sábado, 14 de septiembre de 2024

El rock en apoteosis de Nothin’ But a Good Time

Acabo de leer Nothin’ but a Good Time, una historia oral del glam metal ochentero que este 17 de septiembre de 2024 se convertirá en serie documental de Paramount+. Van Halen dio el pistoletazo de salida para que Mötley Crüe, W.A.S.P, Ratt, Poison, Cinderella, Skid Row o Guns N’Roses ganaran popularidad global con un sonido de rock duro, letras libertinas y estrafalarias vestimentas.


Pero los 80 no amanecieron con buenos augurios para el rock basado en guitarras. A Van Halen los contrató Warner gracias a unos demos que les produjo Gene Simmons, de KISS; no obstante, los sellos discográficos en general se inclinaban por la novedosa tendencia new-wave, en particular por el estilo new romantic de tersas melodías moldeadas por sintetizadores y presentadas por artistas de aspecto sofisticado.


Se consideraba que las rolas estridentes y festivas que hacía un grupo como Quiet Riot eran “música de dinosaurios”, tuvieron que firmar con la división japonesa de Sony para publicar sus primeros discos, que en general pasaron inadvertidos hasta que Ozzy les robó al prodigio trágicamente fenecido de Randy Rhodes. A la distancia, el papel crucial de Quiet Riot en el ascenso del hard rock ochentero suele barrerse bajo la alfombra. Reformados a instancias de un productor en busca de una banda que grabara una nueva versión de “Cum On Feel the Noiz”, clásico de los ingleses Slade, y con la reticencia inicial del grupo, la canción se convirtió en un éxito apoyado por un llamativo video que difundió ampliamente  MTV, la banda irrumpía en el cuarto de un adolescente a punta de decibeles, como pronto haría la marabunta que les pisaba los talones.

El naciente canal de videos evidenciaba la relevancia que había adquirido la imagen en la promoción musical. Para competir con los churrigurescos modelitos que portaban los nuevos románticos, estas bandas –que provenían mayormente de los clubes en el Sunset Strip de Los Ángeles- elevaron la apuesta; más maquillaje, más laca en el pelo para obtener cabelleras más voluminosas y atuendos más recargados que no variaban mucho de un grupo a otro porque todos acudían al mismo diseñador. Una de las curiosidades que nos revela el libro de Tom Beajour y Richard Bienstock es que, cuando Michael Jackson desarrollaba el look para su álbum Bad, buscó al vestuarista de Warrant, agrupación que todavía no firmaba contrato discográfico.

Era una época distinta, las bandas tenían que distribuir volantes y disputarse postes de luz para pegar propaganda de sus tocadas y generar alboroto a su alrededor. Tras el improbable éxito de Mötley Crüe, los ejecutivos disqueros deambulaban por la eterna fiesta que dicen que eran las noches angelinas a la caza de la siguiente gallina de los huevos de oro, aunque de repente llegaban sorpresas desde la costa este, caso de Bon Jovi, Cinderella y Skid Row. 

Ahora que no todo era exceso, había espacio para el romanticismo. Cualquier banda glam metal que se preciara debía incluir en su repertorio una buena power ballad, o las “canciones mojacalzones”, como les llama el guitarrista de Warrant Joey Allen. La lógica era presentarse con una rola prendida para ganar credibilidad, luego lanzar la balada de sencillo para traer chicas a los conciertos y detrás vendrían los machines persiguiéndolas. Visión que cabía esperar de una corriente que presentaba a las mujeres como poco más que accesorios de lujo, apenas distantes de un coche, una botella de champán o cualquier otra comodidad que supuestamente identifica a una estrella de rock. Penelope Spheres retrató en su documental The Decline of Western Civilization Part II: The Metal Years, esa depravación y decadencia que era apoteosis de todos los clichés engendrados por el rock. Resulta gracioso revisar las críticas contra el glam metal por parte del grupo de señoras indignadas que promovieron colocar sellos de advertencia en los discos subidos de tono, y comprobar su parecido a los dardos que orgullosos pero rancios roqueros lanzan actualmente contra las huestes del reguetón. El tiempo es circular y los momentos, pasajeros. No era de extrañarse que siguiera algo muy distinto.

