viernes, 2 de marzo de 2012

Mamarracho viendo el dvd de un concierto de Smashing Pumpkins


Soy un muchacho de rocanrol, de cables pelados
y estrobos fundidos de los noventa, las grietas
de aeronáutica, creciendo en silencio, peligrosas
y no alcanza para pagarle a los mecánicos.
Soy estéreo caminado, nunca he sonado mejor
que con esta víscera enhollinada de tristeza,
disfraz de resonancia en un diapasón de catatonia.

Soy un muchacho de rocanrol, que no debería usar
estas palabras, estas piedras, que debería sacar
la navaja. Soy un muchacho con una callle de demonios
viciosos en la espalda. Soy un muchacho incongruente.
Sin rima. Que da golpes en la mesa. Soy un muchacho
solitario. Soy de quien Bruce Springsteen canta
que Roy Orbison canta. Soy la última carcajada
de la vela. Una fila en Rockotitlán. Soy el muchacho
que debería estar con las muchachas hasta las seis
de la mañana pero a las dos se despide, saludos
a la familia, me esperan los brazos del valium.

Soy lo contrario de lo que les haga creer con lo que digo.
Soy un muchacho de rocanrol y nunca me atraparán.
Soy el paseo del dandy por un callejón. Soy punk erudito.
Soy lo peor que hay y tu enamorado más prendido.
Soy el restaurador del panteón para enterrar a sus ídolos.
Soy la botella vacía contra el gimnasio de la preparatoria.
Soy sueño siamés. Compresión. Mareas de flanger.
Martin Hannet gritando en la azotea. Péndulo.
Soy un muchacho de rocanrol, siempre me están matando,
Mi gracia es resucitar. Soy, mientras ¿tú te apagas?

martes, 28 de febrero de 2012

Aquí

El siguiente ¿relato, ejercicio narrativo, mamarracho? –nunca cuento- está basado en -robado de- la canción “Round Here” del grupo Counting Crows. Fue escrito en 1997 como parte de una pequeña colección de similares objetos impublicables que llevaba el título Festín de amigos (un blues). La siguiente es una versión remozada en este incipiente enero de 2012 para dejarla más presentable a los ojos del lector, digno de todo respeto. Una disculpa.


Round here we’re carving out our names

Round here we all look the same

Round here we talk just like lions

But we sacrifice like lambs

Round here she’s slipping through my hands…

-“Round Here”, Adam F. Duritz


I

Porque hay mar le llaman playa. En realidad se asemeja más a un desierto. Por eso no aparece en las guías turísticas, a nadie le interesa visitar un pueblo fantasma que al menos en parte no ofrezca la tranquilidad de un montaje hollywoodense. Los habitantes de aquí venimos por el olvido, preferimos enterrarnos en la arena a tomar el sol, si nadamos es sólo para que el agua lave nuestros secretos… fingir que cada uno puede esconder el suyo e ignora el de los demás es la única economía que conocemos, así que no nos quita el sueño contribuir al producto interno bruto del país. Nunca dormimos.

Por lo general evitamos vernos a la cara. Una especie de regla no escrita. Siempre acabas atorado en el brillo de unos ojos, en un recuerdo, aquí venimos a ser libres. Pasamos los días deambulando por la costa, inmersos en un silencio que, a diferencia de la neblina, nunca se disipa. Si alguien llega a saludarte, ni siquiera te detienes, emites un gruñido o medio levantas la mano de marioneta manejada por un titiritero artrítico.

Sentado en los escalones a la entrada de mi cabaña, contemplo el cielo agrietarse de crepúsculo. A esta hora me da la impresión de volverme translúcido. No veo mi mano frente a la nariz, atravesada por agujas de sol. No me asusta. Desaparecer. Al contrario. Es un alivio amanecer y darte cuenta que tienes un recuerdo menos que ayer. Vas sintiendo tus pasos ligeros. Pronto empezaré a levitar, los ángeles desde lo alto vislumbrarán un panorama mejor del derrumbe de los muros entre el bien y el mal aquí.

Hoy, además del silencio, bajó la neblina. Una blancura imprecisa diluye los límites entre las casas, la angustia de las palmeras, las sombras de los cuerpos. Contornos vaporosos. Ojalá todos los días fueran como hoy.


II

La tarde que conocí a María arrastraba una maleta escuálida y volteaba a todas partes como un animalillo perseguido. La cara que pone cualquier recién llegado. Vacilante se acercó a preguntarme si sabía de algún lugar dónde conseguir alojamiento. Me sobresaltó y tardé en hilar una respuesta, pasaron semanas desde la última vez que me había tomado la molestia de sostener una plática. Lo primero que me llamó la atención fue su piel, más blanca y triste que la nieve. Y, luego, el problema de los ojos. Me habría derrumbado de no saber que estoy proscrito, he dedicado muchas fatigas al coraje del océano para ahogarme en un estanque esmeralda, el suyo, además, era de niña.

Caminamos descalzos siguiendo la ebullición de espuma en la bahía, una pareja de arlequines haciendo equilibrios en la cuerda floja de un circo.

-Me gustaría encontrar a un chico parecido a Elvis- dijo de la nada.

-No es tan fácil aprenderse la letra de “Love Me Tender”- observé.

Regresamos a la cabaña. Ella empezó a mostrarme la naturaleza de su cuerpo: las tetas colgándole breves donde sus pezones brotaban en dos ciruelas irreales, la piel pegada a las costillas y un mapa de quemaduras de cigarro. Al acoplarnos dijo: “estoy cerca de entender a Cristo”. Desde aquel primer encuentro, cada vez que lo hacemos le pregunto: “¿Cómo vas?”. Ella contesta: “Cerca, más cerca”.

Esta ocasión en lugar de eso me besó en el cuello y masculló: “Te amo, eres hermoso y te amo”. Estaba nerviosa, le da por decir disparates si no ha tomado cerveza antes de la una.


III

Recostado en el cofre junto a la chica del Chevrolet ’74. Un día aparecieron el auto y ella en este solar, nadie hizo preguntas, asumimos que ahora pertenecían a nuestra simpática comunidad. De vez en cuando la visito, no es que le tenga cariño, ni lástima me provoca, simplemente me relaja perderme en el cielo tendido encima de un auto que se cae a pedazos al lado de una chica que se cae a pedazos, y columnas de polvo irguiéndose, y cuervos picoteando basura y ratas muertas. Ningún parque de diversiones cuenta con el presupuesto para instalar la Casa de los Espantos perfecta.

“Un día deberías probar una de estas”, me dice con la hipodérmica enlodada de heroína y sangre todavía colgándole del jirón de brazo, alargando su sonrisa de muñeca deshauciada.

