jueves, 18 de septiembre de 2008

Girlfriend is a good friend

Mi nena es cero mala vibra, güey
Es como un brother para mí
-Los Odio

¡Qué vigorizante rola “Girlfriend”, de Matthew Sweet! Vale madres cuánto la pongas, no se desgasta, conserva el punch intacto. Es como si por unos momentos entraras en contacto con un poder que sabes nunca te pertenecerá, pero, oh, qué bien se siente. Probablemente nada en el resto de la discografía de Sweet eleve ni remotamente la temperatura como la canción titular de su tercer álbum de 1991, lo cual no impide que cuando el gran extraterrestre guardián de los cielos le pregunte al eRRe ¿qué tiene de especial eso que llaman rocanrol?, éste sea uno de los primeros ejemplos que acudan a su mente. Tiene los ingredientes necesarios, estructurada en tres acordes básicos, directos, apuntalados por la electricidad que recorre la guitarra hiperactiva de Robert Quaine -antiguo miembro de los Voidoids de Richard Hell y compañero de batallas de Lou Reed- como el Zidane de los mejores tiempos, repartiendo por toda la cancha un juego que contagia de garra a sus compañeros y entonces el bajo suena robustecido y la batería revienta en una epilepsia de redobles que, ¡jajajay, cuñados!, cumplen precisos su cita con el ritmo y redondean una cadencia machacona que haría los deleites de las caderas de su majestad James Brown.


La letra parece casi puesta por casualidad, pero el aspecto simplista envuelve una fuerza sintonizada con la ejecución instrumental en un estallido de energía por mucho superior a la suma de sus partes. Aunque sea una de las primeras palabras mencionadas en “Girlfriend”, ésta no es una canción de amor. En la ecuación “I want to love somebody I hear you need somebody to love”, el factor “love” sólo importa en tanto propicia una relación en la lógica de la ley de la oferta y la demanda, nada más que un regateo: si yo tengo algo que a ti te hace falta, nena, vamos a negociar. La economía en realidad poco tiene que ver con esto, como queda patente por los versos que siguen. “Oh I want to love somebody I hear you’re looking for someone to love”. A la usanza de los bluses añejos, no son más que una reiteración de la idea establecida en los primeros versos, pero no idéntica; desde ese “oh” que abre como reflejo gutural de lo inefable, hasta la sustitución del verbo “need” por “looking for” –más en línea con el voluntarioso “want” de la primera persona-, el capricho pesa hasta en esa voz perfecta para el pop que conforme va endureciéndose más revela de sus vulnerabilidades. El deseo, que todo lo incendia, desdibuja las personalidades y la diáfana entrada de unas armonías vocales a la Beach Boys en el coro anuncia el acontecimiento milagroso de mi boca dictaminando “’cause you need to be back in the arms of a good friend”, y mi dictamen está libre de egoísmo, porque no soy yo ni eres tú quienes hablamos, es el deseo y los caprichos del deseo, y por eso mi lenguaje se vuelve tosco, porque es el lenguaje de un poseso.


Podría traducirse “girlfriend” por “compañera” y no estaríamos traicionando las intenciones de la canción. Al contrario. Matthew Sweet encuentra la manera de hablar de lo mismo que Fito Páez en su “Un vestido y un amor” sonando más enfático, en una de esas más poético, y ahorrándose las emanaciones cursis. Mientras Fito en el momento culminante de su canción resume “yo no buscaba a nadie y te vi”, Matthew en la segunda estrofa formula el carácter intrusivo de esta aparición: “I didn’t know nobody and then I saw you coming my way”. Las palabras elegidas cortan de tajo con el resto del mundo que se manifestaba por lo menos de manera rumorosa en el “I hear” de la primera estrofa. Diciéndonos ahora que “no conocía a nadie”, el cantante además de potenciar la soledad en aislamiento, realza el contraste de lo que vino después, el ingrediente de acción aquí es fundamental para esta escena que de contemplativa nada tiene, no simplemente “te vi”, sino te vi entrar y abarcar el horizonte antes vacío, rompiendo con el cuadro, perturbando el orden conocido; la certeza antes incuestionable del coro ahora se convierte en pregunta: “don’t you need to be back in the arms of a good friend”.. Fuera del desasosiego que refuerza la voz elevada en su rango de rispidez y los requintos con nervios de punta aguijoneando la melodía, no hay mayor construcción romántica que apoye ese término: “girlfriend”. En cambio sí una sensación de compañía algo rudimentaria. A good friend is a girlfriend. ¿Is a girlfriend a good friend? ¡Qué importa, si suenan igual! Cuando dan cuenta de este balbuceo esos silencios intempestivos, como tomando vuelo para renovar la embestida contra los instrumentos. Cuando las palabras crujen y se retuercen consumidas por el deseo, y con ellas las apariencias. “’Cause you got a good thing going”, sí, qué bien te va con tu puesto en la gerencia, tus caderas danzantes, tu traje sastre con zapatitos a juego comprados en Zara, las flores silvestres de tu cabello, tu mirada sofocante, toda esa libertad que no sabes cómo usar porque tú sabes, yo sé –el deseo lo desnuda- que te falta lo principal. “You only need somebody to love”. El paroxismo del solo de batería en la recta final de la canción preludia la naturaleza del remedio, muy distante de una declaración almibarada, es casi una amenaza, el mazazo del cavernícola que arrastra de las greñas a la hembra hasta su cueva: “And I’m never going to set you free I’m never gonna set you free”. Satisfacción del cliente garantizada o la devolución de su zozobra existencial.


