lunes, 17 de octubre de 2022

The Mission en ajuste de cuentas


The Mission UK toca este 19 de octubre en el Auditorio BB de la Ciudad de México. Formada a finales de los 80, la banda conoció el éxito gracias al toque de rock clásico que añadió al sonido gótico del momento. Las hordas de las sombras más recalcitrantes no les perdonaron el pecado de la popularidad ni lo que consideraban su traición a Sisters of Mercy. Pero el misionero mayor, Wayne Hussey, hace un ajuste de cuentas con tal percepción en su reciente libro de memorias Salad Daze y, de paso, aporta razones para no perdernos su inminente concierto.


¿La identidad secreta de Harry Potter?

Hussey nació en Bristol, en 1958, aunque siempre fue hincha del Liverpool FC. Soñaba convertirse en futbolista profesional hasta que Marc Bolan con su T. Rex se le cruzaron en la televisión y descubrió que tocar la guitarra era más fácil. Otro factor que truncó sus planes en el balompié fue una deficiencia visual detectada en la infancia que lo condenó a usar lentes por el resto de sus días. Eso lo volvió un chico taciturno e introspectivo, sólo superó el trauma años después cuando le fue revelado que podía mandarse hacer gafas oscuras con graduación, por eso las lleva puestas incluso entre las profundas penumbras del escenario.


Unos grados más abajo, en la misma primaria a la que asistió, tuvo de compañera a una tal Joanne Rowling; si les digo J. K., quizá la ubiquen mejor. Efectivamente, la creadora de Harry Potter ha manifestado que ese colegio inspiró varios personajes de sus libros, y si uno ve la foto del imberbe Wayne con los pelillos cayéndole de lado en la frente y sus redondos anteojos, la semejanza con el protagonista de las novelas despierta sospechas.


Su crianza en la fe mormona lo llevó a conocer a través de uno de los campamentos que organizaba la iglesia a otro gótico en ciernes, John Klein. El futuro guitarrista de Siouxsie & The Banshees le compraría un amplificador primero y luego una guitarra, moldeaba ya desde entonces el sonido del movimiento. Por cierto, el campamento terminó para Hussey tras provocar un incendio, ¿qué tan intencional o fortuito fue?, no lo recuerda.



De camino a las tinieblas

Una vez instalado en la ciudad del equipo de sus amores (y también de sus admirados Beatles), tuvo su primera banda en forma como guitarrista de The Ded Byrds. Más que melodías oscuras, tomaban el toro de la new-wave por los cuernos del ska. Cambiaron de nombre a The Walkie Talkies cuando grabaron un único sencillo con el cual no pasó gran cosa, pero la experiencia sirvió para ubicar a Hussey entre las caras habituales de Eric’s, el club que albergaba a bandas en ascenso del subsuelo de Liverpool y alrededores, semillero de propuestas que lograrían reconocimiento internacional como The Teardrop Explodes, Echo & the Bunnymen, The KLF o Frankie Goes to Hollywood, a estos últimos recibió la oferta de unirse, pero le pareció que con un nombre tan ridículo nunca serían exitosos. 


Separados The Wallkie Talkies, pasó lo mismo con otra banda de la escena, Tontrix, y Wayne se unió a su cantante para formar Hamibi and The Dance. Su paso fue breve, pues saltaron chispas al tocar el tema de la autoría de las canciones; el vocalista pensaba que debía recibir el crédito absoluto, el resto del grupo creía que merecía una parte. Wayne se detiene en este punto para aconsejar a las bandas que empiezan: los créditos de publicación de las canciones pueden ser una fuente de mucho resentimiento, por lo que recomienda establecer porcentajes desde un principio. En The Mission, por ejemplo, el criterio es 80% por música, 20% por letra; al tratarse de un cuarteto, cada integrante recibe su 20% correspondiente por mínima -y aun inexistente- que sea su contribución musical; Wayne, al tratarse del letrista principal, recibe 40%. Hamibi and the Dance sacaría su disco Heartache en 1982 con la totalidad de los temas adjudicados a Hamibi


Los ex de Hamibi continuaron un rato desafiantemente como …and the Dance, pero a Hussey el destino lo esperaba en Pauline Murray & The Invisible Girls, una banda con miembros de los Buzzcocks y Be-Bop Deluxe originalmente planeada para acompañar a John Cooper Clarke y de la que era bajista el legendario productor Martin Hannett. Con él, mientras producían las nuevas pistas en el estudio, nuestro misionero inhaló su primera raya de cocaína, recuerda con cariño cómo torpemente tiró un poco del polvo y Hannet al rescate se puso de rodillas a escarbar los gránulos caídos en concienzudo afán de no desperdiciar. Hussey fue acreditado como coautor en el sencillo resultante, “Searching for Heaven”, que ocupó al sitio 83 de las listas del Reino Unido, primera vez que sucedía con una canción en la que hubiera estado involucrado; si la escuchan, aparte de su guitarra, se llevan de regalo un solo del Bernard Sumner, ese de Joy Division y New Order.


Fue invitado entonces a incorporarse a la banda de Pete Burns, Dave Or Alive. Con ellos grabó el EP It’s Been Hours Now y el álbum Sophisticated Boom Boom. Su salida sobrevino en parte por su propia mano, al introducir el uso de DAT en el grupo redefinió el camino irrevocablemente hacia la música electrónica y ya no tenía mucho sentido ser el guitarrista si sus partes podían cubrirse con apretar un botón. Burns, además, era muy posesivo y no le gustó enterarse de sus colaboraciones con otros músicos. Hussey escribe en Salad Daze que se les saltaron las lágrimas al enterarse de su muerte el 24 de octubre de 2016, no por el Pete Burns al que sus drásticas modificaciones corporales hicieron una celebridad, “a ese Pete no lo conocí, sino por el Pete más joven que una vez conocí y admiré tanto, al que incluso amé”. Esa noche The Mission tocó y le dedicó su canción más popular, “Tower of Strength”, una melodía cuyos orígenes rastrea hasta un corte de Sophisticated Boom Boom, “The Stranger”. Reciclar es bueno.



Hermanita de la caridad

La acusación que parte del público de Sisters of Mercy dirige hacia Wayne Hussey se basa en la suposición de que conspiró para sacar al guitarrista fundador Gary Max y, con ello, causó la debacle de la alineación que grabó el venerado primer larga duración de la agrupación. Es categórico en su defensa: “Creo que sin mi presencia la banda se habría separado antes de siquiera grabar First and Last and Always. Lo cierto es que estaba desintegrándose frente a mis ojos desde el momento en que me uní”.


El propio ideólogo y voz de las Hermanitas, Andrew Eldritch (maliciosamente apodado Von), lo contactó para trasladarse a Leeds como reemplazo del segundo guitarrista, Ben Gunn. Pambolero incorregible, Hussey anota que debió saber que su relación siempre sería conflictiva cuando supo que Eldritch apoyaba al Manchester United. El problema estaba en los hábitos del cantante: no ensayaba con los instrumentistas, y mientras Hussey, junto al bajista Craig Adams, estaban ávidos por salir de fiesta y socializar; Von, de carácter más taciturno, pasaba días a puerta cerrada. La principal diferencia consistía en la velocidad de trabajo, como hicieron evidente las sesiones para registrar First and Last and Always. La música quedó lista, pero Andrew no salía de su aislamiento, luchaba por terminar las letras y, en consecuencia, no estaba preparado para ejecutar sus tomas vocales; hasta que una madrugada grabó casi todas las canciones de un tirón, a solas con el productor David M. Allen. Complicaciones posteriores que llevaban cocinándose quién sabe cuántos años ocasionaron la salida de Gary Marx en medio de una gira.


