Soy un muchacho de rocanrol, de cables pelados
y estrobos fundidos de los noventa, las grietas
de aeronáutica, creciendo en silencio, peligrosas
y no alcanza para pagarle a los mecánicos.
Soy estéreo caminado, nunca he sonado mejor
que con esta víscera enhollinada de tristeza,
disfraz de resonancia en un diapasón de catatonia.
Soy un muchacho de rocanrol, que no debería usar
estas palabras, estas piedras, que debería sacar
la navaja. Soy un muchacho con una callle de demonios
viciosos en la espalda. Soy un muchacho incongruente.
Sin rima. Que da golpes en la mesa. Soy un muchacho
solitario. Soy de quien Bruce Springsteen canta
que Roy Orbison canta. Soy la última carcajada
de la vela. Una fila en Rockotitlán. Soy el muchacho
que debería estar con las muchachas hasta las seis
de la mañana pero a las dos se despide, saludos
a la familia, me esperan los brazos del valium.
Soy lo contrario de lo que les haga creer con lo que digo.
Soy un muchacho de rocanrol y nunca me atraparán.
Soy el paseo del dandy por un callejón. Soy punk erudito.
Soy lo peor que hay y tu enamorado más prendido.
Soy el restaurador del panteón para enterrar a sus ídolos.
Soy la botella vacía contra el gimnasio de la preparatoria.
Soy sueño siamés. Compresión. Mareas de flanger.
Martin Hannet gritando en la azotea. Péndulo.
Soy un muchacho de rocanrol, siempre me están matando,
Mi gracia es resucitar. Soy, mientras ¿tú te apagas?
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