viernes, 25 de abril de 2025

El sueño imposible de Mr. Jimmy

Despertarte un día transformado en cucaracha es una pesadilla arquetípica de nuestro tiempo. Su contraparte es el sueño de metamorfosearte en tu héroe, lo que actualmente en la mayoría de los casos significa una celebridad. Creo que Chuck Klosterman en uno de sus libros habla del sentido épico que alborota Led Zeppelin especialmente en la hormona adolescente masculina. Ya sea por sus letras de brujos merlinescos y doncellas etéreas, o por su inflamatoria sonoridad, el grupo se ha vuelto rito de paso obligado para cualquier puberto amamantado por el rocanrol. Es natural que todos en algún momento nos sintamos Jimmy Page. Y luego pasamos lo siguiente, nos dedicamos a crecer. No así Akio Sakurai.

Llamémosle mejor Mr. Jimmy, es el nombre que prefiere y también el título de un documental que le dedicaron en 2019. Ahí lo vemos buscar las mismas guitarras, pastillas y amplificadores que usaba el legendario guitarrista británico, “porque con un elemento que falte”, aclara, “ya no consigues el mismo tono”. Sakurai ha dedicado tres cuartas partes de su vida a una niñería: convertirse en Jimmy Page.

Como los discos oficiales no le bastan, se compra bootlegs, grabaciones de conciertos no autorizadas, para estudiar bajo el microscopio cada etapa de la banda, identificar las sutiles diferencias de cada versión y copiar cada acorde con exactitud. Una costurera lo apoya para reproducir hasta el mínimo detalle los atuendos más icónicos de Jimmy. Sakurai afirma que cuando se pone el majestuoso traje de dragón que puede apreciarse en la película The Song Remains the Same se siente “bajo un hechizo”.

Claro que lo peliagudo de tamaño (des)propósito está en dar con músicos que tengan la voluntad de tocar a tu mismo nivel de idealismo. El día impensado llega cuando Jimmy Page asiste a verlo en un garito de Tokio y el creyente recibe la aprobación de su dios. Después de esa zarza ardiente, la propia esposa de Sakurai lo impulsa a dejarlo todo atrás, incluso a ella, para probar suerte en Estados Unidos, donde pronto se une a una banda tributo de cierta popularidad llamada Led Zepagain.

El asunto es que Sakurai no funciona dentro de la idea tradicional de un “tributo”. Considera lo que hace más bien un “revival”. La diferencia estriba en no conformarte con entregar un puñado de las canciones más populares del Zep para mantener contentos a los borrachos en turno; él se propone, en cambio, una recreación tan fiel como sea posible de conciertos históricos de la banda, así duren tres horas e incluyan solos de 20 minutos, porque hay un público al cual le habría gustado vivir esa experiencia, pero ni si quiera había nacido cuando eso era posible. El resto de Led Zepagain se conforma con montar un repertorio de grandes éxitos que los mantenga rodando con un ingreso estable en el circuito de clubes y fiestas regionales.


Ya sabrán cómo acaba este cuento cuando vean el documental. Pero ¿en realidad les importa el final? ¿No les maravilla simplemente que el mundo no necesite de grandes escritores para regalarnos este realismo mágico? De niños nos educan a evitar como la peste el destino de un don nadie, el éxito consiste en “llegar a ser alguien en la vida”. Mr. Jimmy cumple esta máxima de los adultos con tal radicalidad que la devuelve a una visión infantil: entonces, ¿por qué no ser la persona que más admiras? Hay algo inocente y demencial en su afán por convertirse en Jimmy Page. Una pureza de perspectiva que todos perdimos, pero él ha preservado, y no sólo eso, ha puesto el esfuerzo necesario para subir la escalera a ese cielo. ¿Cómo se llamaba aquel musical del Quijote? ¿Un sueño imposible? Eso mismo. Ha volcado su existencia en un vano empeño.

Entonces recuerdo que William Faulkner medía el éxito de un escritor según la magnitud de su fracaso por alcanzar lo imposible. Decía que Joyce era el más grande por la absoluta imposibilidad de la literatura que se había planteado. Las bandas son ampliamente menospreciadas por los snobs, pero cubren la necesidad de fantasía terrenal que de vez en cuando requerimos, un mánager de Led Zepagain lo explica bien: “es como Disneylandia, todo es falso, pero la gente lo disfruta”. Y a veces la vida exige mayor sacrificio de los émulos que de los maestros. Neil McCormick en su libro Killing Bono relata el chasco que se llevó una banda de covers que tardó semanas en sacar las armonías operísticas de “Bohemian Rhapsody”, cuando Queen tocó en la ciudad, emocionados adquirieron su entrada para presenciar la ejecución en directo, pero resulta que en el esperado momento, los músicos salían del escenario ¡y dejaban sonando una grabación! Por otro lado, en alguna parte leí la historia de una banda tributo a Guns N’Roses que seguía con obediencia militar una agenda apretada como nunca estuvo la de los capitaneados por Axl y Slash, aunque sin las suits presidenciales, el champán, ni los contratos millonarios. 