Hussey reconoce que, si bien lo ha negado en entrevistas, probablemente ese álbum sea el mejor trabajo de todos los implicados porque cada nueva obra que cada uno ha perpetrado desde entonces acaba por ser comparada con aquel disco de 1985. “Al terminar la grabación, sentí que me había vaciado de cada onza de mi energía, de cada idea”, y admite que, años después, entendería mejor los modales y exigencias de Eldritch por situaciones similares atravesadas con The Mission.


De conformidad a los tiempos de Von, la composición del segundo álbum empezó a tardar mucho. Wayne llevó una nueva canción, “Garden of Delight”, que el mandamás cantó, pero a regañadientes, no le convencía la letra y la pieza iría a paarar en el debut de The Mission (la versión demo de Sisters la encuentran en YouTube). Harto de las tácticas de su hermético líder, Craig Adams botó el bajo en un ensayo  y anunció su salida del grupo. Al día siguiente, Hussey visitó a Eldritch para informarle que también se iba y formaría una nueva banda con Adams. Von todavía le preguntó si estaría dispuesto a tocar en el próximo álbum y aceptó (esto nunca se concretó). Todo muy civilizado y amistoso para las habladurías que se tejerían . Volvieron a verse hasta pasados vario años, un amigo mutuo conspiró para dejarlos a solas, y, según relata Wayne, Andrew le confío que él “seguía siendo el mejor guitarrista que haya tenido esta banda”, y aunque no era dado a las demostraciones efusivas de afecto, Von no respingó cuando lo estrecho en fuerte abrazo.


Salad Daze termina en el rompimiento con Sisters of Mercy, por sus páginas desfilan integrantes de The Pretenders, Joy Division, XTC y The Cult, así como Courtney Love, Thom Yorke, Brad Pitt y Lemmy. Un segundo volumen, Heady Daze, que indagará de lleno en los años de The Mission, completará estas memorias con su publicación en 2023. Por lo pronto, aprovechemos la oportunidad este 19 de octubre para presenciar historia viva del llamado rock gótico en la distinguida compañía de otra insignia del género, Gene Loves Jezebel.




lunes, 1 de agosto de 2022

¿Coleccionismo o acumulación? El caso de Marion Stokes

 


Marion Stokes me intriga desde que supe de ella a principios de este año. Chuck Klosterman la menciona brevemente en las páginas de su reciente The Nineties: A Book. Habla de la predominancia que la televisión tenía hace 30 años y cómo mucho de ese material se perdió, las televisoras no archivaban sus transmisiones, sino que para ahorrar costos –y espacio, por supuesto- reutilizaban los videocassettes para registrar las transmisiones más recientes. “El único material que sobrevive de aquel periodo fue registrado por una ciudadana privada”, explica Klosterman, una mujer de Filadelfia que grabó y almacenó compulsivamente transmisiones de noticias que abarcan los años de 1979 a 2012: Marion Stokes.


Klosterman dice que su colección constaba de 40,000 videocassettes, pero según el documental Recorder: The Marion Stokes Project, una producción de 2019 que acabo de ver, el número llega a los 70,000. En su juventud, Marion fue activista de filiación comunista, al parecer espiada por el FBI, y, en su edad madura, participó de un programa televisivo de debate llamado Input (un equivalente mexicano serían los programas de Nino Canún), donde conoce a su segundo esposo, John. La primera videograbadora betamax sale al mercado en 1975 y en un principio no graba noticias, sino sus sitcoms favoritos. Es la crisis de rehenes en Irán de 1979 lo que le hace apretar el botón rojo de “record” para nunca detenerse.


Al año siguiente, en junio de 1980, CNN iniciaría transmisiones. Marion era consciente de que un ciclo de noticias las 24 horas moldearía de nuevas formas la opinión pública. Un punto destacado por el documental en el que vale la pena reflexionar es cómo pequeñas historias locales que de otro modo no habrían trascendido, se convertían en noticias nacionales para llenar todo ese tiempo. Marion pensaba en su registro como un activismo y un medio para cotejar los datos difundidos a gran escala por los medios.


Debo decir, sin embargo, que Marion me interesaba no tanto por el aspecto informativo, semiológico o hermenéutico, sino por el hecho mismo de su obsesión. A través del documental se observa la dedicación hacia sus grabaciones, los trabajadores domésticos a su disposición debían suspender sus actividades para las cintas, ella se molestaba si alguna grabadora había parado durante su ausencia, llegaba a tener hasta 8 televisores al mismo tiempo prendidos y grabando; en resumen, lo sufría más de lo que lo disfrutaba. Todo por una ilusión de posteridad.


Puedo comprender a Marion porque alguna vez compartí su manía. Yo acostumbraba grabar todas las presentaciones de grupos de rock que se me cruzaban en la televisión. La satisfacción no provenía exactamente de ese momento, sino de la fantasía de estar realizando una noble labor, formando un acervo, no para mi propio disfrute, sino para el conocimiento de otras personas a las que quizá nunca conocería en el incierto futuro. Era un sueño altruista que seguiría practicando si YouTube no lo hubiera demolido. Y aun así hay cosas perdidas en esos VHS que nunca han llegado a internet.


El hijo de Marion define bien la diferencia entre un acumulador y un coleccionista: Si una persona llega, ve todo lo que tienes y dice: “cuánta basura”, eres un acumulador; si alguien más llega y dice: “¡Qué increíble que una persona haya juntado todo esto!”, eres un coleccionista. Me resultó desolador cuando habla de la muerte de su madre y todas las videograbadoras se detuvieron, los televisores se apagaron y sobrevino el silencio. Su también enorme colección de libros y muebles logra colocarlas con otros propietarios fácilmente, pero nadie quería las cintas. Hasta que el Internet Archive entró al rescate y actualmente trabaja para digitalizarlas y, paulatinamente, ponerlas a disposición del público.


Hace poco leía a un amigo en Facebook lamentarse porque nada le garantizaba que su preciada colección de juguetes, cómics, elepés, no acabaría en la basura. Yo hace tiempo que vengo resignándome a que no todos correremos con la suerte postmortem de Marion Stokes. ¿A quién le interesan todos esos VHS de los que les hablaba? Yo mismo hace años que no poseo un reproductor de dicho formato. Hace poco escombré y encontré una gran colección del suplemento Histerietas de La Jornada, sin los diarios, solo los suplementos, ¿existe un lugar al que pueda donarlos? ¿Y mis cassettes? Tengo un montón de cassettes que seguramente no podré conservar cuando se venda la casa de mis papás. Me dolería mucho tirarlos, y aunque haga una venta de garaje o simplemente los ofrezca gratis, seguramente ese será el destino de muchos de estos objetos. Hace muchos años entrevisté a don Pablo Novoa, coleccionista y vendedor de discos, le pregunte si pensaba qué pasaría con su colección, él me respondió que ya le había enseñado a su familia los pormenores del negocio y, si no sabían aprovechar los discos, “pues, mira, ¡yo ya los disfruté!”. Creo que es la mejor postura.




domingo, 22 de mayo de 2022

Pictures of Dead Good

Me conseguí el documental Dead Good principalmente porque quería escuchar completa la versión de “Pictures of You” que Robert Smith grabó con cuarteto de cuerdas en exclusiva para este largometraje.


