sábado, 28 de junio de 2008

Con dedicatoria: Pulp Surfin' y Forseps 5

Desde hace algunas semanas el carnalísimo Tachepiranha había solicitado este ponchado tónico de música surf editado en 1995 bajo la inercia de la banda sonora de esa cúspide del cine de Tarantino llamada Pulp Fiction. Pulp Surfin' es un estupendo compendio de surf pasado y presente (bueno, de 1995), que reune temas bien conocidos como "Pipeline", "Penetration", "Surfer Girl" o "A Shot in the Dark" en versiones no tan difundidas, junto con originales de noveles bandas en ese entonces como los Young Jacques o los Insect Surfers, además de algunos clásicos como el torturado genio de Brian Wilson interpretando junto a Andy Paley "In My Moondreams" o Frank Zappa usando el pseudónimo de Mr. Guy brindando su loquísima versión de surf en "Letter from Jeepers". Dicho esto, el eRRe debe confesar que lo mejor del disco le parece la historia de cómo llegó a sus manos. Cerca de las navidades de 1995, su buen amigo Chava FT le pidió que lo acompañara a un centro comercial con la intención de comprar algunos regalos fonográficos con motivo de las fiestas. Mientras Chava repasaba los anaqueles intentado ubicar el título exacto para cada uno de sus seres queridos, el eRRe se entretuvo escuchando las novedades en las estaciones de audio, entre ellas precisamente el disco que ahora nos ocupa, el cual separó con la intención de comprarlo. Chava tardó más, el eRRe escogió otros discos. Se encaminaron a la caja, pagaron. La tienda, en una época en que la gente todavía compraba discos, estaba atestada, salían y entraban por decenas, la mayoría con envoltorios para regalos. Al abandonar la tienda Chava y eRRe oyeron sonar la alarma de robo de la tienda. Voltearon desconcertados, aunque no tanto como el guardia de la puerta que entre tanto gentío no sabía a quién revisar su mercancía. Fue entonces que Chava vio las manos del eRRe, "no mames, pinche eRRe, traes un disco sin pagar". El eRRe, que todavía intentaba detectar al ladrón, volteó a ver sus manos y en efecto, ahí, detrás de la bolsa de los discos que sí había pagado, invisible para el vigilante, estaba el disco de Pulp Surfin' que había tomado al llegar a la tienda. Se quedó sin saber si seguir su camino o regresar a saldar su deber de buen consumidor capitalista. El Chava, más vivaz, y ante la mirada del pobre guardia de seguridad que seguía esforzándose en ubicar al caco, lo tomó fuertemente del brazo y le dijo "ya, sigue caminando, total ya lo sacaste". Y entre risas celebratorias los dos mandamases de Estereo UIC se perdieron en la multitud a disfrutar de sus adquisiciones discográficas, lícitas e ilícitas. En defensa del eRRe, debe decirse que se trató por completo de un juego del subconsciente. El eRRe siguió por la tienda, escogió más discos, los pagó (ven, ven, tenía la intención de pagarlo), pero nunca reparó en que ese disco seguía en una de sus manos. Quizá fuera una respuesta reflejo en venganza por la fortuna dilapidada en el curso de los años en tiendas de discos o simplemente un breve lapso de cleptomanía que resultó en el jugoso botín de estas rolas surferas. El riesgo en que estuvo la libertad del eRRe sólo valdrá la pena si sacan sus tablas, sus camisas hawaiianas, se arman un coco loco monumental y le trepan al volumen de esta gemita.

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También especialmente hasta Berlín para Tachepiranha, ferviente fan de la Cuca, vaya éste, el más reciente disco de su cantante José Fors, Forspes 5. Hace pocos días que está en poder del eRRe y no ha parado de escucharlo, quizá sea el disco más equilibrado y personal que haya sacado el también artista plástico. El material abre con el rock duro de "Transplante", donde Fors confiesa una salida del ostracismo que no es todo lo que parece: "Me he dejado de esconder, últimamente me he dejado ver/En los antros y en los viejos lugares, presumiendo renacer". Sigue "Mis cuervos", una balada acústica en la línea de, bueno, "La balada", de la Cuca, apropiada para sentarse en las sombras con un mezcal volando en el cogote. "Tu país" es una velada mentada de madre para todos los mexicanos quejumbrosos: "Te quejas todo el día aquí no hay porvenir/que estamos en el hoyo y te quieres salir/soñando en otras tierras no encuentras tu lugar/no sabes lo que tienes y quieres dejar tu país", lo cual cobra un signifcado especial viniendo de un exiliado cubano que ha elegido México como su hogar, al final de la canción estremece la sinceridad de Fors cuando declara: "yo lo daría todo sólo por sentir/lo que es pertenecer y poder decir/aquí es donde he nacido, éste es mi lugar/sentirlo en los huesos, dejar de buscar mi país". Deja de buscarlo, Pepe, tienes más huevos y derecho para sentir que esta es tu patria que muchos de nosotros. "Vudú" destaca como uno de los mejores cortes del disco, iniciando con unas percusiones fondeando la voz de Fors engolada en su tono más grave, como en sus mejores tiempos con Duda Mata, que canta "estoy escuchando el tambor que me invoca hacia al dolor", avanzando hacia un crescendo de guitarra eléctrica y batería hasta explotar en el coro, "tres velas negras prenderé para trerte otra vez/con el conjuro en mi canción y otro alfiler al corazón/sangre de luna beberé para poder saciar la sed/restos humanos junto a mí/mientras que tú no estás aquí conmigo", con la voz femenina de Vera Concilión contrastando para conseguir un clásico instantáneo de azote rocanrolero.


