La mejor definición de rocanrol que conozco se la escuché a Lalo Tex. “¿Qué es el rocanrol? ¡Echar desmadre!”. Me gusta porque no es pretendidamente ideológica ni forzadamente contracultural, no habla de reinventar la sociedad ni de la tan sobada rebeldía; en cambio es neta, exacta y humanamente alcanzable. Si hay una constante en la experiencia humana es la ocasional necesidad de escapar a la cadena utilitaria de nuestra subsistencia para entregarnos a la fiesta, la dilapidación, el desmadre. La gente olvida que el rocanrol sacudió nuestros cuerpos antes de sacudir nuestras mentes. El grupo vigués Siniestro Total lo tuvo muy claro durante 40 años, pero nos los tomamos a broma.
Y a broma está muy bien, esa era su naturaleza, lo que costaba aceptar es que la broma iba en serio. Les colgaron la etiqueta punk, y aunque tienen una canción llamada “Somos ultraístas”, yo los identifico más con la mirada infantil que se tomaba todo a juego del primer dadaísmo. Al no asumir los posturismos modernosos de la movida madrileña ni el radicalismo político del punk vasco, tal parece que venir de Vigo los dotó de un singular sentido del humor escéptico y libérrimo.
Siniestro Total surgió en 1981 tras un accidente automovilístico (del que sacaron el nombre) al fusionarse los grupos Coco y los 1,500 con Mari Cruz Soriano y Los Que Afinan Su Piano. En la maqueta de estos últimos o la primera de Siniestro, Gusanos en tu alcoba, predomina el ánimo lúdico sobre cualquier actitud antisistema, algunas de las pistas ni siquiera incluyen guitarras y suenan a niños jugando con el pianosaurio. El cantante original Germán Coppini llegó sólo hasta el álbum debut Cuándo se come aquí y salió cuando el dueto que armó con Teo Cardalda, Golpes Bajos, le ganó mejor reputación; murió en 2013. El guitarrista Miguel Costas y Julián Hernández, que saltaría de baterista a ocuparse de otra guitarra, se repartirían las funciones vocales. Costas saldría en 1994, y la peña quedaría dividida entre Costistas y Julianistas. A mí me parece que Costas tiene las mejores letras, pero me gusta más la actitud de Julián.
“Este grupo no está más allá del bien y del mal, sino que gustosamente eligió el mal”, señala bien alguien en el documental de XX aniversario Que parezca un accidente. Elegir el mal significa elegir la imaginación de ilimitadas posibilidades fuera de las tiránicas restricciones de la realidad, significa elegir la fealdad –aunque esto ya deben saberlo, Baudelaire lo escribió hace más de un siglo-, y también, muchas veces, significa agarrar al toro por los cuernos. Incomoda el fervor con el que esta banda puede dedicar canciones al único factor de unión entre las personas, que por supuesto no es la razón ni la capacidad de diálogo, sino la estupidez humana.
Si un tipo canta que no quiere tocar las tetas de su novia porque tienen cáncer de mama, tu primera reacción debería ser reírte porque es una pendejada. El problema viene cuando la gente olvida que una canción es un ejercicio de ficción. “¿Cómo puede existir un sujeto así?”. “¿Qué sistema moral lo rige?”. La intelectualización posterior a la ficción ya es responsabilidad de cada quien, no de Siniestro Total que ha cumplido su rocanrolero deber de ponernos a echar desmadre; de hecho, llegan demasiado lejos al mostrar que la existencia de semejante criatura –en la que de otro modo acaso no hubiéramos pensado- es posible.
La valentía de Siniestro Total es que no aparta la mirada de lo indisimulable. Si el noble llamado de “¡proletarios del mundo, uníos” ha fracasado, sería honesto tener una canción llamada “Pueblos del mundo, extinguíos” que ni siquiera pierde raíz socialista, no invita al exterminio individual de cada uno por sus propios medios, jubilosamente clama que acudamos “¡juntos de la mano hacia la extinción!”. Si la ciencia todavía no nos resuelve la cuestión fundamental de ¿quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos?, lo prudente sería que exista una canción con ese título. Si el mensaje para la gente guapa es que los feos somos muchos más, ciertamente la democracia nunca pierde su condición de amenaza lapidaria. Mientras el lenguaje supuestamente incluyente, en lugar de acercar diferencias, las agranda con medidas tan confusas como el uso de aplicar un artículo plural a un sujeto singular, sin tanto enredo en “¿Qué tal, homosexual?” entendías que una persona gay no distaba mucho de ti, experimentaba los mismos problemas y, sin embargo, el acento en la orientación sexual del interlocutor ponía una trababa la comunicación
Mecano te hacían creer lo de siempre, que podías aspirar a una mejor versión de ti mismo. “Mujer contra mujer” presuntamente ayudaba a crear conciencia y romantizaban la violencia de dos machos posesivos en “Cruz de navajas”. Siniestro Total, en cambio, te presentaba a una familia que agradecía a Freddie Krueger sus enseñanzas en el manejo del serrucho. Mecano quiere hacerte sentir bien con lo que eres, su música es edificante, civilizatoria, bien portadita como te enseñaron en la escuela y hasta ahí nomás. Siniestro es la Naranja Mecánica que te abre los ojos a los horrores de los que voltearías por acto reflejo, la mierda que llevas dentro, en la que podrías convertirte y que probablemente ya empiezas a ser, además lo hacen de modo divertido y bailable. Escuchar a Siniestro Total te transporta al choque primigenio del sonido musical con el sonido de la palabra; mientras la palabra se empeña en amarrarle un significado, la música insubordinada se sacude la brida y retiene su espíritu liberador. Eso origina los cantos y danzas tribales, de ahí el rito y, finalmente, la experiencia de lo sagrado. Mecano se queda en un grupo superficial si se le contrasta con el sacrosanto desmadre que propicia Siniestro Total.
Siniestro Total eran desenfadados, pero creo que nunca irreverentes por la sencilla razón de que nada les merecía el respeto suficiente para sublevarse. Si acaso la ingenua creencia de que este caos pueda tener salvación. El niño que en el coro de iglesia que dice “¡Yeah!” en lugar de cantar el salmo correspondiente, lo hace solo en el espíritu del desmadre. Y es que, coño, todo esto es tan hermoso.
Si soy honesto, este chorizo que les acabo de aventar sale sobrando porque una rola deja muy en claro son sus intenciones:
No, no, no quiero hablar de arte
Ni de otros temas importantes
No me preocupa la cultura
Tampoco la literatura
No me interesa la pintura
Ni mucho menos la escultura
Sigue así tocando esos tambores
Porque me quiero divertir
Quiero bailar rock and roll
Toda la noche hasta que salga el sol
Y yo también lo quiero casi todos los días, aunque a veces la vida no lo permita. Esta vida que a 40 años de distancia, pasa por una época de literalidad al pie de la letra, urgida de instrucciones, en la que quizá ya no tiene cabida esa otra literalidad de imaginación delirante y nada didáctica que maneja Siniestro Total. El 6 y 7 de mayo de 2022 dan los últimos conciertos de su historia en el WiZink Center de Madrid. Cuando más los necesitamos, se van. Lo cierto es que nunca los merecimos. Yo soy el mejor ejemplo, jamás pude verlos en vivo. Bailaré sobre su tumba. Y como dicta la liturgia: echaré desmadre en conmemoración suya.
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