jueves, 29 de marzo de 2012

Súbele al volumen

Súbele al volumen hasta que la música crezca en ola embravecida de ruido que barra el ritmo de tus pensamientos. Súbele hasta que los instrumentos enmarañados, unos encima de otros, como nido de serpientes o flores que se devoran como en la Pared de Pink Floyd, nublen tu sentido de orientación. Súbele y fuma cigarros, llena de humo la habitación, alguna canción se encargará de pedirte que arañes las paredes, pero no vas a escuchar la orden, lo harás por cuenta propia cuando el alcohol y las pastillas y la yerba hagan su labor de hormigas bien capacitadas en murmullos subterráneos. Súbele, que las flores se secan, que te escribirán “eres el mar” queriendo decir "necesito un salvavidas", e igual te vendarás los ojos y darás un paso al risco de la mano de un fantasma, porque el cuerpo es caldera. Y cuando escuches el “track” del búfer volando con tu compás cardiaco, tú síguele girando a la perilla, como si fuera agua del grifo, será un desastre pero llenarás la habitación. Oirás a los demás implorar que te detengas, pero tú súbele, poco a poco sus voces quedarán atrás, la ciudad desde un avión, cada vez más una farsa, una risa loca, una risa rota. Súbele al volumen hasta paralizarte. Hasta que tus manos paren de avanzar por el teclado, hasta que tiemblen las ventanas, hasta que la casa y el edificio entero caigan. Desmorona el mundo hasta que sea un espejo de tu zona interna de demolición. Súbele al volumen, que en el único momento de silencio que quieras en el día, tu vecino organizará una fiesta a la que ni siquiera fuiste invitado y sólo te quedará encajarte los audífonos y subirle al volumen, porque, si vas a morir ahogado, mejor que sea en un estruendo propio que en la cacofonía de otros.

martes, 27 de marzo de 2012

eRRe visita el Vive Latino 2012

Gogol Bordello y el despegue
“Ya sé que no soy el mismo que cuando tenía quince años, que ya se notan los daños, ¡ay!, en todo mi mecanismo…” Pero veo con optimismo que una nueva vida empieza, y ahí va el eRRe con sus 37 años estrenados en esta semana rara y frenética, rumbo a la decimotercera edición de Vive Latino en un principio planeado tan distinto. La buena noticia es que el azar todavía sorprende. Por momentos incluso resplandece.
En lo musical el plan se mantiene. A tiempo con la chica más guapa del festival para ignorar el infierno de Hello Seahorse, hidratarse a gusto con una chela y buscar un buen lugar para ver a Gogol Bordello, el colectivo gitano-inmigrante afincado en Nueva York, que la revienta en el escenario principal con su caldero de ritmos balcánico-latino-punketos. La chaviza levanta las lonas que deberían servir de suelo para mandar cuerpos –de chicas, particularmente- volando por los aires que luego caen en descompuestas formas. La chica más guapa del festival está fascinada fotografiando a los “voladores del Vive”, el eRRe le advierte que se acerca mucho al peligro, una vez los controladores de la alfombra voladora eligen a la aeronauta en turno son inflexibles. Y pasa. Pronto claman por “¡la güera, la güera, la güera!”, sobre aviso no hay engaño y ahí tienen a la güera, que al concluir su visita a la estratósfera reclama al pésimo fotógrafo del eRRe no haberle sacado una foto con nubes de fondo, mientras a él le preocupaba cómo explicaría a su familia en Bélgica que la niña terminó desnucada en un inocente festival de rockcito en México. En fin, que “la güera” –a la que aquí preferimos llamar Sunshine Girl-, es una mujer excepcional, pero no deja de ser mujer.

