martes, 6 de abril de 2010

Invocación de los apestados

"Traemos un mensaje para la gente guapa y es que los feos somos muchos más."
-Siniestro Total

"¡Chinguen a su madre las mujeres preciosas y los hombres guapos, The beautiful people, the beautiful people!"
-Armando Vega-Gil

"Nosotros somos los marranos."
-El Personal

Nosotros somos los apestados. Los que resbalamos
despacio al fondo de una taza de café interminable,
colgados del cable del teléfono, despellejando relojes,
caras acorraladas frente al tablero por instrucciones
de mantis en abrazo bisturí al rey. Nosotros somos

a los que dio la pálida al otro lado de la lluvia
en el salón azotado la tarde que te vimos arreglada
para subir al carruaje, los que te jalábamos
de las trenzas para ver si nos dedicabas por lo menos
tu indiferencia. Dedos de gaitero enredados
y estómago revuelto de melodías de feria. Los barridos
en uno solo de tus pestañeos. Desfigurados,
políticos de flor y mazo, insomnes paramédicos,
publicistas matarratas, arquitectos de la perversión,
malabaristas genéticos, guardabosques, carpinteros,
narcomenudistas y señores traficantes, párrocos
y sus limosneros… en pantano puente de seda. Al principio

fue la campanada de claridad abriendo la noche en canal
lo que nos atrajo. Como moscas. Ya de cerca: el infierno
que rodea tus ojos. Ya muy tarde, ya calcinados, caemos.
Como las buenas moscas que somos. Salitre tapando
la tubería de tu memoria, bagazo de pasatiempos pirotécnicos,
libros con moho, varillas retorcidas que sacan de la mansión
masticada por la familia y los años. Vestigio de respiración.
Somos cascajo, focos fundidos, humedad, telarañas. Perseguidos
por coches en llamas. Muñequitos a los que caducó la gracia.
Ni siquiera piezas de repuesto, somos

sobrantes, virutas de acero, clavos enchuecados,
tornillos flojos, corto circuito, combustible quemado
en la máquina de huesos, semilla de los accidentes.
Basura de hospital o pollería, agujas y entrañas
usadas, pulmones relamidos de humo de escape,
desafinados, lengua trabada, cuerdas que revientan,
batería perdiendo el ritmo, hilillo de durazno
y el escenario se inunda, samba de media octava llorada,
ceniza y colilla en los vasos cuando termina el concierto.
Somos ejército en campaña contra la poesía, de una pedrada

te devuelve a la vida, desplome de borrachos por las calles,
dientes nadando en tu boca, gritos como vidrios rotos
en las bardas de esta ciudad, los ojos del médico antes
de dar tu diagnóstico, manos temblorosas color enjambre
de culpa en sonido psico-estereofónico, estofado
de presidiarios. Somos los apestados, los que sacaron
en carretas para no contagiar al resto del pueblo.
Briznas de espejismo estrellado. Desahuciados,

los desterrados hijos de Eva, hoy suplicamos, a ti
clamamos, reina de la fiesta; nosotros, huéspedes
incómodos, a ti que bailas desnuda en la playa; nosotros,
los patizambos, a ti, caireles en guirnaldas; nosotros,
banquete de los jardines, a ti, lozana sinfonía; nosotros,
asma de los violines, a ti, nubes en las comisuras; nosotros,
aeroterroristas. Suena la hora de terminar la sequía,
consumada nuestra parte del sacrificio, te toca
honrar la promesa de tu belleza. La promesa de
pegarnos, redimirnos, afinarnos, limpiarnos, repararnos,
arrullarnos; la hora de soldarnos, lijarnos, desinfectarnos,
secarnos, restaurarnos, o colorearnos. O verás
sombras salvajes abrirse paso entre los arbustos gruñendo
disparos de óxido, saldremos de las coladeras, de tu cuarto
de trebejos, de la televisión en la que no te miras,
abandonaremos la lección de espanto, las camisas
de fuerza hawaianas, pabellones de pulcra blancura,
nuestros hoyos enlodados de olvido, sacudido
el sueño de la madriguera tóxica hecha de duela, raíces
a medio comer y pósters de Star Wars. Volaremos de nuevo
las moscas derrocando al infierno, aniquilación total
para tu imperio, sin paciencia ni rescoldo. Y el reposo
llegará de cabeza cuero negro en pedestal helada caricia,
la estación que pasamos felices entre los esclavos.

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