Jala aire y va a sentarse al asiento del conductor. Me repugnan esas sacudidas que la recorren por oleadas. Nuevas lágrimas limpian el rastro de las anteriores. Dirige la vista al edificio sin terminar al otro lado de la cerca de adobe gris, vestigio de la locura de alguna vez creer que esto podía transformarse en un emporio hotelero. Estira una mano como queriendo alcanzarlo y sofocada escupe: “He estado pensando en saltar de ahí. ¿Qué pensarás mientras vas cayendo? ¿Morirás mientras flotas en el aire o hasta que tu cabeza revienta contra el suelo? ¡Dios, imagina ese sonido!”

Detesto oírla hablar, es mejor cuando se queda ahí tumbada, jadeando con ronquera.

“No flotas.”

“¿Cómo?”

“No flotas en el aire, te precipitas al vacío. No te da tiempo de pensar más que te carga la chingada.”

Lanza una última frase displicente: “Estoy cansada de la vida.”

Vaya con la perra. Todos estamos cansados de algo.


IV

Coge la mano de quien quieras. No habrá diferencia en las bocas que elijas para besar. Poco a poco andamos con pasos idénticos. Respondemos con gestos invariables. Topo con mi rostro garabateado en diferentes siluetas.

Respira hondo, el día medra y los niños corren a guarecerse en las faldas de mamá, huyendo de este sueño que ciega y ensordece como la tormenta. Desconocidos comienzan a reunirse frente al océano para conmemorar la batalla que pelearon bien, la que perdieron. Encenderán fogatas, escribirán sus nombres en la arena con mano quirúrgica para borrarlo con pies de bailarín, desgatillada la lengua por el aguardiente, correrán la noche empeñados en sonar como leones, por la mañana serán corderos en el altar de la iglesia abandonada frente al muelle, donde organizamos las fiestas.

Nuestras fiestas son muy calladas. Pero siempre hay música.

Alguien desgasta mi cabeza, erosiona la emoción, dicta las palabras. Voy a quedarme parado aquí hasta que venga a buscarme o suelte el microfonito-cincel. No importa cuánto tarde, por aquí hay montones de tiempo que perder y ninguna cita que cumplir. Por aquí escasea el pecado desde que nos hartamos de salvación. Apagamos la voz que nos mandaba temprano a la cama con un padrenuestro colgado de los labios. Ahora que podemos, vamos a quedarnos despiertos hasta muy tarde. Tengo carne viva en los nudillos y párpados de plomo y voy a quedarme despierto hasta muy, muy tarde.


lunes, 27 de febrero de 2012

No soy una estrella de rock

No soy una estrella de rock pero he visto al monstruo mecánico desvencijarse con la primera luz del día, recargado en un balcón de marfil en la bóveda celeste, copa de champán en mano lívida. No he destrozado habitaciones pero he masacrado colchones de pena, lujuria y traición, emitiendo una sustancia tan espesa, tan contaminante, que causaría daño psicológico irreversible a un niño de Greenpeace. No soy una estrella de rock pero he vivido la soledad del éxito, y me encanta dar entrevistas, ¿a quién no le gusta que lo amen sólo por existir? No soy una estrella de rock pero he pasado horas pegándome la cabeza contra la pared del estudio –sin aislamiento anti-pesadillas- con tal de sacar un sonido que le dé voz a Dios, no el Dios crucificado, no el Dios que ordena el mundo, no el Dios de los que bailan al dealer, sino el Dios de las hierbas que pisoteamos, el único Dios, el de las maldiciones, el Dios saqueado por las abejas. No soy una estrella de rock pero inmolado en altares han comido de mi carne. No soy una estrella de rock pero me ha bastado para sacudir el mundo de dos tres jovencitas y arrojarle su corazón a los perros. No soy una estrella de rock pero tampoco me alcanzó con tratar de portarme bien para salvar el Amazonas. No soy una estrella de rock, pero me he vendido, he defraudado a quienes desde el principio creían en mí, me he defraudado a mí mismo. No soy una estrella de rock aunque tampoco me gusta escuchar los consejos de mi mánager, tampoco quiero repetir la fórmula de la única rola que me ha pegado, aun si se acaba el dinero en el banco. No soy una estrella de rock pero también me ha temblado la mano al empuñar una pistola. No soy una estrella de rock pero igual no tengo una sola respuesta y aparento que las sé todas, el mundo no se desboca, eres tú el que tiene un problema con la gravedad, les invito a todos una ronda en el bar, estrello mi copa en el suelo y me salgo, arrogante, como sólo hace un vaquero en película del oeste, como sólo hace una estrella de rock. Pero no soy una estrella de rock, todos piensan simplemente “pobre imbécil” y nunca te llevas a la modelo... ni siquiera a la recamarera.

domingo, 26 de febrero de 2012

Vísceras de eRRe

No tenemos sobre las mujeres más ascendiente que el abrazo, en el instante del abrazo. Ahora bien, ¿es posesión o sueño? Las mujeres se abren, pero nosotros no permanecemos en aquello a lo que se abren. Nacer nos expulsa de su sexo. Gozar nos expulsa una vez más. ¿Podemos decir que está abierto para siempre el sexo que siempre expulsa?
Pascal Quignard en Vida secreta

Took my diamond to the pawnshop - but that don't make it junk
-L. Cohen

¿Por qué no salí despavorido? Debí advertir la premonición La primera mujer de la que me enamoré se llamaba Olvido. Quiero decir, ¿qué clase de padres le ponen ese nombre a una hija? “Feliz cumpleaños, Olvido”. “¿Hiciste la tarea o se te olvidó, Olvido”. “Te amo, Olvido”. “Quédate conmigo, Olvido”. Un día en una representación del jardín de niños, mientras interpretaba mi digno papel de Rey de Chocolate, vi a mi Princesa Caramelo entre el público dándole a mi mejor amigo lo que debió ser su primer beso en la boca (el mío tardaría todavía unos diez años).

Comenzó una serie que me gustaría llamar de episodios fatídicos, pero más bien ridículos, con las chicas que me atraen. No se asusten, no me propongo abochornarlos con una lista de los patéticos detalles que han plagado mi relación con "el sexo que siempre expulsa", por usar la expresión de Quignard. Baste con citar la odisea de Homero [Simpson], conozco todos los pretextos: te prefiero como amigo, mi mamá no me deja, no quiero matarte pero si me obligas… He superado la etapa de autoconmiseración, de sentirme infravalorado, de pensar en “algo” que ellas no alcanzan a ver. Estoy convencido que el error está en mí y si acaso ese “algo” existe, ellas marcan su distancia porque son las primeras en advertirlo, dejándome a mí sin idea, y, ¿les confieso la verdad?, ya dejé de preguntarme qué puede ser.

Ni para un vulgar silogismo alcanza. La mayoría de las mujeres con las que me he relacionado sentimental y/o sexualmente opinan que soy un buen muchacho, atento, simpático, pero nada para volverse loco (mientras yo, por su puesto he enloquecido por ellas, en sentido sexual o sentimental, que no necesariamente van de la mano, aunque da igual su obsesión se parece tanto que produce justo eso, locura, disolución de las diferencias).

