viernes, 13 de mayo de 2022

The Northman: La ruina del rito

 

La venganza aparenta ser el tema central de la película The Northman, pero es, en realidad, el rito. Pertenecemos primero al mundo del ensueño, de la oscuridad donde apenas es un rumor esa vida de luz cegadora a la que somos arrojados 9 meses después entre sangre y llanto. Por eso la película de Robert Eggers  The Witch, The Lighthouse- está llena de eso mismo, sangre, llanto; sí, violencia, pero principalmente de rituales que desgarran de concreta fantasía la ilusoria realidad.


El rito implica la vuelta a esa tiniebla primigenia. Se ingresa por una grieta como de la cual salimos al nacer. Es una regresión al sueño que conocimos antes de la vigilia, al animal que se arrastraba en cuatro patas antes de conocer el habla y al andar erguido. Para ser humano, antes hay que ser un animal. Y en el rito hay fuego deslumbrante como aquel destello cegador con el que arrancó nuestra pulmonación. Todo esto lo descubre Athen en su rito de iniciación.


Su padre, el rey Aurvandil War-Raven, ha vuelto malherido de una guerra, como sabe inevitable su muerte, buscará el máximo honor vikingo: ser aniquilado de manera violenta en manos de un enemigo para poder entrar al Valhalla. El exterminio por voluntad propia, sin embargo, no exime de responsabilidades a quienes quedan en el mundo de los vivos; antes del momento definitivo, el rey instruirá a Athen sobre sus obligaciones hacia la venganza.  


The Northman te pone a pensar en qué se entretenían nuestros antepasados antes del YouTube y las redes sociales en tu teléfono inteligente Bueno, pues en esto: la venganza, la intriga; nada los divertía tanto como la crueldad -en la película hablan de "el juego por sangre"- y dedicaban tanto esmero en refinar las técnicas de sufrimiento como tú a embellecer tus stories de Instagram. Dejados a solas con su pensamiento, en una naturaleza constantemente amenazante, imaginaban formas de ganar los favores de fuerzas supremas con el poder de inclinar el tan desconfiable azar a su favor o en contra del grupo rival.


En la historia de cada uno siempre falta el primer capítulo. Por más que conozcamos la identidad de nuestros padres, la escena de nuestro origen, de nuestra concepción, siempre nos quedará vedada. El rito es la manera de compensar esa incógnita, de apaciguar esa ansiedad y, en última instancia, de unirnos en lo desconocido, en lo inexplicable de lo que procedemos, antes de empezar a respirar, a caminar, a platicar, a inventar historias de héroes y dioses, de enredar el mundo con humanidad. Es también el camino para seguir ocultando la escena, como debe permanecer. Si nos guiamos por la historia de Athen, desvelar la escena prohibida trae un horror y una locura que ningún amor contiene, que rompe el secreto necesario para la supervivencia del rito, para la cohesión de la realidad humana. 

De ahí venimos. El nacimiento de la civilización en todos sentidos es la guerra, hasta en la paz, un rito celebrado cuando la matanza se vuelve insostenible. Ahora que nos hemos dado a la tarea de construir un mundo aséptico, libre de agravios, homogéneo, desinfectado de supersticiones, pero sin nada cercano a los significados profundos del rito, la pregunta es: ¿qué extrañas formas están cobrando las fuerzas que cuentan la historia de The Northman, la historia de lo que somos? 

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