Guns N’Roses trajo los primeros vientos de cambio. Banda formada por integrantes de Hollywood Rose y L.A. Guns, compartía algunos de los principios hair metal, pero con apariencia más callejera y el sonido más blues de Slash reemplazaba los malabares guitarrísticos que ya saturaban el género. Esa plática sobada de que el grunge mató al metal de los 80, es cierta sólo en parte. El libro menciona que llegó el punto en que había “38 Guns N’Roses, 20 Ratts, 14 Warrants”. Al abuso de la fórmula en los nuevos actos, se sumó el natural desgaste de los consagrados con tal de alimentar la máquina de la popularidad, lo cual cobró su factura de trastornos mentales y adicción. Una de las escenas más tristes que me quedan de la lectura de Nothin’ But a Good Time es la de uno de los guitarristas de Ratt, Robbin Crosby, internado en un sanatorio, infestado de SIDA, adicto a la heroína, con una obesidad mórbida que le dificultaba el movimiento y aferrándose a la fantasía de algún día volver a grabar discos, murió a los 42 años. En cambio, la parte que más me hizo reír implica una noche en que Axl Rose terminó persiguiendo a David Bowie por la calle con instinto asesino. Y la mejor (o peor, según se vea) historia de éxito incumplido fue la de Jetboy.


Vince Neil, de Mötley Crüe, concluye que las bandas de grunge fueron más anónimas, por lo que sus fans les son menos leales y no pueden hacer giras 30 años después. Eso, aparte de inexacto, puede verse de otra manera: después de haber alcanzado su pico de extroversión con el glam metal, al rock sólo le quedaba recorrer la senda del ensimismamiento, cuestionar sus propios valores, un pico introspectivo que el grunge saldó con el sacrificio de su máximo exponente. Y desde entonces, el rock anda preguntándose ¿y, ahora, pa’ dónde me hago? Un destino vagabundo que le viene muy saludable.



lunes, 5 de junio de 2023

El Corona Capital y el cochinito de la soledad

 

Acabo de leer un meme: “Si nadie quiere ir contigo a un concierto, ve solo, sin miedo al éxito”. Me causa gracia porque de no haber aplicado el principio hace décadas, me habría perdido la mayoría de los actos en directo que he disfrutado y algunos de los momentos más felices de mi vida. Recuerdo el grito en el cielo que puso mi madre cuando le conté, con toda naturalidad, que había ido al cine solo; entiendo la preocupación de que un malandro te haga algo (más si eres una chava), pero ya tenía 15 años y era un cine; es decir, ya no estaba en una edad para que me hicieran tan pendejo a lo wey.


Hay una discriminación de la que poco se habla en este país hacia los solitarios. Escribí algo parecido en Facebook y uno de mis contactos, buen hombre, pero muy sácale punta, me contestó que vivíamos en una sociedad y quien no lo aceptaba no tenía derecho a chillar por no recibir tarjetas de Navidad. Estas palabras, en el fondo, no hacen más que evidenciar la visión generalizada del solitario como un perdedor Bueno, me viene la imagen de Pascal Quignard a quien puedo pensar como un solitario, pero jamás como un perdedor. Para empezar el alejamiento del grupo humano, el aislamiento, es uno de los llamados más antiguos que cualquier sociedad ha ejercido sobre cierto tipo de individuos –anacoretas, chamanes y hasta el mismo Jesucristo lo sintieron-, y no se trata de esperar felicitaciones de Fin de Año, sino simplemente de un poco de respeto, por ejemplo, en un restaurante, donde la prioridad de servicio al solitario es evidentemente inferior a la mesa de numerosos comensales. En esos letreros que este tipo de negocios ahora están obligados a exhibir por ley, además de la preferencia sexual, posición social, raza o creencia religiosa, debería agregarse que no se discriminará por preferencia social o soledad.