Dale de comer al conejito: El nutritivo Personal
Después de chorromil años El Personal en el D.F., el escenario Indio Blanco. No sólo, en otra de esas afortunadas coincidencias, tengo el privilegio de contar entre mis amigos a Alfredo Sánchez, caballero tapatío tecladista del grupo, también resulta que El Personal fue una de las primeras bandas mexicanas que a primera oída atraparon al eRRe desde muy chavito.
¡Arránquese mariachi, que todavía “no me hallo” y “en Guadalajara fue donde yo me enamoré”! El sonido al principio no es el mejor, sobre todo en las voces, pero la emoción compensa. Poco a poco va juntándose la gente para ver a este grupo como nunca habrá en el rock nacional. Y agarramos lugar más o menos adelantito, y ahí está el Alfred y su cuate el eRRe le grita y salta cuando canta, con la inútil esperanza de que ser localizado en este mar de rostros que cantan al pie de la letra cada estrofa de ese primer disco del Personal, ese que bajita la mano cambió la historia del rock aquí, aunque ante la mención de su estatus de culto Alfredo invariablemente revire "se supone que éramos muy chingones y cuando tocábamos en los 80 nos iban a ver cinco pelagatos".
Invitan al Sabo Romo a tocar la guitarra de palo y el Rubén-Pinche-Juan de Café Tacuba la prende con “Dale de comer al conejito”, no se me ocurre mejor declaración de amor: "Yo no quiero ser tu padre, yo no quiero ser tu madre, yo no quiero ser pariente, ¡ay!, ni siquiera un buen amigo. Yo lo que quiero contigo es asunto muy aparte, es a picarte el ombligo, a lo que aspiro yo tanto, y por eso yo te canto, para ver si lo consigo...” Oscurece y bailamos y el espíritu de Julio Haro desde su nube debe disfrutarlo un chingo, que por este paréntesis de tiempo nos lavemos de la herrumbre, y brillemos, y seamos aves con alas abiertas al cielo gorgojeando sus canciones de picardía y sabiduría y corazón. Increíble que a nadie le haya interesado organizar una tocada con El Personal solos en algún lugar de la ciudad.

Jaime López y su Chilanga Rockandsnob Band
Al López lo había checado meses atrás en un concierto que organizó en el Teatro de la Ciudad con esta misma Chilanga Banda, un grupo en realidad armado por los de Café Tacuba y algunos de sus amigos con la intención de acompañar a Santiago Auserón, antiguo cantante de Radio Futura, en un concierto de la primera edición del Festival internacional de Música de Guadalajara el año pasado. Por razones hasta la fecha misteriosas, hubo cambio de improviso, le cancelaron el viaje de Auserón y milagrosamente lo que sería la “Escuela de Calor”, cambió a ser la Chilanga Banda de López al quite.
Como sea, el López no tiene la culpa. El grupo suena bien acopladito sin mucho esfuerzo y le hacen mediana justicia a unas cuantas de las mejores rolas de un catálogo riquísimo en calidad lírica e invenciones de rock con moldes de música tradicional mexicana. Desde cierto ángulo Café Tacuba le debe una carrera a la rola que le da el nombre a esta nueva banda y Rubén Albarrán-Pinche-Juan sale cumplido para cerrar con el público coreando aquello de “Pachucos cholos y chundos…”. A estas alturas la gente la identifica más con ellos que con el López y lo cagante de esta ocasión es lo mismo que aquella noche en el Teatro de la Ciudad, muy cuidadito y esquemático y hecho más a gusto de los fans de Café Tacuba que para quienes conocemos la espontánea expresión del oriundo de Puerto Bagdad, Tamaulipas.
Quizá por eso mismo, lo más entretenido es platicar con Sunshine Girl, conocedora por obligación laboral de la vida nocturna en el corredor “jipsteril” Condesa-Roma, sobre cuál de los músicos que tocaba frecuentaba qué bares y su comportamiento en los mismos. El eRRe empieza a sentirse absorbido por una noche en espirales turquesas similares a un fenómeno en el océano abisal o las profundidades del espacio todavía no descubierto.

Los Horrorosos
El eRRe nunca había ido a un festival de rock acompañado de una chica. Nunca ha hecho muchas cosas por primera vez junto a una chica… No, tampoco, tampoco… y eso menos, “pero a pesar de todo sigo siendo heterosexual”, como cantaron los Def Con Dos en el Vive del día anterior.
Es sólo que nunca había ido a un festival con una chica porque los festivales de por sí lo ponen nervioso y más la seguridad de las chicas. Ahora, si vas con una chica que de entrada se deja aventar por unos trogloditas en un juego potencialmente mortal ya llevas un poco de ganancia. Armonía de festival magnífica. Ante la disyuntiva de moverse al escenario principal para los maestros del ska Madness o quedarse a checar a la nueva sensación de reciclaje nuevaolero, los Horrors, acuerdan que todo festival marca un punto de renuncia. Si ellos están dándose frutas orgánicas y rayas larguísimas de coca en los camerinos, ¿por qué tu no vas a gozar el derecho de recostarte en el pasto y hablar-de-lo-que-sea y que te valga un poco madres lo que pasa en el entarimado? Más cuando los Horrors suenan en verdad horrorosos, el hijo que nunca debieron engendrar los Strokes e Interpol –dos bandas que siempre merecieron ser ahogadas al estilo espartano. “Ya sé por qué le gustan a la gente, por guapos”, sentencia ella con desdén. eRRe aplaude el dictamen. La única vez que aplaude en todo el concierto de los Horrores.

