jueves, 29 de noviembre de 2007

Jueves

Ella está afuera en la calle, repartiendo sonrisas entre la gente. Él está solo en su casa, con la cara hundida en las manos, deseando que alguien vaya a buscarlo. Ella es todo lo que el mundo espera. De él nadie espera ya nada. Su teléfono nunca deja de sonar. Él cree que cualquier ruido podría ser una llamada. Ella se ríe de sus intentos de suicido. Él quisiera no llorar en los velorios. Ella presume que siempre ha obtenido el corazón que ha querido. A él apenas le queda un pedacito para sí mismo. Ella siempre se está yendo. Él no va a ningún lugar. Ella usa su libertad como un prendedor en el pelo. Él puso precio a su libertad y nadie se la quiso comprar. Ella quiere que esté loco por ella. Él quisiera saber quién es él cuando ella no está, cuando él desaparece.

Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas

Y como necesito hacer cosas para no sentirme solo. Una traducción de Master Dylan... una favorita de Cholita... y mía cuando estoy con ella

He visto el amor pasar por mi puerta
Nunca ha estado tan cerca antes
Nunca ha sido tan fácil o tan lento.
He estado disparando en la oscuridad mucho tiempo
Cuando algo no está bien está mal
Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas.

Las nubes dragón están muy altas
Yo sólo he conocido el amor descuidado
Siempre me ha golpeado desde lo bajo
Esta vez es algo más correcto
Justo en el blanco, tan directo
Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas.

Un trébol púrpura, el listón de la Reina Anne
Pelo carmesí atravesando tu cara
Podrías hacerme llorar si no lo supieras.
No recuerdo qué estaba pensando
Podrías arruinarme con tanto amor, amor
Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas

Las flores en la colina florecen locas,
Los grillos que no dejan de hablar en rima
El río azul que corre lento y perezoso,
Podría quedarme contigo por siempre
Y nunca darme cuenta del tiempo.

Las situaciones han acabado con tristeza
Todas las relaciones han resultado mal.
La mía ha sido como la de Verlaine y Rimbaud.
Pero no hay forma en que pueda comparar
Todas esas escenas a esta aventura,
Vas a hacer que me entristezca cuando te vayas.

Vas a hacer que me pregunte qué hago,
Quedándome lejos atrás sin ti.
Vas a hacer que me pregunte qué digo,
Vas a hacer que me dé algo bueno de qué hablar.

Te buscaré en la vieja Honolulu,
San Francisco, Ashtabula,
Vas a tener que dejarme ahora, ya lo sé.
Pero te veré en el cielo que hay arriba,
En el pasto crecido, en las personas que amo,
Vas a hacer que me sienta solo cuando te vayas.

"You're Gonna Make Me Lonesome When You Go"
de Bob Dylan
Encuéntrenla en: Blood on the Tracks (si es que han podido vivir sin este disco al lado).

Solo con Soledad

Nena, nunca voy a ser un superhombre
Sueles dejarme solo
-G. Cerati

Tengo que reconocerlo. Ayer les hablaba de Roy Orbison para no quedarme solo, para sentir que había alguien con quien hablar, para sentir que quedaba algo. Hoy sólo queda la soledad y solamente escribo para no quedarme solo con ella. Escribo como escuchando música, sin detenerme, deslizando los dedos sobre el teclado más rápido que el pensamiento para que no me alcance. Para escaparme de la soledad, para vaciarme de mí, si consigo dejar de ser yo será imposible sentirme solo. Si de algo sabe el eRRe, es de soledad, básicamente ha pasado todos los años de su vida solo y no debería resultarle un sentimiento tan abrumador. Hace unos momentos no me sentía solo. Maten a la tecnología, en ella vive el demonio. Viva la tecnología, ¿cómo podría intentar estirar la mano para alcanzarlos a ustedes y así no sentirme solo? Y uno sigue escribiendo queriendo abordar aquello para lo que no se han inventado las palabras. Un hueco. Un hueco donde no hay palabras. Y aun así la palabra silencio todavía es un sonido, como decía Bataille. Nunca se fíen de un lector de Bataille. Cuando entras a la soledad todavía quedas tú mismo. Eso es lo peor de todo, que ni siquiera puedes tener la decencia de dejarte a solas con tu soledad. Ojalá esto que escribo me ayudara a diluirme. Cuando venía a este restaurante desde donde les estoy escribiendo (hey, ¿hay alguien allá fuera?) todavía venía pensando en qué platillo degustaría el día de hoy. Dos minutos antes de entrar se me había quitado el hambre. A Soledad, esa amante inoportuna, le dio por venir abrazarme. Es cachonda, muy cachonda. Ojalá tuviera fuerzas para resistírmele.
A su salud...