Una de las experiencias más absurdas que depara nuestra existencia debe ser preparar las exequias de alguien. Cercano o lejano. Si vives el tiempo suficiente, tarde o temprano te tocará “cargar con el muerto”. Tus padres, tus tíos, un abuelo, un hermano, un amigo que no tenía parientes, un hijo en el peor de los casos. Y por más trágico o natural que sea el deceso, no le quita lo ridículo a eso de demorarse en pensar qué ropa le sentaría bien al difunto, la tela que no le picaría o el interior y tipo de madera para que se sienta cómodo en su ataúd. Puedes creer que su alma se fue al Paraíso, al Nirvana o al Mictantlecuhtli, pero ten por seguro que a tu muertito poco le afecta el uso que hagas de los materiales de este mundo que ha dejado atrás. 


Ya sé, es una fantasía a la que debemos siglos de civilización, desde avances médicos hasta arquitectónicos (el embalsamamiento egipcio y sus pirámides), incluso la delicia del whiskey la debemos a que los antiguos celtas guardaban a sus muertos en toneles que sumergían en pantanos y, cuando los sacaron, les dio por probar el agüita ahí fermentada que los puso felizmente mareados. El manejo de las ceremonias funerarias nunca dejará de ser buen negocio, el más artístico y el que mayor tacto demanda. El documental Dead Good se centra en una funeraria buena onda, que te hace un funeral a tu gusto (o, bueno, a lo que tus sobrevientes digan que sería tu gusto), supuestamente rompen con la solemnidad de las Gayosso del mundo, las cuales considerarían irrespetuoso el traslado de un cuerpo en una combi. Aquí si el transporte fúnebre que deseas es un carruaje tirado por caballos o una combi, eso obtienes. Al final, es una funeraria, comercializan rituales que sirven más para el consuelo de los vivos que para el buen viaje de los muertos (como si realmente supiéramos a dónde es que se fueron).


Se reduce a lo de siempre, tú podrás sepultar a tu ser querido entre terciopelos o con esclavas y animales vivos si eso hace que te sientas más tranquilo, pero al finado le vale madres. Y lo sabemos. Y eso no evitará que sigamos practicando las mismas payasadas u otras nuevas que nos inventemos para evadir pensar en el misterio máximo. No estamos preparados, nunca lo estaremos. La muerte no nos fue dada para pensarla, sino para esto, para delirarla, fantasearla, santificarla, alucinarla, glorificarla; cualquier cosa, menos pensarla. 


Claro que en mis excesos de ocio yo también me he puesto a imaginar cómo me gustaría que fuera mi funeral, la música que pondrían y los tragos que servirían. Pero ¿a quién engaño? Sin mujer y sin hijos, lo más probable es que acabe siendo un problema para cualquiera que tenga la mala fortuna de encontrarse con mi fiambre, del cual querrá deshacerse de la manera más rápida y con la menor faramalla posible. Igual sería una de tantas fiestas a las que no fui invitado.


Ah, y la versión de “Pictures of You” está chida. De hecho, no hace falta que se avienten todo el documental como yo hice, aquí la pueden escuchar:



viernes, 20 de mayo de 2022

Mañana es mi cumpleaños (apuntes sobre la película Shiki-Jitsu: Ritual)

 

Todo el mundo dice que mi amor es en vano

Y que llevo siglos esperando nacer

-David Lebón


Soñé que vi una película, luego la vi por segunda vez y me di cuenta de que sí existía. Se llama Shiki-Jitsu en japonés, que se traduce como Ritual, es la segunda película de Hideaki Anno, uno de los creadores de la serie de anime Neon Genesis Evangelion. No es fantástica, pero tiene fantasía. No es una película de acción, pero es una aventura que nos acostumbraron a llamarlo amor. Es un cuento que puede ocurrirle a cualquiera cualquier día en cualquier parte del mundo.


Érase una vez un chico que encuentra a una chica recostada en un cruce ferroviario, como a la espera de ser aplastada por algún tren. Un chico se cruza, parecería que la ha salvado, pero en realidad, ha interrumpido un ritual personal: mañana es su cumpleaños. Al día siguiente, de nuevo la encuentra en las vías y le ofrece unos obsequios de cumpleaños, ella le abre una sombrilla roja en la cara. No hoy, lo corrige: mañana es mi cumpleaños.


Ella deja que él entre en su secreto,  el único lazo entre los seres que no es una apariencia, porque no puede ser manifiesto”, ha escrito Pascal Quignard. Compartir un secreto es la entrada a otro mundo. Yo también he conocido chicas que parecía que querían ser salvadas cuando sólo querían escapar de la realidad. Y tú eres la puerta de salida más próxima. O en dado caso, ambos son para el otro la tabla de salvación del resto del mundo en esa confidencialidad máxima. “Solo el secreto puede vincular sustancialmente a los seres”, continúa Quignard, y si por definición no existe para los demás, el secreto es una fantasía. 


El día antes de tu cumpleaños es más emocionante que el cumpleaños en sí. Ya que el día llega, la fiesta se celebra y termina, recibes abrazos, felicitaciones, tarjetas y la ilusión de los regalos termina por volverse vulgar realidad. Mucho más emocionante la eterna adrenalina de que mañana será el día de tu cumpleaños, empezando por no saber si llegarás a vivirlo. Ella tiene otro ritual: cada día sube a la azotea del laberíntico edificio que habita, se quita los zapatos rojos y cruza los barrotes de seguridad para caminar por el borde del techo en un mediodía radiante. “Si yo no existiera todo seguiría siendo bonito” observa. “Tal vez sería mejor que no existiera. ¿Y qué hay de mi sangre? Puede que también sea bonita. Debería comprobarlo”. Pero siente que le sigue gustando estar viva y vuelve a la seguridad de la azotea.


Sigues a una chica que gusta de tentar a la muerte porque nunca te habías sentido tan vivo… El chico, cineasta, empieza a filmar a la chica porque “las imágenes, especialmente la animación, simplemente expresan nuestras fantasías personales y colectivas, manipulando información determinada y construcciones inventadas. Incluso una película de acción real no se corresponde con la realidad. En cambio, la realidad, al cooperar con la ficción, pierde su valor. Ya no me importa, mi conciencia, mi realidad, convergen toda en ella. Ella quiere escapar a la fantasía y yo de la fantasía”. En esto último se engaña. Todos somos Alicias gustosas de seguir a un desconfiable conejo por un agujero que transporta del mundo conocido al país de las maravillas que entraña el secreto. Más tarde, el propio cineasta lo admitirá: “Las imágenes transforman un pasado real en ficción, pero cada uno de nosotros edita y altera su propia memoria”. La reinvención del pasado, su purificación, es un intercambio de realidad y fantasía que cualquier persona practica para crear una versión idealizada de sí misma, varían nuestros métodos, pero todos nos sentimos más cómodos en la ficción.

