¡Por fin llegó diciembre! La temporada más acorde a un año piñata como el 2010 que todos anhelamos ver hecho pedacitos sin que nos interese mucho la colación. No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo -pero es mejor que andar por ahí esperando a morirte, diría el cadáver prematuro de Townes Van Zandt-, ignoro qué animal le haya asignado la astrología china a este año, o si fue declarado año internacional de “sí-bueno-¿y-lo que sigue?” por la UNESCO, de lo que estoy seguro es que en la escala eRRemental este fue un perfecto ejemplar de año mierdero. En serio, el aspecto que me digan…
Está bien, concedo, puede que el 2009 haya sido peor, pero depende el punto de vista. De la misma forma que con la crisis, a lo mejor no cayeron los mercados este año pero fue cuando entendimos cómo nos afectaba, las acciones legales que mis hermanos emprendieron el año pasado en contra mía fue hasta nuestro demacrado 2010 que rindieron su negro fruto de bilis. Esto es impreciso, en realidad las acciones legales no fueron en mi contra, peor para ellos, fueron contra mi mamá. Claro que mi mamá no es mamá de mis hermanos que este año me aclararon que ya no me consideran hermano suyo, como si el Liquid Paper enmendara la sangre… ojalá…
Cumplí 35 años. Desde los 31 con mi papá enfermo tras un accidente que de la noche a la mañana lo transformó en otra persona, costándole una operación cerebral que a todos nos puso de cabeza –a unos más, de ahí el litigio de mis hermanos. Cuatros años sintiéndome estancado porque cuando debería estar persiguiendo las mejores oportunidades de mi vida profesional, o por lo menos dedicándome a mis rollos por más perniciosos que fuesen, pero míos -desde chico básicamente aspiro a que me dejen en paz, por eso no me caso ni vivo con nadie-, ¡pues toma!, heme aquí teniendo que hablar con abogados y yendo a tribunales de circo, que es como una chambita aparte pero más ingrata porque todavía te la pagaran, pero al contrario… y estar al pendiente de mi mamá tristísima por el torbellino familiar, con puros gastos y ninguna entrada, hipertensa, sola en la ciudad donde hacemos hogueras con los policías.
Habría sido imposible sobrevivir al telenovelón que les cuento de no ser por el apoyo que recibí los últimos tres años de una mujer estupenda. Claro, tan estupenda que cometí el error –¡aprendan muchachos!- de enamorarme y ahora que ella pasea con un ex novio europeo por el Sureste mexicano, por supuesto que mi mente es atormentada con imágenes de los dos teniendo un randez-vous a los pies de algún monolito maya, ella regresando na’ más pa’ la despedida, nos dimos cuenta que sí nos amamos, en tres horas sale nuestro avión. No me ha llamado desde que se fue más que para una pregunta de chamba y yo no le llamo por este trauma idiota e insalvable que tengo como desde los 13 años, cuando conocí a una chavita en la posada de mi escuela y al llamarle nunca perdió el tono de “a-qué-horas-cuelgas-tengo-mil-cosas-más-entretenidas-para-mi-Navidad-que-hablar-con-un-fenómeno”. Verán, el problema con esta mujer no es tanto que sea estupenda –tampoco es que haya un harén de chavas así esperando tu atención-, el problema es cuánto nos queremos y haberme acostumbrado a que alguien me quisiera así a tal grado que ahora soy capaz de resignarme a mantenerla girando como amiga en la órbita de mi vida, aunque me represente un dolor inmenso, y entiendo que el mero hecho de ponerlo así no es buen presagio para el 2011. A su mamá le descubrieron un tumor maligno a principios de año. Los muchos amigos de esa familia tan diferente a la mía peleamos con ellas, a menor o mayor medida. Como en toda batalla sabíamos que habría daños colaterales, insignificantes comparados a la batalla ganada.
