miércoles, 18 de noviembre de 2009

Voilà: Fito Páez (17-11-2009)


Los boletos fueron nada baratos y el lugar resultaba sospechoso para cualquier concierto ligeramente ruidoso. El Voilà está ubicado en un rinconcito al final del pasillo donde están los bares y restaurantes aptos para el mamoneo en la plaza comercial Antara de Polanco. “Quizá sea lo apropiado ahora que las rolas de Fito Páez se utilizan para anunciar autos de lujo en la televisión”, dijo el eRRe a Mystery Girl mientras se formaban para entrar. En estas circunstancias y oyendo los comentarios del resto de la gente, todos nos esperábamos un concierto acústico. Pero no, resulta que Fito salió con toda la electricidad por delante acompañado de su nueva banda, los Killer Burritos, abriendo con “Lejos en Berlín”, la primera canción del Ey!, una de las menos conocidas de su catálogo pero de las que más le gustan al eRRe con sus guitarras chonchas. El acelere siguió adecuadamente con “Taquicardia”, de Giros. Estas dos el eRRe casi está seguro que nunca las había oído en concierto. “11 y 6” sonó en la versión más roquera que haya tenido. El público brincaba, alzaba las manos cual barra brava, un grupito, ondeaba una manta con logos de la Franja del Puebla y parece que del Real Madrid, un poco fuera de lugar, pero qué chingados, Fito ya nos tenía sudados y en sus manos mientras los meseros más elegantes que muchos de los asistentes se abrían paso para repartir los güisquis (como la noche y el lugar se prestaban al dispendio, “tráeme otro Glenfiddich”). Unas rolas más y el Fito se despide para que los Burritos se despachen un par de sus propias rolas: no estuvieron mal, especialmente la segunda. Después se despiden los Burritos para dejar al flaco de Rosario sólo con su teclado. “Esta quizá sea la canción más triste que haya escrito” y los dedos empiezan a deslizarse por las blancas y las negras para dar inicio a una interpretación de “La despedida” que la gente enfebrecida canta de memoria. Páez para en seco. “Espérense, esta déjenme cantarla porque para cantar todos mejor vamos a la iglesia”. Sonoras carcajadas seguidas por un “shhhh” paradójicamente cuasirreligioso. Más rolas de a solapa aunque por dentro cada uno de los presentes apenas podemos contenernos para seguirlo a voz en cuello. Cagado de risa el eRRe perversamente se solaza cuando Mystery Girl, alérgica a la música de Armando Manzanero, deforma su rostro de felicidad en terror cuando entona “Esta tarde vi llover” y promete molestarla eternamente con ese momento cada vez que su admiración por Fito amenace con desbordarla. En medio de una delicada aproximación a “Creo”, un borrachín que desde antes de apagarse las luces pide chupe tras chupe dándole su American Express dorada al mesero que trata de “Giuseppe” rompe el frágil silencio con un “¡Viva México, cabrones!” convirtiéndose en blanco de repudio. Fito se ríe. Mr. Borrachín entonces replica “Aistá, pero te hice reír, wey”, obviamente sin darse cuenta que esa mueca es más bien de “nunca falta un pendejo como este”. Un “Fue amor” tendiente a lo guapachoso, “Tumbas de la gloria” y ya nadie se contiene más: cantamos otra vez. Queburritos vuelven para tupirle un rato más al rocanrol con "Al lado del camino" y "Naturaleza sangre" ralentizada en su lado más blúuuus. “Ciudad de pobres corazones” marca el principio de la recta final con un “Tercer mundo” injertado al golpe del riff de la zepelinesca “Heartbreaker”. Una chava se monta en los hombros de alguien para enseñarle las tetillas a Fito. Órale, para toda su fresez al final las cosas siempre sí se pusieron rocanroleras en el Voilà. Es decir, eso de poner las chichis al aire a estas alturas ya es un súper cliché, pero cualquier disrupción más o menos sexual siempre será perturbable y bienvenida. Terminando “A rodar mi vida” amaga con despedirse, pero más que obvio es que no partirá así no más. Reaparece habiendo cambiado el saco y la corbata por una playera roja con la leyenda “Let’s Get Lost” la cual pone en evidencia que eso de llamarle “flaco” va siendo pura inercia. El arreglo arrancherado a “Un vestido y un amor” termina delatando la deuda que estos Burritos tienen con otros: los Flying Burrito Brothers. “Dar es dar”, “Mariposa technicolor” y c’est fini en el Voilá. De camino a la salida la argentina horrible que acompaña a otra argentina –lindísima- va a buscar al Borrachín para reclamarle que su grito no le agradó al “maestro”. El borrachín, alzando la voz de nuevo, le responde “¿y vos de dónde sos? ¡Viva México cabrones!”. De los dos no hay a cuál irle. Los demás continuamos nuestro camino apretándonos el pecho con la promesa que Rodolfo nos hizo: “¡hasta el próximo disco!”. ’Ta güeno, procura no colgarte mucho.
*La foto es de the one and only Mystery Girl