No debería extrañarnos. Lo raro es que demos tanto peso a nuestras diferencias ideológicas cuando nuestro denominador común es que la realidad del pensamiento racional era una fantasía en el ambiente oscuro y acuático, onírico, que habitamos antes de nacer. La chica nunca duerme, pero el cuarto destinado a ello debe permanecer inundado, como en el útero. Si el mañana de tu cumpleaños nunca se cumple, quiere decir que nunca has nacido. Sin embargo, aquí estás: erguida en tus dos pies, tus pulmones se llenan de aire y, porque respiras, hablas. Afrontado por la impudicia de un mundo que sueña despierto, el lenguaje, invención social por excelencia, no planeado para el aislamiento (plaga de una sociedad), debería callar. Como ya no puede hacerlo: delira, imagina; poetiza (si esa designación les resulta menos inquietante). 


“Me gusta la lluvia porque entonces todas las personas felices tienen que caminar cabizbajas, ¡por eso me gusta la lluvia”. Él piensa que la lluvia que ella ama y embotella para los días soleados, eleva sus emociones y le evita encajar en un comportamiento determinado. Él sigue buscando explicaciones que respondan a la lógica ordinaria hace mucho en caída libre. Ella le explica que odia el sexo porque si lo haces no eres más que macho o hembra, como todo el mundo. Cuando ella le pregunta si le gustan los rieles del tren, la respuesta que da él se ciñe al aspecto mecánico, algo así como que está bien seguir las vías porque a veces conviene no tener opción de cambiar el camino. Hay un ánimo de mayor libertad en la réplica de ella, tan misteriosa como sensata: “Me gustan las vías del tren porque estos dos rieles nunca van a estar juntos, y aun así son uno”.


Pero llega un momento en que hasta la indomable fantasía pierde su halo de novedad. A él empieza a pesarle la acumulación de esos días, su registro en la cámara, el exceso de intimidad, los días que pasa con ella lo deprimen y dejan atrás aquello que disfrutaba. El pensamiento de la muerte infiltra la vida ilimitada. “Estos días que paso con ella habrán de terminar, aun mi vida algún día habrá de terminar”. Recibe una llamada al celular, lo saca, ve la pantalla y no contesta. “Algún día me pasará eso a mí”, piensa ella. Es el temor a despertar del sueño.


El problema es que un día subió a la azotea y extendió sus manos hacia atrás para ser sostenida por él. Y al recostarse sobre su pecho, el corazón de él le dijo que todo estaría bien. Y ya no le asusta quedarse dormida: “eso es porque estás conmigo. Pude cerrar los ojos sin más. Como si nada me asustara… pude dormir. ¡Eso es fantástico! ¿Sabes lo que significa? ¡Un descubrimiento sorprendente!”.


Confiar a otra persona el cuerpo dormido, en su estado de máxima vulnerabilidad, sella el secreto y en cierto modo es como lo contrario, como despertar, como nacer. Ya no debes mantenerte vigía del sueño que construiste. Ahora lo compartes con alguien que lo cuidará por ti si te duermes. No importa la mamá, la hermana o el exnovio que intervenga, no lo dañarán. Has aprendido a nacer. Ahora conoces el día exacto de tu cumpleaños, quizás hasta el amor.


Esto último no puedo asegurarlo porque una vez conseguí mi trabajo soñado y coincidió con el cumpleaños de la chica de mis sueños; “such a perfect day”, oigo a Lou Reed mascullando. Le llamé, pero le chocaba festejar su cumpleaños, no se sentía bien, no quería ver a nadie. Ok. Al día siguiente me encontré en Facebook las fotos del magno festejo al que sí estuvo invitado el tipo que destruiría el secreto que habíamos construido ella y yo. Ninguna chica que de verdad haya querido en tiempos recientes se acordó de mí en mi cumpleaños pasado. Eso debería decirme algo, ¿no? ¿Saben qué día es mañana? Mañana es mi cumpleaños.




lunes, 16 de mayo de 2022

¡Feliz cumpleaños, Jonathan Richman!

Llegaste tarde a mi vida. Pasa que buscaba tus discos en México y no los encontraba. Fue en un viaje ráfaga a Europa que compré en Zagreb una edición corregida y aumentada en CD del primer disco de los Modern Lovers, contaba arriba de 30 años. Quizá era el momento adecuado. Quizá antes no te habría entendido. Revisaba la evolución de tus canciones es y reflejaban mi progresión sentimental. Yo también fui el chico amargo y alienado de tus primeras rolas, hacía escarnio del Hippie Johnny y execraba a la chica que parecía entender todo lo que me gustaba, pero que no me dejaba preguntarle por qué se acostaba con tantos chicos. Yo sólo quería una chica que me quisiera; si no se podía, mejor nada. Luego entendí que ser sombrío todo el tiempo, tomarse todo tan en serio, no era sano. Se vale ser feliz hasta por tonterías, si uno de verdad es inteligente se lo permitiría. No fue de inmediato. Me preparaste para lo que vendría. Sucedía que todavía no había conocido al amor de mi vida; es decir, ya la conocía, pero no sabía que sería el amor de mi vida. Le ponía tu canción “A Higher Power” en su versión en español y ella la odiaba, no sé si por el acento gringo en tu pronunciación o porque le parecía cursi, a mí simplemente me parecía verdadera. “Es magia, ¡justicia!, el habernos quedado juntos”. Por supuesto, no nos quedamos juntos, pero aprendí que si nos rehusamos a sufrir, entonces sufriremos más, porque “True Love Is Not Nice”. ¿A qué venimos, si no a caer? Hay que enamorarse de la propia soledad para enamorarse del mundo y sus pequeños milagros que todos los días nos pasan frente a las narices y también merecen ser cantados: la arquitectura de un edificio, la envoltura de una goma de mascar que saluda tirada en la banqueta, las campanitas del vendedor de helados, la diversión nada planeada dentro de un club de lesbianas. Yo también prefiero el misterio que no usa tacones altos ni sombra en los ojos, la belleza cruda y al natural, por eso te sientes más cómodo tocando en una plaza pública o en un parque, en un hospital pediátrico o un asilo de ancianos; en un club de rock la pose se ha instalado con fuerza para que puedan entender la naturalidad de lo que tú haces. No te voy a mentir, todavía disfruto de tomarme una cerveza y fumarme un toquecito, así que no puedo presumir de haberte aprendido mucho. Pero no se trata de ser como tú, se trata de la verdad que cantas en discos que sacas con nula promoción de por medio. Ya llegarán los oídos adecuados. Qué importa si nadie escucha el programa que te dedico. Qué importa si nadie entiende. Para mí es importante. Tú una vez te subiste a una azotea a gritar tus canciones con la guitarra desconectada. No somos iguales, pero tú sabes de lo que se trata: de compartir emociones, las que dan placer, las que dan pena, pero emociones netas, que ya hay suficientes productos artificiales en el mercado, en la vitrina, en lo que paga. Tú me enseñaste que no hay problema si lloras frente a un micrófono; si eso es lo que sientes, nadie te remunera lo suficiente para ocultarlo, eso hace un Modern Lover. Eres el amigo de banqueta que siempre habla con sinceridad, aunque duela: “A veces solamente pienso en ella. A veces no (…) Estoy tan confundido, estoy tan confundido”. 