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Only the lonely

For the mystery girl, like all the rest...
“Only the lonely knows the way I feel tonight”. Ah, qué cabrón rompe la voz de Roy Orbison una noche como esta. Cuando él abre la boca más le vale a los mamones de los lobos dejarse de aullidos y al mundo escuchar. El darketo originario: invariablemente vestido de negro de pies a cabeza –literalmente, incluso llevaba siempre lentes oscuros-, tocando su guitarrita, entonando unas canciones de amor no correspondido con una voz de tenor malherido que elevaba la más trivial de las miserias románticas a la novena esfera concéntrica. Es capaz de transformar los versos más cursis en armas letales que te van cortando desde la médula y en el cielo inspira que los ángeles rompan sus arpas. Su versión de “Love Hurts” es definitiva. Sólo en su garganta adquieren el dramatismo de su rotunda inocencia verdades como “your baby doesn’t love you anymore” o “in dreams I walk with you”. La vida del buen Roy quiso empatarse con sus temas desconosolados: su primera esposa murió en un accidente de moto, su casa se le incendió ocasionando la muerte de dos de sus hijos. Un infarto acabó con él apenas cuando recuperaba popularidad vía su colaboración con los Traveling Wilburys (el supergrupo que conformó junto a Dylan, Harrison, Tom Petty y más) y el disco que recién le habían producido Bono y The Edge: Mystery Girl. Un discazo por cierto. En el tema homónimo –compuesto por la pareja de U2- canta sobre una dama que al caer la noche lo lleva de la mano a un lugar donde todo, excepto el amor, es gris. No obstante, con la luz del día, aquellos paraísos “se desgarran en infiernos”, dejando al protagonista preguntándose si lo han dejado ardiendo y deberá arder eternamente. Muy aparte de las metáforas budistas sobre el deseo que pueda facilitar la imagen, esto nos devuelve al personaje de “Only the lonely”. Si al solitario se le hace perceptible su soledad es porque antes solía estar acompañado, y de hecho así lo hace saber bien pronto: “there goes my baby”. Pero el siguiente verso, en su aparente candor conlleva todo el peso del asunto: “there goes my heart”. No es tanto perder a una persona como perderse a sí mismo lo que acongoja al de la voz, más aún cuando parece que “they’re gone forever”. Después de eso la verdad es que poco importan los motivos, poco importa si se encuentra solo porque apareció otro hombre, por la muerte de su amante o simplemente porque ésta se fue de vacaciones. En la interpretación de Roy Orbison lo único que hay es el peso de esa ausencia, la plenitud del abandono, lo desesperanzador de ese momento en que la soledad parece la única realidad viable, cuando nos dan la espalda, dicho no de manera poética sino descarnadamente real, como cuando vamos a despedir a una persona al aeropuerto o a una estación de autobuses –o para el caso cuando nos despedimos de ella todos los días- y, con una confianza que si uno se detiene a pensarla da escalofríos, dejamos abierta la posibilidad de nunca volver a verla. El solitario de “Only the lonely”, no está simplemente solo, se siente solo porque de momento ni siquiera sabe si habita dentro de sí mismo, de momento el vacío que deja esa pérdida, la fractura de esas cosas insignificantes que nunca deben pensarse, parece enorme: ni siquiera se siente solo, arde en un infierno de soledad. Sin embargo, y ahí radica lo grandioso de esta canción, el solitario de “Only the lonely”, en realidad no está solo… O por lo menos no quiere estarlo… está llamando al solitario, a la única persona que podría entender su condición. Años después Bruce Springsteen captaría el mensaje haciéndolo explícito en los primeros versos de su “Thunder Road”: “Roy Orbison sings for the lonely/hey, that’s me and I want you only”. Lo que quiere el solitario es a alguien que comparta su soledad. El solitario quiere que lo acompañen. A estar solo. Juntos. Al fin solos. Los dos.

martes, 27 de noviembre de 2007

Al menos tocaron sus rolas...