martes, 17 de noviembre de 2009

Nosotros, hijos de Faith No More, clamamos...

Can you feel it, see it, hear it today?
If you can't, then it doesn't matter anyway
You will never understand it 'cause it happens too fast
And it feels so good, it's like walking on glass

-De "Epic"

Antes que Nirvana cambiara el panorama de la música que escuchábamos los jóvenes en los primeros años noventa con “Smells Like Teen Spirit”, tiende a olvidarse los muchos profetas que les allanaron el camino. Sonidos que hasta finales de los ochenta habían permanecido en los márgenes de la radio masiva empezaron a hacer mayor acto de presencia con bandas como R.E.M. (con “Stand” de su disco Green de 1988 primero y luego explotando en 1991 con “Losing My Religión”), Jane’s Addiction (moderadamente con “Jane Says” y “The Mountain Song” del Nothing’s Shocking, de 1988, y más con “Stop!” y “Been Caught Stealing”, del Ritual de lo Habitual, de 1990) y, claro, Faith No More que la armó en grande con “Epic”, una canción que sonaba extrañísima para su tiempo. Para la generación del eRRe Faith No More fueron quienes nos enseñaron que en música nada estaba prohibido.

En aquel entonces atravesábamos una situación de si no estás con nosotros, estás con ellos. Si te gustaba lo que oía la mayoría entonces eras un fresa de mierda. Para tener algo de credibilidad tenías que irte a lo más subterráneo: trash, hardcore, speed. Supongo que en ese sentido la situación no ha cambiado mucho, al menos es lo que pensaba el otro día mientras echaba una chela cerca del Tianguis del Chopo junto a unos chavos que se intercambiaban sus ayPods con rolas de varios grupos que llevaban el “Necro” en alguna parte de su nombre. De todos modos, les hablo de una época en que de verdad costaba esfuerzo encontrar con música, donde a huevo tenías que gastarte un varo –aunque sea en comprar casetes pirata- para escuchar la música que querías, donde Metallica todavía asustaba –y no precisamente por querer controlar Napster. De repente ahí estaba Faith No More, un grupo que rapeaba sobre una base de rock pesado de manera mucho más orgánica de lo que nunca soñaron Aerosmith y Run-DMC cuando juntos grabaron “Walk this Way”. Con una convicción a la que aspiraron pero nunca igualaron Limp Bizkshit. Esto, en efecto era, “The Real Thing”. Y no sólo en lo musical, también en la apariencia de sus integrantes. El bataco Mike Bordin llevaba rastas propias de reggae, el greñudo bajista Billy Gould que siempre tenía puesta la playera de alguno de esos grupos de trash o speed metal, el tecladista Roddy Bottum que parecía refugiado de los New Kids on the Block -conmocionando años después un ambiente dominado por el machismo al declarar su homosexualidad-, el guitarrista Jim Martin era como un Jerry García caricaturizado por la revista Mad con las largas greñas chinas y los lentecitos rojos, y luego ese cantante sin miedo al ridículo: Mike Patton, que lo mismo salía con traje de payaso, que ataviado a la usanza del hip-hop o exagerando sus muecas más allá de lo permitido para una estrella de rock “respetable”. Pero eso era lo de menos. La entrada de Patton para ese disco que colocó a Faith No More por las nubes redefinió al quinteto. Su voz era tan flexible que era capaz de emitir lo mismo el sonido del más experimentado cantante de soul que soltar los rugidos demoníacos característicos de los géneros extremos del metal y tener la fluidez en las rimas del rap, a veces en la misma canción. The Real Thing era eso: una carta de presentación de lo que era posible alcanzar sobreponiéndose a los prejuicios, una lección de eclecticismo, un pintahuevos a las distintas tribus separadas por frivolidades y, al hacerlo, refrescaban la respiración del rocanrol con una llamada a la reconciliación: es sólo música, ni siquiera es tan importante qué discos compres, todos podemos convivir y llevar la fiesta en paz... eso sí con una carga de energía beligerante.