Y esa es la única certeza que tengo. 

Lo pienso todo demasiado, ya sé.

Gracias, Jonathan Richman. ¡Feliz cumpleaños!

viernes, 13 de mayo de 2022

The Northman: La ruina del rito

 

La venganza aparenta ser el tema central de la película The Northman, pero es, en realidad, el rito. Pertenecemos primero al mundo del ensueño, de la oscuridad donde apenas es un rumor esa vida de luz cegadora a la que somos arrojados 9 meses después entre sangre y llanto. Por eso la película de Robert Eggers  The Witch, The Lighthouse- está llena de eso mismo, sangre, llanto; sí, violencia, pero principalmente de rituales que desgarran de concreta fantasía la ilusoria realidad.


El rito implica la vuelta a esa tiniebla primigenia. Se ingresa por una grieta como de la cual salimos al nacer. Es una regresión al sueño que conocimos antes de la vigilia, al animal que se arrastraba en cuatro patas antes de conocer el habla y al andar erguido. Para ser humano, antes hay que ser un animal. Y en el rito hay fuego deslumbrante como aquel destello cegador con el que arrancó nuestra pulmonación. Todo esto lo descubre Athen en su rito de iniciación.


Su padre, el rey Aurvandil War-Raven, ha vuelto malherido de una guerra, como sabe inevitable su muerte, buscará el máximo honor vikingo: ser aniquilado de manera violenta en manos de un enemigo para poder entrar al Valhalla. El exterminio por voluntad propia, sin embargo, no exime de responsabilidades a quienes quedan en el mundo de los vivos; antes del momento definitivo, el rey instruirá a Athen sobre sus obligaciones hacia la venganza.  


The Northman te pone a pensar en qué se entretenían nuestros antepasados antes del YouTube y las redes sociales en tu teléfono inteligente Bueno, pues en esto: la venganza, la intriga; nada los divertía tanto como la crueldad -en la película hablan de "el juego por sangre"- y dedicaban tanto esmero en refinar las técnicas de sufrimiento como tú a embellecer tus stories de Instagram. Dejados a solas con su pensamiento, en una naturaleza constantemente amenazante, imaginaban formas de ganar los favores de fuerzas supremas con el poder de inclinar el tan desconfiable azar a su favor o en contra del grupo rival.


En la historia de cada uno siempre falta el primer capítulo. Por más que conozcamos la identidad de nuestros padres, la escena de nuestro origen, de nuestra concepción, siempre nos quedará vedada. El rito es la manera de compensar esa incógnita, de apaciguar esa ansiedad y, en última instancia, de unirnos en lo desconocido, en lo inexplicable de lo que procedemos, antes de empezar a respirar, a caminar, a platicar, a inventar historias de héroes y dioses, de enredar el mundo con humanidad. Es también el camino para seguir ocultando la escena, como debe permanecer. Si nos guiamos por la historia de Athen, desvelar la escena prohibida trae un horror y una locura que ningún amor contiene, que rompe el secreto necesario para la supervivencia del rito, para la cohesión de la realidad humana. 

De ahí venimos. El nacimiento de la civilización en todos sentidos es la guerra, hasta en la paz, un rito celebrado cuando la matanza se vuelve insostenible. Ahora que nos hemos dado a la tarea de construir un mundo aséptico, libre de agravios, homogéneo, desinfectado de supersticiones, pero sin nada cercano a los significados profundos del rito, la pregunta es: ¿qué extrañas formas están cobrando las fuerzas que cuentan la historia de The Northman, la historia de lo que somos? 

domingo, 8 de mayo de 2022

Pumas, o la herida de la felicidad

Mi primer recuerdo del fútbol no tiene tanto que ver con la pelota como con la felicidad de ser de Pumas. Entre las tinieblas de mi memoria veo a mi papá regocijado por los campeonatos de los últimos años setenta y primeros ochenta del siglo pasado. Cuento como evidencia con los periódicos Esto que con dedicación guardaba al día siguiente de la victoria. Y mi papá no era un fanático del futbol, era un médico muy dedicado a su profesión pero que por eso amaba a su equipo: los Pumas de la UNAM. Hijo de campesinos chiapanecos, sentía que por lo menos le debía ese fervor cada fin de semana, mediado por la televisión, a la casa de estudios que le había dado una vida.


Detesto al Real Madrid porque se quedaron con Hugo Sánchez. Mientras que por esta misma razón otros pumas –empezando, obviamente, por el propio Hugo- se convirtieron al madridismo, mi lógica era que no amaría a la escuadra que se embolsó al mejor jugador de mi equipo. Mi lógica puede parecer disparatada o no, pero soy un firme creyente de que tratándose de futbol todas las opiniones delirantes deberían tener validez. ¿Por qué todo habría de ser técnica, estrategia y diagramitas si también mucho del encanto del juego está en la duda, la pasión y la maravilla? Debería ser un espacio para imprecarnos con argumentos alucinados para luego volver a nuestras vidas prudentes, racionadas y respetables. Sin pegarnos, escupirnos, ni matarnos, se sobreentiende; si de lo que hablamos es de un juego.


Retomando a mis Pumas, estuve presente cuando ocurrió la tragedia del túnel 29. Fue la única vez que mi papá me llevó al estadio, él no era muy dado a ir y supongo que después de lo sucedido no le quedaron ganas de repetir. Mis recuerdos de ese día son de lo más emocionantes, recuerdo la cara preocupada de mi papá y a gente trepada hasta lo más alto del estadio, en ese momento no sabíamos de la tragedia que en ese mismo momento acontecía, yo me sentía contagiado por la fiebre de la multitud que seguía un partido al final anticlimático, que debió resolverse en el estadio Corregidora de Querétaro a favor de los deleznables cremas.


La última vez que Pumas fue campeón de Liga tuve un mal presentimiento porque me sentía muy feliz. Me encontraba en un departamento de Acapulco, junto a la chica que más quería, en forma física medianamente aceptable y tenía un trabajo que me divertía. Salí con mi camiseta vintage de Pumas, me senté en el camastro de playa a contemplar detrás de mis gafas de sol a contemplar a la chica en cuestión revolcarse entre las olas y a gritar un ¡Goya! Interno. Di un sorbo a mi coctel exótico y me dije: saborea toda esta felicidad porque debe ser un accidente, una herida en tus días que pronto será una cicatriz y poco después ni siquiera una mancha. Y en ese momento sentí como una estocada y que tal vez pasarían muchos años en volver a ver a Pumas campeón.

