lunes, 1 de agosto de 2022

¿Coleccionismo o acumulación? El caso de Marion Stokes

 


Marion Stokes me intriga desde que supe de ella a principios de este año. Chuck Klosterman la menciona brevemente en las páginas de su reciente The Nineties: A Book. Habla de la predominancia que la televisión tenía hace 30 años y cómo mucho de ese material se perdió, las televisoras no archivaban sus transmisiones, sino que para ahorrar costos –y espacio, por supuesto- reutilizaban los videocassettes para registrar las transmisiones más recientes. “El único material que sobrevive de aquel periodo fue registrado por una ciudadana privada”, explica Klosterman, una mujer de Filadelfia que grabó y almacenó compulsivamente transmisiones de noticias que abarcan los años de 1979 a 2012: Marion Stokes.


Klosterman dice que su colección constaba de 40,000 videocassettes, pero según el documental Recorder: The Marion Stokes Project, una producción de 2019 que acabo de ver, el número llega a los 70,000. En su juventud, Marion fue activista de filiación comunista, al parecer espiada por el FBI, y, en su edad madura, participó de un programa televisivo de debate llamado Input (un equivalente mexicano serían los programas de Nino Canún), donde conoce a su segundo esposo, John. La primera videograbadora betamax sale al mercado en 1975 y en un principio no graba noticias, sino sus sitcoms favoritos. Es la crisis de rehenes en Irán de 1979 lo que le hace apretar el botón rojo de “record” para nunca detenerse.


Al año siguiente, en junio de 1980, CNN iniciaría transmisiones. Marion era consciente de que un ciclo de noticias las 24 horas moldearía de nuevas formas la opinión pública. Un punto destacado por el documental en el que vale la pena reflexionar es cómo pequeñas historias locales que de otro modo no habrían trascendido, se convertían en noticias nacionales para llenar todo ese tiempo. Marion pensaba en su registro como un activismo y un medio para cotejar los datos difundidos a gran escala por los medios.


Debo decir, sin embargo, que Marion me interesaba no tanto por el aspecto informativo, semiológico o hermenéutico, sino por el hecho mismo de su obsesión. A través del documental se observa la dedicación hacia sus grabaciones, los trabajadores domésticos a su disposición debían suspender sus actividades para las cintas, ella se molestaba si alguna grabadora había parado durante su ausencia, llegaba a tener hasta 8 televisores al mismo tiempo prendidos y grabando; en resumen, lo sufría más de lo que lo disfrutaba. Todo por una ilusión de posteridad.


Puedo comprender a Marion porque alguna vez compartí su manía. Yo acostumbraba grabar todas las presentaciones de grupos de rock que se me cruzaban en la televisión. La satisfacción no provenía exactamente de ese momento, sino de la fantasía de estar realizando una noble labor, formando un acervo, no para mi propio disfrute, sino para el conocimiento de otras personas a las que quizá nunca conocería en el incierto futuro. Era un sueño altruista que seguiría practicando si YouTube no lo hubiera demolido. Y aun así hay cosas perdidas en esos VHS que nunca han llegado a internet.


El hijo de Marion define bien la diferencia entre un acumulador y un coleccionista: Si una persona llega, ve todo lo que tienes y dice: “cuánta basura”, eres un acumulador; si alguien más llega y dice: “¡Qué increíble que una persona haya juntado todo esto!”, eres un coleccionista. Me resultó desolador cuando habla de la muerte de su madre y todas las videograbadoras se detuvieron, los televisores se apagaron y sobrevino el silencio. Su también enorme colección de libros y muebles logra colocarlas con otros propietarios fácilmente, pero nadie quería las cintas. Hasta que el Internet Archive entró al rescate y actualmente trabaja para digitalizarlas y, paulatinamente, ponerlas a disposición del público.


Hace poco leía a un amigo en Facebook lamentarse porque nada le garantizaba que su preciada colección de juguetes, cómics, elepés, no acabaría en la basura. Yo hace tiempo que vengo resignándome a que no todos correremos con la suerte postmortem de Marion Stokes. ¿A quién le interesan todos esos VHS de los que les hablaba? Yo mismo hace años que no poseo un reproductor de dicho formato. Hace poco escombré y encontré una gran colección del suplemento Histerietas de La Jornada, sin los diarios, solo los suplementos, ¿existe un lugar al que pueda donarlos? ¿Y mis cassettes? Tengo un montón de cassettes que seguramente no podré conservar cuando se venda la casa de mis papás. Me dolería mucho tirarlos, y aunque haga una venta de garaje o simplemente los ofrezca gratis, seguramente ese será el destino de muchos de estos objetos. Hace muchos años entrevisté a don Pablo Novoa, coleccionista y vendedor de discos, le pregunte si pensaba qué pasaría con su colección, él me respondió que ya le había enseñado a su familia los pormenores del negocio y, si no sabían aprovechar los discos, “pues, mira, ¡yo ya los disfruté!”. Creo que es la mejor postura.




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