Acabamos de ver a los reformados Soda Stereo y The Police. Y el eRRe salió de ambos conciertos con la sensación de que más que una banda sobre el escenario presenció a unos actores cumpliendo con su papel de rock stars. Lo peor para el eRRe es que cuando tiene que explicar por qué, debe aceptar que en ambos la ejecución fue impecable, el público respondió bien y técnicamente casi no hubo reproches… pero aun así diría que faltó algo.
El problema no es de nadie más que del eRRe. El caso de Soda Stereo lo entristeció particularmente. Una banda que lo ha acompañado desde su adolescencia, que se caracterizaba por arriesgar nuevas apuestas en cada disco, instalada en la cómoda seguridad de aventar los hits y esperar las ovaciones del público que alimenten su ego, sin ápice de espontaneidad pese a los nuevos arreglos, como en un concierto de U2, todo está diseñado para que salga bien… tal vez demasiado bien. Por ejemplo, el eRRe se acuerda del concierto en el gimnasio Juan de la Barrera de la Alberca Olímpica, cuando sacaron Dynamo, un disco que hoy es venerado como joya del rock en español pero que entonces había dividido a la fanaticada. Además, estaba el detalle poco recordado de que por ese entonces el prestigio de la banda, al menos en esta capital, había decaído debido a un concierto en el Palacio de los Deportes con los Caifanes donde según la leyenda, cumpliendo el sueño de una final de Copa América, los mexicanos le ganaron a los argentinos (esa noche, por cierto, ambos cerraron con una versión conjunta de ni más ni menos “Message in a Bottle”). Reinaba un componente de riesgo que en esta ocasión se echo mucho en falta. Y no se trata de repetir los gritos de “pelón” a Zeta hace 15 años, de los abucheos en las rolas menos conocidas, de armar un slam violento donde si no corre sangre no hay diversión. Se trata de que en ese entonces, o la siguiente ocasión en la gira del Sueño Stereo, escasas noches antes de que grabaran su Unplugged, o incluso en la falsa gira de despedida, tenían algo que probar. Ahora dio la impresión que simplemente vinieron a recoger los laureles, a pasear su estampa para recibir la segura admiración del pueblo, como nobles. Lo cual por otro lado puede ser muy respetable, pero emociona poco.
Quizá proporcionalmente al número de años que habían pasado separados como que el corazoncito se movió un poco más con The Police. A esto contribuía la expectación de una audiencia que mayoritariamente nunca había visto al trío. Musicalmente, el eRRe debe reconocer que incluso superaron sus expectativas, al proponer unos arreglos vigorizantes –en los que destacaba la infatigable guitarra de Andy Summers- para una lista de éxitos asesina con la que no podían fallar. Pero al final pasa lo mismo que con Soda; más allá, nada: todo está planeado para gustar, para que salga bonito, para perpetuar la autoindulgencia de la estrella confirmada como tal por la autoindulgencia de un público satisfecho de que le sirvan el platillo al que su paladar está acostumbrado. Muy seguro, uno sabe que esperar del otro, todo en su lugar. Sólo que esto es rocanrol, es lo que nos enseñó que un tipo como Bob Dylan podía cantar, que bastaban dos acordes para tocar la guitarrra, que los artistas de oropel habían terminado y se valía hablar de lo que antes escondíamos bajo el tapete del alma.
Aun así, leyendo en el blog de Ozamo cuánto disfrutó del concierto de Soda o recordando a los miles de personas que se contorsionaban al compás de “So Lonely” (como todos lo hicimos en algún momento: borrachos abrazados de nuestros amigos), debe reconocerse que hasta en sus peores excesos de vanidad el rocanrol es un espectáculo más respetable que, por ejemplo, el que cada añon dan los escritores en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Por lo menos aquellos son tipos que salen a sudar la gota gorda cada noche sobre un escenario con rolas que de verdad le llegan a la gente. No perros hambreados de reconocimiento que van lamiendo una pasarela.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Desvarío

El eRRe había planeado todo su día para mantenerse ocupado, de un lado a otro, para no quedarse solo con su pensamiento… No había contemplado que sería día de asueto, que la realidad siempre traiciona. Así que aquí está, hundido bajo un cielo nublado, ha empezado tres textos distintos y no ha terminado ninguno, por lo cual con este no se hace muchas esperanzas. El fin de semana cayó en sus manos un disco que no ha parado de escuchar, Raising Sand, de Robert Plant y Alison Krauss; está lleno de canciones melancólicas que con un sonido austero de cualidades altamente narcotizantes tiende la banda liderada por T. Bone Burnette (con el guitarrista Marc Ribot entre sus filas) como un tapete de fino bordado por el que Plant y Krauss despliegan el baile de sus cuerdas vocales. “Rich Woman” abre con un tono de relajada sensualidad que tiene a los dos protagonistas cantando “she’s all mine and I’m so glad”; luego, a partir de “Killing the Blues” una tríada de canciones lentas y adoloridas hasta llegar a “Gone, Gone, Gone (Done Moved On)”, junto con “Fortune Teller” una de las canciones canallas del disco que Plant vuelve completamente suya desde la estrofa inicial donde como si de una broma se tratara amenaza a su amante: “Some sunny day-hay baby/When everything seems okay, baby/You’ll wake up and find that you’re alone.” El álbum alcanza su cúspide entre “Through the Morning, Through the Night”, un lamento por un amor perdido con Alison Krauss al frente cantando con una fragilidad que de no ser absoluta resultaría intolerable “believe me when I tell you I could never kill a man”, y “Please Read the Letter”, en que la voz de Plant vuela en el tono más cálido que se le haya conocido. La elegía que es “Your Long Journey” viene como el cierre perfecto para un disco meditabundo y ensoñador, del cual sería recomendable que todos tuvieran una copia en casa para evitar el peligro de derrumbe a esas horas en que el peso de ciertas nostalgias amenaza con echar abajo el techo.
Como empaques para el fregadero de la cocina o fusibles por si falla la luz, hay que tener discos para cada emergencia. ¿Por qué si no le subimos al estéreo hasta que la cabeza nos estalla? Pues precisamente por eso, porque queremos volarnos los sesos, dejar de pensar, perdernos en la letra de una canción que hace parecer todo más brillante de lo que es en realidad o en un ritmo machacante que fulmina los nervios o en una red de sonidos psicodélicos que nos quemen la conciencia. La música piensa por nosotros cuando no queremos pensar y dice las palabras que tenemos prohibidas. Sirve para tapar las goteras que dejan todas las cosas que vamos perdiendo, para no extrañarlas tanto, aunque igual se filtra un poco de agua y es posible que lo que haga falta justamente sea decir de vez en cuando que uno las extraña y ya. O a lo mejor hace falta pedirle al dj que cambie la tonada y nos ponga a bailar otra canción favorita del fin de semana: Josele Santigo con “Pensando no se llega a ná”.