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martes, 24 de junio de 2008

¡Los benditos Mogwai otra vez en México!

El 17 de marzo del año 2006 el sistema nervioso central del eRRe fue azotado sin misericordia por las ondas expansivas de éxtasis sonoro emitidas por un grupo escocés que sacó su nombre de la película de los Gremlins: Mogwai. Como si por un breve espacio se le hubiera permitido conocer una dimensión de sensualidades inabarcables, fuera del tiempo, donde cada canción hablaba de paisajes en donde has estado pero que nunca has visto, el eRRe guarda ese concierto como uno de los episodios en que de plano la emoción le chorreó por todas partes, para cuando alguien empezó a tirar botones (pins) del grupo hacia el final de la tocada, por unos instantes le pareció que llovían estrellas. Mogwai logró introducir al apretado público reunido en el edificio exNAFINSA en esa especie de rara hipnosis que provocan las experiencias místicas. Para las pobres almas que tuvieron la mala fortuna de no asistir a tan exquisito festín, ahora se les presenta la oportunidad de redimirse. Mogwai vuelve el 26 de junio a esta ciudad olvidada por los dioses para tocar íntegro ese monumento de azogue eléctrico con el que hace diez años se presentaron al mundo, The Young Team, próximo a ser reeditado en versión doble y remasterizada. Promete grandes alturas. Piérdanselo a riesgo de quedar eternamente condenados.

Para ir calentando motores, vayan un par de ligas (tomadas de mixingdesk.blogspot.com) para bajar un concierto que Mogwai ofreción el Gothic Theatre de Englewood, CO, durante esa misma gira en que visitaron México:

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lunes, 23 de junio de 2008

Explicaciones a la audiencia

Debe ser una de las historias más choteadas por las películas que pasan los sábados por la madrugada. La del suicida felizmente frustrado. El tipo se lanza de un puente, con la pierna encadenada a la piedra más pesada que encontró en el parque, sólo para descubrir que el lago no era tan profundo como pensaba y dar de frente con el cielo de los ojos de la mujer de su vida que disfruta de un solitario día de campo en la orilla con todo y mantelito de cuadros y canasta conteniendo deliciosas viandas como si hubiera estado esperándolo siempre. Eso o una cursilidad parecida estilo Sólo con tu pareja o Mientras dormías, da igual. Aunque se trata de la misma estupidez que hay en accidentes de consecuencias más lamentables. Un puñetazo dado en la mesa que no pretendía ser tan fuerte como para tirar el jarrón chino que lleva generaciones en la familia. El recargón de un idiota justo en el botón rojo de autodestrucción. La muerte de Isadora Duncan. Los pormenores son lo de menos, el caso es que eRRemental iba a desaparecer por un accidente parecido, el hecho de que esto sucediera el día del primer aniversario no entrañaba mayor misterio que la circunstancia completamente azarosa de que al estar cerca la fecha el eRRe, que por todas partes ve señales, quiso dotar al acontecimiento de algo de significado. Pero mucho cuidado que incluso una sentencia tan desaliñada como esta puede revelar la naturaleza misteriosa hasta de nuestra decisión más baladí. Fue por un accidente que eRRemental iba a terminar y un accidente fue lo que evito que pasara. Y no fue un accidente particularmente feliz. Fue un accidente en la pedestre extensión de la palabra que pasó ese día. No se preocupen, parece que nadie salió lastimado. eRRemental debía desaparecer ese día, pero ese día pasó y se fue. Ahora no tiene sentido, parece demasiado ridículo hacerlo hoy cuando quedan tantos rocanroles que contar. Un día tal vez ya no queden monedas para echar en la rocola y habrá que bajar la cortina del congal. Sólo por hoy ese día no llega. De modo que al eRRe le gustaría proponerles la misma sabia solución por la que optaron los Simpsons cuando resultó que Skinner no era Skinner y al final ya no sabían cómo solucionar el capítulo: mandemos todo a la chingada y hagamos como que nunca pasó nada.