Pero todo esto es un sueño y en cualquier momento la grieta por donde entra la luz se vuelve a abrir, como dijo Leonard Cohen, o Hemingway, o un místico chino, o quien chingados lo haya dicho primero. Por eso siempre con Pumas. Siempre sin dudas. Porque aún no consigo el valor de negarme que algún día vuelva a abrirse la herida de la felicidad.

viernes, 6 de mayo de 2022

El sagrado desmadre de Siniestro Total


La mejor definición de rocanrol que conozco se la escuché a Lalo Tex. “¿Qué es el rocanrol? ¡Echar desmadre!”. Me gusta porque no es pretendidamente ideológica ni forzadamente contracultural, no habla de reinventar la sociedad ni de la tan sobada rebeldía; en cambio es neta, exacta y humanamente alcanzable. Si hay una constante en la experiencia humana es la ocasional necesidad de escapar a la cadena utilitaria de nuestra subsistencia para entregarnos a la fiesta, la dilapidación, el desmadre. La gente olvida que el rocanrol sacudió nuestros cuerpos antes de sacudir nuestras mentes. El grupo vigués Siniestro Total lo tuvo muy claro durante 40 años, pero nos los tomamos a broma.


Y a broma está muy bien, esa era su naturaleza, lo que costaba aceptar es que la broma iba en serio. Les colgaron la etiqueta punk, y aunque tienen una canción llamada “Somos ultraístas”, yo los identifico más con la mirada infantil que se tomaba todo a juego del primer dadaísmo. Al no asumir los posturismos modernosos de la movida madrileña ni el radicalismo político del punk vasco, tal parece que venir de Vigo los dotó de un singular sentido del humor escéptico y libérrimo.


Siniestro Total surgió en 1981 tras un accidente automovilístico (del que sacaron el nombre) al fusionarse los grupos Coco y los 1,500 con Mari Cruz Soriano y Los Que Afinan Su Piano. En la maqueta de estos últimos o la primera de Siniestro, Gusanos en tu alcoba, predomina el ánimo lúdico sobre cualquier actitud antisistema, algunas de las pistas ni siquiera incluyen guitarras y suenan a niños jugando con el pianosaurio. El cantante original Germán Coppini llegó sólo hasta el álbum debut Cuándo se come aquí y salió cuando el dueto que armó con Teo Cardalda, Golpes Bajos, le ganó mejor reputación; murió en 2013. El guitarrista Miguel Costas y Julián Hernández, que saltaría de baterista a ocuparse de otra guitarra, se repartirían las funciones vocales. Costas saldría en 1994, y la peña quedaría dividida entre Costistas y Julianistas. A mí me parece que Costas tiene las mejores letras, pero me gusta más la actitud de Julián.


“Este grupo no está más allá del bien y del mal, sino que gustosamente eligió el mal”, señala bien alguien en el documental de XX aniversario Que parezca un accidente. Elegir el mal significa elegir la imaginación de ilimitadas posibilidades fuera de las tiránicas restricciones de la realidad, significa elegir la fealdad –aunque esto ya deben saberlo, Baudelaire lo escribió hace más de un siglo-, y también, muchas veces, significa agarrar al toro por los cuernos. Incomoda el fervor con el que esta banda puede dedicar canciones al único factor de unión entre las personas, que por supuesto no es la razón ni la capacidad de diálogo, sino la estupidez humana.


Si un tipo canta que no quiere tocar las tetas de su novia porque tienen cáncer de mama, tu primera reacción debería ser reírte porque es una pendejada. El problema viene cuando la gente olvida que una canción es un ejercicio de ficción. “¿Cómo puede existir un sujeto así?”. “¿Qué sistema moral lo rige?”. La intelectualización posterior a la ficción ya es responsabilidad de cada quien, no de Siniestro Total que ha cumplido su rocanrolero deber de ponernos a echar desmadre; de hecho, llegan demasiado lejos al mostrar que la existencia de semejante criatura –en la que de otro modo acaso no hubiéramos pensado- es posible. 


La valentía de Siniestro Total es que no aparta la mirada de lo indisimulable. Si el noble llamado de “¡proletarios del mundo, uníos” ha fracasado, sería honesto tener una canción llamada “Pueblos del mundo, extinguíos” que ni siquiera pierde raíz socialista, no invita al exterminio individual de cada uno por sus propios medios, jubilosamente clama que acudamos “¡juntos de la mano hacia la extinción!”.  Si la ciencia todavía no nos resuelve la cuestión fundamental de ¿quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos?, lo prudente sería que exista una canción con ese título. Si el mensaje para la gente guapa es que los feos somos muchos más, ciertamente la democracia nunca pierde su condición de amenaza lapidaria. Mientras el lenguaje supuestamente incluyente, en lugar de acercar diferencias, las agranda con medidas tan confusas como el uso de aplicar un artículo plural a un sujeto singular, sin tanto enredo en “¿Qué tal, homosexual?” entendías que una persona gay no distaba mucho de ti, experimentaba los mismos problemas y, sin embargo, el acento en la orientación sexual del interlocutor ponía una trababa la comunicación 


Mecano te hacían creer lo de siempre, que podías aspirar a una mejor versión de ti mismo. “Mujer contra mujer” presuntamente ayudaba a crear conciencia y romantizaban la violencia de dos machos posesivos en “Cruz de navajas”. Siniestro Total, en cambio, te presentaba a una familia que agradecía a Freddie Krueger sus enseñanzas en el manejo del serrucho. Mecano quiere hacerte sentir bien con lo que eres, su música es edificante, civilizatoria, bien portadita como te enseñaron en la escuela y hasta ahí nomás. Siniestro es la Naranja Mecánica que te abre los ojos a los horrores de los que voltearías por acto reflejo, la mierda que llevas dentro, en la que podrías convertirte y que probablemente ya empiezas a ser, además lo hacen de modo divertido y bailable. Escuchar a Siniestro Total te transporta al choque primigenio del sonido musical con el sonido de la palabra; mientras la palabra se empeña en amarrarle un significado, la música insubordinada se sacude la brida y retiene su espíritu liberador. Eso origina los cantos y danzas tribales, de ahí el rito y, finalmente, la experiencia de lo sagrado. Mecano se queda en un grupo superficial si se le contrasta con el sacrosanto desmadre que propicia Siniestro Total.


Siniestro Total eran desenfadados, pero creo que nunca irreverentes por la sencilla razón de que nada les merecía el respeto suficiente para sublevarse. Si acaso la ingenua creencia de que este caos pueda tener salvación. El niño que en el coro de iglesia que dice “¡Yeah!” en lugar de cantar el salmo correspondiente, lo hace solo en el espíritu del desmadre. Y es que, coño, todo esto es tan hermoso.