lunes, 12 de noviembre de 2007

La mejor banda sobre la Tierra (un cuento del rocanRRol)

A veces la verdad ha sido tan distorsionada que para poder hablar de ella uno precisa de inventarse un cuento. Y desgraciadamente sobre el rocanrol se han vertido tantas frases sentenciosas que lo que realmente debería importar, la música, queda al fondo de toda la verborrea. Hoy es el dance-punk, ayer el house-progresivo y mañana seguro la cumbia-industrial-prehispánica… Al mismo sector de la crítica de rock que ha desarrollado un criterio musical a base de la división esquizofrénica de géneros que separan a los “honestos” de los “vendidos” le interesan las biografías sordidas y las anécdotas curiosas más que los méritos artísticos. ¿Qué tan extrañados deberíamos estar? Después de todo ya Salman Rushdie nos ha dicho que el rocanrol se acerca mucho a una mitología de nuestros días. En cualquier caso, tal parece que Bill Tuomala, autor del texto que leerán a continuación -originalmente publicado en la revista Exiled on Main Street número 27 e incluido en la antología Da Capo Best Music Writing 2003 (con la curaduría del creador de Los Simpson, Matt Groening)-, sintió que para rescatar a una de sus bandas predilectas de las garras de los grandes demiurgos de las tendencias, debería usar su propia jerga, reescribir la Historia con una pequeña historia sacada del reino del revés, recrear el mito de una banda llamada Van Halen. La versión al castellano, of course, cortesía del eRRe.


La mejor banda sobre la Tierra
Por Bill Tuomala

Prólogo
Es probable que sea una banda con la que no estén muy familiarizados porque no podían tomarse un solo descanso. Nunca vendieron muchos discos ni tocaron en un lugar mayor a un teatro pequeño, pero carajo, cada día que pasaba sonaban mejor. Aparecieron a finales de los setenta con un sonido pegajoso, inteligente y juguetón; el problema fue que era la época en que los Ramones, los Sex Pistols y los Clash dominaban las listas. Cualquier grupo de metal lo tenía difícil para conseguir que los programaran en la radio, toda la década el punk había dominado las listas de rock duro. Sólo si tenías la suerte de conocer a alguien que sabía o si frecuentabas la tienda de discos adecuada a lo mejor acababas oyendo algo de metal durante los setenta. Había favoritos del subterráneo como Led Zeppelin, una banda que le metía sonidos tan variados a su mezcla –funk, folk, blues, reggae- que debió ser un éxito comercial; también tenían una canción, “Communication Breakdown”, de la cual sacaron su sonido los Sex Pistols. Y estaba Aerosmith, que combinaba James Brown con los Yardbirds. Y por supuesto Black Sabbath, creadores de un rock narcotizante, lóbrego y maldito tan sombrío como ingenioso. Pero el punk había sido La Neta desde que las altas ventas de los discos Fun House de los Stooges y Back in the USA de los MC5 tomaron la delantera a pasos agigantados en la carrera por modelar el panorama del rock pesado, allá por 1970. O como dijo Jon Landau: “he visto el futuro del rocanrol y su nombre es MC5”.
A principios de los setenta un cuate llamado Lenny Kaye lanzó un álbum con sencillos de los sesenta semiolvidados con el título de Nuggets. Fue acogido por las bandas de garage con aspiraciones a lo largo de la nación con todas sus tonadas proto-metaleras como “Dirty Water”, “Psychotic Reaction”, y “Pushin’ Too Hard”. Pronto en cualquier poblado había una banda de locochones que tocaban riffs de blues amplificados y cantaban canciones sobre chicas, pastillas y alcohol. Todo el que veía una banda de metal y le gustaba, formaba una. Nacía un movimiento con raíces profundas, aunque para la mayoría de los Estados Unidos durante los setenta el metal era esa música de-la-que he-oído-algo-pero-que-realmente-no-he-oído.

