viernes, 29 de agosto de 2008

Puente en llamas

Paz, amor y comprensión
Y buen rollo y comunicación
Y hostias para algún cabrón
-Siniestro Total

Le hablaron de ensoñaciones que duraban siglos
De luz derramándose en los árboles como baba de dragón de Komodo
Le dijeron que la piedra era un hermanito y que el viento protegía
De lobos y grillos, le contaron de un puente, le contaron patrañas
Los monstruos de la noche anterior nunca descuidan la torre del jardín

A los desfigurados, a los suprimidos, a los que nunca seremos tentación:
Un día ganaremos esta tierra.

El rey reclamará su nombre y no quedarán violines para los grillos
No quedará miedo para los lobos, sólo habrá guerra y redobles de tambores,
Y bramidos metálicos cayendo del cielo, y soldados de alcohol retorcidos
Que apilen los cuerpos a carcajadas y salven los vestidos rojos para las mujeres

El rey que nunca durmió, que nunca yació en una isla poblada de manzanos,
Volverá de la metrópoli submarina refugio de maleantes y contrabandistas
A restaurar el honor del reino empalagado por estos bardos de banda ancha
Y pedirá la inmolación total de los rebaños y la cabeza de peluche de sus hijos

Cuando le hablen de luz y ensoñaciones de siglos
Liberar a la nación costará un estruendo de tiniebla
Cuando oiga que le dicen que la piedra es hermanito
Avanzará aplastando cabezas por los caminos

Cuando le cuenten del puente serán sus ojos antorcha

Y los himnos bucólicos desfilarán por el paredón
como pacientes en la consulta de un psiquiatra
Tendremos el rocanrol, faltará la ciudad ruidosa

jueves, 28 de agosto de 2008

Oso baboso (un cuento que pudo ser)

Now you know how to be dumb
Are you ready to take your place in the modern museum of our mistakes?
Don't you know how to be dumb?
Like a building thrown up overnight in one of those reverse earthquakes
-Elvis Costello
Temporada de huracanes y afuera chocan los aviones. Este traje blanco fue hecho para mancharse, lo único que siento es que ya me va quedando muy apretado. No voy a cambiarlo por un gorro chueco en la cabeza y un águila en la solapa. No voy a cambiarlo por las barbas de los rapsodas que cantan el fin del mundo con tal de conseguir muchachas. No voy a cambiarlo por la bonita pistola plateada que me ofreció aquel clérigo con zapatos de pezuña. Yo pecador decido no arrepentirme de mis pecados. Acabo de romper mi guitarra en la cabeza del rocanrol que siempre suena mejor en un radio descompuesto. Veo las sombras de mis hermanos haciéndome señas desde la isla, me piden volver al hogar, lo siento, pero por una vez pasaré de largo. No soy un niño galante, así que no pilotearé un avión. Tengo los colmillos flojos, así que no ayuntaré con la cofradía sanguinaria. Será la mar, la mar… pero la mar está cansada de que tanto la naveguen. Uno de nuestros profetas escribió en el cielo: “sólo el amor podrá hacer llover sobre esta tierra”, pero coño, que amanecer tan soleado. Ya le pasará al día lo mismo que al traje: se ensuciará. Yo confieso ante el aire todo poderoso que rezo por los huracanes, para que no nos olviden, para que siempre vuelvan. Yo que nunca seré una tentación, pido un incendio que desfigure el mundo, una distorsión en las entrañas de la Tierra que nos deje a todos sordos. ¡Qué feliz entumecimiento! ¡Qué amplio es el silencio como para estarse quieto! H-h-hay un temblor en su cuello por el que yo me resbalo mientras ella duerme, se siente como la montaña rusa, como si te fueras a morir y nunca hubieras respirado tan fuerte la vida. Ella entre risas dice que está loca pero es un engaño, porque si de verdad está loca, ¿por qué no enloquece por mí? Ella les diría que quise cambiar su naturaleza, sólo fue un malentendido: no sabía que era herbívora y la invité a cazar salmones. En honor a la verdad yo sólo quiero que llegue el invierno… para hibernar… para hibernar… y soñar con volar... pero no en una de esas precarias máquinas que inventaron los hombres cuando despertaron.

martes, 26 de agosto de 2008

Tell Me It Ain't So

Se levantó devastado por el coro de esa canción: “Constantly protecting what isn’t mine”, retumbando en su cabeza como la resaca de una borrachera de vino tinto bailando toda la noche al compás de las sombras. Y como con cualquier resaca, el mejor remedio le pareció administrarse más del mismo veneno. Poner a todo volumen ese nuevo disco quebrantahuesos de Micah P. Hinson, and the Red Empire Orchestra. El buen Micah conoce el dolor y no sólo de oídas. A los 19 años había perdido todo: dinero, familia, instrumentos, salud y libertad por irse siguiendo a esa “Viuda Negra” que refiere en sus primeras grabaciones. Cuando salió de la cárcel un sello de Glasgow le ofreció grabarle su primer disco. A los 23 años estaba logrando salir de la adicción cuando en una fiesta un amigo en plan de cábula le asestó un golpe en la espalda que lo dejaría inmóvil durante todo un año y paradójicamente los médicos prescribieron que retomara el consumo de codeína y ansiolíticos. Tiene una voz grave encuadrada en el espectro de Nick Cave, Johnny Cash o Leonard Cohen. Por cierto, ¿no fue Leonard Cohen el que escribó en una de las canciones de amor más grandes de todos los tiempos “If you want to work the street alone/I’ll disappear for you?”. Sí, pero a veces no basta con desaparecer para no estorbar, ¿saben? De modo que salió a sentarse en el corredor del hotel que habitaba, sorbiendo el té un poco más amargo que lo habitual, a contemplar el trajín de las mucamas fantasma y, mientras, como entumecido, pensaba: “¿qué sentido tiene amar a alguien que le da igual ser amada o no? ¿No es como si te dijeran que tu amor no sirve de nada, que no es muy distinto a esos juguetitos de cuerda chinos que compras al tres por dos a la salida del metro y al día siguiente no funcionan?”. Se levantó y dejó el amor correr como hilillo de sangre en esa novela de García Márquez. Para entonces había empezado a llover y el fuego le llegaba hasta las rodillas, oyó los gritos de los demás, pero decidió salvarse a sí mismo. Después de todo el día anterior ella le había dicho que detestaba las rolas y rolas era todo lo que tenía para pasar el día. Supuso que daba igual quién te amara cuando todo el mundo te ama, pero eso es algo que nunca sabría a ciencia cierta y sólo podía intuir a través de una banda perdida en el marisma de los noventa. Él nunca se detenía a mirar la cara de los extraños y siempre hablaba de perfil. Recordó como las últimas veces que la vio se había ido más triste de lo que había llegado. Si él no era escritor, ni estrella de rock, vamos, ni siquiera un miserable cantante de peñas. Él sólo tenía una resaca espantosa por todas las canciones que había escuchado en su vida. A ella no le interesaba poner eso en un cuadro (y la verdad sea dicha... ¿a quién?). Cuando entró de nuevo al cuarto vio su cama todavía destendida y las mismas manchas en la alfombra, extrañó el dulce aturdimiento de las olimpiadas y Micah se aproximaba al final del disco cantando “We won’t have to be lonesome tonight”, la que va justo antes de “Dyin’ alone”. Le costó acordarse quién había escrito primero eso de “nunca nadie conoce o ama a nadie”, ¿Robert Smith o Charles Baudelaire? Lo que sí sabía bien es que tenía ganas de bajar a tomarse un martini y contemplar las caderas de la mulata que cantaba Nina Simone en el bar del hotel, pero no de ver camareros con el bigotito perfectamente pintado de negro y borrachos que te rogaban echar moneditas de secretos en sus latas. Bostezó. Vio en National Geographic un documental de cómo los osos duermen en invierno, cuando los lobos salen a cazar. Tal vez lo único que realmente le urgía fuese un golpazo en la cabeza, con los cuatro Ramones empuñando el bat como en “Beat on the Brat”.

Micah P. Hinson and the Red Empire Orchestra, aquí: http://rs125.rapidshare.com/files/121646143/MPHTREO.rar

lunes, 25 de agosto de 2008

Amo a las chicas locas, por Mark Oliver Everett, "E"

Traducción de un fragmento más extraído del libro autobiográfico de Mark Oliver Everett, Things the Grandchildren Should Know. En esta ocasión el cerebro detrás de los Eels nos permite un vistazo a su vida sentimental examinando el dilema que seguro ustedes también se han planteado más de una vez: ¿qué tendrán las chicas locas que enloquecemos por ellas? Al parecer no existe solución posible, pero, como todo, llegará el día en que estaremos demasiado cansados para seguir haciéndolo.Muy bien, éste es un tema delicado, y no es que me sienta particularmente cómodo hablando de él –porque finalmente significa que yo he sido un chico loco. Pero justo en este momento de la historia, tras haber encontrado mi primera novia en años y embarcarme en una infernal gira por deber después de la cual nos separamos, parece que es buen momento para abordar este asunto. Echémosle un vistazo a la historia.
Históricamente hablando, si me encontraba en una habitación donde también había alguien capaz de convertir mi vida en un infierno en la tierra, me las arreglaba para dar con esa persona, esperando que me enganchara en su conversación, sintiendo que había encontrado la pieza perdida de mi rompecabezas, viendo en mi cabeza imágenes de nosotros despertando juntos, nuestros hijos, nuestras tumbas una pegada a la otra cincuenta años después y de verdad creía que todo era para mejor. Por alguna razón, Dios hizo a las mujeres que me atraían, locas. Pero puesto que no creo en Dios, supongo que es un hecho vital que probablemente tenga más que ver con mi crianza. Personas que trabajaron conmigo incluso acostumbraban referirse a cierto tipo de mujeres como “chicas E”. Así de lamentable era la situación.
Si parecía recién salida del sanatorio mental del condado, la perseguía. He tenido varias novias a través de los años que pasaban de la risa histérica a los más lastimeros sollozos en un abrir y cerrar de ojos.
Woody Allen tenía un nombre para estas chicas, el cual explicó en su película Esposos y esposas. Las llamaba “mujeres Kamikaze”, porque no sólo son autodestructivas, sino que estrellan su avión en ti, llevándote con ellas.
Tomemos a la primera novia que tuve, tres años después de mudarme a California, mi Vietnam personal. Supongo que va incluido en el menú, como suele decirse. Si quieres estar con una persona interesante, sensible, de tipo artístico, esa sensibilidad probablemente quiere decir que se pondrán sensibles con todo tipo de cosas con las que no contabas. Vietnam y yo por estos días somos amigos, y pasados muchos años podemos voltear a ver la pesadilla emocional de la gira por deber con humor, pero como le diría una mesera al cliente que ordena un plato fuertemente especiado que lo hará sentirse fatal al día siguiente, eso no significa que “sea recomendable”.
Un día estaba enamorada de mí, al día siguiente no estaba segura de haber superado a su ex novio y volvía con él, sólo para regresar conmigo uno o dos días después. La montaña rusa era veloz e implacable. El que había sido su novio antes de su ex novio una noche le llamó para anunciarle su inminente matrimonio y ella me llamó para que fuera a consolarla, aun cuando el día anterior me había dicho que no podía seguir viéndome (yo, por supuesto, fui y la consolé). De cumpleaños le escribí una bonita canción llamada “Manchester Girl”, pensado que era la cosa más hermosa y auténtica que podía darle. La detestó. Dijo que el verso sobre la “caja de deperdicios de Pandora” la hacía parecer una mala ama de casa. ¡Y aun así, cuando me botó, me sentí devastado!
Luego vino la novia que se quitó la playera en el coche, nada más porque se le ocurrió, durante nuestra primera cita, ella enseñaba sus pechos mientras yo manejaba para ir a cenar en un restaurante. Después de la cena volvimos a casa, nos sentamos en el sillón y empezamos a besarnos. Cuando estábamos besándonos, empezó a llorar, salió corriendo a su coche y se marchó. A la siguiente noche me llamó para explicar que su intempestiva salida se debió a que había sentido la presencia de su ex novio en el cuarto.
Aun así, continué viéndola. Otra noche me llamó, lista para suicidarse, porque había oído que su ex tenía una novia nueva. Me pasé la noche hablando con ella para tranquilizarla.
Luego vino la que no dejaba de ponerse celosa por los enredos imaginarios en los que yo andaba metido, que durante un ataque psicótico azotó la puerta del dormitorio con tanta fuerza que un espejo de la pared cayó haciéndose añicos en el suelo. Estoy seguro que los vecinos gozaron con ésta, y gracias por los siete años de mala suerte (funcionó).
O qué me dicen de la otra, que una noche estaba acostada en la cama y soltó la inmortal frase:
“¿VER AL JODIDO DAVID LETTERMAN ES MÁS IMPORTANTE QUE CUCHAREARME?”
Y la lista sigue y sigue.
Quizás esto haga que mi vida parezca más emocionante de lo que realmente es. Tengan en cuenta que estos ejemplos fueron sucediéndose durante un periodo de tiempo muy largo, aproximadamente veinte años, intercalados con muchas “temporadas de sequía” y momentos de no-tanta-locura.
Ahora, cuando digo locura, quiero que sepan que en determinado momento tracé una línea. No hablo de locura tipo completamente esquizoide. Eso es demasiado, incluso para mí. Pero algunas de ellas en ocasiones se acercaban mucho.
¿Qué era lo que me atraía a estas ovejas descarriadas? Probablemente una combinación de varias cosas, entre las cuales la menor no era que yo también fuera una oveja descarriada, de modo que probablemente me sentía seguro con ellas (qué ironía, ya lo sé). Es para eso que te prepara crecer en una familia de locos, si no tienes cuidado. Y quizás yo tenía ganas de pasar por los puntos más bajos de la montaña rusa en nombre de las oh, tan gloriosas cumbres. Pero, conforme han pasado los años, la atracción por las locas ha disminuido, producto de puro agotamiento.
No todas han sido locas, pero debo enfrentar el hecho de que la mayoría sí. Supongo que todos estamos locos, de verdad. Simplemente algunos encontramos maneras distintas de lidiar con eso. Mírenme a mí y a mi hermana. Somos dos caras de la misma moneda. Es sólo que tratamos nuestros problemas de formas distintas: ella no sentía aprecio alguno por sí misma y se sumergió en una espiral nebulosa de drogas y alcohol. Yo me volqué en mis canciones. Simplemente tuve suerte de que mi método fuera más constructivo.
En defensa de ellas también debo decir que no soy la persona más fácil con la cual convivir en el mundo. En algunos sentidos sí, una vez se acepta que siempre estoy trabajando en algo, y cuando no, tiendo a ser muy retraído, cocinando ideas en mi cabeza. Hace falta ser una persona muy segura para estar con alguien así, de modo que probablemente todos estos años estuve equivocado, intentado la combinación errónea.
Le tengo mucho cariño a todas y cada una de mis chicas locas y no me arrepiento de las experiencias que pasé con ellas (bueno, de la mayoría. Algunas fueron de verdad malas).
A todas las chicas locas que amé en el pasado: gracias, pero ahora ya estoy muy cansado.