Me refiero a que háganme el favor de no creerme tan estúpido: soy consciente que podría ser peor. Te podría faltar una pata, como siempre amonestan los optimistas, o perder la movilidad de un brazo semanas atrás, cuando azoté como estúpido quinceañero rebasado de chela, vino y güisqui, pa’ qué te miento, cruda moral, no te extrañaba. Podrían haberme chocado en serio en lugar del abollón que le dieron a mi coche de pre-posada. Podría encontrarme la cabeza de mi perro en la almohada con una nota de mis oh, muy caros fratelli, su imaginación se agota donde comienza El Padrino. Y sí, el año trajo los conciertos de Pixies, de Charly García, la muralla esquizoide de Roger Waters. Pero, vamos, es Navidad, esa época del año que si no te despierta sentimientos de paz y concordia hacia tus semejantes ya sabemos que explotará tu lado cascarrabias y qué importa, por más que nos desgañitemos refunfuñando, no arruinaremos la Feliz Navidad de ustedes, los de regalitos con moños gigantes, y nieve en aerosol, y fotos muy juntitos en el árbol con gorritos rojiblancos, demostrándonos que todavía somos capaces de la indiferencia suficiente para tolerarnos hasta entrar de panzaso al año que entra sin volarnos la cabeza –es cierto, en algunos lugares ni eso. Alguna vez fui uno de los suyos, pero como Darth Vadder les informará, ya que das el paso al lado oscuro de la fuerza, ‘tá cabrera el regreso. Qué quieren, mis recuerdos de las navidades son una horda de gente, cada año más grande, viniendo a devorar lo que había en casa y mi madre atendiéndolos con una sonrisa que ellos le correspondían por encima del hombro cuando papá miraba y un juguete para farolear que tragaban al chamaco huraño, los criaditos del clan. Entonces, den chance: la chamba no levanta, la autodestrucción avanza a paso firme, el amor al rastro, la balanza sexual va tendiendo a la abstinencia (¡sorpréndenos 2011!), España ganó el Mundial. ¿Es época de compartir? Bueno, mi mamá anda de viaje, no exactamente turisteando; mi papá a las 10 de la noche, si no es que antes, estará dormido en su cama de hospital; mis hermanos desean que desaparezca como la cruda del día siguiente; a la mayoría de mis amigos los quiere de menos un miembro de su familia para tener compromiso de cena y los pocos que podrían venir son tan ermitaños como el eRRe para no tener un ápice de ganas de salir esta noche; de las mujeres sólo digamos que ni por error alguna me ha invitado a compartir un trocito de su fruit-cake. Asumo que en el abrumador conjunto no hay espacio para la coincidencia y debo haberme ganado a pulso mi solitaria Navidad. Ok, Santa, es justo.
Así que pienso pasarme la Noche Buena tomando vino tinto y arrullando a mi perro con un disco de Modest Mouse que empieza con la frase “everything that keeps me together is falling apart” y de ahí el cantante arranca una letanía de rolas sobre cómo jode a las personas que se le acercan, quizá luego un par de episodios de Dexter, no se me ocurre mejor propuesta para celebrar que ya nació Chuchito y en primavera podremos crucificarlo para que nos den vacaciones de Semana Santa. Bueno, claro que ha cruzado por mi mente la opción de buscar en las secciones de compra-venta de los periódicos –antes las nuevas leyes las exterminen- a unas gemelas cariñosas y despojadas de inhibiciones, pero eso está fuera del presupuesto tanto en sentido literal como figurado. Si alguien guarda una escopeta de doble cañón, sería buena compañía, ahora que mi mamá me dejó encargada su casa mientras está fuera, percibí lo que probablemente sea otro síntoma de vejez: la paranoia, porque mi departamento está solo pero yo estoy quedándome aquí porque es más llamativo y me la paso a ver a qué horas salta un rufián por la terraza, lo que antes me causaba un placer enorme, quedarme solo en casa de mis papás, de grande me come los nervios gracias a que en apenas un puñado de meses se metieron a robar los hogares de tres de mis mejores amigos, un obsequio más con las sinceras atenciones de 2010. ¿Para la noche de Año Nuevo qué tengo planeado? No sé, pero si traen esa escopeta prometo darle una muerte rápida y misericordiosa.
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Pero como en serio deseo que quien pueda la pase bien esta Navidad, aquí les comparto una de mis canciones favoritas de la temporada. En el programa de David Letterman es una tradición de hace 17 años que la protegida de Phil Spector de los 60, Darlene Love, se presente antes de Noche Buena a cantar su éxito "Christmas (Baby, Please Come Home)". Todavía ningún ocioso ha subido la interpretación de anoche, pero aquí tienen la del año pasado. Disfruten. Un abrazo y cochambroso rocanrol para sus vidas.
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