1978-1979
“A los críticos de rock les encanta Van Halen y a mí me odian porque los críticos de rock lucen como yo pero quisieran irse de juerga con David Lee Roth.”
-Elvis Costello, 1979
El punk mandaba en las listas y cuando en 1978 debutó Van Halen (Eddie Van Halen en la guitarra, Alex Van Halen en la batería, Michael Anthony en el bajo y David Lee Roth en la voz) fueron ignorados por la corriente principal. Van Halen coqueteó con el sonido punk, en su primer álbum incluyeron una exótica canción llamada “Atomic Punk” y en el segundo, “DOA”, que sonaba descaradamente a los Stooges. A diferencia de muchas otras bandas de metal, las canciones de Van Halen duraban tres-punto-cinco minutos; estaban repletas de humor y partes pegajosas. Pero la base de blues, el sonido agresivo y los cortes de cabello hicieron que sus álbumes fueran colocados en la sección de metal de las tiendas de discos. Si te dejabas ver con uno de sus discos o una camiseta, lo más probable era que se metieran contigo y te dijeran de cosas. A finales de los setenta llevar el cabello largo era como una invitación al desastre en la escuela. Lo que estaba de moda era el cabello en picos, las camisetas rotas y las chaquetas de cuero negro. Los chicos populares formaban pandillas en las que todos tenían el mismo apellido y se burlaban de los metaleros diciéndoles “pachequillos” o “anticuados”. Además insultaban a la música, le decían basura y ruido y se reían de lo poco conocidas que eran las bandas de metal. En buena medida el mismo comportamiento que las bandas de la corriente principal repitieron cuando la escena metalera momentáneamente emergió a la superficie al final de los setenta.
Los primeros dos discos de Van Halen se quedaron estancados en las listas y su mejor esperanza para una canción exitosa, “Dance the Night Away”, también se vino abajo. Los jóvenes norteamericanos sólo querían los acordes rápidos y las voces guturales del punk; nada del eclecticismo todo-cabe de Van Halen. Eso era un revoltura: los chavos no querían vérselas con todo el blues, el vaudeville y las versiones de éxitos de Linda Ronstadt que estaban sirviendo. A los chicos los Ramones les pasaban porque eran más fáciles de digerir; sus chistes eran más simples, lo mismo que su música: sabías bien qué obtendrías en cada ocasión. Van Halen era un nombre chido para soltar en ciertos círculos y la prensa musical les daba reseñas espléndidas, pero sus ventas eran demasiado pobres.

1980
“Los setenta se terminaron.”
-Lester Bangs escribiendo en 1980 sobre cómo “Romeo Delight” y “Take Your Whiskey Home”, de Women and Children Frist, eran indicadores introspectivos de una sociedad que cada vez más aprendía a dejar de amar.
Women and Children First de 1980 fue la cúspide del fracaso comercial. Estaba destinado a fracasar desde el principio, un ejemplo es el piano eléctrico que abre “And the Cradle Will Rock…”. Ni siquiera hacían el intento por ganarse al público, la mayor parte del álbum era una oscura exploración de callejuelas que eventualmente no tendrían salida. Algunas canciones superaban la barrera de los cuatro minutos y, de éstas, la mayoría no tenía mucha forma: la banda creaba un ruido magnífico sobre el que Roth iba improvisando. Era un álbum ruidoso y artístico que desafiaba tu gusto. Como escribió Dave Marsh: “…finalmente: la respuesta de un álbum de rock blanco a “There’s a Riot Goin’ On””.

1981
Al año siguiente le sucedió el aún más oscuro Fair Warning. El otoño de 1980 trajo la reelección de Jimmy Carter. Previamente, en abril, el presidente había liberado a los rehenes en Irán mediante una operación militar. Eso lo puso muy alto en las encuestas y venció con facilidad al candidato republicano Ronald Reagan en la elección de noviembre. Como era un presidente demócrata, siguió haciendo promesas desde su perfil izquierdo mientras con el derecho ladraba órdenes. Carter comenzó su segundo periodo prodigo en labia sobre las causas sociales al tiempo que aumentaba el presupuesto militar y hacía que la Guerra Fría creciera financiando operaciones encubiertas en Afganistán, ocupada por los soviéticos. Los Estados Unidos llevaba la frente en alto, aunque era una época extraña e incómoda si uno ponía atención.
Con este panorama Van Halen entraron al estudio. Habían conseguido alienar a su compañía discográfica, abandonaron el sonido-pásalo-bien y ahora tenían algo que decir. Y lo dijeron. Desde los dos primeros cortes uno se daba cuenta que algo distinto estaba pasando. El álbum inicia con “Main Street”, una caprichosa mirada funk-metal a través de la decadencia urbana. Seguía “Dirty Movies”, en la que tu noviecita santa se vuelve actriz porno. La música se inclinaba por un sonido con bajeo ágil, batería espacial y Eddie sacándose riffs graznantes y acordes de poder como si fuera Pete Townshend poseso. Las letras hablaban de Relaciones en las Rocas o La Decadencia de América. En un país donde los-que-tienen rápidamente se estaban separando de los-que-no-tienen, Van Halen lo contemplaba todo a nivel de calle.
“Hear About It Later” captaba la desesperación del hombre común a la perfección. Empieza con una introducción instrumental reflexiva, luego Roth canta:

No tengo dinero
No tengo casa en la montaña
Dime cariño
¿Tu amor pagará mis deudas?