No me quejo, me han pasado cosas increíbles, cosas que crees que sólo les pasan a las estrellas de rock. He tenido noches salvajes sin tregua y crepúsculos de abrazo tierno. Por lo menos dos mujeres han perdido la cabeza por mí, las desollé y les di una patada. No lo digo con orgullo, sentí que les hacía lo mismo de lo que tantas veces me había quejado –incluso con mayor vileza. Me han llamado un gran amante y un pervertido decepcionante. Encontré el amor, pero con eso pasó lo que Bruce Springsteen canta en For You: “vine por ti, pero no necesitabas mi urgencia”. He ofrecido amor incondicional. He ofrecido sexo sin complicaciones. Sólo que nada parece encajar. Todo es muy confuso.

Así que en esta confusión hace poco cometí un error. O, más precisamente, un acto de maldad. Obedeciendo la apurada lógica de si no puedes con el enemigo únetele, si te hagas adonde te hagas acabas como bolita de papel, actué conciente del mal, abrazándolo. Y en este trato con el diablo siento que a cada paso las cosas empeoran y me hundo más en el fango sin por lo menos recibir las recompensas terrenales prometidas en las tinieblas. Miren esta suerte que puede volver a un hombre malo. "Please, please, please, let me get what I want", los Smiths. Yo no buscaba ser malo, sólo una explicación a por qué todo sale tan mal... y sí, coger.

El otro día me rompí media cara contra una banqueta cayéndome de borracho. Me preguntaron si había sido por una mujer. Sí y no. Fue por todas las mujeres o fue por mí o para darme una lección que necesitaba… no saber dar una respuesta precisa me llena de vergüenza, quizá sea la justificación para escribir esto, un intento por dilucidarlo, esperando quién sabe qué respuesta al absurdo de a estos cansados 36 años ignorar el tipo de hombre que soy. Ahora mismo me encuentro correteando a cinco mujeres distintas, como perrito sin dueño, como siempre torpemente, como siempre con poco o nulo éxito, persiguiendo mendrugos de amor o sexo, o ya ni siquiera un beso, sino una sonrisa. Y no, no necesito una novia, no soy un adolescente, es como si me diera por ponerme a estudiar la discografía de Menudo. Tengo claro que parte de la urticaria la provoca esto del paso del tiempo y que no ceda este desasosiego.
Confieso mi pavor a terminar como el viejo raboverde de La muerte de Bunny Munro, una novela de Nick Cave, impotente y gritando blasfemias, de rodillas en medio de la calle bajo una lluvia torrencial.

¿Qué quiero, qué espero, que necesito de una mujer? Creo que Radio Futura me dio una pista oyendo su magistral adaptación al poema “Annabel Lee” de Edgar Allan Poe, en el cual habla de una flor “que crecía sin pensar en nada más que en amar y ser amada, ser amada por mí”. Alguien que no le estorbe
tu cariño
, alguien que no te estorbe por quererte, y cada uno tranquilo a lo suyo, no una vida de cadenas, una vida que ayude a concentrarse por cerrar la herida del desgarramiento original. Pero, claro, el amor de Annabel Lee y el galán que la enaltece, más grande que el amor de los mayores –que saben más, como dicen, de las cosas de la vida- provoca envidia entre los ángeles del cielo que mandan un oscuro viento para helar el corazón de la hermosa doncella. Entonces… supongo que es una de esas batallas que se ganan dándolas por perdidas, olvidándose de ellas. Y aun así, ya ven, a veces me acuerdo de Olvido.

viernes, 13 de mayo de 2011

Mamarracho de un sábado reciente...

Naufragando el mediodía por coordenadas turquesa que dirigían tus reflectores gemelos. La conversación tambaleaba el fino hilo de aire sobreviviente al estallido a través del abismo que nos separaba. Desayunamos historias fracturadas de un siglo demasiado enjuto para recién estrenarlo, sentados frente a una pintura de mendigos con milagros reciclados para un predicador que no multiplicaría peces, ni siquiera fe, pero inyectaba la dosis perfecta de resignación para llegar a un mañana imaginado en plastilina. Luego salimos a la calle como a un vivero de fábulas y diamantina, el ballet de tus dedos tallaba el aire de talismanes minuciosos contra conjuras pendulares, y tu voz teñida de fanfarrias de rocío, naciones crisálidas que te sembraron alas, y duendecillos de Babel que destapan botellas de champán con cada respiración, y de repente sacudías los enjambres de ninfas que revoloteaban frente a ti. Atisban tu perfil arquitecturas encriptadas para mártires del estío, dinteles esmerados en desvelo, ángulos de ornato que transgreden el buen gusto de la angustia; temeroso de tropezar el sacramento de la pendiente devuelvo la vista de golpe a la senda de origami ultrajado que recorremos, el primer sudario de memoria que absorba un rostro pasará una eternidad condenado. Subimos al palacio efervescente de la atmósfera, en tu recámara te maquillaste de esmeralda porque de los labios te resbalaban sílabas de un idioma extraño como animalitos hechos ovillo de terciopelo, mientras tu silueta bruñida de resolana, el trigal de marea alta en tu cabello, esas piernas alargándose hasta Dios y la maldita cama desmayada. Te acompañé a resolver negocios terrenales: remendar las correas de esperanza, comprar quitamanchas que nunca alcanza en esta industria de la respiración. Al despedirnos la permanencia de la ciudad me sobresalta: que haya coches acelerando en avenidas, que haya gente retrasada para una cita, que haya fichas de depósito, tonos de celular, telarañas magnéticas en el aire. Me asusta que esté obstinada en resistir al derrumbe del cielo. Y más que asustarme, fascina: el artificio de la perspectiva.

lunes, 7 de marzo de 2011

Justicia sampleada:el derecho a la ficción en “Presunto Culpable”

Texto leído el 7 de marzo de 2011, en el programa "Señales de Humo", de Radio UdeG, XHUG 104.3 FM de Guadalajara, lunes a viernes, 9:00hrs. http://www.radio.udg.mx/

Si lo permiten empezaré desde mi experiencia. En fechas recientes problemas personales me han obligado a familiarizarme con el lenguaje y los procedimientos del sistema legal de nuestro país, concluyendo que lo más grave ni siquiera es que sea justo o injusto, sino que parece diseñado para borrar el sentido común en procesos turbios, intrincados y, en resumen, incomprensibles para el ciudadano de a pie, de tal modo que, cuando llega, ninguna sentencia disipa las dudas. Como no soy un experto, en el aspecto judicial es la mejor opinión que puedo ofrecer. Lo que sí percibo sin necesidad de un doctorado en derecho es que en el caso de “Presunto Culpable” más que la prohibición a determinada película o un intento de censura en la tradicional lectura política, está en juego un atentado contra nuestro derecho a la ficción.