Además tiene un video bien ponedor...


Heavy Metal in Baghdad o benditos por el rocanRRol


“Si uno piensa en algunas bandas occidentales, comparadas con Acrassicauda, son muy malas. De hecho, la mayoría de nosotros comparados con Acrassicauda, apestamos”, estas palabras que uno de los realizadores del documental Heavy Metal in Baghdad dice hacia el final del mismo, deberían mancharle la cara a la estrella de rock que no sale al escenario hasta que le traigan el agua embotellada que encargó del manantial más alto del mundo, los que quieren vendernos lloriqueos a precio de miseria existencial, incluso al público melindroso quejándose porque el concierto no duro demasiado, o tocaron puros éxitos y nada para conocedores, o que si el nuevo cd no salió en edición digi-pack, o que si “no mames, güey, la protección que trae no me deja pasarlo al iPod”. Imagínense quedarse solos con la vida. Que no hubiera nada para distraernos del hecho obvio, inmediato y por lo tanto redundante de que estamos vivos, abandonados al monótono péndulo de respirar, exhalar. Nada de televisión, ni salas de cine IMAX, ni palomitas de microondas, ni valet parking en los bancos, nada de Syrah ni Pinot Noir, ni sushis dragón de salmón, ni E True Hollywood Story, ni películas de porno cada vez menos light las madrugadas del fin de semana por Movie City. Los que se la dan de budistas y ejemplares de especies similares cacarean que sería el estado ideal, pero mienten. Aun ellos tienen sus plegarias matinales, o sus meditaciones trascendentales, o sus sacramentos o sus oraciones en dirección a la meca, hasta sus procesiones de rodillas o sus ayunos o sus autolaceraciones en Semana Santa, cada quien elige cuál es la forma en que se hace la vida más pasadera y algunas son muy extrañas. Hablo de algo distinto: de quedarte solo, con las manos vacías porque tanto las ocupa la vida que no queda espacio para nada más, dedicado las 24 horas a tu vida, a conservarte vivo; para desgracia de muchos gurús y otros místicos de ocasión, tal parece que sólo la guerra permite una vida libre de ilusiones mundanas. Al eRRe pueden quitarle a la mujer que ama (más de una ocasión le ha tocado aguantarlo estoicamente), chocarle el coche, embargarle los muebles, pero sabe que no soportaría que le quitaran los discos de rocanrol. Por eso ver Heavy Metal in Baghdad acaba de romperle el corazón. La película sigue en un lapso de tres años a Acrassicauda, la única banda iraquí de heavy metal con cierta continuidad. Si el rock de hoy en día les aburre por el déficit de peligro, deberían considerar hacerse fans de Acrassicauda. Por supuesto, no tiene que ver estrictamente con la música, ¿pero cuándo el rock ha tratado nada más de la música? Ni siquiera con el hecho de que sean prácticamente la única banda metalera de Irak, eso quizá lo expliquen las particularidades de la cultura musulmana y árabe en general. Lo verdaderamente rocanrolero es el aferre, para usar una palabra de sonoridad fuerte como una guitarra saturada de distorsión. El aferre de llevar tu barbita de chivo o la playera de tu grupo favorito aun corriendo el riesgo, no de un agarrón con tus jefes o de una madriza de los darketos en la glorieta de Insurgentes, sino de valer madres, que te quiebren, maestro, kaput y adiós, Nicanor. Estos críticos apoltronados con un jaibol y su pipita de hash invocando a las musas para su artículo sobre la resurrección de la new wave a principios de milenio. Estos fans emberrinchados por no haber conseguido boleto de primera fila pese a la noche que pasaron acampando frente a la taquilla. ¡Somos una bola de pinches farsantes! A ver, vayamos acostumbrándonos a meternos en el bolsillo una pistola con las llaves antes de salir, por aquello que nos agarre un aguacero de plomo; que nos destruyan los lugares de ensayo con un misil squd; tengamos vedado el sueño de grabar un disco, ya no digamos salir en MTV, ante la muy real posibilidad de que nos caiga una bomba en el próximo concierto; despertemos todos los días dentro de una portada de Iron Maiden; viajemos 14 horas para escapar del infierno a empezar de menos de cero en Siria, por ser apestados del mundo, terroristas por contagio, iraquíes insistiendo en la idea de la banda sencillamente porque a estas alturas prácticamente es la única opción que te queda de hacer algo con tu vida, aparte que, al fin y al cabo, ahí están tus únicos amigos. Eso es rocanrol y no mamadas. Las manadas de hermosos muchachos semicomatosos no son más que residuos de la subversión fabricada por la industria de la contracultura. Los de Acrassicauda son auténticos rebeldes que no aceptan conformarse con la vida. El filo a cambio de pirarnos, viajarnos, irnos de aquí, tomarnos vacaciones de la vida para que valga la pena seguir viviendo. Eso es rocanrol. Lo demás, hoguera de las vanidades.
Heavy Metal in Baghdad fue completado en el 2007. Poco después los miembros del grupo tuvieron que vender sus instrumentos para mantenerse refugiados en Siria. No hace mucho, ante el inminente vencimiento de sus visas y la amenaza de ser deportados a Irak, se trasladaron a Turquía, pero la vida es cara y batallan para mantenerse. Pueden conocer más acerca de la actual situación de Acrassicauda y cómo ayudarlos ingresando a: http://www.myspace.com/wwwacrassicaudas5com