Mark Oliver Everett. Things the Grandchildren Should Know. Little, Brown. Londres, 2008.
Versión al castellano: eRRe - erremental.blogspot.com

martes, 19 de agosto de 2008

Postal para TP

Hate a lot of things
But I love a few things
And you are one of them.
-E

Electro-shock blues desde hace meses anda en rotación continua en el playlist dentro de mi cabeza. Hoy no ha parado de sonar. Cuando caminábamos hablando del Hombre Araña y los discos que nos habíamos comprado el último fin de semana, ¿pensábamos que nos iríamos quedando tan solos? ¿De verdad creíamos que después de tantos años estaríamos juntos para vivir este momento? Qué flaco se puso el diccionario. Cuando lo abro todas las páginas están en blanco. Oigo un ruido seco al que le sigue un tenue silbido y vestido de negro salgo a gastar las calles de la Narvarte con mi perro, tu casa desde fuera parece la misma, pero él sabe, se detiene un momento, husmea y sigue caminando con el destello de un dios en la mirada. En la isla que nos construimos al sol no le dio por salir y el mar permanece callado. Qué ridículo ofrecer consuelo o fortaleza a una montaña. La vida es graciosa, pero no ja, ja, graciosa, dijo algún místico. Como en los aviones, la comida de hospital es asquerosa. Las caguamas vacías de Cuernavaca, el búnker de Guanajuato, el sueño de Berlín, las Navidades compartirdas y siempre había alguien con dos ojos esperándonos hasta el fin. Apretar el botón de reversa y el de adelantado, el casete siempre se enreda. Sollozando en silencio y con las luces apagadas, me siento junto a tu puerta esperando que la abras y me digas que es momento de vivir. Haremos una fiesta con payasos y barriles de cerveza y tres mil amplificadores que suenen al mismo tiempo con “The sea will rise… Please stand by the shore… Oh, oh, oh, I will be… I wil be there once more…” Un golpe de brisa nos despertará, y entonces nos daremos cuenta que una vez más: amaneció... y sí, que irremediablemente somos hermanos.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Razones para odiar a la Condesa