Para el siguiente disco la disposición ecléctica seguía ahí aunque menos obvia. Angel Dust era un disco que difícilmente entraba a primera oída. El primer sencillo “Midlife Crisis” de hecho continuaba en la huella de “Epic”, las guitarras rudas, la bataca precisa, la influencia del hip-hop, pero todo tenía un aire más sofisticado, en lugar de ir en línea recta, éste parecía dilatarse en los vericuetos, eso por no mencionar que la letra tocaba un tema que no apto para chavitos, los dilemas de entrar a la edad madura. Había un poco de todo, desde teclados a lo Motown hasta remedos de cantos de porristas. Vendió bien pero las cifras no llegaron a la estratósfera como con The Real Thing. Para recomponer la cosa un poco, el grupo sacó un EP de cuatro canciones, Songs to Make Love To que incluía lo que garantizaba ser un éxito instantáneo, un cover de una vieja rola que Lionel Ritchie escribió para los Commodores llamada “Easy” que, para quien le quedara alguna duda, mostraba que Mike Patton si se lo proponía podía ser uno de los mejores cantantes a la manera tradicional; aun así Faith No More se las arregló para darle un giro retorcido a través del video que era una especie de burla al que Guns’N’Roses había filmado para “Patience” de Guns’n’Roses, donde en lugar de las modelos voluptuosas que curaban a Axl y sus muchachos de los excesos en gira, aquí aparecían un montón de trasvesties. Después vino King for a Day… Fool for a Lifetime, que si bien estaba más cargado estrictamente hacia el rock incorporaba elementos de bosanova y otras sutilezas que te hacían darte cuenta que Faith No More nunca sería la típica banda de riffs llenaestadios que todos querían. La disolución se presentó en 1999 tras el disco de título nada modesto Album of the Year, que si bien mantenía el estándar en lo alto ya denotaba signos de agotamiento. Mike Patton se dedicó de tiempo completo a Mr. Bungle, el demencial grupo que mantuvo a la par de Faith No More, para luego participar en infinidad de proyectos a cual más de bizarros donde explotaba la elasticidad de su voz incluyendo participaciones con John Zorn y en el disco Medula de Bjork, Mike Bordin se integró a la banda de Ozzy Osbourne, Billy Gould sacó todo su amor por el metal más demoledor en Brujería, Jim Martin que había abandonado el grupo algunos años antes sacó un disco solista con el que no pasó mucho y luego colgó la guitarra para dedicarse a cultivar calabazas gigantescas ganando concursos entre granjeros de todo Estados Unidos.

A principios de este año la rumoriza empezó fuerte. Que Faith No More se reunía pese a la reticencia más intuida que manifiesta por parte de Patton a tal hecho, lo que llevó a algunos ingenuos a preguntarse si el grupo se atrevería a salir de gira sin el cantante que los identificó, como si alguien estuviera interesado en escuchar la voz mongoloide de Chuck Mosley, su vocalista original. Pues claro que no. Faith No More se reformó con la alineación que tenía cuando se separaron. Es decir, sin Jim Martin, pero con la guitarra de John Hudson que quizá no tuviera tanta presencia escénica pero entregaba un trabajo más que cumplidor.