Vivirá en una fantasía, pero Akio no se engaña. Es consciente de su precaria elección existencial. Por bajas que sean las probabilidades, basta una persona dispuesta a superar sus extremos rumbo a la transfiguración en Jimmy Page para que su trabajo pierda sentido. Y no sería lo único que perdería. “Es mi personalidad”, admite en el documental. De ser Mr. Jimmy, pasaría a convertirse en un don nadie. Despertaría cucaracha. Una locura, la locura de un experto falsificador, que tanto se parece a la locura del arte.

domingo, 6 de abril de 2025

Mamarracho para Mark Linkous

El pasado 6 de marzo se cumplieron 15 años de la muerte de Mark Linkous por suicidio. La manera en que lo cometió me conmueve mucho. Hace poco tuve la oportunidad de ahondar en la ruta que conduce a ese desenlace gracias al documental de 2022 This Is Sparklehorse (dirigido por Alex Crowton y Bobby Dass). Cuando truena la banda que tenía, The Dancig Hoods, Linkous ya estaba casado, y para no molestar el sueño de su mujer, por las noches se encerraba en el cuarto de lavado a grabar sus nuevas canciones con voz bajita, un estilo que marcaría la música que empezaría a presentar con el nombre de Sparklehorse. El primer álbum que grabaría es Vivadixiesubmarinetransmissionplot, de 1995.  Al año siguiente, mientras lo promovía en una gira como telonero de Radiohead, una sobredosis lo dejó inconsciente en una posición antinatural, requirió de varias cirugías que aun así lo mantuvieron tocando en silla de ruedas. Para 1998 sacó Good Morning Spider, el título ironizaba sobre su nueva condición de “patas de araña”. Vino en  2001 It’s a Wonderful Life, con colaboraciones de PJ Harvey, Tom Waits, John Parish y Nina Pearson, traía una canción en coautoría con Vic Chesnutt, poderosa influencia en su vida, un músico que por sus propias circunstancias también había quedado discapacitado, a Mark le gustaba decir que si Vic podía, entonces él podía. Dreamt for Light Years in the Belly of a Mountain, en 2006, fue un primer fruto de su colaboración con Danger Mouse. El segundo vendría en 2010 con Dark Night of the Soul, donde Linkous relega las responsabilidades vocales en invitados de lujo como Iggy Pop, Wayne Coyne (de Flaming Lips) o David Lynch. Este último convocado no sólo a cantar, sino a completar la otra parte del proyecto, tramaban un concepto audiovisual, Lynch no haría videos de las canciones, sacaría fotografías para un libro que incluiría el disco. Por la cantidad de artistas involucrados, conflictos entre disqueras les impidieron cumplir su plan. Esta historia nos remonta al amanecer de la piratería digital por internet, el libro salió publicado con un disco en blanco, listo para quemar, ya que no podían editar oficialmente su nueva música, Linkous y Danger Mouse la pusieron a circular en servicios de distribución ilegal de archivos para que quien gustara, se sirviera. La Navidad de 2009 trajo una pésima noticia, Vic Chesnutt se había quitado la vida. El 6 marzo de 2010, Mark Linkous pasaba el día en compañía de unos amigos con quienes planeaba mudarse en Knowville, TN. Atravesaba una amarga separación con su esposa de 19 años, Teresa. Una serie de mensajes en su Blackberry lo pusieron alterado. Se levantó y anunció a sus amigos que saldría a dar un paseo por el vecindario. Ellos no se dieron cuenta que se había llevado un rifle que guardaba. Aproximadamente a la 1.15 de la tarde, un testigo lo vio sentado en un callejón cerca de la calle Irwin, acomodarse el rifle en el costado izquierdo y jalar del gatillo. Esta es la parte que me deja helado, no tanto por el suicidio, pero ¿quién se suicida disparándose al corazón? Y luego con un rifle… Si ya decidiste que te quitarás la vida mediante un arma de fuego, lo natural sería apuntar a tu cabeza y en dado caso usar un revólver para garantizar los resultados. ¿Pero cuál es el manifiesto de dispararte al corazón? Por un lado, es más posible que falles en el intento de quitarte la vida; por el otro, si atinas, a nivel simbólico no quedan dudas; no te disparaste a la cabeza porque ni siquiera tuviste que pensarlo: sencillamente te explotó el corazón.


I


Qué viste la primera vez del otro lado


picos de pájaros amarillo dolor abriendo


un pasadizo de lluvia en playa de iglesia


risitas que te caminan el rostro si buscas


la punta desmadejada de tu arrepentimiento


Pianos afiebrados lanzados a fauces náuticas 


inmersión con equipo de música antifaz


visor tanque de oxígeno que graba la procesión


de ballenas a medio insomnio arbotante


la radio con interferencia libélula anuncia


que antes del amanecer ponis ciegos


empujarán la carreta cuesta abajo


el horizonte. Y al despertar, baile de araña.


Destazado candelabro. En cualquier trabajo


te pagan por empezar de nuevo.



II


Marchaban los rastrojos que escupía el subsuelo


cazadores de miel desollados en una guerra


para las abejas otra visita del circo a la ciudad


Cuando el canario faltaba a dirigir la orquesta


los sábados rumiaban tedio y hojas de afeitar


Al pie de un secreto estacionaste el submarino


Agobiado por los paréntesis en el periscopio


¿abriste la escotilla y salió a recibirte “Happiness”,


ese perrito que le daba cuerda a tu niñez?


Lo que sí, el rubí avanzaba seguro el nuevo ojal


de tu camisa. En lugar de estrella de Belén


Vic apagó su cometa en Navidad. La primavera


prometía témpanos de angustia, últimas chispas


que te saltaban de la cabeza, jinete fundido,


fogonazo al corazón a mediodía, 


noche oscura del alma.