Tomo el término prestado del crítico literario francés Christian Salmon en un libro que recomiendo a todos los radioescuchas, “Tumba de la ficción”, publicado en castellano por Anagrama. Echándole una ojeada uno se da cuenta que lo sucedido con “Presunto Culpable” suma un episodio más a una vieja historia que incluye “Las almas muertas” de Gogol y “Los versos satánicos” de Salman Rushdie, obras a impugnadas por obtener un beneficio creativo a costas de información institucional que sólo por eso debe ser tomada en serio -la burocracia rusa en el caso de Gogol, el Islam con Rushdie, ahora el sistema judicial con PC. El derecho a la ficción no equivale a libertad de expresión, un término al que hemos cargado de tantas connotaciones políticas, periodísticas y sociales que acaban contradiciendo su sentido. En su libro Salmon lo aclara contando cómo si bien occidente fue unánime en el repudio a la condena de muerte dictada sobre Rushdie, desde la derecha y la izquierda surgieron voces que pretendiendo conciliar justificaban en parte la reacción porque Rushdie había abusado de la libertad de expresión sin justificarse en una crítica o denuncia sino por un mero capricho de fantasía. El problema con la libertad de expresión es que rinde cuentas a la diplomacia. El derecho a la ficción es un irreverente que no respeta normas de etiqueta ni sabe de responsabilidad social, lo único que le interesa es la garantía de libre acceso a los materiales propios del acto creativo, que no son otros que los proporcionados por la realidad.

“Presunto culpable” no es un trabajo de ficción, seguro, aunque los realizadores han insistido en entrevistas que tampoco se le vea como un documental. En realidad la distinción sale sobrando, de igual forma es producto de un acto creativo. Las puras filmaciones de las audiencias, los careos, la cárcel, por sí mismas nos habrían dicho bien poco. Alguien tuvo que seleccionar material, ordenarlo, editarlo, darle cierta congruencia narrativa. Las historias no se cuentan solas. Esto que de tan obvio ni habría necesidad de mencionarlo es parte substancial del asunto y el punto en que “PC” cruza el álgido debate sobre la práctica del sampleo en la música de hoy en día, entrando tarde pero seguros al tema acostumbrado en el espacio de eRRemental.

Samplear significa apropiarse de elementos de una o más canciones ajenas para integrarlos en una nueva creación. Un concepto cuya polémica si queremos podemos remontarla hasta Mozart y Sallieri, pero que adquirió particular auge a partir de la década de los 80, cuando la tecnología facilitó la manipulación directa de los discos. Mientras el sampleo fue hábito de unos cuantos grupos de hip-hop en los ghettos negros a nadie le importaba, pero en cuanto empezó a producir ganancias las demandas no se hicieron esperar. Y hablamos de artistas con vidas tan aseguradas en millones como Keith Richards y Mick Jagger, que demandaron a The Verve por usar en “Bitter Sweet Symphony” un fragmento que ellos ni siquiera habían incluido en un lanzamiento oficial . Y claro, lo primero fue discutir la fina línea que separa plagio de originalidad. Pero en 2004 el productor y DJ Danger Mouse puso el dedo en la yaga con un experimento que desnudó la hipocresía de la originalidad institucional. El Grey Album o Album Gris presentaba una reinvención del Black Album del hip-hopero Jay-Z armado con fragmentos instrumentales que tomó sin autorización del Album Blanco de los Beatles, la compañía EMI, dueña de los derechos de inmediato puso el grito en el cielo emprendiendo firmes acciones legales, pese a que el disco nunca estuvo en circulación masiva y si el pretexto era que Danger Mouse buscaba fama aprovechándose de las pegajosas tonadas de los Beatles, la verdad hay muy poco que recuerde al cuarteto de Liverpool en el Grey Album.

Hasta donde sabemos, el amparo que mantiene en la incertidumbre a “Presunto Culpable” responde a un principio bastante similar: una de las personas que aparece en la película se queja por el uso no autorizado de su imagen. Los abogados-cineastas detrás del filme han respondido a esto citando el derecho constitucional a las audiencias públicas. Sin embargo hay indicios de una respuesta más rotunda posible de la cual da indicios el periodista Jonathan Lethem en un texto publicado en México por la pequeña casa Tumbona ediciones con el curioso título de “Contra la originalidad”. Ahí Lethem señala el absurdo de pelear derechos de imagen o de autor en especial con la tecnología que ahora nos asiste. “Porque un auto o una bolsa, una vez robados, dejan de estar disponibles para sus dueños”, escribe Lethem, “mientras que la apropiación de un artículo de “propiedad intelectual” deja intacto al original”. Las ideas para un acto creativo saltan de lugares inesperados, le da lo mismo un disco que una audiencia judicial. Así como el factor Beatles acaba siendo irrelevante pasado por la destreza de Danger Mouse manejando la mezcladora, el testigo convertido en personaje, el juez, hasta Toño, el protagonista, cada uno tomado por separado pierde importancia frente a las dimensiones de la historia que nos cuenta “PC”, ese gran sampleo del sistema de justicia mexicano. Es lo que otorga el derecho a la ficción: la posibilidad de un entendimiento superior a partir de la creación de realidades que trasciendan las limitantes individuales. La parte difícil radica en que por su propia naturaleza insubordinada el derecho a la ficción muere en cuanto se intenta estamparlo, inmovilizarlo, en la ley. Lo cual no impide formular leyes para propiciarlo. Estipular que los juicios puedan registrarse en cualquier tipo de medio audiovisual sin que medie permiso del juez y asegurar, con las debidas pertinencias, el libre uso de actos y espacios públicos con fines creativos sería un paso de aplaudirse.

**********ERREMENTAL, INDAJAUS!!************

viernes, 24 de diciembre de 2010

Navidad con el eRRe

¡Por fin llegó diciembre! La temporada más acorde a un año piñata como el 2010 que todos anhelamos ver hecho pedacitos sin que nos interese mucho la colación. No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo -pero es mejor que andar por ahí esperando a morirte, diría el cadáver prematuro de Townes Van Zandt-, ignoro qué animal le haya asignado la astrología china a este año, o si fue declarado año internacional de “sí-bueno-¿y-lo que sigue?” por la UNESCO, de lo que estoy seguro es que en la escala eRRemental este fue un perfecto ejemplar de año mierdero. En serio, el aspecto que me digan…

Está bien, concedo, puede que el 2009 haya sido peor, pero depende el punto de vista. De la misma forma que con la crisis, a lo mejor no cayeron los mercados este año pero fue cuando entendimos cómo nos afectaba, las acciones legales que mis hermanos emprendieron el año pasado en contra mía fue hasta nuestro demacrado 2010 que rindieron su negro fruto de bilis. Esto es impreciso, en realidad las acciones legales no fueron en mi contra, peor para ellos, fueron contra mi mamá. Claro que mi mamá no es mamá de mis hermanos que este año me aclararon que ya no me consideran hermano suyo, como si el Liquid Paper enmendara la sangre… ojalá…

Cumplí 35 años. Desde los 31 con mi papá enfermo tras un accidente que de la noche a la mañana lo transformó en otra persona, costándole una operación cerebral que a todos nos puso de cabeza –a unos más, de ahí el litigio de mis hermanos. Cuatros años sintiéndome estancado porque cuando debería estar persiguiendo las mejores oportunidades de mi vida profesional, o por lo menos dedicándome a mis rollos por más perniciosos que fuesen, pero míos -desde chico básicamente aspiro a que me dejen en paz, por eso no me caso ni vivo con nadie-, ¡pues toma!, heme aquí teniendo que hablar con abogados y yendo a tribunales de circo, que es como una chambita aparte pero más ingrata porque todavía te la pagaran, pero al contrario… y estar al pendiente de mi mamá tristísima por el torbellino familiar, con puros gastos y ninguna entrada, hipertensa, sola en la ciudad donde hacemos hogueras con los policías.