Y después el coro:

Mira me han juzgado y sentenciado
Cosa del ganador se lleva todo
Quiero correr por mi dinero
Eso es todo
Después no quiero saber

En “Unchained” Roth se detiene para gritar: “¡Oye, hombre: ese traje eres tú!”. Al parecer tenía la mira puesta en los tipos yupificados y obtusos que desde Times Square tomarían el control de Estados Unidos en los años venideros. O quizá el disparo iba contra las bandas new wave de traje y corbata que personificaban una ironía distante que contrastaba con la incontenible pasión de Van Halen. Incluso la contagiosa “So This Is Love?” venía con un signo de interrogación. El álbum termina con Roth apurándose por salir del dormitorio de un marido celoso, la banda medio paso por delante.
Fair Warning fue el álbum con el que Van Halen, aparentemente renunciando a sus aspiraciones de estrellato, se propusieron la simple grandeza. La respuesta de los críticos fue abrumadora. Greil Marcus escribió que en Fair Warning “Van Halen vieron con desdén a nuestros lóbregos años ochenta y ganaron por un pelo. Hard-rock de brutalidad perniciosa mezclado con funk y fervor.” Según la leyenda los mismísimos Clash (quienes dieron credibilidad al metal llamando a Sandy Pearlman, productor de Blue Oyster Cult, para trabajar en su segundo álbum) descendieron de sus tronos multiplatino para escuchar Fair Wairning y desecharon todo lo que habían adelantado para su siguiente álbum. El propio Mick Jones confesó: “supimos que debíamos mejorarlo un poco.”

1982
Después de Fair Warning el retiro parecía inevitable. Van Halen empezaron a tener miedo hasta de sus sombras. Siguió un disco “divertido”, y aunque Diver Down entretenía y tenía unos covers ingeniosos, eso de recurrir a la Motown y particularmente a los Kinks parecía un intento desesperado por aferrarse a un pasado mítico que había sido mejor.

1984
“Todos nuestros discos duran treinta minutos, tocamos la mitad de nuestros conciertos hasta la madre y todo mundo dice que nos tomamos a nuestros fans a la ligera. Todos los discos de Van Halen duran treinta minutos, tocan la mitad de sus conciertos hasta la madre y a ellos los aclaman como un regreso fascinante a la esencia misma del verdadero rocanrol.”
-Paul Westerberg, 1984, intentando desconocer las similitudes entre “Take Me to the Home” de los Replacements y “Somebody Get Me a Doctor” de Van Halen.
El álbum 1984 de Van Halen incluía una última apuesta por el estrellato. Pero “Jump”, una gema synth-pop influenciada por The Who no la hizo en las listas, aunque se abrió paso en los clubes de baile de todo el país. Fue un éxito gigantesco en otro universo, se los garantizo. El resto del álbum es de una solidez absoluta, la sección rítmica emite una seca y afilada base sobre la cual Eddie toca. Una y otra vez Eddie hace éste álbum suyo, la mitad de las canciones parecen existir únicamente para que él se regodee, se saque acordes de poder, figuras y virtuosismo melódico puro. Operó aquí una clase de genio peculiar que supera el de Eric Clapton; las canciones evitan por completo la improvisación y Eddie nunca sacrifica el ritmo en su ejecución, lo que la vuelve mucho más fuerte, un estilo que muchos dioses de la guitarra nunca podrán igualar.
1984 también fue el año en que el vicepresidente Walter Mondale compitió por la presidencia contra John Anderson. Los republicanos presentaron a Anderson como una alternativa moderada frente a alguien como Ronald Reagan, cuya imagen derechista, bonachona y ultraconservadora asustaba a gran parte de los estadounidenses. Anderson empezó cooptando por los temas tradicionales de los demócratas, como beneficiar a los pobres y las minorías. Mondale, como era un pelmazo aburrido que hacía que incluso Anderson pareciera carismático, batallaba con las encuestas y andaba en busca de tema. Había aprendido el golpeteo político de un maestro, Hubert Humphrey. El golpeteo político en buena parte consiste en mentir y distorsionar la verdad acerca de la(s) persona(s) que uno quiere aplastar o quizá simplemente usar como chivos expiatiorios. La versión de golpeteó político que se le ocurrió a Mondale fue lo ofensivas que resultan las letras de rocanrol. No acusó a Van Halen y otras bandas de ser comunistas, simplemente tomó sus letras de sexo-y-alcohol más desenfadadas y salió corriendo con ellas. Pronto los senadores demócratas y sus señoras empezaron a aullar sobre lo “sucio” de las letras, las esposas formaron una asociación anti-libertad de expresión que se las arregló para conseguir audiencias en el congreso. Uno de sus blancos favoritos era “Hot for the Teacher”, de Van Halen, que según alegaban era una glorificación de la pedofilia. (Siempre ha estado bien que los hombres mayores canten sobre chicas adolescentes, pero si escribes una canción sobre una mujer adulta y un adolescente, cuidado.) Los censores traían a Van Halen entre ceja y ceja, y la presión para que las tiendas dejaran de vender sus discos fue tremenda.
Mondale consiguió tema y obligó a que Anderson defendiera la expresión artística, pagando por ello el precio en las encuestas. Las Esposas de Washington hablaron tanto en contra de Van Halen que eventualmente el departamento de David Lee Roth fue cateado por la policía. Roth salía en una foto alusiva al sexo bondage en un póster que incluía el álbum Women and Children First y fue encarcelado bajo cargos de obscenidad. Poco después la banda se separó, en parte por los problemas legales que el acoso trajo consigo.

