“Usted me habla de la caridad pero alguien que no cree en Dios no puede tener caridad”. Qué lapidaria, madre. Ojalá nunca se vea en una situación donde tenga que ser juzgada con la dureza que usted exhibe. Porque en esa frase no sólo está poniendo en duda la integridad moral de MG, sino que arrebata a todas las personas que por un motivo u otro no han descubierto al Señor la posibilidad de practicar la caridad, un don que como alguien educado 12 años en escuelas maristas el eRRe entiende que la Iglesia Católica debería estar promoviendo y no destruyéndolo a la menor provocación. La caridad no es fácil, madre, debería usted saberlo. No hay caridad sin sacrificio. Y si Cristo aceptó el máximo sacrificio muriendo en la cruz, ¿de verdad es para tanto escándalo unos muebles rotos y una descalabrada? Estas son las cosas que hacen que tomen por tontos a los cristianos, porque hay grandes segmentos de la grey que prolongan en ese Dios único y todo poderoso el sentir idolátrico que horrorizó a Moisés, abaratando la que, pese al sermón de antropólogos y sociólogos, es la religión más desmitologizadora que haya concebido la civilización humana, convirtiéndola en un mito del montón.Por ahí se encamina el resto de la misiva:
“Yo pensaba que usted era una persona educada ya que siempre nos trató con mucho respeto, sin embargo el día que le comuniqué mi deSisiOn, usted se mostró agresiva y cuestionó mi fe y mi caridad.” La señora entiende por agresiva una conversación de palabras duras, que no groserías, como se tiene cuando uno está convencido de lo que defiende, como usted debe estar convencida de su fe y si se la cuestionan seguro que cuenta con los argumentos para defenderla sin que nadie le haga dudar de dónde está parada, las discusiones acaloradas no deben amedrentar ningún cristiano, siendo que desde que Jesús corrió a los mercaderes del templo u ofreció la mejilla derecha hay una larga tradición de hablar fuerte entre los Cristianos. “Yo le comunico que no tengo ninguna deuda con Nuestro Señor y que rezo mis oraciones todas las noches.” Lo de las deudas con el Señor, pues eso lo sabrán ella y el Señor, y en realidad a nadie más debería de concernirle, en cuanto a las oraciones, bueno, rezar es fácil, es la parte más fácil, hasta los niños rezan todas las noches; es tan fácil que es de lo último que Jesucristo le enseña a los apóstoles y sólo a petición de Pedro. Pero primero hacen todo lo demás, agotan los caminos enseñando la palabra, curan a los enfermos, conviven con los publicanos, dan de comer a los hambrientos. Rezar viene después, casi como un accesorio, una religión sin acción es una creencia vacua. Esto la señora superiora lo considera una grosería: “Usted muy grosera me dijo que con rezar no basta y que la fe cristiana no es suficiente para salvarnos” -disculpe madre, pero no basta, porque si toda esta sarta de maleantes, asesinos, tranzas, chupasangres, mentirosos, extorsionadores con los que tratamos a diario van a salvarse sólo porque ponen cara de contrición en misa cada domingo, dan la paz, comulgan y salen tan campantes a seguir llenando de liendres este valle ahogado de lágrimas, estaríamos poniendo el prestigio de Dios por los suelos-, “dice usted que hay que actuar hoy, aquí en la Tierra y ayudar al que se pueda sin importar las creencias religiosas. Yo no estoy de acuerdo con eso. Ojala [sic] y usted enderese [sic] su camino”. Lo que nos devuelve al buen samaritano. Precisamente una discusión similar es la que da origen a esa parábola que con tanta frecuencia se cita, pero que al parecer, a 2,000 años de haber sido contada por primera vez, a quienes mayor atención deberían prestarle todavía les cuesta trabajo entender. Un sacerdote y un levita pasan de largo donde se encontraba el hombre lisiado, solamente un samaritano con valor para ignorar la ley que enemistaba a hebreos y samaritanos lo reconforta. La verdadera parábola, tal parece, es que no importa cuántas veces nos las repitan hay cosas que nunca cambian. Y lo curioso es ese “ojala enderece –permítanme ponerle la “c”- su camino” al final de un mensaje lleno de especulaciones que en ninguna parte da una razón de peso para suponer que el camino de MG esté enchuecado de alguna manera.
Ya nada más por el divertimento de ver las últimas faltas de ortografía leamos el párrafo final:
“Le reitero que la deSisión está tomada y que no la cambiaré.” Eso seguro que no lo sacó de la Biblia sino de algún mocodramón televisivo. “No pueden venir más” ¿A poco no hasta imaginan la voz de Ofelia Guilmain? “Le voy a dar unos días a ver sí [sic] consiguen otro lugar pero aquí ya no”. Al más puro estilo lopezobradoresco cuando luego de soltar su retahíla de insultos aclaraba “pero con todo respeto”, la señora superiora, luego de las tremendas aseveraciones que hace sobre MG se despide con un “Dios la bendiga”. ¿Segura? Por lo que se ve que piensa no creo que lo diga en serio. Lo más triste aquí no es que se tome tan a la ligera la probidad de una persona, la que sea. Lo más triste no es –aunque sí lo que más enfureció al eRRe- que una persona tan turbia y de intelecto tan reducido haya hecho llorar a otra tan sagaz y sencillamente buen pedo como MG. Lo triste de verdad es que afuera haya un montón de niños con la panza más vacía que antes sólo porque hay una persona incorrecta en un lugar incorrecto ostentando un cargo que no merece. Lo que debería alegrarnos es que existan personas increíbles como MG a los que cuestiones como ésta honestamente le preocupan.
Y aunque los nombres de ese mundo que algunos llaman real no cuentan en eRRemental, por esta vez haremos una excepción y revelaremos que la susodicha madre se llama María del Socorro Salazar… y, obviamente, necesita ayuda.
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