Habría sido imposible sobrevivir al telenovelón que les cuento de no ser por el apoyo que recibí los últimos tres años de una mujer estupenda. Claro, tan estupenda que cometí el error –¡aprendan muchachos!- de enamorarme y ahora que ella pasea con un ex novio europeo por el Sureste mexicano, por supuesto que mi mente es atormentada con imágenes de los dos teniendo un randez-vous a los pies de algún monolito maya, ella regresando na’ más pa’ la despedida, nos dimos cuenta que sí nos amamos, en tres horas sale nuestro avión. No me ha llamado desde que se fue más que para una pregunta de chamba y yo no le llamo por este trauma idiota e insalvable que tengo como desde los 13 años, cuando conocí a una chavita en la posada de mi escuela y al llamarle nunca perdió el tono de “a-qué-horas-cuelgas-tengo-mil-cosas-más-entretenidas-para-mi-Navidad-que-hablar-con-un-fenómeno”. Verán, el problema con esta mujer no es tanto que sea estupenda –tampoco es que haya un harén de chavas así esperando tu atención-, el problema es cuánto nos queremos y haberme acostumbrado a que alguien me quisiera así a tal grado que ahora soy capaz de resignarme a mantenerla girando como amiga en la órbita de mi vida, aunque me represente un dolor inmenso, y entiendo que el mero hecho de ponerlo así no es buen presagio para el 2011. A su mamá le descubrieron un tumor maligno a principios de año. Los muchos amigos de esa familia tan diferente a la mía peleamos con ellas, a menor o mayor medida. Como en toda batalla sabíamos que habría daños colaterales, insignificantes comparados a la batalla ganada.

Me refiero a que háganme el favor de no creerme tan estúpido: soy consciente que podría ser peor. Te podría faltar una pata, como siempre amonestan los optimistas, o perder la movilidad de un brazo semanas atrás, cuando azoté como estúpido quinceañero rebasado de chela, vino y güisqui, pa’ qué te miento, cruda moral, no te extrañaba. Podrían haberme chocado en serio en lugar del abollón que le dieron a mi coche de pre-posada. Podría encontrarme la cabeza de mi perro en la almohada con una nota de mis oh, muy caros fratelli, su imaginación se agota donde comienza El Padrino. Y sí, el año trajo los conciertos de Pixies, de Charly García, la muralla esquizoide de Roger Waters. Pero, vamos, es Navidad, esa época del año que si no te despierta sentimientos de paz y concordia hacia tus semejantes ya sabemos que explotará tu lado cascarrabias y qué importa, por más que nos desgañitemos refunfuñando, no arruinaremos la Feliz Navidad de ustedes, los de regalitos con moños gigantes, y nieve en aerosol, y fotos muy juntitos en el árbol con gorritos rojiblancos, demostrándonos que todavía somos capaces de la indiferencia suficiente para tolerarnos hasta entrar de panzaso al año que entra sin volarnos la cabeza –es cierto, en algunos lugares ni eso. Alguna vez fui uno de los suyos, pero como Darth Vadder les informará, ya que das el paso al lado oscuro de la fuerza, ‘tá cabrera el regreso. Qué quieren, mis recuerdos de las navidades son una horda de gente, cada año más grande, viniendo a devorar lo que había en casa y mi madre atendiéndolos con una sonrisa que ellos le correspondían por encima del hombro cuando papá miraba y un juguete para farolear que tragaban al chamaco huraño, los criaditos del clan. Entonces, den chance: la chamba no levanta, la autodestrucción avanza a paso firme, el amor al rastro, la balanza sexual va tendiendo a la abstinencia (¡sorpréndenos 2011!), España ganó el Mundial. ¿Es época de compartir? Bueno, mi mamá anda de viaje, no exactamente turisteando; mi papá a las 10 de la noche, si no es que antes, estará dormido en su cama de hospital; mis hermanos desean que desaparezca como la cruda del día siguiente; a la mayoría de mis amigos los quiere de menos un miembro de su familia para tener compromiso de cena y los pocos que podrían venir son tan ermitaños como el eRRe para no tener un ápice de ganas de salir esta noche; de las mujeres sólo digamos que ni por error alguna me ha invitado a compartir un trocito de su fruit-cake. Asumo que en el abrumador conjunto no hay espacio para la coincidencia y debo haberme ganado a pulso mi solitaria Navidad. Ok, Santa, es justo.

Así que pienso pasarme la Noche Buena tomando vino tinto y arrullando a mi perro con un disco de Modest Mouse que empieza con la frase “everything that keeps me together is falling apart” y de ahí el cantante arranca una letanía de rolas sobre cómo jode a las personas que se le acercan, quizá luego un par de episodios de Dexter, no se me ocurre mejor propuesta para celebrar que ya nació Chuchito y en primavera podremos crucificarlo para que nos den vacaciones de Semana Santa. Bueno, claro que ha cruzado por mi mente la opción de buscar en las secciones de compra-venta de los periódicos –antes las nuevas leyes las exterminen- a unas gemelas cariñosas y despojadas de inhibiciones, pero eso está fuera del presupuesto tanto en sentido literal como figurado. Si alguien guarda una escopeta de doble cañón, sería buena compañía, ahora que mi mamá me dejó encargada su casa mientras está fuera, percibí lo que probablemente sea otro síntoma de vejez: la paranoia, porque mi departamento está solo pero yo estoy quedándome aquí porque es más llamativo y me la paso a ver a qué horas salta un rufián por la terraza, lo que antes me causaba un placer enorme, quedarme solo en casa de mis papás, de grande me come los nervios gracias a que en apenas un puñado de meses se metieron a robar los hogares de tres de mis mejores amigos, un obsequio más con las sinceras atenciones de 2010. ¿Para la noche de Año Nuevo qué tengo planeado? No sé, pero si traen esa escopeta prometo darle una muerte rápida y misericordiosa.
________________________________

