que bajarme los pantalones”, simplemente se le escucha decir invisible en la oscuridad del auditorio. Vuelve para interpretar la nueva y rockera versión de Elvis está vivo a dueto con su bajista Candy Caramelo. Cuando llega la hora de “Soy tuyo” (complementada con versos de “Contigo”, de Joaquín Sabina), Andrés divisa en uno de los palcos a una chava con un cartel de “Guadalajara tuya siempre” y camina a ese costado del escenario para dedicarle parte de la serenata. “Esto es rocanrol”, observa Andrés más adelante al levantar un sostén arrojado al escenario. Sobre la recta final del toquín alguien avienta una bandera argentina unida con una mexicana que Andrés enrolla alrededor de su cuello y que posteriormente deja colgando del pedestal del micrófono para el cierre monumental de “Flaca”, toda la gente coreando los “ooh-o-o-o-oh-o-o-o-o-oh” de la canción como si se tratara de un mantra liberador, abrumado por el cariño Calamaro declara que lo apropiado sería tocar en la capital tapatía por lo menos una vez por semana. Entonces la impresión inicial sobre la falta de entrega del público ya ha desapericido, todos saltan, todos cantan, todos gritan, todos tienen una sonrisa que supera el tamaño de su cara, todo el Teatro Diana brilla y el eRRe no se atrevería a decir cuál noche fue mejor. El “oé-oé-oé-Andréees-Andréees” lo obligan a regresar, nuevamente envuelto en la bandera argentinomexicana para entregar la única canción que no se escuchó en el primer concierto, “Costumbres argentinas”, una rareza de Los Abuelos de la Nada durante la cual mueve los brazos simulando alas con el ondear de la bandera binacional. Alguien lanza ahora un acetato de José Alfredo que Calamaro alza por todo lo alto como si se tratar de la imagen de un santo patrón. Al terminar “Paloma”, la última canción, nadie se mueve de su lugar, parece que nunca lo dejarán partir, aplauden, levantan las manos como pidiéndole “tardaste tanto, por favor, no te vayas”. Pero todavía falta el D.F. y Calamaro se va. A la salida, el único taxista que ofrece una tarifa decente para llevar al eRRe a su hotel en el centro vuelto caos por la fiesta de la Zapopana, resulta ser fan. “Yo vine anoche”, comenta, “ese Calamaro es un máster, sí sabe prender, ¿no?”. Claro que lo sabe. Y sí, es un máster. La chilangiza por fin tendrá oportunidad de comprobarlo hoy en la noche. Ahí nos vemos.
sábado, 11 de octubre de 2008
Andrés Calamaro en Guadalajara, 10-10-08 (upgraded)
Guadalajara, hueles a pura tierra mojada y afuera del Teatro Diana nada más que a expectación. El primer concierto de Andrés Calamaro en México parece verbena popular, en las taquillas gente desesperada por hacerse de los últimos boletos disponibles para hoy, la función de mañana, sábado, ya está agotada, más gente tomando chela, los puestos de playeras ofreciendo su mercancía como palmas en Domingo de Ramos, al eRRe le toca ver a un wey llevarse 12 de un jalón ($1200 varotes, lo que costaba un boleto en la mejor sección). Por dentro, el Teatro Diana tiene una capacidad que ni siquiera es la mitad del Auditorio Nacional, por lo que la excitación es más concentrada. Alrededor de las 8:45 de la noche, las luces se apagan y por fin: Calamaro pisa un escenario mexicano a la cabeza desu banda de seis músicos (tres guitarras, bajo, teclados y batería). Se planta frente al micrófono y a capela suelta la estrofa incial de “El Salmón” antes que la banda explote y también esa otra banda, la que está abajo, la banda de Guanatos, prendida por encima de las expectativas del eRRe, de pie para no volverse a sentar en el resto del concierto, ni siquiera en la parte más tranquila de los tangos argentios (“Jugar con fuego” y esa joya etílica de “Los mareados”), gesto que Calamaro no deja pasar sin un agradecimiento. “¿Por qué tardaron tanto en venir?”, comenta en un gesto de genuino autosarcasmo. Suceden como un torbellino, las canciones, una detrás de otra, “A los ojos”, “El día de la mujer mundial”, “Carnaval de Brasil”, "Todavía una canción de amor", "Me arde". Alguien le lanza una camiseta de la selección mexicana en "Soy Tuyo". Después de "Todo lo demás también", el eRRe clama por "Crímenes perfectos" y aun con la réplica de una fan -"no, porque sino lloro"-, he aquí que Andrés responde a su llamado y en la parte de "me parece que soy de la quinta que vio el mundial setentyocho" alguien le lanza una playera de la selección argentina. “Loco” -en la que se presenta como Michael Jackson y dice que siguiendo los pasos del autor de Thriller o de Madonna, “voy a cantar hasta los 50 años y después me voy a venir a Guadalajara a filmar películas porno”- seducen animalmente, no hay momento para el descanso, para pensar en los años que soñamos con esta noche, sólo el viejo rocanrol haciendo valer su poder ayudado con algo de cumbita villera y tango y un aderezo de reggae robado directamente del sacerdote Marley. Uno extraña el furtivo encendido de los porritos pero la verdad es que ni falta que hacen, si éste es un viajesote, un subidón. Y cuando pretende retirarse con “Flaca”, el público dice, ah, no, todavía no tenemos suficiente. Y finiquita el negocio con "Sin Documentos", “Canal 69”, cerrando con “Paloma”, y aunque la gente, atascada, todavía no queda satisfecha, hay que guardarse algo para la siguiente noche, cortar orejas y rabo siguiendo la senda que, seguramente, coronará el próximo lunes en el chilango Auditorio Nacional.