Y he así que la fatídica fecha de un viernes 13 de noviembre, tras enloquecer a multitudes en Brasil, Argentina y Chile, Faith No More finalmente pisó un escenario chilango en un repleto Salón 21 (bueno, Vive Cuervo si les gusta el tequila de ínfima calidad), para darle gusto a quienes los habíamos esperado un par de décadas y para los adolescentes de ahora con ánimo arqueológico o que los habían conocido por conducto de sus hermanos mayores o puede que hasta de sus papás. Todos enfundados en trajecito beige entonando “Reunited”, la rola calmadita original de Peaches and Herb que han adoptado como himno de batalla para abrir cada una de las presentaciones de esta nueva etapa: “Reunited, and it feels so good/Reunited, 'cause we understood/There's one perfect fit/And, sugar, this one is it/We both are so excited/'Cause we're reunited”. Y para bendición de todos que por fin les cayó el veinte. Cada uno puede armarla por su lado, pero no nada se compare al rocanrol que arman como Faith No More. Véanlo como lo vean. Patton puede crear la música más inaudible del mundo, igual que Billy Gould con Brujería, pero seguro que nada se siente como aquella noche con la gente coreando cada uno de sus versos y brincando y pasándola en grande. Qué importa si es por dinero. Es la mejor fiesta en la que el eRRe haya estado por lo menos en lo que va del año. Los Nena, el grupo del locutor Abel Membrillo -ex Rock 101 (y Otro Rollo)- que abrió el concierto sólo sirvió para prolongar una espera a la que no le hacía falta caldearse y provocar largas filas en la barra del lugar. Luego vino el holocausto. Feliz y esquizofrénico holocausto, con Patton tragándose el micrófono –literal- en “Last Cupo f Sorrow”, dirigiéndose durante todo el concierto a la audiencia en un español con acento pero perfectamente entendible del que hizo lujo especialmente en “Evidence” y posteriormente con una versión de nuestro “Cielito lindo” a mitad de “Midlife Crisis” y todo lo que pudo caber en poco más de dos horas de concierto proveniente de toda su discografía: “From Out of Nowhere”, “Introduce Yourself”, “Caffeine”, la versión al “I Started I Joke” de los Bee Gees, la cachonda “Edge of the World”. Y aunque toda la concurrencia no paro de dar brincos y gritar y el eRRe hace mucho que no sudaba tanto en un concierto, lo más increíble viendo hacia atrás es la cantidad de rolas que les faltaron: “Digging the Grave”, “The Real Thing”, “Chinese Arithmetic”, “Be Aggresive”, “A Small Victory”. Y no más por eso. Y por la cara de contentotes con la que se despidieron al finalizar “We Care A Lot”, su última canción de la noche, los queremos de vuelta. Sabemos que ellos lo desean tanto como nosotros, así que pa’ qué le hacen, no se hagan del rogar. Por mí que toquen todas las noches. Y si es posible que graben un nuevo disco. Antes que el modo de ser tan distinto de cada uno haga que vuelvan a cagarse la madre… como una pareja que lo intenta por última vez pensando en el bienestar de sus hijos.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Aquí no barrió la sirvienta


Now I could tell you what I'm thinking,
But it never seems to do you good,
It's beyond me what a girl can see,
I'm only lucid when I'm writing songs.

-De "This Is Just A Modern Rock Song", por Belle & Sebastian

¿Cómo quieres que desaparezca si nunca he existido? Te apresuraste a esconderme abajo de la alfombra tan pronto llegaron los invitados. Y eso que eras la figura de porcelana favorita de mi colección. De haber sabido que te guardabas tantos besos te habría pedido que me ayudaras con mi boca seca. Pero pierde cuidado, a poco está de caérseme. Seguro el próximo temblor. No falta mucho, dicen. Y las voces que habitan fuera de tu cabeza te aconsejan que me dejes en el desván encerrado con los periódicos viejos y la ropa negra. ¿Seguro que quieres hablarle al ermitaño de soledad? En la competencia por supuesto que te gano porque yo oigo las canciones más tristes. Pero, ¿a quién le importa? Si también son las más ruidosas. Todos mueven las cabezas, sacuden las melenas. No tienen tiempo de quedarse mirando a nadie. Yo soy igual. No podría importarme menos la sangre. Además, ¿desde cuándo tú o yo confiamos en que los dardos de nuestras bocas darán en el blanco? Nadie más que el embalsamador tiene la última palabra. Cuando venga la próxima sequía, yo mismo me encargo de inhundar mis sembradíos, ¿te parece? Ahora ponle "mute" a la tele. Me encanta el silbido de las tripas vacías.