Hoy mientras buscaba la Mojo del mes de agosto y en su lugar encontraba la Uncut de septiembre, el eRRe vislumbró una revista cuyo titular enunciaba “Cinco barrios para vivir (que no sean la Condesa”. ¡¿De qué hablan?! Residir en la Condesa debe ser una de las formas del infierno, si está sobrada de gente, coches, valet parkings, restoranes, naifs de segunda, tercera y hasta cuarta generación, abiertos malandros y, por supuesto, sobrada de reputación. En un acto de conciencia ciudadana, aquí tienen tan sólo las primeras razones que acudieron a la mente del eRRe para odiar a la "Condechi" (por si el apodito que sus habitantes se han encargado de divulgar no les pareciera suficiente):

Vecinos demasiado inteligentes para llevar una conversación realmente espontánea

Vecinos demasiado sensibles que te obligan a llevar huaraches, o de plano andar descalzo, en tu propio departamento para que no perturbes su sesión de yoga nocturno

DJ's ultraconservadores de izquierda que no saben mezclar

Rock stars y periodistas que se creen rockstars

Gente bonita

Gente fea que se cree bonita presumiendo de "kitsch"

Libros al doble de su precio

Escritores, agentes de escritores y agentes de agentes de escritores

Meseros argentinos que a todas las chavas les dicen "Maga" y tienen memorizado el catálogo entero de Babasónicos

Fans de los meseros argentinos

Güeyes que usan camisetas de los Velvet Underground pero no reconocen una sola de sus canciones

Zipoliteños a los que se les perdió la playa

Pachecos que no pagan su propia mota

No Modern Lovers, just Posmo-Lovers

Principalmente: no es el HHH planeta Narvarte (aunque no faltan enfermos empeñados en convertirlo en franquicia condesera... ¡cruz, cruz!)

OrnitoRRocanrol

El otro día el eRRe veía un documental sobre el ornitoRRinco, un animal que siempre le ha gustado mucho, pese a que personas como su propia madre lo consideren horripilante, involutivo, una aberración en el ordenado mundo de Dios. Viéndolo retrospectivamente quizá le guste por lo mismo que le gusta el rocanrol. Con su pico de pato y sus patas palmeadas, el ornitorrinco es un mamífero que no es mamífero, pone huevos y amamanta a sus crías aunque carece de mamas (segrega la leche directamente de sus poros en la región pélvica). El ornitoRRinco se pone de pie cuando a todos les ordenan sentarse, como canta Bruce Springsteen en “Growing Up”, la comparación no parece tan descabellada, después de todo ese aspecto inacabado es algo que comparte con el rocanrol y su proyección de adolescencia eterna, debería madurar, decidirse por ser ave, reptil o mamífero, anomalía desafiante de toda lógica, sin embargo mírenla, ahí está, imposible de ignorar, y es su propio misterio lo que seduce, lo que despierta nuestra curiosidad, aunque nunca dejará que lo conozcamos por completo, permanecerá elusivo, en imposible definición. Si algún día logramos descifrar los hábitos del ornitoRRinco, será un poco igual que cuando el eRRe vio el rostro de los integrantes de los Pixies por vez primera, la música seguía emocionándolo, pero echaba de menos la inocencia de cuando creía que quienes tocaban eran gnomos depravados con pésimos hábitos de higiene. Una semejanza más: si bien el presente desalentador podría orillarnos a pensar lo contrario el ornitoRRinco no está en peligro de extinción, simplemente se trata de una especie que siempre ha gozado de muy reducida distribución geográfica … y cuesta mucho reproducirlo en cautiverio.