Si soy honesto, este chorizo que les acabo de aventar sale sobrando porque una rola deja muy en claro son sus intenciones:


No, no, no quiero hablar de arte

Ni de otros temas importantes

No me preocupa la cultura

Tampoco la literatura

No me interesa la pintura

Ni mucho menos la escultura


Sigue así tocando esos tambores

Porque me quiero divertir


Quiero bailar rock and roll

Toda la noche hasta que salga el sol


Y yo también lo quiero casi todos los días, aunque a veces la vida no lo permita. Esta vida que a 40 años de distancia, pasa por una época de literalidad al pie de la letra, urgida de instrucciones, en la que quizá ya no tiene cabida esa otra literalidad de imaginación delirante y nada didáctica que maneja Siniestro Total. El 6 y 7 de mayo de 2022 dan los últimos conciertos de su historia en el WiZink Center de Madrid. Cuando más los necesitamos, se van. Lo cierto es que nunca los merecimos. Yo soy el mejor ejemplo, jamás pude verlos en vivo. Bailaré sobre su tumba. Y como dicta la liturgia: echaré desmadre en conmemoración suya.

viernes, 29 de abril de 2022

The Beatles: Get Back



Terminé de ver el documental Get Back, lo que supuso una hazaña para mí que no me gustan los Beatles. Mucha gente considera esto una declaración arrogante, como que uno lo dice por darse aires de falsa superioridad al declarar que no participa de un goce universalmente sancionado. Para mí, es más sencillo: los Beatles ya estaban ahí cuando nací, más institucionalizados que la revolución del PRI, hasta con su hora diaria fija en la radio mexicana, nunca la sentí mi música, yo sé que chicos y grandes la disfrutan, eso me hace pensar que algún trastorno debo tener en mi aparato afectivo porque a mí nunca me emocionó.


El primer episodio confirmó mis peores prejuicios sobre el cuarteto de Liverpool. Reencontrándose después de una pausa del grupo con el objetivo de hacer un nuevo disco y un concierto para la televisión, los muestra como niños melindrosos, cada uno encerrado en el personaje de estrella de rock que la mitología beatle les asignó, incapaces de ponerse de acuerdo en lo mínimo. Las 2 horas y media del sainete que termina con el berrinche de George dejando el grupo, me resultaron, para recurrir a una expresión ad hoc, un largo y sinuoso camino por no decir tortuoso. Lo odié y no creí que me quedaran fuerzas para soplarme las otras dos engolosinadas de Peter Jackson.


Pasados unos meses, más por culpa investigativa que por voluntad propia, me puse la segunda parte. Le entré con escepticismo, pero me alivianó cuando a Ringo le preguntan si le gustaba la India y él contesta que, en realidad, no. Supongo que por lo menos a George y John sí. Venían de todo ese rollo místico oriental que a gran parte de su público le costó entender. Y queda claro que por lo menos a uno de ellos también le costaba. ¿Cuántas cosas estaba haciendo cada beatle para mantener contento a otro beatle y ellos como grupo para mantener la maquinaria aceitada? Es el documental de un grupo que se sabe cayéndose a pedazos en el último resuello por evitar que el techo se derrumbe. Visto de este modo el concierto en la azotea del final intensifica su poesía. El especial para la televisión para el que se había sugerido llevarlos a África es cancelado. Este es un grupo que apenas puede mantenerse junto en la misma habitación, ¿cómo vas a hacerlo cruzar un hemisferio para tocar en medio de la jungla? Esa parece la verdadera dificultad, no tanto sacar las canciones. Hay un momento en que Paul le dice a uno de los cineastas que por eso no habla con él, está hablando con John. La multitud de voces que tienen una opinión sobre lo que deben hacer los Beatles mete ruido en su comunicación. Cuando George comenta sus inquietudes por hacer un disco aparte de la banda, John se muestra perplejo, como si lo esperara, pero también como si no supiera que decir. No hay los gritos ni grandes desplantes que uno esperaría y que, de hecho, se inventa una nota de prensa que el cuarteto toma a broma, pero se nota que les hiere por la atención que le dedican. Y sin embargo, cuando John expone a Paul su injustificada exigencia sobre lo que deben tocar los demás, al poco rato está pidiéndoles que acomoden tal acorde en tal canción. Quizá la mayor revelación es que Paul de hecho defendía a Yoko, pero no entiendo por qué algunas reseñas señalan que esta es la reivindicación de Yoko. Ella se sentaba en el círculo sagrado de la creación donde solo debería haber lugar para cuatro. Eso es una interferencia. Y para el caso, pasa lo mismo con Linda. Sólo dos presencias aligeran la tensión durante estas sesiones: la de Billy Preston, que llega a tocar los teclados, y la de Heather, la hija de Linda, que llega a jugar.


El tercer capítulo está dedicado casi por completo al concierto en la azotea. Momentos antes de realizarlo, todavía hay dudas. Pero es el único momento en las tres partes del documental en que el grupo se nota a gusto consigo mismo. El switch del ruido del mundo apagado y dejados a solas con sus propios medios. Tocando. Escandalizando Londres. Y cuando la policía aparece resplandecen de vida. Esto me confirma la falla en mi aparato afectivo de la que les hablaba, porque la gente entrevistada en la calle, joven, madura, mayor, afirma que le gustan los Beatles, si acaso que les gustaría verlos, porque la altura elegida no se los permitía; solo recuerdo dos opiniones en contra: la de un muchacho al que no le gustaban porque habían cambiado su sonido y la de una señora entrada en años quejándose porque habían interrumpido su siesta. Quizá sea la única vez que los Beatles me hayan emocionado. Y no puedo decir que me gusten más. Pero sí que me caen mejor.


lunes, 4 de abril de 2022

Borges está vivo / Competencia oficial

Acabo de ver el documental Borges está vivo. Combina declaraciones registradas en video de Jorge Luis Borges con comentarios de quienes entonces eran jóvenes escritores (fue estrenada en 2017). Lloré buena parte del metraje porque me emocionó ver los gestos tan humanos del maestro al enunciar en su endeble voz frases que sólo conocía por el poderío inmortal que transmiten por escrito. “Yo que imaginaba el paraíso como una biblioteca”. “Que otros se jacten de lo que han escrito, yo me jacto de lo que he leído”. “Si un libro es tedioso, no es un libro escrito para ustedes“. “La felicidad corresponde más bien al pasado, a la nostalgia, a la esperanza”. “Las mujeres están ausentes de mi obra porque están presentes en mi vida”.
Me quiero centrar por ahora en el capítulo 10 del documental, La muerte. Borges reflexiona que a veces la posibilidad de morir le resulta extrañísima. ¿Cómo va a pasarle una cosa nueva a un viejo? Se pregunta entonces: “¿Y si soy un inmortal? Bueno, pues me resignaré también”. Al joven autor que le toca comentar este fragmento de entrevista, le parece provocador hablar con tanta ligereza de la muerte. Yo la considero menos una declaración social que una feroz defensa del derecho a la ficción (por naturaleza, estrictamente individual). Debo explicar que la frase deriva del poema “Alguien”, donde se afirma que “las pruebas de la muerte son estadísticas, y nadie hay que no corra el albur de ser el primer inmortal”. No está negando la ciencia –en este caso, la estadística-, sino que se limita a mencionar lo evidente, que la ciencia humana sustenta su validez en datos constantes, monótonos, aburridos (los números estadísticos indican que todos vamos a morir). Eso no evita la posibilidad, a cada momento, de que nuestra delgada línea de certidumbre pueda romperse.
Entiéndanme bien, por favor. Borges no habla de leche bronca o pasteurizada, ni de una vacuna capaz de prevenir la enfermedad que me digan. Nos pone frente a la posibilidad de pensar una realidad distinta. ¿Qué pasaría si en lugar de un niño soy un pirata? ¿Qué pasaría si el cielo fuera el suelo? ¿Qué pasaría si fuera inmortal? Ese es el motor de la imaginación. Y también de la ciencia. La posibilidad de un cambio drástico de realidad. La ratificación de una frase inscrita al final del documental; “Todo mejoraría entre humanos si descubriéramos el verdadero sentido de ser un ciudadano del mundo o un patriota de los cielos”. Mientras tanto estaremos demasiado atados aquí.
PS.
Este postscriptum realmente podría ser un prólogo. Busqué en YouTube el documental Borges está vivo porque es obra de los directores Mariano Cohn y Gastón Duprat. Vi su más reciente película, Competencia oficial, que reúne a Oscar Martínez, Penélope Cruz y Antonio Balderas.
Es una sátira metacinematográfica que empieza como tantas empresas artísticas: con un caballero sobrado de dinero dispuesto a gastarlo en grabar su nombre para la inmortalidad gracias al talento de otros. Entre un puente y una película, se decide por lo último. Adquiere los derechos de prestigiosa novela, contrata los servicios de una directora subversiva de moda, Lola (Cruz), y ella a dos actores: Iván (Martínez) y Félix (Banderas).
La película son los preparativos para hacer esa otra película. Iván es el actor dedicado y maduro, socialmente preocupado; Félix es más frívolo y goza de mayor popularidad. Aunque en cuanto Félix atraviesa una adversidad, Iván no tardará en ofrecerle a Lola que él bien podría interpretar ambos papeles sin saber para quién trabaja. Véanla si tienen chance. No es la gran cosa, pero funciona mostrando la contradicción ambulante que somos casi todos. Puede que incluso Borges.