That's how it goes playing in a band...


Nosotros tocamos con la crema y nata de los artistas de rock en Estados Unidos. O sea, por lo menos una o dos tocadas, tocamos con Bob Seger, tocamos con AC/DC, tocamos con Cheap Trick, tocamos con los Dead Boys, tocamos con Styx, tocamos con Uriah Heep, Foreigner, tocamos con Rush. Todos eran una bola de pendejos excepto por AC/DC.
-Handsome Dick Manitoba (cantante de The Dictators)

Directo desde Alemania Tachepiranha y el eRRe desde una dimensión más cercana, pero no por eso menos extraña –planeta Narwaiten-, traspasando la entrada al Foro Sol ya nos saludaban un montón de cuernitos luminosos. Entrábamos a la dimensión del mal, donde los boletos más caros están más lejos del escenario, las chelas cuestan setenta varos y las camisetas 250 para una noche de puro rock chachalaco, la noche en que AC/DC regresa a la ciudad de México después de 13 años. Quién sabe por qué pero hacía mucho –por lo menos desde la última vez que vino la Cura o Morrissey, qué distancia, ¿verdad?- que el eRRe no se sentía tan emocionado por un concierto. Quizá fuera porque desde la última vez que vinieron, el eRRe lleva 13 años más escuchando al “Hace Dese” y ha encontrado en ellos una esencia de rocanrol que tenía muchas ganas de volver a respirar. En la memoria todavía el olor a pólvora concentrada de la última vez que tocaron aquí, en el Palacio de los Deportes.

A las nueve y media ya el reloj parecía que marcaba tarde la hora del rocanrol, entonces se apagaron las luces, en el escenario tronaron los fuegos artificiales y en las pantallas un tren y chicas tetonas que maniobran una palanca como si fuera un sexo masculino. Sí, preparémonos para un concierto llenos de clichés, lleno de referencias falocéntricas como dirían mis (no tan) amigas a las que les da por emprender estudios de género. Abren con “Rock’n’Roll Train”, que tiene la frase “This could be the last time”, que inevitablemente me remite a la más reciente novela de Nick Hornby, la cual por estos días ando leyendo, trata de una estrella de rock ficticia que repentinamente se retira de la fama prestándose a infinidad de especulaciones, así esta sencilla línea ha motivado que muchos piensen que se trata de un prefacio a la separación del grupo. ¡No se claven! Es de lo más natural. Estos muchachitos ya no se cuecen al primer hervor, cualquiera a su edad la pudo haber escrito, realmente uno nunca sabe cuando uno de ellos pueda caer fulminado en medio del escenario. El pedo es que quién sabe de dónde sacan los huevos… y perdonen, pero es que no hay otra palabra. Esto es puro balls’n’roll. Y sí, cuando el cantante Brian Johnson recorre la extensa pasarela que han puesto en medio del foro y lo saluda la multitud de cuernitos luminosos esto al principio no parece más que un baño de ego: “ellos compraron el merchandising y ahora nosotros no hacemos más que darle sentido al dinero que gastaron”. Eso nada más visto por encimita.