lunes, 11 de agosto de 2008

Ike's Mood

Chale. Ahora el que se murió fue Isaac Hayes. Antes de que Barry White conquistara el mundo y se convirtiera en la música favorita de los aspirantes a donjuanes, Ike ya lo había hecho todo. Por lo menos desde un punto de vista discográfico, él fue primero al presentarse con ese estilo de barítono aterciopelado, que se te metía por el oído pero retumbaba en tus desos. Sólo que Hayes poseía una cualidad de la cual carecía Barry, así como podía ser terriblemente cachondo en canciones como “Never Can Say Goodbye” o “I Stand Accused”, lo dominaba un dejo de desdén, de hombre que se resiste a entregarse completamente a una pasión particular que lo volvía un hijodesu, un valemadrista consumado, un tipo capaz de entregar todo su amor, excepto por esa parte que particularmente quieres, lo cual no hace más que incrementar tu deseo.


Empezó como uno de los compositores titulares de Stax, la compañía que vio nacer a un titán llamado Ottis Redding. Escribió éxitos junto a David Portner para Sam and Dave y Booker T. & the MG’s, quienes se convertirían en su banda de apoyo. Luego de Presenting Isaac Hayes, un disco que no llegó a ningún lado, en 1969 Hot Buttered Soul fue el álbum más exitoso de una serie de 26 lanzamientos simultáneos que Stax realizó tras perder la mayoría de su catálogo ante Atlantic Records. Isaac Hayes se distinguía por practicar un soul ralentizado, de bajos profundos y secos, que revelaba sus propiedades pausadamente, como resbala un trago de vermouth; si James Brown tendía una invitación a zangolotearte y lanzarte sin humanidad alguna encima de la hembra más cercana, la música de Isaac Hayes era propia para los escarceos, la seducción, el juego de acercamientos y separaciones sucesivas incrementando la tensión sexual que hasta en el reino animal halla sentido.


Al mismo tiempo sabía guardar la distancia de los empalagos sentimentaloides. Aun con la excelsa interpretación que Nick Cave hace de “By the Time I Get to Phoenix”, nadie ha sabido transimitir con tanta exactitud la triste frialdad que subyace a esta canción como Hayes. Esto en parte gracias a la introducción hablada que hace de los motivos que llevaron a Jim Webb a escribir esta canción, algo que anticipaba a nuestros actuales raperos, salvo que en el caso de Ike cumplía con preparar a la razón para lo que estaba por recibir el corazón y junto con las modificaciones rítmicas –a veces radicales- convertía los cortes de otros autores en versiones personalísimas. No es cuestión de racionalizar los sentimientos, se trata de mantener el control de la situación en todo momento no dando concesiones, ni siquiera a ti mismo, para siempre saber tomar la decisión con la mayor probabilidad de salvarte el pellejo. Quizá por eso haya sido seleccionado para musicalizar la película sobre un policía -Shaft, de 1971- que vencía criminales y seducía mujeres con idéntica impudicia, pero lo suficientemente astuto para dejarse una puerta abierta que lo sacara de los problemas que creaba. Si bien pudo haberlo hecho igual desde un personaje al otro lado de la ley; otro rasgo en que se adelantó a los raperos: él también salía cubierto de cadenas resplandecientes, aunque parecía más estar preso del oropel que ostentándolo.

A últimas fechas Hayes había recuperado notoriedad haciendo la voz del chef de South Park, serie con la que marcó su distancia cuando sus irreverentes creadores Trey Parker y Matt Stone fijaron su mira en la cienciología, de la cual era un militante, por lo que se ve, recalcitrante. Vamos, está más que comprobado: para crear música magistral no no hace falta ser infalible


Ayer, domingo 10 de agosto, la esposa de Ike encontró su corpachón inherte de 65 años tendido junto a la caminadora. Si las compañías de discos encuentran la manera de comercializar su muerte, seguramente estaremos escuchando el álbum que dicen preparaba por primera vez desde 1995. Mientras, crecen los rumores de que en la Condesa pronto abirán un gym con excelente servicio de martinis y un dj que sólo rotará las pistas de Black Moses. Eso le traería vida a tanto zombie que deambula por ahí.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Cazar vinilo