¿Molotov o cohetón?
Cumplidas las necesidades impuestas por un festival –fila para baños, resurtido de cerveza- de regreso al escenario principal. A Molotov el eRRe los ha visto un puñado de veces en su vida, una de ellas en la presentación de su primer disco, quizá acababa de salir de la universidad. Sunshine Girl tenía trece años entonces pero cuenta que ya usaban la de “Puto” para molestar a los compañeritos. ¿Dónde jugaran las niñas?, se llamaba ese disco. Y aquí están eRRe y Sunshine Girl, dos personas que la lógica elemental indicaría que no deberían de conocerse compartiendo una misma felicidad cuando tocan esa y alguna otra de aquella época tan distinta para cada uno. Una felicidad exclusiva de ellos, una hoguera personal, porque si somos sinceros Molotov pudo armar una selección de canciones avasallante, de esas que marcan historia en un Vive Latino. Se les nota cansados, no sé si no hayan ensayado en algún tiempo pero es lo que parece, se echan un covercito de “Perro negro y callejero” del Three Souls que les queda chido, pero luego cierran con un batidillo de canción que suena a mala copia de “Perro negro y callejero”.
Es la sala de espera para el cielo.

Fatboy Slim is fucking in Heaven…
Parálisis y baile y estallido. Ella ha esperado toda su vida por ver a Fatboy Slim. Él sólo está feliz de traer un sol de noche. Avanzan entre la multitud para ganar sitio más adelante. La toma del brazo, no de la mano. Esto por alguna razón es importante. Entre tanta gente realmente no basta con tomar de la mano al otro, tienes que tomarlo del brazo para que realmente se apoye. Por alguna razón siempre que tomas la mano de alguien existe mayor riesgo para el tropiezo. Aunque hay quienes dicen que los riesgos son para correrlos. Pero esta noche no queremos a nadie caído –y se los dice el de la cicatriz en el ojo-, queremos estar seguros y saltar de alegría y deslumbrarnos… and just fuck in heaven, bro!
“Fucking in heaven”, la tercera pista de su disco de 1998, You've come a long way, baby es una imagen que deshilacha la imaginación. I mean fucking in heaven… it has to be better than fucking, and you and me and I and we all know there are no many things better than fucking… Pero también sabemos que una de esas pocas cosas , una es la música, que según el escritor francés Pascal Quignard, es como el amor: un sentimiento que extravía por completo. Y el señor Cook con sus aparatos mezcla bien los ingredientes para perderte abriendo una compresa eufórica de melodía, ritmo y armonía que los diyéis de ahora llaman “viejo”, pero, con sus disculpas, irresistible.
Si la película del eRRe altera un poco la realidad, es por cuestiones de iluminación. No ayuda mucho a la objetividad haber estado bailando con la chica más radiante de la noche, la más feliz aquí, ahora, y por un momento, apenas por un parpadeo en la vigilia de la galaxia, I just get it… this is fucking in heaven, this is better than fucking, this is better than heaven, just this… to be alive… right here and now… and maybe that was my chance, which maybe I missed, but then maybe not… and you don’t think in terms of chances when you’re just being blinded by the light… Y cuando avienta "Praise you", cumple su justo deber: I have to praise you like I should… if you know what I mean, and if you don’t, well, I’m really not looking for your approval. “Mis papás me matarían, pero es mejor que ver a los Rolling Stones”. Hey, hey, hey! That’s what I mean! -y para aumentar el enigma, antes de concluir la noche "Satisfaction" serviría de cama para "Funk Soul Brother".
Entonces aterrizamos… pero no por completo. Antes de la retirada, un pedazo de cielo que ha sobrevivido. Un hombre y una mujer bailan el vals que han soltado apenas Fatboy Slim termina la masacre. La gente ha formado un círculo a su alrededor para contemplar el inesperado espectáculo, varios les sacan video o toman fotos. La gracia con que ella se movía disimulaba la torpeza de él, que pese a sus burdos desplazamientos, intentaba lucirse con galanura a la altura de la dama, imprimiéndole a la escena un aire de auténtica nobleza en medio de la muchedumbre, dos cortesanos que bailaban solos en un amplio salón de palacio, quienes los observamos en un hechizo no existíamos, ellos habían logrado la gran fuga definitiva, escaparse del tiempo y el lugar, bailaban lejos, en un planeta habitado solo por ellos. Al eRRe le esperaban malas noticias, buenas noticias. Lo salva pensar que en algún lugar esos dos seres de otro mundo siguen ahí, bailando su vals… o the funk soul, brother!