Pero como en serio deseo que quien pueda la pase bien esta Navidad, aquí les comparto una de mis canciones favoritas de la temporada. En el programa de David Letterman es una tradición de hace 17 años que la protegida de Phil Spector de los 60, Darlene Love, se presente antes de Noche Buena a cantar su éxito "Christmas (Baby, Please Come Home)". Todavía ningún ocioso ha subido la interpretación de anoche, pero aquí tienen la del año pasado. Disfruten. Un abrazo y cochambroso rocanrol para sus vidas.

martes, 1 de junio de 2010

Por México viendo a Charly García, parte II: No voy a parar, déjalo que suba

A partir de ahí un relámpago de emoción deslumbra la memoria del eRRe. Le alcanza para recordar que a “Demoliendo hoteles” siguió “Promesas sobre el bidet” y, en la parte que dice “yo te prometo te escribiré si es que para de llover”, el momento de comunión entre Charly y audiencia que levantan ojos y gargantas al cielo reprochándole a Tláloc o cualesquiera divinidades responsables de los contratiempos que no cesan: el audífono que le sirve de monitor a Charly no termina de ajustarle al oído, constantemente un ayudante trata de acomodárselo, sea sentado al gran piano de cola o cuando se levanta a empuñar el pedestal del micrófono al centro del escenario. Seguro en otros tiempos esto hubiese bastado para despertar su furia y correr a refugiarse en el camerino, pero esta noche lo asombroso es que las maniobras del asistente no lo distraigan del trajinar por el teclado, que incluso pulsa con el pie. “Valió la pena la espera, ¿no?”, dice en un momento de la noche, ya con el público bien metido a la bolsa, la única muestra de rabia el dedo medio puntiagudo que sobresale de una de sus manos para que al mandamás de las alturas no le queden dudas del repudio por oponerse a esta celebración, pus quién te crees que eres para meterte con Charly García que antes de este concierto afirmó: “tengo muchas ganas de tocar para México porque le debo un gran concierto, hemos hecho algunos conciertos ahí en el pasado que no han estado muy buenos”.

La última visita que Charly nos hizo fue en 2002, se presentó en el defeño salón 21 visiblemente alterado, con un brazo enyesado, aunque igual sacando maravillas del marañón de teclados que lo rodeaban. Aquel intento de gira terminó con Charly acusando al empresario de haberlo estafado. Antes de eso, por a’i del ’99, cubierto de pintura plateada fue al Teatro Metropolitan para marcharse tres rolas después no sin antes amenazar: “vayan mañana, ahí sí va a estar bueno”; en efecto al día siguiente dio para quien quisiera un concierto en el Zócalo de tres majestuosas horas junto a su mamá “Negra”, Mercedes Sosa. La primera vez que vino debe haber sido alrededor de 1989, en la época del álbum Cómo conseguir chicas, apareció en el programa “Mala noche no” de Verónica Castro y tocó en el Auditorio Nacional, antes de la remodelación, con intento de portazo, pero de eso el eRRe no puede contarles mucho, era una edad en la que todavía no le daban permiso de asistir toquines.

Si antes la letra de “Fanky” (“no voy a parar, déjalo que suba”) podía interpretarse como declaración de los principios decadentistas que regían a Charly, ahora la resignifica en un ni por la vida que he llevado voy parar, ni por la sobriedad En el pasado tal vez representó mejor el salvajismo que se supone propio del rocanrol, pero ni quien se queje. Da gusto ver a este Charly recuperado con color en las mejillas, robustecido, sin olvidarse de la letra de las canciones, arrasando en una locomotora de banda sobre rieles de puro portento, una vez arranca te aprieta de los riñones para no soltarte lo que dura el concierto.

¡Qué banda! Una combinación del trío chileno que le ha servido de base en los últimos años (Kiuye Hayashida en guitarra, Toño Silva Peña en batería y Carlos González en bajo) con músicos que lo acompañaron en los 80 y 90: el “Negro” García López en el requinto, el Zorrito von Quintieros en los sintes y la princesísima Hilda, acomodando florituras vocales precisas, con la cadencia exacta en el baile para materializar las canciones de Charly García frente a tus ojos, sílfide afinada en la inquebrantable armonía del maestro que deja caer otra pedrada en el estanque del eRRe: “Una canción que me gusta mucho. Se llama ‘Filosofía barata y zapatos de goma’.” Porque a nadie le interesa que la única banda en la que alguna vez cantó el eRRe también se llamaba así, “Filosofía Barata”, y era en honor a esa rola de Charly, pero quién no ha conocido ese sentimiento despreciable del que ahora canta: “quise quedarme cuando morí de pena, quise quedarme pero me fui. Filosofía barata y zapatos de goma, quizás es todo lo que te di”. La voz de Hilda erupciona en trazos arabescos y la siguen los demás instrumentos, que apremian el galope, lo detienen, apremian de nuevo, como caballería marchando al despeñadero. Desfilan “No te animas a despegar” –pero de qué hablas Charly, si hace rato andamos volando-, “Rezo por vos”, “Yendo de la cama al living”… Con “Nos siguen pegando abajo (pecado mortal)” aquello ya es un hervidero de brincos y frenesí, Doc Cuajo, que ha regresado de la correría chelera con pinta de náufrago ahí está practicando sus mejores pasos de baile y dónde dejan la monstruosa imitación de Travolta en Pulp Fiction que el eRRe se atreve a ensayar. La esperpéntica escena se repite con “Estoy verde (no me dejan salir)”. La multitud corea el riff de “No voy en tren” desde el inicio y cuando llega la parte de “soy el que prende y el que apaga la luz”, Charly predica con el ejemplo, el escenario se pone a oscuras, y se retira con su banda.
Pero no lo dejamos ir tan fácil. Charly vuelve a salir para obsequiar la primera canción que grabó luego de la recuperación en la finca de “Palito”, “Deberías saber por qué”, una melodía a medio tiempo que bajo su aparente sosiego suelta la carga combativa que Charly nunca podrá dejar atrás: “che, si es que entraste a mi apartamento, deberías saber por qué”. La guitarra del “Negro” García López inicia la ofensiva final con “No toquen”. El concierto pasó como un incendio de combustión acelerada, ha durado poco más de una hora y aunque todos quedamos con ganas de más, los comentarios que se oyen por donde quiera son “qué banda, suena poca madre”, “qué buen concierto”, “¡es Charly, güey!”. Y el eRRe les responde que no pierdan las esperanzas, contándoles cómo en el dvd de El concierto subacuático –el disco grabado en vivo que supuestamente vino a presentar pero que inexplicablemente todavía no está en las tiendas- cuando toda la gente ya va de salida, Charly regresa, y en la toma cenital es muy chistoso ver a ese mundo de gente apurándose a regresar…

Pero aquí no pasa lo mismo, y resignados Doc Cuajo y eRRe enfilan a la salida, en el camino un cuate que flota en mullidas nubes de intoxicación balbucea: “tsss, qué sonidote le sacaba al pianote ese el Charly”… y sí, el comandante desde ahí llevaba las riendas de su ejército.