Epílogo
Eddie Van Halen se dedicó a elaborar música para películas. Alex Van Halen y Michael Anthony se fueron a trabajar con el productor Lee “Scratch” Perry. Un par de años más tarde, David Lee Roth (libre al fin) lanzó una versión de su primer álbum solista, Eat ‘Em and Smile, cantado en español. Se vendió muy bien en las comunidades hispanas del sudoeste de Estados Unidos, donde el metal tiene muchos seguidores. Debido a este esfuerzo multicultural, recibió un reconocimiento de la NAACP. En el banquete de premiación dedicó el galardón a Joe Elliot, de Def Leppard.
Una sombra del Van Halen divertido de los primeros tiempos continuó existiendo en la tendencia glam-metal que pervivió en pequeños sellos independientes como SST y Twin/Tone. Bandas como Poison, Ratt, y Cinderella elevaron el cociente llamativo de Van Halen tupiéndole al maquillaje y embarrándose pantalones de espándex. Aunque tenían sus momentos, les faltaba la diversidad, el humor o el brío de Van Halen.
El metal siguió siendo subterráneo (aunque durante los 80 fue sampleado o vuelto accesible por cuatro de cada cinco raperos con su granito de sal) hasta que Nirvana la hizo en grande en 1991 (“El Año en que el Metal Irrumpió”). Una oída a las primeras tres canciones de Nevermind y uno sabía que estos chicos habían hecho su tarea de sacudir las cabezas. En una acción de mucha clase durante su concierto de MTV Unplugged, llamaron a Eddie y Dave para que los acompañaran con “Take Your Whiskey Home” y “Could This Be Magic?”
El año pasado, Van Halen se reunió para dar un concierto aquí en la Primera Avenida. Con “Feel Your Love Tonight” como tema de That Seventies Show y las bandas de rock independiente mencionando a Van Halen por todos lados, ahora tienen los seguidores (todavía no demasiados pero sí dedicados) para poder hacerlo. Junto a los ojos se les ven las patas de gallo y Diamond Dave ya no puede saltar como antes; pero la música no tiene tiempo. Los muchachos (adultos o no) que llenaron el lugar estaban extasiados. Desde la apertura de “And The Craddle Will Rock…” hasta el final de “Panama”, fue una gran canción tras otra. El regocijo en las sonrisas que llenaban el auditorio casi igualaba el regocijo de las sonrisas sobre el escenario. Y por fin una banda durante tanto tiempo ignorada saldó la cuenta que tenía pendiente. Por fin.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Desde el borde del verde mar

...una traducción, a la salu' de la Cura

Cada vez que hacemos esto
Caigo por ella
Ola tras ola tras ola
Todo es por ella
“sé que esto no puede estar mal” yo digo
(y mentiría por hacerla feliz)
“mientras yo sepa que tú sabes
Que hoy debo estar
Aquí contigo
Justo aquí contigo…”

Y vemos el sol subir
Desde el borde del verde mar
Y ella escucha como si su cabeza estuviera en llamas
Como si quisiera creer en mí
Así que intento
“pon tus manos en el cielo
Ríndete
Recuerda
Estaremos aquí para siempre
Y nunca nos diremos adiós…”

Nunca he estado tan
de-cabeza- transparente-de-colores
Nunca he estado tan
Maravillosamente-que-quieres-más-de-mí
Y lo único que quiero es conservarlo así
Tú y yo solos
Un beso secreto
Y no te vayas a casa
No te alejes
No dejes que esto acabe
Por favor quédate
No sólo por hoy

“nunca nunca nunca nunca nunca me dejes ir” ella dice
“abrázame así para siempre durante cien miles de millones de días”
Pero de repente se detiene
Y mira mi cara al romperse
“¿por qué lloras? ¿qué fue lo que dije?”
“pero si es solo la lluvia” yo sonrío
Limpiándome las lágrimas…

Desearía poder parar
Sé que otro momento romperá mi corazón
Demasiadas lágrimas
Demasiadas veces
Demasiados años lloré por ti

¿cúanto más podremos usar?
¿nos lo tomamos en seco?
¿nos tomamos esta droga?
¿Buscamos algo que para siempre se ha ido
Pero algo que
Siempre querremos?