Fotos por venir…
Fotos por venir…
jueves, 9 de octubre de 2008
Andrés Calamaro en México: Rueda de prensa 9-10-2008
No recuerdo quién lo dijo, que mientras Luis Alberto Spinetta es un poeta, Charly García es más narrador. Concediendo, a Fito Páez a veces le da por un lado, a veces por el otro. Pero Andrés Calamaro es simplemente un cantor del hombre común. Sus letras son absolutamente pedestres, de ésas que no sólo presumen sino que realmente le quedan a cualquiera, no son aureolas para el mártir citadino, son servilletas con las cuales llegas a secarte el sudor del transporte público y los mocos del corazón. Algunas de sus rimas incluso pecan de burdas, aunque arrojadas con un coraje que desarma de argumentos. “Honestidad brutal”, imposible pensar en un título mejor para un disco de Andrés Calamaro. Hoy en la conferencia de prensa que ofreció el cantante en el Hotel Marriott de la ciudad de México, el eRRe, que tiene cuadernos repletos de bandas y discos ficticios, canciones de grandes éxitos en la tierra de Nuncajamás, torres de cd’s, cassettes y acetatos que devoran su espacio vital, pensaba en el imposible de pedir que no crezca el ego cuando sales y hay un salón decorado de piso a techo con tu imagen, repleto de gente que ha venido sólo a verte, a sacarte una foto, una declaración incendiaria (aunque sólo sirva para encender un toque). Al mismo tiempo también debe alentar tu generosidad salir a un escenario y descubrir a toda esa gente que ha estado esperando por tu música, que una creación tuya, a lo mejor surgida sin siquiera mucho esfuerzo de tu parte, se ha convertido en trascendental para algunos. Si bien uno conduce al otro, la tensión entre estos dos polos debe ser tremenda. Agotar tu catálogo de poses en una sesión de fotos y mantenerse fiel a los principios del cancionero personal. Dado que el problema es irresoluble, he ahí la deliciosa dosis de ridículo que caracteriza al rocanrol. Vamos, ya es ridículo tener tu imagen en tres por dos y que todos nosotros estemos reunidos aquí, barriendo con los bocadillos, disparando los flashes, apretando rec. en las grabadoras, apurándonos en encender las laptos para mandar la nota a la agencia, como celebrando un ritual de ciencia ficción, como si todo esto importara. Y aun así, querido Andrés, habría que agradecer tu sinceridad de salmón con la que reconoces que te gustaría ver un comentario de un disco tuyo en una revista especializada inglesa que reconoces que no fue buena idea esperar veinte años para venir a México, con el bastón y tu saco azul, tenis haciendo juego, te notas a gusto participando en el teatro, exactamente, “como pez en el agua”, incluso sorteas con gracia preguntas tan estúpidas como si te gusta la mariguana mexicana. ¿Qué le vamos a hacer, no es lo que nos nutre a todos: vanidad y humillación? Hay algo que hermana la sonrisa de Calamaro con la de quien quizá sea el único otro héroe que el eRRe ha llegado a conocer en persona, Alan Sillitoe, autor del cuento El silencio del corredor de fondo (en que se basa una muy buena película inglesa del mismo nombre) y de la novela Sábado por la noche, domingo en la mañana (íbidem). Son canallas con clase. Calamaro quizá un poquito más exagerado por los rigores propios del rocanrol. Lo mejor es que aun después de conocerlos puede seguir considerándolos héroes. Buena patada de incio. Ya veremos qué deparan los tres conciertos que vienen. Para eso antes el eRRe debe partir a Guadalajara. Más en días futuros.
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