sábado, 2 de abril de 2022

Mundo extraño: Él Mató a un Policía Motorizado en el Teatro Metropolitan

 

Poco a poco, por medio de muchos viajes, presentaciones en los festivales más importantes del país y, sobre todo, publicando discos interesantes con canciones sencillas en la forma, pero con un misterio sónico único, la banda argentina El Mató a un Policía Motorizado ha construido su propio culto en México que ya puede llenar un Teatro Metropolitan como quedó demostrado el pasado 31 de marzo.


Me perdí el acto abridor porque mi compa el Neto -gracias a quien pude asistir, cortesía de su +1 de prensa- se metió a ocupar su asiento después de visitar el sanitario y me dejó esperándolo con las chelas en el lobby. Se limitó a informarme que la chica estaba guapa y cantó clásicos del rock argentino.


Debo decir que me tocó ser testigo del crecimiento en la popularidad de Él Mató desde un club que acostumbraba frecuentar y hoy ya no existe, El Caradura, que se ubicaba en Nuevo León, colonia Condesa. Ahí los vi por primera vez junto a unas 30 personas, puro chavito y casi todos argentinos o de ascendencia argentina, muy fervorosos, eso sí, berreaban letras de canciones que yo por entonces desconocía, brincaban y bailaban con absoluto desparpajo. Unos 10 años después en el mismo lugar apenas conseguí entrar, la gente era más adulta y, definitivamente, no había espacio para bailar.


Tuvieron que migrar a un lugar más grande como el Foro Indierocks!, al que también asistí e incluso disfruté el concierto más que aquel último en Caradura, pues había mayor libertad de movimiento. De modo que esta noche en el Metropolitan es consecuencia natural de la relación que el grupo ha establecido con el público mexicano y debe resultar consagratoria.


Yo voy con la mejor disposición de pasármela bien. Es mi primer concierto postpandemia y mi primer día de vuelta al desempleo; no lo padezco, al contrario, me siento ligero y jubiloso, tengo algún dinero guardado que me permite obsequiar sendas chelas al Neto (que, además de invitarme esta noche, me ha regalado un apreciado disco de los Modern Lovers en mi cumpleaños). Pero hay algo que, al menos para mí, no termina de cuadrar para hacer de esta la velada excelsa que esperaba.


No me malinterpreten, el torrente sónico de Él Mató en vivo sigue siendo glorioso, solamente no me sentí arrasado como en ocasiones anteriores. No sé si el Metropolitan le impuso excesivo respeto al ingeniero de sonido; no creo, porque los he visto en YouTube tocar en teatros similares en Argentina, pero a mí me pareció que dos rayitas más de volumen no habrían lastimado a nadie. Admito, por otro lado, que quizás mis oídos ya estén tan cochambrosos que el sonido saturado de un antro como el Caradura los emociona más que la perfecta ecualización que requiere el Metropolitan.


Santiago Motorizado no es dado a hablar mucho entre canciones. Sin embargo, lo intentó en varias ocasiones; o la dinámica de la banda ha cambiado en el tiempo que no los he visto desde antes de la pandemia, o se sentía obligado por la elegancia del recinto. Cualquiera que haya visto a Él Mató el número de veces que yo, sabe que la banda no es dada a grandes aspavientos en escena y nunca había pensado que un escenario les quedara grande, esta noche sí.


Contribuye también a esta sensación el material que eligieron para tocar. Abandonaron las canciones sobre viejos ebrios y perdidos o las espesuras de “Día de Muertos” para favorecer sencillos más amigables de su material reciente, lo cual no es reprochable más que desde el capricho del fan. Me extrañó que tocaran “Chica Rutera” a mitad del set cuando en todas las ocasiones anteriores la habían usado para cerrar, y con justificada razón, el crescendo de una letra de apenas pocas palabras que se repite combinada con las explosiones de guitarrazos producen un efecto hipnótico que la hacen idónea para cerrar un espectáculo en paroxismo de éxtasis. O no. Así se sucedieron “El perro”, “La otra ciudad”, “Las luces” e infaltables como “Nuevos discos”, “Más o menos bien” o “Chica de oro”. Nuevamente me decepcionó que no tocaran “Guitarra comunista”, rola con la que los conocí, de mis favoritas y que nunca he escuchado en vivo. Esperaba que este concierto sería un repaso semiexhaustivo por su discografía, no fue así. Fue solo un concierto más de Él Mató, y ni siquiera de los mejores. La culpa no es de ellos, sino de mis expectativas. O probablemente solo sea que, como cantan en “El mundo extraño”, “no sé qué pasa en este lugar, todo el mundo es más joven que yo” (bueno, menos el Neto).


El que sí estuvo de 10 ha sido el público. No contentos con corear el recital del principio a fin, algunos se aglomeran en las escaleras del Metropolitan que dan a la calle para seguir entonando canciones. Algo especial tiene esta banda que mueve de esta manera a la gente. Veo que Chilango tituló su crónica del concierto “La noche eterna de Él Mató a un Policía Motorizado”. Aquella primera vez que los vi tocar en Caradura, empezó a oler a mota en cuanto acabaron y el personal de seguridad se volvió loco intentando localizar a el o la responsable, lo cual nunca consiguieron. Esa noche para mí fue más eterna y un final más apropiado para una tocada de Él Mató.