Aquí hay gente de todas las generaciones. Desde chavos de 15 años hasta señores de 60 sosteniendo ridículas guitarras de plástico inflable. Pero así de absurdo se supone que debe ser el rocanrol. Y no se equivoquen, esto no es un acto de nostalgia. No son los putos Rolling Stones. ¡Qué hueva! No son viejitos tratando de rescatar glorias de su muy pasada juventud. Lo de AC/DC, incluso desde sus inicios, siempre fueron rolas de viejos raboverdes. Esta es la mejor banda de bar que puedas ver ahorita mismo en toditito el mundo. Es cagado cómo los otros tres monitos apenas se mueven durante todo el concierto, mientras Angus con su lira y Brian con su garganta van convenciendo a cada uno de los ahí presentes. Hasta los güeyes más mamones con cara de escépticos cuando suena “Thunderstruck” están sonriendo. No hay nadie que se salve. Porque si no qué chingados haces aquí. Hasta esos greñudos que traen sus playeras de Nightwish y Hammerfall, que no tienen nada que ver. Queda claro que AC/DC no es metal, vienen de la raíz más clara y asquerosa del rocanrol. AC/DC hace que te quieras sentir malo, malote. Por más bohemio, romántico, o lo que sea que te quieras sentir. AC/DC no oculta nada, te devuelve a lo más cochino de tu ser, aquí no importa el amor y sólo el sexo. Sí, es música para strippers. Y bendita sea la música para strippers. No todos podemos ser Leonard Cohen. A quién chingados le importa la poesía en este momento. Y lo más inverosímil es que en este concierto de música para strippers uno de los momentos climáticos sea cuando un cabrón flacucho, rayando los sesenta se encuera en el escenario. Te hace notar lo patético que luce Mick Jagger. A ese cabrón sólo le interesa ser una estrella de rocanrol. A estos sólo les interesa ser el alma de la fiesta. Igual quieren llevarse a todas las chavas, pero antes que cualquier otra cosa son unos valemadre y por eso mismo la gigantesca muñeca inflable de voluptuosas tetas que aparece durante "Mucha Rosita" tiene mucho más sentido que el diablito onda Simpsons en "Sympathy for the Devil".

Aunque tampoco nos equivoquemos. Cuando Angus se echa su solo de guitarra al final de “Let There Be Rock” y es levantado por encima de toda la multitud en una plataforma de la que salen disparados confetis que en el contraste de las luces y la noche semejan una lluvia de astros… carajo, es lo más claro que puedes llegar a entender cómo funciona la mitología… ahorrándote la lectura de Hesíodo y de Joseph Campbell y de Calasso y de Girard… . Así se construyen los dioses, maestros. Y te queda absolutamente claro cuando vuelve al escenario principal y solito, con su lira y una pantalla reflejando su imagen al fondo, domina a estos millares de personas que para entonces ya no saben ni cómo se llaman. Y lo más chingón es que ni siquiera tiene que ver con el virtuosismo. Chingue a su madre Yngwie Malmsteen. Esto no es quedarte pasmado por lo rápido que mueve los dedos sobre los trastes de la lira. Esto es como el mejor orgasmo de tu vida. Es algo que no depende sólo de ti. Es una rola, maestro. Es moverte con el ritmo. Es el puro pinche ruido. Esto no es Vivaldi ni Yes para el caso. Ni siquiera es que te sientas parte del público. Es como que por descuido te metiste un toque… un toque eléctrico… como los que dan aquí en Mexicalpan en las cantinas. Es hacerle al pendejo no más porque no hay de otra, porque los intelectuales aquí son los sátrapas que ellos nos hacen sentir allá afuera, en el mundo real. Como ponerte esos estúpidos cuernitos luminosos. ¿Quién chingados te va a juzgar si todos alguna vez la hemos regado? ¿Y estos son los adoradores de Satán? ¡Pues qué agradables! ¿Y por qué nadie menciona que también son autores de uno de los capítulos perdidos del Génesis? “Let there be rock” dijo el Señor de Allá Arriba… y vio que era bueno… y dejó vivir a sus criaturas en el pecado… pidiendo aventones en la carretera al infierno. Amén.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Puro Bronx power...

Un poco más de orden al mundo. ¡Los Yanquis de nuevo en lo más alto!

domingo, 1 de noviembre de 2009

El eRRe es Chris Keller...

Y si no saben quién coños es Chris Keller, debería darles vergüenza no conocer la mejor serie que haya pasado en la historia de la televisión, motherrrrrfuckers!!!

I am Chris Keller

Which Oz character are YOU?