Y sí… paz y rocanRRol a todos

lunes, 15 de septiembre de 2008

Independence day

Papa, now I know the things you wanted that you could not say.
-Bruce Springsteen

Afuera fiesta nacional, fuegos artificiales. (Hace muchos años escribió un poema que empezaba muy parecido, ahora necesita más palabras para decir lo mismo, ¿dónde quedó la inocencia?). Adentro, con la mano de alcohol temblorosa, intenta el cuidado colocando la aguja en un surco del disco. Y no es de mariachi, no es de Chente ni de Lola la Grande, ni siquiera del poeta José Alfredo. Es el disco de un cantante que muchos mexicanos considerarían paria, no importa “Sinaloa Cowboys”, o “Matamoros Banks”, o todas las otras canciones sobre paisanos muertos en el río o en el desierto. Ésas no sonaron tanto como “Born in the USA”. Tampoco “Independence Day”, de The River, la canción que todos los años escucha en esta fecha. Ya saben, cualquier cosa que remita a una canción. Un año atrás veía un arco iris doble asomado en el balcón mientras un sueño desnudo de cabello negro escribía en la mesa. Dos años atrás escuchaba a Trolebús y Tex Tex envenenándose alegremente con los trogloditas del clan. Ahora lo rodea una nube de humo y tequila que hoy bebe por excepción para calmar su sentimiento de traidor a la patria, que no alcanza para espantar la lucidez. Desde que su padre Adán mordió la manzana, la conciencia se hizo una carga muy pesada. Encorvado en su trono de estática Bruce habla de toda esta gente que está llegando y de todos los amigos que están mudándose y de cómo nada volverá a ser lo que era, como los edificios que ahora extienden su sombra donde antes saludaban las casas de la Narvarte. “Independence Day” siempre le recordaba a su padre (Adán), no es difícil intuir por qué, después de todo empieza diciendo “Well papa go to bed now, it’s getting late/and nothing we can say can change anything now”. Pero ahora que su papá de algún modo se ha ido a dormir, por primera vez le parece real. Ahora que no sabría llegar a su trabajo por tantas calles cerradas y puentes y distribuidores viales estorbando su camino. Ahora que salen goteras y nadie cura el malestar del teléfono y la casa que construyó agoniza como él. Hoy de verdad es día de la independencia, pero a quién chingados le interesa. Preferiría ser un niño con un pedazo de tiza dibujando un avioncito en el suelo. Preferiría estar abriendo un libro de Borges por primera vez con sudor de básquetbol. Preferiría el gusto desaforado de las borracheras en aquel departamento cerca del edificio de Mexicana. Lo único que queda de aquellos años son los amigos… igual de amodorrados… y esta canción. Esta canción de despedidas impostergables, que a su buena maldita vez te recordaba aquella otra de Miguel Mateos que empezaste a escuchar en tu primer hervor de rocanrol, “…y abriré la carta en que me dices quiero libre vivir”, ahora se te regresa por ondas de celular, es un hada cruzada de piernas en tu mesilla de noche y con el movimiento de un dedo te pide que la sigas. Y entonces sabes que no quieres acabar de escribir esto, que no quieres ser poeta, que no te hace falta leer todos los volúmenes del mundo, te bastaría con brillar como ella, saber perderte en la oscuridad como ella. Entonces la triangulación te marea: tu papá, el hada (¿la brujita?), el rocanrol. Carajo, que todo da vueltas, qué críptica lengua la del azar. Me tumba de boca. Es como ese dvd donde Tom Waits y Elvis Costello y T. Bone Burnett y Bruce Springsteen le juegan a la banda de acompañamiento de Roy Orbison… tan increíble parece que te haya tocado toparte con esa instantánea en tu tiempo de vida que te da por buscarle causas trascendentales. Cuando te sientes tan poco mexicano, o perteneciente a cualquier lugar para el caso, y pasas galaxias a la deriva, como flotando en líquido amniótico.