lunes, 22 de octubre de 2007

Quiero quedarme a vivir en un concierto de la Cura...

Segundo concierto de The Cure y las palabras no bastan. ¿Qué hay para reportar? Que esta agrupación de la Cura, con Roberto acompañado por sus camaradas de varias andanzas, Simon Gallup y Porl Thompson, agitando las hachas al frente tiene toda la fuerza para mantener a cualquiera tres horas con los pelos como alambre de púas. Roberto, por cierto está enamorado de México y no lo dismula. “These are songs we haven’t played in a long time”, dice con la sonrisa saliéndosele de los labios enrojecidos y ¡zas! que nos avienta una andanada de rolas salidas de los álbumes Seventeen Seconds y Faith, este último sin duda una de las cosas más devastadoras que se hayan producido en la historia de la música grabada. Y abajo unos saltan y otros cantan con los rostros enrojecidos como escupiendo algún recuerdo que lastima y no se va y por eso causa placer, otros simplemente nos hemos quedado sin palabras, no nos queda más que contemplar anonadados, si acaso dándole un sorbito al juguito del levadura, como el explorador cansado de ver sitios extraordinarios. Al salir no he oído a nadie quejarse. Más bien todos van con una sonrisa idiota como después de haber tenido una intensa sesión de intercambio amoroso. Días de gracia, ¿quién dijo que la vida ya no podía otorgarlos? ¿Y quién putísimas madres con un carajo de la chingada dijo que la música de The Cure era para deprimirse? "Tonight I'm so alive with you"… y todavía falta uno. Qué atascón…

No hay comentarios: