martes, 31 de julio de 2007
¿La Cura en México?
Me pasó el tip hoy en la mañana un buen dealer musical que se avecina concierto de The Cure en tierras aztecas. Si alguien posee información al respecto que no dude en rolarla al eRRe o quede maldito para el final de los tiempos. Al parecer se anuncia un concierto a finales de octubre en el Palacio de los Rebotes, pero más no sabemos. Paren oreja...
martes, 17 de julio de 2007
El Jefe y su insólito carnaval
Una reseña de lo nuevo de Bruce Springsteen, por el eRRe
Live in Dublin
Bruce Springsteen with the Seeger Sessions Band
Columbia, 2007
Bruce Springsteen tal parece que aquí siempre nos quedará tiznado por aquel malentendido absurdo de “Born in the USA” durante la época Reagan. No importa “Sinaloa Cowboys” ni “Matamoros Banks”, sendas protestas contra la política migratoria de su país aparecidas en discos posteriores que lo muestran envejecer con dignidad. En consecuencia, a muy pocos mexicanos les importó escuchar We Shall Overcome-The Seeger Sessions, un tributo al cantante de protesta Pete Seeger que mostraba a un Springsteen revitalizado al frente de una banda tan extensa como una familia del Mississippi tocando temas tradicionales –algunos de los cuales incluso superaban los 100 años de compuestos- en exultantes aquelarres de folk, blues y sonido dixie-land que resultó una de las mejores experiencias auditivas del año pasado. Sería una lástima perderse ahora Live in Dublin, el nuevo DVD (filmado en alta definición y también disponible en doble CD) que registra una de las presentaciones en vivo derivadas de la gira de aquel álbum.
Este es un Springsteen capaz de subyugar la obcecación de sus detractores. Legendario por oficiar demoledoras celebraciones de rocanrol junto a su grupo de cabecera, la E Street Band, a través de los años no le han faltado críticas por exceso de histrionismo. Aquí, con la Sessions Band, Bruce enseña un perfil mesurado ahorrándose las largas alocuciones entre canciones y los desplantes guitarra en mano tipo héroe-clase-obrera para dedicarse a tocar, a integrarse a este crisol de la Norteamérica profunda que no pasa por el marketing de las disqueras: el contagioso bramido de unos metales en clave Nueva Orleáns, los aires montañeses del banjo, el susurro bluegrass de las guitarras, los ecos irlandeses en flautas y violines. Carnaval de raíces que recupera el sentido comunitario originalmente planeado para muchas de estas canciones contagiándolo a nivel casi físico mediante las epidemias rítmicas de "Oh, Mary Don’t You Weep", "Jacob’s Ladder", "This Little Light of Mine" o de alguna de las pocas canciones originales de Springsteen incluidas en arreglos irreconocibles ("Atlantic City" vuelta un country hillibilly, "Blinded by The Light" una bragada marcha irlandesa), desenfrenadas invitaciones al baile y la unión festiva.
Encima del escenario basta y sobra. La iluminación acompaña la música sin robarle brillo, nada de efectos especiales grandilocuentes, la electricidad ni siquiera juega un papel trascendente, al margen del concepto unplugged esto representa algo más primitivo, más esencial: seres humanos vaciándose en sus instrumentos para conjurar a los espíritus. De extra el DVD sólo incluye un par de canciones adiciones, con manjares de tal calidad pedir postre es gula.
Live in Dublin
Bruce Springsteen with the Seeger Sessions Band
Columbia, 2007
Bruce Springsteen tal parece que aquí siempre nos quedará tiznado por aquel malentendido absurdo de “Born in the USA” durante la época Reagan. No importa “Sinaloa Cowboys” ni “Matamoros Banks”, sendas protestas contra la política migratoria de su país aparecidas en discos posteriores que lo muestran envejecer con dignidad. En consecuencia, a muy pocos mexicanos les importó escuchar We Shall Overcome-The Seeger Sessions, un tributo al cantante de protesta Pete Seeger que mostraba a un Springsteen revitalizado al frente de una banda tan extensa como una familia del Mississippi tocando temas tradicionales –algunos de los cuales incluso superaban los 100 años de compuestos- en exultantes aquelarres de folk, blues y sonido dixie-land que resultó una de las mejores experiencias auditivas del año pasado. Sería una lástima perderse ahora Live in Dublin, el nuevo DVD (filmado en alta definición y también disponible en doble CD) que registra una de las presentaciones en vivo derivadas de la gira de aquel álbum.
Este es un Springsteen capaz de subyugar la obcecación de sus detractores. Legendario por oficiar demoledoras celebraciones de rocanrol junto a su grupo de cabecera, la E Street Band, a través de los años no le han faltado críticas por exceso de histrionismo. Aquí, con la Sessions Band, Bruce enseña un perfil mesurado ahorrándose las largas alocuciones entre canciones y los desplantes guitarra en mano tipo héroe-clase-obrera para dedicarse a tocar, a integrarse a este crisol de la Norteamérica profunda que no pasa por el marketing de las disqueras: el contagioso bramido de unos metales en clave Nueva Orleáns, los aires montañeses del banjo, el susurro bluegrass de las guitarras, los ecos irlandeses en flautas y violines. Carnaval de raíces que recupera el sentido comunitario originalmente planeado para muchas de estas canciones contagiándolo a nivel casi físico mediante las epidemias rítmicas de "Oh, Mary Don’t You Weep", "Jacob’s Ladder", "This Little Light of Mine" o de alguna de las pocas canciones originales de Springsteen incluidas en arreglos irreconocibles ("Atlantic City" vuelta un country hillibilly, "Blinded by The Light" una bragada marcha irlandesa), desenfrenadas invitaciones al baile y la unión festiva.
Encima del escenario basta y sobra. La iluminación acompaña la música sin robarle brillo, nada de efectos especiales grandilocuentes, la electricidad ni siquiera juega un papel trascendente, al margen del concepto unplugged esto representa algo más primitivo, más esencial: seres humanos vaciándose en sus instrumentos para conjurar a los espíritus. De extra el DVD sólo incluye un par de canciones adiciones, con manjares de tal calidad pedir postre es gula.
domingo, 15 de julio de 2007
Noche de flores y fantasmas
Noche de flores y fantasmas
Por Alacrán Prisionero
“Hasta ahorita es el mejor concierto del 2007, neta. Estuvo increíble”. Mane tiene 27 años y es productora de TV, y esto me lo ha dicho al filo de la medianoche, cuando Sonic Youth ha dado las gracias y desaparecido por primera vez del escenario del salón 21. “No hace mucho que los conozco, de hecho los escuché por primera vez hace como un año y desde entonces he bajado casi todas sus canciones por internet.”
Pero el performance de Sonic Youth no ha terminado. El concierto en realidad ha alcanzado su segunda parte. Una hora antes, Thorston Moore había arremetido con los acordes iniciales de “Reena”, rola incluída en su más reciente producción, Rather Ripped (2006); se sucedieron entonces las canciones de dicho álbum: “Incinerate”, “Do you belive in Rapture?”, “What a waste” y “Rats”. A semejanza de lo que sucedió en 2004 en el Circo Volador, la banda integrada por Thurston Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo, Steve Shelley y Jim O’ Rourke decide promover lo que hasta ahora es su disco más nuevo, y así extender aún más su culto entre quienes ahora apenas alcanzan la veintena de edad. Debido a la naturaleza del Rather Ripped el personal se prende y baila y grita y no faltan los intentos de varios ilusos para meterse al escenario y plantarle un beso a Kim. Es decir, la primera parte del concierto mostró que Sonic Youth suena más fresco que nunca, más jóven y sónico que nunca, y que por ahora las atmósferas densas y oscuras deben esperar, porque Kim se ha puesto a girar como trompo al ritmo de “Jams run free”.
Cuenta la leyenda que ese sonido tan peculiar de SY se debe a que no tenían dinero para comprar guitarras nuevas, así que utilizaban guitarras de tercera o cuarta mano, logrando afinaciones fuera de lo común, elementales, sí, pero prácticamente inéditas en la historia del rock, sobre todo del rock de Nueva York de los años 80. Desde esta orilla del salón 21 (el extremo derecho del backstage), puede apreciarse cómo han perfeccionado lo que había comenzado por mera casualidad. El sexto miembro de la banda es un muchacho encargado de proporcionar distintas guitarras a los intérpretes, pues éstos han decidido cargar con por lo menos 10 modelos distintos de liras afinadas para cada canción.
Y Sonic Youth reaparece en el escenario. Quizá el mejor álbum que han tenido toma las directrices del concierto: Daydream nation y su más emblemática rola, “Teenage riot”, canción que define muy bien el estado de ánimo que marcó toda una generación de juventudes hipersónicas. Mi viejo amigo Thurston Moore roba cámara y entonces parece que preparara al público para un rito iniciático, pues juega con pedales y loops mientras Kim Gordon se encarga de hacer vibrar el bajo frente a los amplis. Es como si dijeran: “Después de hoy tu vida ya no será igual”. Las posiciones de cada uno de los integrantes no es azarosa: Jim O’Rourke cambia de lugar con Kim y piden una nueva guitarra al chalán de la esquina para aumentar la estridencia de su joven sonido.
Lo que está sucediendo en estos momentos es una muestra de que acaso nos encontremos frente al grupo de rock más determinante –en cuanto a influencias—de los últimos 20 años. Su presencia puede escucharse tanto en el tan mentado grunge, como en Mogwai o Tool, incluso en “neopunks” como Clinic o Fugazi. Y sobre todo se encuentra en la alineación actual de Sonic Youth. Creo que nunca envejecerán.
Ya era hora de que el staff técnico del Salón 21 se pusiera a la altura de los artistas que presenta. Durante los conciertos de los Sisters of Mercy y The Cult el sonido había dejado mucho qué desear, ocasionando el enojo de dichas bandas y su apresurada desaparición del escenario. En estos momentos no hay más que decir, sino clavarse aún más en el ajedrez musical de Sonic Youth. Surgen entonces las tonadas de “Pattern recognition”, canción del Sonic Nurse (2004), un disco muy desdeñado por la crítica pero que ahora se puede sentir que también es uno de los mejores álbumes de la banda formada en NY en 1981. Thurston Moore permite que pedales y loops hacgan todo el trabajo. Kim, Jim y Lee abandonan poco a poco el escenario, pero su líder decide cotorrear con el público.
Largos e intrincados trayectos, como dilatados paseos por algúna zona de Manhattan. Itinerarios interminables que deparan escalas inesperadas. Un vuelo charter por regiones ignotas del ritmo: algo así (insito: algo así) es la poética de estos muchachos que por desgracia han abandonado el escenario definitivamente. Las vibraciones del bajo y de los loops se han quedado encerradas en el salón 21, como si aún con los pedales y amplis apagados “Teenage riot” se hubiera quedado grabada entre las paredes.
Por Alacrán Prisionero
“Hasta ahorita es el mejor concierto del 2007, neta. Estuvo increíble”. Mane tiene 27 años y es productora de TV, y esto me lo ha dicho al filo de la medianoche, cuando Sonic Youth ha dado las gracias y desaparecido por primera vez del escenario del salón 21. “No hace mucho que los conozco, de hecho los escuché por primera vez hace como un año y desde entonces he bajado casi todas sus canciones por internet.”
Pero el performance de Sonic Youth no ha terminado. El concierto en realidad ha alcanzado su segunda parte. Una hora antes, Thorston Moore había arremetido con los acordes iniciales de “Reena”, rola incluída en su más reciente producción, Rather Ripped (2006); se sucedieron entonces las canciones de dicho álbum: “Incinerate”, “Do you belive in Rapture?”, “What a waste” y “Rats”. A semejanza de lo que sucedió en 2004 en el Circo Volador, la banda integrada por Thurston Moore, Kim Gordon, Lee Ranaldo, Steve Shelley y Jim O’ Rourke decide promover lo que hasta ahora es su disco más nuevo, y así extender aún más su culto entre quienes ahora apenas alcanzan la veintena de edad. Debido a la naturaleza del Rather Ripped el personal se prende y baila y grita y no faltan los intentos de varios ilusos para meterse al escenario y plantarle un beso a Kim. Es decir, la primera parte del concierto mostró que Sonic Youth suena más fresco que nunca, más jóven y sónico que nunca, y que por ahora las atmósferas densas y oscuras deben esperar, porque Kim se ha puesto a girar como trompo al ritmo de “Jams run free”.
Cuenta la leyenda que ese sonido tan peculiar de SY se debe a que no tenían dinero para comprar guitarras nuevas, así que utilizaban guitarras de tercera o cuarta mano, logrando afinaciones fuera de lo común, elementales, sí, pero prácticamente inéditas en la historia del rock, sobre todo del rock de Nueva York de los años 80. Desde esta orilla del salón 21 (el extremo derecho del backstage), puede apreciarse cómo han perfeccionado lo que había comenzado por mera casualidad. El sexto miembro de la banda es un muchacho encargado de proporcionar distintas guitarras a los intérpretes, pues éstos han decidido cargar con por lo menos 10 modelos distintos de liras afinadas para cada canción.
Y Sonic Youth reaparece en el escenario. Quizá el mejor álbum que han tenido toma las directrices del concierto: Daydream nation y su más emblemática rola, “Teenage riot”, canción que define muy bien el estado de ánimo que marcó toda una generación de juventudes hipersónicas. Mi viejo amigo Thurston Moore roba cámara y entonces parece que preparara al público para un rito iniciático, pues juega con pedales y loops mientras Kim Gordon se encarga de hacer vibrar el bajo frente a los amplis. Es como si dijeran: “Después de hoy tu vida ya no será igual”. Las posiciones de cada uno de los integrantes no es azarosa: Jim O’Rourke cambia de lugar con Kim y piden una nueva guitarra al chalán de la esquina para aumentar la estridencia de su joven sonido.
Lo que está sucediendo en estos momentos es una muestra de que acaso nos encontremos frente al grupo de rock más determinante –en cuanto a influencias—de los últimos 20 años. Su presencia puede escucharse tanto en el tan mentado grunge, como en Mogwai o Tool, incluso en “neopunks” como Clinic o Fugazi. Y sobre todo se encuentra en la alineación actual de Sonic Youth. Creo que nunca envejecerán.
Ya era hora de que el staff técnico del Salón 21 se pusiera a la altura de los artistas que presenta. Durante los conciertos de los Sisters of Mercy y The Cult el sonido había dejado mucho qué desear, ocasionando el enojo de dichas bandas y su apresurada desaparición del escenario. En estos momentos no hay más que decir, sino clavarse aún más en el ajedrez musical de Sonic Youth. Surgen entonces las tonadas de “Pattern recognition”, canción del Sonic Nurse (2004), un disco muy desdeñado por la crítica pero que ahora se puede sentir que también es uno de los mejores álbumes de la banda formada en NY en 1981. Thurston Moore permite que pedales y loops hacgan todo el trabajo. Kim, Jim y Lee abandonan poco a poco el escenario, pero su líder decide cotorrear con el público.
Largos e intrincados trayectos, como dilatados paseos por algúna zona de Manhattan. Itinerarios interminables que deparan escalas inesperadas. Un vuelo charter por regiones ignotas del ritmo: algo así (insito: algo así) es la poética de estos muchachos que por desgracia han abandonado el escenario definitivamente. Las vibraciones del bajo y de los loops se han quedado encerradas en el salón 21, como si aún con los pedales y amplis apagados “Teenage riot” se hubiera quedado grabada entre las paredes.
Disculpas e invitacón
El eRRe se disculpa por haber echado la hueva en las dos semanas, pero varios imprevistos -entre ellos la inminente mudanza del eRRe- lo mantuvieron alejado de estos lares. Ya nos empezaremos a reponer. Por lo pronto les dejo una crónica del concierto de Sonic Youth, autoría del Alacrán Prisionero, y ya sábanas que cualquiera de vuestras mercedes que cuente con un texto similar que quiera exponer en eRRemental, pues pa' eso existe... mándenlo y lo ponemos.
Salu' pues.
Salu' pues.
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