Hay que apurarse, a media noche sale el camión a Gudalajara, donde mañana Charly reparte la segunda dosis de esta visita a México. Antes de despedirse, Doc Cuajo le comunica eRRe que Feisbuk le tronó la página de amigos de la película en la que está trabajando con el pretexto de alguna de las nuevas políticas fumadas que está implementando. ¡Qué mamada! ¡Los amigos de La revolución de Juan Escopeta queremos que regrese, pinche Feisbuk!

lunes, 31 de mayo de 2010

Por México viendo a Charly García, parte I: Beatles, diluvio y Doctor Cuajo

¿Por qué irse a ver a Charly García cuando Paul McCartney tiene a México vuelto loco? Por una cuestión de capricho y honestidad. Y por el simple placer de llevar la contraria, porque como firme creyente en la filosofía grouchomarxista de “no soy miembro de ningún club que admita a miembros como yo”, el eRRe disfruta mucho, cuando una oleada de locura envuelve a la mayoría, envolviéndose en una locura personal aparte: ah, todos hablan de la visita de Paul, pues a mí sólo me interesa la de Charly García. Pero eso ya viene incluido en lo primero: el capricho. “Mi capricho es ley”, una de las frases clásicas de Charly: ¿acaso hay algo más rocanrolero que eso?

La verdad es que de haberse quedado a ver a Paul, el eRRe sentiría que estaba traicionándose a sí mismo sabiendo que podía ir a ver a Charly García. Como cualquiera de su generación y posteriores (incluso anteriores), a Paul el eRRe lo recibió en paquete, no muy distinto a los tabicones de Biología que tenías que leer en la escuela y te quitaban cualquier amague por saber más de los seres vivos, te tienen que gustar los Beatles, pus si de ahí viene toda esta onda, y sí, la música está chida y lo que innovaron y tal, pero en cierto sentido es algo un poco muerto, ¿no?, como un animal disecado, mira qué chingón era pero por más que le hagas nadie puede moverle a la leyenda de los Beatles. Al eRRe lo que le tocó fue crecer pedazo tras pedazo descubriendo la genialiad de Charly García con los discos impecables que sacó en los 80 y para el final de la década ya estaba enganchado, siguió escuchando concienzudamente cada nuevo álbum, escombrando en el Tianguis del Chopo y luego en internet, viejas grabaciones, conciertos, material inédito, además de enterarse de las noticias escandalosas que rodeaban la vida de Charly, lo de menos si se comparan con la música, pero sin las cuales Charly no sería la leyenda que es, una leyenda que por lo menos viste construirse. Para que entiendan: el eRRe ha escuchado más veces Parte de la Religión o Say no more de lo que nunca escuchará el Sgt. Pepper’s. Y si quieren una confesión: los Bicles ni siquiera lo entusiasman como deberían si tan amante del rocanrol se dice.

¡Hayase visto tamaño embustero! El primero en sorrajarle una guitarra en la cabezota sería el propio Charly García, que mientras diluvia previo al concierto gratuito que ofrecerá en el marco del XII Festival Internacional de la ciudad de Puebla, el 28 de mayo de 2010, mismo día en que Paul ofrece el primero de dos conciertos en el Foro Sol de la ciudad de México, hace esperar al público poniéndoles pura música de los Bicles. Cuidado con ese “nos hace esperar”, que dada la fama que ha criado Charly podría prestarse a oscuras especulaciones. A las 8 de la noche en punto –hora en que estaba programado el inicio del concierto- Charly sale al escenario acompañado de sus músicos para pedir paciencia, que nada más amaine la lluvia empiezan a tocar. Explosión de cánticos a Charly. Guau. Así que este es el tipo que salió de la finca de Palito Ortega. Habrá quienes digan que extrañan el rocanrol, pero cualquiera agradece la cortesía, y es una mentira que uno tenga que estar peleado con la otra para existir como lo demuestran Leonard Cohen, o Tom Waits, o el recién fallecido Ronnie James Dio, o para el caso Sir Paul. Hasta Charly en una entrevista con ocasión de su paso por México reconoce el cliché de los excesos: “creo que los rocanroleros en un punto han hecho eso antes y ya no necesitan más hacerlo”.

La lluvia en Angelópolis quizá merma en el número de asistentes al concierto en la explanada del Complejo Cultural Universitario BUAP, pero una vez llegando no hay mayor inconveniente, se ha instalado una generosa carpa que, según le comentan al eRRe, fue desbordada por los seguidores del Buki y Joan Sebastian –total ni llovió cuando estuvieron-, pero en esta ocasión alcanza a la perfección para cobijar del clima a las mil y cacho de personas -¿quizá 2 mil?, soy muy malo para estos cálculos- que nos hemos congregado para el primer concierto de esta minigira que Charly García realiza en México. Sin embargo el escenario, con un techito más bien precario, no corre con la misma suerte, de ahí la tardanza, pues luego de la cantidad de coctelitos extravagantes a los que debe haber sobrevivido, Charly García no se nos va a morir de una vulgar mezcla de agua y electricidad. Hombres en impermeables se afanan trapeando el tablado en lo que parece una tarea imposible, esta lluvia ladina apenas finta calmarse suelta un nuevo latigazo de agua, que ataca, no de arriba p’abajo, sino por los costados.

La falta de previsión contra las inclemencias pluviales no es la única falla de organización. Algún poblano ilustre tuvo la idea de programar el mismo día, en el mismo lugar y casi a la misma hora otro concierto, ni más ni menos que de Miguel Bosé (“ese gran rocanrolero”, diría agobiado Alex Lora antes de volver a hablar con los abogados de su hija). Charly gratis, afuera, en la explanada, y “Papito” Bosé enfrente, en el interior del auditorio del mismo Complejo Cultural, él sí cobrando para complacer a la snobiza poblana. Esto ocasiona que llegar sea un desmadre, que no haya lugar en el estacionamiento –en la entrada una manta advierte: “Exclusivo para el evento de Miguel Bosé”- y que ubicar los accesos para cada espectáculo sea un desmadre –no te confundas y de repente ya estés cantando “yo seré un hombre por ti” en lugar de “y cuando estés masturbando a la nena…”.

Pero las apariencias engañan. eRRe acompañado de Doctor Cuajo –quien actualmente dirige una película de animación en Puebla que pronto los dejará con el ojo cuadrado- a la llegada se encuentran con un par de damas –una de ellas harto de bonita-, vestidas de negro, muy arregladitas, cubriéndose con su paraguas, con toda la pinta de ir a ver a Miguel Bosé. Tamaña sorpresa cuando la bonita les dice, “¿Van a Charly García? Vengan es por acá”. Cuajo y eRRe, acostumbrados a las miradas despectivas de las damas capitalinas con porte similar, que sólo se calienten oyendo a Camila, casi al unísono exclaman: “¿A poco ustedes también?”. “¡Claro! ¡Qué Miguel Bosé ni qué la chingada… ¡esas son mamadas!”. ¡Y esa es la actitud, mi angelito poblano! Por falta de fortuna y aplicación, en cuanto entran el angelito se pierde en la multitud, tal vez abriéndose paso hasta la primera hilera de batalla.