Ir de cacería por vinilo. El eRRe ha llegado a considerar que el grado de civilización de una sociedad se mide según el número de lugares que ofrece para comprar discos de acetato, vinilos, LP’s como equívocamente muchos les llaman (en realidad el término "long play" o "larga duración" tiene una connotación meramente de tiempo, independientemente del formato). Aunque no haya tenido oportunidad de viajar tanto como algunos conocidos, le bastan las historias de los inesperados hallazgos en Camden Market y recónditos tendajones de Portobello Road para reverenciar la grandeza del pueblo inglés; o reconocer a Nueva York como clave cultural de nuestro tiempo simplemente por ser hogar del Hombre-Araña y sitio de aparición del más reciente Santo Grial de los acetatos (una copia del primer disco de los Velvet Underground -¡cómo no!- que un canadiense adquirió hace un par de años en un mercado de pulgas de Chelsea por 75 centavos de dólar, luego se cotizaría en más de $100,000 en e-Bay).

Berlín no desmerece, el eRRe guarda buena memoria de Cover, bajo el mutilado resplandor azulino de la Gedächtniskirche, en el número once de Kurfürstendamm, cuyos largos anaqueles lo sometieron a un par de horas de fascinación y arduas disyuntivas sobre las adquisiciones; hizo los honores a la capital alemana con el álbum que Lou Reed tituló en su honor (en edición italiana para completar el cuadro “globalista”), de ahí también salieron una edición doble numerada con las versiones estéreo y mono del Pet Sounds de los Beach Boys (en vinilo amarillo y verde respectivamente), el nada común in Tokyo, de Nico, y un impecable vinilo blanco de Live in London, registro de la etapa más broncade Alex Chilton, entre otros títulos.

Durante su estancia en Venecia, al expirar el pasado milenio, el eRRe encontró tiendas de discos decentes, aunque poco vinilo, no es de extrañar considerando que los venecianos apenas conservan espacio para sí mismos en los corredores del museo que habitan; el resto de Italia cuentan que es otra historia. En México estamos a media tabla. Curiosamente un país europeo comparable, y no sólo en este aspecto, es Croacia. Además de católica, poco respetuosa de las zonas peatonales y con paladar para las mazorcas tostadas en comal, Zagreb, la capital, se parece al DeFectuoso mexicano en albergar contados espacios para la compra de surco negro donde quizá no abunden joyitas o rarezas, pero con una variedad de títulos respetable. La diferencia estriba en que mientras allá integran la mayor parte de la oferta discos recientes comercializados por locales especializados, es decir tiendas de discos; aquí el raquitismo general de la industria ha afectado incluso el catálogo disponible en CD, por lo que apenas Aquarius, en la colonia Roma –que funciona más bien a pedido-, y negocios que se mantienen con las uñas -como el de don Pablo Novoa, en la calle de Mar Mediterráneo 20, en el viejo barrio de Tacuba- vienen a la mente como excepciones en un mercado establecido de vinilo prácticamente inexistente. Ahora hasta los yacimientos del comercio callejero, desde siempre ricos en vetas de acetato han empezado a decaer. Casi cualquier viejo cazador de vinilo recomienda acudir a La Lagunilla en pos de buenas presas, sin embargo en la última incursión del eRRe por aquellos terrenos bajo un cielo de lona amarillo los mentados paraísos brillaron por su ausencia, y según rumores la situación en Tepito es igual de triste. Claro que así como a los croatas les falta descubrir las alquimias que ejercen un limón y una buena espolvoreada de chilito piquín en la elotiza, tampoco cuentan con las delicias que brinda un tianguis del Chopo y su galería de discos de todos los tiempos a precios razonables –hay de todo. A través de los años la mayor parte de la colección de acetatos que el eRRe ha ido cultivando ha salido de ahí. Una edición promocional –con el sello “Not For Sale” bien visible en la carátula- de Take No Prisoners, de Lou Reed, que consiguió antes de que fuera reeditado en CD casi a cambio de un plato de lentejas; un bootleg del ’75 de Led Zeppelin en Zurich; el infeccioso segundo disco de Los Locos del Ritmo; Tommy y Quadrophenia, de The Who, este último hubo de comprarlo dos veces ya que la primera no se percató de que faltaba el cuadernillo con las fotos relatando la historia de Pete Townshend. Y si eso les parece una excentricidad, entonces nunca han conocido a un fanático de cómics.