jueves, 5 de junio de 2008

Los tipos duros escriben canciones de amor: Two Gallants

And yes, I guess I made this bed
But I'll take the sidewalk instead
That's how we deal with boys like me
-de "Despite What You've Been Told", por Two Gallants


Al eRRe siempre le ha costado evitar la parcialidad hacia grupos a los que parece irles la vida en cada interpretación. Los Two Gallants son de esos, tipos duros que no pierden el tiempo tomándose las cosas con calma. Two Gallants es un grupo minimalmente compuesto por dos integrantes, a la usanza de los White Stripes, sólo que mientras estos se han vuelto vehículo para las “indulgencias creativas” de Jack White, el sonido crudo de los Gallants sirve para enraizarlos en el blues y la más añeja tradición folk norteamericana. Tyson Vogel es un tamborilero con más imaginación de la que Meg White jamás soñó y Adam Stephens no se habrá ganado un nicho en la devota película que el maestro Martin Scorsese realizó con los Stones, pero toca las seis cuerdas desde los pantanos más recónditos de su alma, de donde también proviene su voz, esa voz desgañitada que competiría por el puesto en cualquier conjunto de hard-core, escupiendo linduras del tipo:
Darlin I can't wait

for you to leave this town

you just got here too late

and no one wants you 'round

with one foot on my back

and the other on the rail

I don't want to see you fall

I just want to see you fail


Versos inmisericordes que aniquilan cualquier posibilidad de metáfora devolviendo cada palabra a su justa dimensión: nada de irse por las ramas, no voy a decirte que quiero verte caer, cuando realmente quiero ver que fracases, absolutamente, sin lugar a dudas. Así, con la frialdad de uno de esos matones de las novelas de Cormac McCarthy, a quien por cierto Adam cita como un autor predilecto, aparte dice de Faulkner: “leerlo me cambió la vida, pero eso le pasa a todo el que lo lee” y el grupo se llama igual que uno de los cuentos incluidos en Dublineses, la colección de James Joyce. Entre los escritores de canciones menciona nombres clásicos: Hank Williams, Dylan, Leonard Cohen, Tom Waits, especialmente Closing Time, el primer álbum, el más elemental. En verdad, sus canciones no desentonarían en la banda sonora de No Country For Old Men, evocan los mismos paisajes desérticos, la adrenalina fugitiva, el destello carmesí que nos corre por las venas. Era de esperarse que se hicieran una fama de forajidos que adquirió tintes próximos a la leyenda la noche del 13 de octubre del 2006, cuando la policía interrumpió un concierto en un club de Houston, Texas por quejas de exceso de ruido y el grupo fue sometido con lujo de brutalidad en pleno escenario. Camino a la patrulla Stephens triunfó en zafarse y echar a correr en la oscuridad como alma que lleva el diablo.

Para un par de rufiancetes, sin embargo, son capaces de conmover a grados que deberían estar proscritos. Tomemos por ejemplo “The Trembling of the Rose”, que ya desde el título estremece por su fragilidad, ahí el cantor declara con una sinceridad inusual haberse levantado tan lleno de odio como siempre ha vivido. Es el lenguaje del hombre tosco que no sabe de formalidades ni urbanidad, el ranchero sincerote que habla directo del corazón, limpio del pudor que le impida confesar: “you know I died the day you set me free”; se ha quedado solo con la dignidad de su hombría para salvarse de la adversidad: “but I must remain compose beneath the trembling of the rose”. Pero, ¿en qué quedamos entonces si en “Ribbons ‘round My Tongue” volvemos a toparnos con una línea que los psicólogos diagnosticarían con una autoestima alarmantemente baja: “If ever I could love myself I’ll stop loving you”? Simplemente que cuando el oficio de tu elección implica un roce constante con fuerzas indominables o con la muerte, aprendes que lo mejor es ahorrarse rodeos, ir directo al grano, soltarlo todo de una vez, el enojo, la tristeza, la desesperación. Para qué darle largas, lo que sea que truene, como el estruendoso resplandor de los besos que da esta pístola. Los tipos duros escriben las mejores canciones de amor porque son despiadados hasta con ellos mismos.

Degusten un par de discos de los Two Gallants:

http://rapidshare.com/files/120359964/Two_Gallants_-_Two_Gallants__2007_.zip


http://www.zshare.net/download/648318180844e8/