Aguanta, eRRe, ¿cómo? ¿Te echaste un viaje siguiendo a Charly García y no estuviste hasta delante? La única explicación que podría dar es que ya aprendió a disfrutar los conciertos y no a sufrirlos. Si en el disco Say no more Charly ponía que “la película te la montás vos”, el eRRe opina “el concierto te lo montás vos”, qué importa la distancia a la que estés en tanto te la pases bien bailando y cantando a tus anchas, , eso es mejor que cuidarte de no quedar aplastado entre el mastodonte de 120 kilos zangoloteándose a tus espaldas y la barra de contención que tienes delante.

En suma, que “el rocanrol te lo montás vos”; si tú no te crees la estrella de tu propia película, ¿tons a quién vas a convencer de nada?, ¿para qué parapetarse horas apartando un lugar hasta el frente? Mejor, tanto que hablamos de películas, vamos a dar el rol por los estudios donde Doc Cuajo tiene a un impresionante equipo de animadores, diseñadores y demás artífices visuales dedicados a sacar adelante la película de un niño que busca la revolución de sí mismo en plena Revolución Mexicana. Luego una parada por chelas y choros en casa del compa Gamba. Liberado momentáneamente por las naturales presiones que un cineasta ocupado en su ópera prima carga en la cabeza y ante la indefinida espera impuesta por la lluvia, Doc Cuajo está que da su reino por una chela. Tras discernir sobre la posibilidad de comprar un boleto para Bosé con tal de sacar una chela del bar del auditorio, Cuajo emprende una incursión al Oxxo en la que casi le iría la vida. Déjenlo, que de peores se ha salvado. A poco de su partida parece que la lluvia por fin se deja vencer por el sueño, retiran las lonas de los instrumentos, el rumor de expectación aumenta en la muchedumbre. Un golpe de baqueta al snare de la bataca seguido de otro y otro más anuncian “Demoliendo hoteles”. La banda pisa la tarima. En cuanto sale el hombre del bigote bicolor la gente lo abraza en una oleada de júbilo. El concierto de Charly García acaba de empezar.

martes, 6 de abril de 2010

Invocación de los apestados

"Traemos un mensaje para la gente guapa y es que los feos somos muchos más."
-Siniestro Total

"¡Chinguen a su madre las mujeres preciosas y los hombres guapos, The beautiful people, the beautiful people!"
-Armando Vega-Gil

"Nosotros somos los marranos."
-El Personal

Nosotros somos los apestados. Los que resbalamos
despacio al fondo de una taza de café interminable,
colgados del cable del teléfono, despellejando relojes,
caras acorraladas frente al tablero por instrucciones
de mantis en abrazo bisturí al rey. Nosotros somos

a los que dio la pálida al otro lado de la lluvia
en el salón azotado la tarde que te vimos arreglada
para subir al carruaje, los que te jalábamos
de las trenzas para ver si nos dedicabas por lo menos
tu indiferencia. Dedos de gaitero enredados
y estómago revuelto de melodías de feria. Los barridos
en uno solo de tus pestañeos. Desfigurados,
políticos de flor y mazo, insomnes paramédicos,
publicistas matarratas, arquitectos de la perversión,
malabaristas genéticos, guardabosques, carpinteros,
narcomenudistas y señores traficantes, párrocos
y sus limosneros… en pantano puente de seda. Al principio

fue la campanada de claridad abriendo la noche en canal
lo que nos atrajo. Como moscas. Ya de cerca: el infierno
que rodea tus ojos. Ya muy tarde, ya calcinados, caemos.
Como las buenas moscas que somos. Salitre tapando
la tubería de tu memoria, bagazo de pasatiempos pirotécnicos,
libros con moho, varillas retorcidas que sacan de la mansión
masticada por la familia y los años. Vestigio de respiración.
Somos cascajo, focos fundidos, humedad, telarañas. Perseguidos
por coches en llamas. Muñequitos a los que caducó la gracia.
Ni siquiera piezas de repuesto, somos

sobrantes, virutas de acero, clavos enchuecados,
tornillos flojos, corto circuito, combustible quemado
en la máquina de huesos, semilla de los accidentes.
Basura de hospital o pollería, agujas y entrañas
usadas, pulmones relamidos de humo de escape,
desafinados, lengua trabada, cuerdas que revientan,
batería perdiendo el ritmo, hilillo de durazno
y el escenario se inunda, samba de media octava llorada,
ceniza y colilla en los vasos cuando termina el concierto.
Somos ejército en campaña contra la poesía, de una pedrada

te devuelve a la vida, desplome de borrachos por las calles,
dientes nadando en tu boca, gritos como vidrios rotos
en las bardas de esta ciudad, los ojos del médico antes
de dar tu diagnóstico, manos temblorosas color enjambre
de culpa en sonido psico-estereofónico, estofado
de presidiarios. Somos los apestados, los que sacaron
en carretas para no contagiar al resto del pueblo.
Briznas de espejismo estrellado. Desahuciados,

los desterrados hijos de Eva, hoy suplicamos, a ti
clamamos, reina de la fiesta; nosotros, huéspedes
incómodos, a ti que bailas desnuda en la playa; nosotros,
los patizambos, a ti, caireles en guirnaldas; nosotros,
banquete de los jardines, a ti, lozana sinfonía; nosotros,
asma de los violines, a ti, nubes en las comisuras; nosotros,
aeroterroristas. Suena la hora de terminar la sequía,
consumada nuestra parte del sacrificio, te toca
honrar la promesa de tu belleza. La promesa de
pegarnos, redimirnos, afinarnos, limpiarnos, repararnos,
arrullarnos; la hora de soldarnos, lijarnos, desinfectarnos,
secarnos, restaurarnos, o colorearnos. O verás
sombras salvajes abrirse paso entre los arbustos gruñendo
disparos de óxido, saldremos de las coladeras, de tu cuarto
de trebejos, de la televisión en la que no te miras,
abandonaremos la lección de espanto, las camisas
de fuerza hawaianas, pabellones de pulcra blancura,
nuestros hoyos enlodados de olvido, sacudido
el sueño de la madriguera tóxica hecha de duela, raíces
a medio comer y pósters de Star Wars. Volaremos de nuevo
las moscas derrocando al infierno, aniquilación total
para tu imperio, sin paciencia ni rescoldo. Y el reposo
llegará de cabeza cuero negro en pedestal helada caricia,
la estación que pasamos felices entre los esclavos.