La vida del cazador de vinilo es dura, aparte de tener que soportar injustas murmuraciones y sacrificios, estos no se comparan con el irredimible dolor que dejan los errores de juventud. El eRRe, por ejemplo, nunca ha podido recuperarse por completo de haber malbaratado, en un indudable ataque de inconsciencia púber, sus primera ediciones del Diamond Dogs, de Bowie, y –para incredulidad de más de uno- del Born to Run nacional de Bruce Springsteen . Cada laceración del camino vale por ese instante en que aparece un disco del que ni siquiera te acordabas, tan remota vislumbrabas la posibilidad de encontrarlo que lo archivaste en un enmohecido hueco de la memoria, hasta el día en que te das de bruces con él y sientes la pequeña esperanza resurgiendo en un disparo de adrenalina. Igual que otros momentos de vida con potencial para generar semejantes niveles de excitación, esta empresa también reserva las mayores satisfacciones para las ocasiones menos premeditadas, a menudo sorprendiéndonos por lo cerca y fácil que llegan. Varias entradas que hasta la fecha distinguen la colección del eRRe han venido por conducto de personas harto irracionales como para decidir obsequiarle con álbumes de los que ahora él difícilmente se desprendería. La primera edición del Their Satanic Majesties Request, de los Stones, con efecto de portada en “tercera dimensión” y las primeras ediciones de Led Zeppelin III y Physical Graffiti con sus portadas “interactivas” (o lo que se entendía por este concepto a principios de los setenta), fueron regalo de un tío, en gran parte culpable de promover esta adicción, por lo que debió purgar su falta entregando asimismo Shhh! de Ten Years After, Fandango! de ZZ-Top, Long Live to Rock and Roll de Rainbow y el triple Yessongs que tantos momentos de divertimento ha generado al eRRe cada vez que le dice a un progresivo “ni siquiera me gusta mucho”. Al carnal Tachepiranha debe una colección de diez álbumes dobles que documentan la historia de la música sinfónica difícil de encontrar en tan buen estado y con los textos explicatorios íntegros, lo mejor es que uno de los volúmenes incluye la ultrapsicódelica y no muy conocida “Sinfonía de los juguetes”, obra de Leopold Mozart, papá de Wolfgang Amadeus. De su reciente visita al Londres de sus amores, Mystery Girl trajo una copia en vinilo amarillo del Three Imaginary Boys de The Cure y un sencillo italiano de “Roadrunner”, de los Modern Lovers, de 1977, con “Egyptian Reggae” de lado B.

Ya desde su aspecto los cd’s delatan una condición de meros artefactos, un acetato en cambio revela una presencia. No sólo por el espacio que ocupa, no sólo porque permite apreciar mejor el arte de cubierta e interiores; es el rigor de los cuidados que impone, la delicadeza de colocar la aguja de la tornamesa, la trascendencia de cada surco para la experiencia auditiva por la que incluso los crujidos y ruidos de estática se vuelven propiedades exclusivas que confieren a cada copia una vitalidad irrepetible. En esta parte algunos amigos audiófilos difieren. Parece innegable, sin embargo, que la reducción de los formatos justificada en un aumento de eficiencia y portabilidad cuya actual cúspide representa el iPod, ha derivado en un paulatino pero constante desdeño por la música en sí que hace poco lanzó a Neil Young en contra de Steve Jobs, cabeza de Apple, acusándolo de “rebajar la calidad de audio en la música al nivel de un juguete de Fisher-Price”. Ahora, debe reconocerse que en el apego al vinilo sobrevive un destello de la misma rancia actitud que le gana respeto a un pelmazo simplemente por darse el gusto de colgar un “original de X” arriba de la chimenea. Hace décadas que las actividades tradicionalmente consideradas artísticas vienen socavando el altar del creador hasta irlo derribando junto con el halo de santidad que como por ósmosis transmite al propietario de “la obra”, y el rocanrol asestó un golpe clave a ese trono para ser sustituido por una manifestación… más urgente, en una de esas hasta más necesaria que el arte. Y ni modo, a los cazadores de vinilo sólo les quedará resignarse al sopor de la nostalgia u ocupar su lugar en el bullicioso desfile hacia nuestra extinción.