viernes, 2 de marzo de 2012

Mamarracho de un viernes enclaustrado

Extraño como no debería tenerlo permitido. Sin lujuria ni esperanza, sin dejar pedruscos de pan como Hansel y Gretel, sin lluvia en las ventanas, entumido en la punta del segundero. Extraño cuando arrasa el día, recargado en el buró, al sacarme la máscara y la carne, extraño la música de unos ojos al amanecer, extraño mi niñez, el brillo de un juguete y la nerviosa intimidad, no la batalla, es el suspiro antes que el mariscal grite “al ataque” lo que extraño. El suspiro tejedor del primer hilo en la madeja de sangre, las armaduras lustrosas, no las conversaciones de tedio sobre café. Es la tempestad lo que extraño, el hechizo paralizante de la ribera del río, el descalabro de ciudad en yerbas malas, figuras inmóviles, el miedo. Extraño un sofá en el que tal vez nunca duerma, me acostumbré a camas amplias y desoladas, nativo de la tundra. Veo personas y pláticas y lugares, y todos parecen recortes en el álbum de palidez de una estrella retirada. El asilo de la galaxia. Extraño un cigarro, pero a un cigarro es imposible extrañarlo, así que extraño la boquilla, las pinzas en que volaba el cigarro. Extraña mi garganta raspada. Extraña la lengua animal que nunca hablé. Extraño la cacería, una comarca, los planos y los compases, un tatuaje, los modales afectados de palacio, los resplandores mortecinos cebados por esos maestros flamencos que no conocían más biografía que demencia. Extraño la primera vez que oí “Stairway to Heaven”. Todos estos papeles de colores en la calle al rato me devorarán en las sombras de mi cuarto. Extraño mi trabajo de piloto, delicado e implacable contra valles de la muerte.

Rock and roll will someday die...

Para Enrique Sierra y el resto...

...y para JVS por la conclusión.


Poco a poco nos vamos quedando solos. Es lo que nos pone tristes, lo que nos da miedo. Ver partir a nuestros mayores. La ley de la vida, te advierten. A mí no me ha tocado pasar por la muerte de mis padres, pero presiento que ni así lo entiendes. Hasta que quienes de verdad te educaron empiezan a irse, con los que creciste, esas personas más inventadas que reales injertadas en tu sistema nervioso-espiritual. La muerte de tus ídolos te recuerda que tú también estás en la lista. Un bajón por donde lo veas (a menos que seas darky o death metalero, pero entonces no sé quién te invitó).


El año pasado Clarence Clemons, saxofonista de Bruce Springsteen; la semana pasada Spinetta; hoy Enrique Sierra, ex guitarrista de Radio Futura. Ninguno era el centro de los reflectores, a excepción de Spinetta, por supuesto, emblema del rock argentino, nunca fue muy escuchado en nuestro país. Una amiga se burló de mí por poner una foto de él en mi perfil, “si ni siquiera oyes sus rolas", espetó. Aparte de aclararle que eso era impreciso –en efecto no entiendo a Spinetta pero hay por lo menos diez de sus rolas que considero geniales-, le explicaba que era un acto de solidaridad, puede que Spinetta no me guste mucho pero escribió “Rezo por vos” –un himno que ahora ha cobrado auténtica dimensión religiosa- con Charly García, uno de mis máximos héroes, y que había pesado en un montón de otros artistas que disfrutaba. Cierto, una tontería, parte de la relación que te inventas con estas personas cuyas vidas desconoces pero que han hecho canciones que parecen saberlo todo de la tuya, te duelen ellos, sus amigos, lo que los rodea, aunque ni Clemons ni Sierra eran unos segundones, el primero integrante fundamental de la banda de Springsteen –único con el que compartió una portada- y la guitarra del otro un elemento indispensable para redondear el sonido de la gran banda española Radio Futura.