“¿por qué por qué por qué estás dejándome ir?” ella dice
“siento que estás tirando hacia atrás
Siento que estás cambiando de forma… "
Y justo cuando me libero
Ella se cuelga delante de mí
Deja caer su vestido como una bandera al suelo
Y manos en el cielo
Se rinde a todo…

Desearía poder parar
Sé que otro momento me romperá el corazón
Demasiadas lágrimas
Demasiadas veces
Demasiados años lloré por ti
Siempre es lo mismo
Levantarse en la lluvia
Con dolor de cabeza
Colgado en la vergüenza
Un nombre distinto
Mismo viejo juego
Amor en vano
Y a millas y millas y millas y millas y millas
Lejos de casa otra vez…

Descarguen a Smith, Thompson, Gallup y Cooper interpretando "From the Edge of the Deep Green Sea" el primero de abril de 2006 en el Royal Albert Hall aquí: http://rapidshare.com/files/66724949/05_From_the_Edge_of_the_Deep_Green_S.mp3.html

Días intermedios: una Cura


“¿O sea que tu vida se divide en antes y después del concierto de The Cure?”, días atrás alguien le preguntó al eRRe ante su negativa a recibir en ese momento malas noticias que podían postergarse. Pues sí, ¿verdad?, qué baboso suena, como de escuincle caguengue, eso de que uno quiera mantenerse sano sólo por ir a un concierto de rock, eso de gastar una pequeña fortuna en boletos para los tres conciertos porque uno sabe que no podría dormir tranquilo sabiendo que una de sus bandas favoritas toca esa noche en la ciudad. Pero así es… igual es todo lo que hay. Porque en los tres días que acaban de pasar como que el tiempo se suspendió y prácticamente nada era capaz de empañar la felicidad que Porl Thompson, Simon Gallup, Jason Cooper y Robert Smith supieron derrochar en el Palacio de los Deportes.
Anoche, en el tercer concierto, el eRRe casi sentía que iba al bar de la esquina a ver a la banda de casa, tanta familiaridad para tan sólo tres noches. Al tercer concierto solo, como en el 2004, saldando su complicidad con Robert Smith, el último apretón de manos a un amigo que vino de visita (aunque esté a 30 filas de distancia, que después de todo, no está tan mal). Solo también para, como dicen, “no olvidarse de las raíces”, no olvidarse que todo empezó solo en una habitación, mordiéndose el alma de pena o rabia, escuchando todas estas canciones abrazándose a uno mismo como Robert en el escenario al entonar “Kyoto Song” y dibujársele una sonrisa por la efusión incontenible que obtiene del público.
Esta Cura sin teclados suena como un animal exótico indomesticable. Porl Thompson, que dejó el grupo al final de la gira Wish de 1992 y había visitado México antes con la banda de Page y Plant, regresó en 2005 para sutil pero efectivamente reimaginar las canciones en su guitarra calidoscópica. El bajo de Simon Gallup sigue proveyendo esa columna de sólida sencillez para el sonido Cure pocas veces advertida. Esto no es una reunión, porque The Cure siempre ha sido un vehículo con Robert Smith al volante, aunque dando crédito a los miembros de las alineaciones que lo han acompañado a lo largo de los años, y lo que estamos viendo aquí es el germen de la Cura más presente en la memoria colectiva, la de Head on the Door, Kiss Me, Kiss Me, Kiss Me y Disintegration; Gallup y Thompson también estuvieron presentes en el primer álbum que concretó el sonido Cure, Seventeen Seconds; estaban incluso desde antes, desde Easy Cure. Con Jason Cooper en las baquetas -el más joven de la formación, que de cualquier forma lleva ya más de 10 años apoyando a Robert- por momentos durante los conciertos, especialmente en los cortes extraídos de Seventeen Seconds, Faith y Pornography, dan la impresión de ser una de las bandas que mejor ha aprendido las lecciones del Velvet Underground en manejo de estructuras repetitivas que varían su modo, no a nivel musical, sino de intensidad, hasta que en canciones como la extenuante “Watching Me Fall” o “End” revientan el ritmo más allá del rocanrol transformandose más bien en un grupo de guitarras interpretando música trance, término que parece apropiado para algo que bordea el ritual.
Y de repente se aclara el coro de “Inbetween Days”, una canción que sonó los tres días: “and I know I was wrong/when I said it wast true/that it couldn’t be me and be her/inbetween without you”, eso sin lo cual no podemos estar a gusto es también lo que nos mata, miren si no a esta gente que canta “Pictures of You” con la misma fuerza que cada uno usó en su frustración al romper las fotos que los lastimaban, y ahora eso es motivo para esta fiesta. Así que, supongo, que sí y no. Sí, la vida se divide en antes y después de los conciertos de The Cure, porque son "días intermedios" de algarabía por toda la mierda que habrá de venir después. No, porque uno sabe eso, que esta sensación como el resto de las cosas habrá de pasar, que será barrida en el vendaval de los días. Aunque siempre queda la posibilidad de que le prueben haber estado equivocado y que realmente nunca es tarde para llevársela leve, como se oyó en "Doing the Unstuck" del tercer concierto, con Robert Smith sintetizando el sentimiento entre la audiencia: "let's get happy!".