sábado, 21 de febrero de 2009

La marcha del chilangoteca: Beirut en ciudad de México 20-2-2009

"Se ve que tienen como 13 años”, es lo primero que el eRRe oye salir de los labios de Mystery Girl en cuanto la banda de cinco piezas que conforma el directo de Beirut toma el escenario del Lunario. Y es que sí, los camaradas de los que se hace acompañar Zach Condon, único miembro oficial de Beirut, no desentonan respecto a él en la pinta de prófugos de un viaje de ciencias universitario, mientras M. Girl y el eRRe están llegando a la edad en que el viejo dicho rockero de “no confíes en nadie de más de 30 años” cambia en “no escuches a nadie de menos de 40”. Pero estos güeritos a los que tal vez les pedirían identificación para servirles bebidas alcóholicas si no tuvieran un gafete de backstage colgándoles del cuello son capaces de crear una música de resonancia ancestral. Un saludo, una tonada introductoria y se arrancan con Nantes, Zach trae la trompeta en la mano y cuando se la pone en la boca el público estalla confundiéndose en esas notas esculpidas en piedra, que mueven algo primitivo, algo que no tiene que ver con el rock ni con el pop sino con el origen de la música y la danza. Y la escéptica Mystery Girl ya está moviéndose, su silueta oscila como el oscuro metrónomo que marca los saltos del espíritu para esa noche, para todas las noches de la historia humana. Allá delante, Zach, no sabe qué decir, se nota apabullado por el entusiasmo que flota por nuestras cabezas en lugar del humo de antaño, antes, a finales de 2008, ha grabado un EP en el estado de Oaxaca –The March of the Zapotecs, que se acaba de editar con su complemento euro-techno de Real People: Holland- y se nota que aprecia este recibimiento ahora que alcanza la capital del país donde ha vivido una de sus últimas aventuras musicales. ¡Bendita inocencia, que dios se las guarde! Cuando presenta una de esas nuevas canciones grabadas en Oaxaca el eRRe se pregunta –aunque sin preguntárselo, preguntándoselo con los pies, con el sudor que la chela re-pone- cuáles son los misteriosos caminos que llevan de los Balcanes a Teotitlán del Valle, sí, el camino se llama polka, pero el camino también se llama sangre y caballos desbocados. “Brandenburg”, “Guyamas Sonora”, “A Sunday Smile” llueven como dándole de beber a la soledad en la huerta. Acá se han refugiado los fantasmas de los carnavales que acaban de pasar y para que no quede duda que esto es una fiesta, vaya sorpresa, se discuten con el "Brazil" de Ari Barroso, ¿no será que por descuido nos metimos a una película de Terry Gilliam en lugar de la de Kusturica donde se supone que deberíamos estar? Y se van, pero a quién quieren engañar, si ellos y nosotros tenemos ganas de más, y órale, se sacan perlitas del repertorio, “Scenic World”, subyugante como los atardeceres de los que habla, y “The Gulag Orkestar”, que soltada en medio del griterío en que esto ha derivado pierde parte del tono fúnebre de la versión de estudio y en la tierra de José Guadalupe Posada inevitablemente da pretexto a la exaltación, y por un momento, durante la toma del Shiki Shiki Baba, el clásico de la Kocani Orchestra, bastaría una palabra, un gesto de Zach, para que la audiencia del lunario desfilara por Paseo de la Reforma siguiendo su cadencia hipnótica. Y vuelven a irse, ahora sí en serio. Afuera, esperando como res en matadero, “la llaman noche y la conozco bien”.




















Fotos de Mystery Girl y eRRe

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