¿Qué nos espera al resto si tipos como ellos serán sólo un pie de página cuando se hable de los grandes, a los que llamas maestros? ¿Ah, sí, y qué les aprendiste? Tienes 36 años y el otro día te caíste de borracho como uno de dieciséis, y de las relaciones disfuncionales que emprendes con las viejas, ni hablamos. Deberías saberlo mejor ahora que ya estás grande, ¿no cantaban eso los Faces? Pero, ¡mira!, quizá dimos en el clavo, el germen de tu mal, creer a ciegas en lo que dice una canción de rocanrol, cuando una canción es lo más mentiroso del mundo, una tarjetita que cree resolverlo todo en tres minutos, eso por cierto es de una rola de Los Rodríguez. ¿Ves? Tu caso es grave, probablemente incurable. Tienes la cabeza llena de canciones porque crees que te sanan, que te dan respuestas, que te enseñan algo. Pero tú no aprendes nada, claro, ahora te atreves a decir y hacer cosas que antes no habrías soñado –la timidez es linda, pero la timidez impide muchas cosas que te gustaría hacer, cantan los Smiths-, sé honesto, ni siquiera lo haces porque tengas el valor, lo haces porque te desespera el tic-tac del reloj, la fiesta se está terminando –eso lo sacas de Loquillo.


Una noche un amigo que de hecho trabaja de estrella de rock -"soy músico", me corregiría serio y con razón, un caballero sencillo y noble, raras cualidades en cualquier atmósfera roquera- lanzó el ominoso comentario “…pues a ver cuánto más nos dura el rocanrol…”. Le contesté que si se refería a su banda, bastante, porque les está yendo bien. La muerte de tus ídolos te restriega en la cara lo que no quise afrontar en esa pregunta. Que al final pierdes por cansancio, si hasta ellos se van… y tan seguido… empiezas a creer en tu propia muerte y te pasearás por bares y clubes arriba o abajo del escenario como una estrella de rock, pero un día van a desconectarte el amplificador… y te molestas con Neil por cacharlo en la flagrante mentira… hey, hey, my, my, tu rocanrol will someday die.


Mamarracho viendo el dvd de un concierto de Smashing Pumpkins


Soy un muchacho de rocanrol, de cables pelados
y estrobos fundidos de los noventa, las grietas
de aeronáutica, creciendo en silencio, peligrosas
y no alcanza para pagarle a los mecánicos.
Soy estéreo caminado, nunca he sonado mejor
que con esta víscera enhollinada de tristeza,
disfraz de resonancia en un diapasón de catatonia.

Soy un muchacho de rocanrol, que no debería usar
estas palabras, estas piedras, que debería sacar
la navaja. Soy un muchacho con una callle de demonios
viciosos en la espalda. Soy un muchacho incongruente.
Sin rima. Que da golpes en la mesa. Soy un muchacho
solitario. Soy de quien Bruce Springsteen canta
que Roy Orbison canta. Soy la última carcajada
de la vela. Una fila en Rockotitlán. Soy el muchacho
que debería estar con las muchachas hasta las seis
de la mañana pero a las dos se despide, saludos
a la familia, me esperan los brazos del valium.

Soy lo contrario de lo que les haga creer con lo que digo.
Soy un muchacho de rocanrol y nunca me atraparán.
Soy el paseo del dandy por un callejón. Soy punk erudito.
Soy lo peor que hay y tu enamorado más prendido.
Soy el restaurador del panteón para enterrar a sus ídolos.
Soy la botella vacía contra el gimnasio de la preparatoria.
Soy sueño siamés. Compresión. Mareas de flanger.
Martin Hannet gritando en la azotea. Péndulo.
Soy un muchacho de rocanrol, siempre me están matando,
Mi gracia es resucitar. Soy, mientras ¿tú te apagas?