domingo, 22 de mayo de 2022

Pictures of Dead Good

Me conseguí el documental Dead Good principalmente porque quería escuchar completa la versión de “Pictures of You” que Robert Smith grabó con cuarteto de cuerdas en exclusiva para este largometraje.


Una de las experiencias más absurdas que depara nuestra existencia debe ser preparar las exequias de alguien. Cercano o lejano. Si vives el tiempo suficiente, tarde o temprano te tocará “cargar con el muerto”. Tus padres, tus tíos, un abuelo, un hermano, un amigo que no tenía parientes, un hijo en el peor de los casos. Y por más trágico o natural que sea el deceso, no le quita lo ridículo a eso de demorarse en pensar qué ropa le sentaría bien al difunto, la tela que no le picaría o el interior y tipo de madera para que se sienta cómodo en su ataúd. Puedes creer que su alma se fue al Paraíso, al Nirvana o al Mictantlecuhtli, pero ten por seguro que a tu muertito poco le afecta el uso que hagas de los materiales de este mundo que ha dejado atrás. 


Ya sé, es una fantasía a la que debemos siglos de civilización, desde avances médicos hasta arquitectónicos (el embalsamamiento egipcio y sus pirámides), incluso la delicia del whiskey la debemos a que los antiguos celtas guardaban a sus muertos en toneles que sumergían en pantanos y, cuando los sacaron, les dio por probar el agüita ahí fermentada que los puso felizmente mareados. El manejo de las ceremonias funerarias nunca dejará de ser buen negocio, el más artístico y el que mayor tacto demanda. El documental Dead Good se centra en una funeraria buena onda, que te hace un funeral a tu gusto (o, bueno, a lo que tus sobrevientes digan que sería tu gusto), supuestamente rompen con la solemnidad de las Gayosso del mundo, las cuales considerarían irrespetuoso el traslado de un cuerpo en una combi. Aquí si el transporte fúnebre que deseas es un carruaje tirado por caballos o una combi, eso obtienes. Al final, es una funeraria, comercializan rituales que sirven más para el consuelo de los vivos que para el buen viaje de los muertos (como si realmente supiéramos a dónde es que se fueron).


Se reduce a lo de siempre, tú podrás sepultar a tu ser querido entre terciopelos o con esclavas y animales vivos si eso hace que te sientas más tranquilo, pero al finado le vale madres. Y lo sabemos. Y eso no evitará que sigamos practicando las mismas payasadas u otras nuevas que nos inventemos para evadir pensar en el misterio máximo. No estamos preparados, nunca lo estaremos. La muerte no nos fue dada para pensarla, sino para esto, para delirarla, fantasearla, santificarla, alucinarla, glorificarla; cualquier cosa, menos pensarla. 


Claro que en mis excesos de ocio yo también me he puesto a imaginar cómo me gustaría que fuera mi funeral, la música que pondrían y los tragos que servirían. Pero ¿a quién engaño? Sin mujer y sin hijos, lo más probable es que acabe siendo un problema para cualquiera que tenga la mala fortuna de encontrarse con mi fiambre, del cual querrá deshacerse de la manera más rápida y con la menor faramalla posible. Igual sería una de tantas fiestas a las que no fui invitado.


Ah, y la versión de “Pictures of You” está chida. De hecho, no hace falta que se avienten todo el documental como yo hice, aquí la pueden escuchar:



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