Ahora, acaban de anunciar el cartel para este Corona Capital 2023. Tres noches, cada una encabezada por una banda simbólica de mi generación: Pulp, Blur y The Cure. Había estado ahorrando sobre todo por si venían Pulp y The Cure. Pero cada uno en su concierto separado, no los esperaba en festival. A todas las bandas ya las vi y con The Cure, particularmente, me había prometido nunca perderme un concierto suyo en la Ciudad de México. Mi disyuntiva es distinta a la del meme del principio y a la que atravesaba cada vez que quería ver a un grupo que a nadie más la interesaba. No faltarán los amigos que me acompañen, pero ¿de verdad quiero gastarme en tres días –lo que incluye boletos y chupe- el varo que planeaba en un más largo intervalo? Y, sobre todo, ¿de verdad estoy preparado para aventarme tres días seguidos el ritual –cada vez más desgastante- de la caminata y los empujones entre miles de desconocidos? ¿O sólo voy a The Cure? O, de plano, ya a ninguno. ¿Valdrá ese clavado en la muchedumbre romper el cochinito de mi soledad? ¿Me la voy a pasar mejor?

miércoles, 31 de mayo de 2023

Nina Galindo en el Sindicato Rupestre: Calor que no da el boiler


Brindis por un difunto, de Nina Galindo y Sigue La Mata Dando, es para mí un templo imprescindible del culto al rock nacional, aunque me informan mis fuentes que no tan sagrado para recibir la bendición de los pontífices que recientemente han publicado su biblia de 200 discos chingones del rocanrol mexicano. Aparecido en 1991, más rocanrol de lo que trae este álbum no se puede: canciones perrísimas de un grupo importante de roleros que venían desarrollándose desde los años 80 bajo el oblicuo apelativo “rupestre” (encuentro de rock y blues con jiribilla mexicana) cantadas por el temple intocable de Nina Galindo. 

Estaba Cecilia Toussaint con la garra curtida en los hoyos fonqui de la generación inmediatamente anterior y las nocturnas ondulaciones con las que Rita Guerrero seducía desde Santa Sabina. Nina ocupaba otro universo, más sutil y al mismo tiempo más bravo. Le bastaba con pararse frente al micrófono, abrir la boca y hacer valer la ley de su canto cuando disparaba el exquisito arsenal de su repertorio. Con presencia serena pero firme, hirsuta cabellera de color atardecer en la playa, ojos fijos en un planeta más allá que el tuyo y un estilo de vestir sencillo que a mí me parecía de mucha clase, apenas le faltaba moverse, con eso dominaba a las bestias. Un puñado de veces la vi en el Teatro Isabela Corona de Tlatelolco y si un gandalla le gritaba la infaltable guarrada, ella invariablemente encontraba la revirada que dejaba callado al fulano. Y ahí me tenían como un chiquillo anonadado, admirado. Era una diva de otro lugar. Una estrella que sólo podía existir cuando cantaba y como pasa con las maravillas fuera de nuestro alcance viví un poquito enamorado de ella.


Su discografía es en realidad breve. Después del aludido Brindis…, vino Antropofagia amorosa (1993), Antes del toque de queda (1995) y El desliz (1999). De esos, el único que se me escapó fue El desliz porque, ya saben cómo rebasa la vida, las deudas, las pérdidas irreparables y los hallazgos milagrosos, los libros, las películas, los imprevistos, el alcohol, las angustias y hasta el propio amor con sus delicias y sinsabores… hacen que, sin buscarlo ni desearlo, un día te des cuenta de que has pasado un par de décadas sin ir a ver a una de tus cantantes favoritas, Nina Galindo. Y yo no sé si algo parecido le pasó a ella, que de repente descubro que ha sacado un nuevo disco doble, Canciones atoradas, y está por desatorar un concierto el 27 de mayo en el Sindicato Rupestre.


Contacto al maestro Simón Zamora, buen camarada ideólogo del Sindicato, con el inocente propósito de que me dé chance de presentarme a comprar un disco y llegarle, la neta ya no me alcanza pa quedarme a la tocada. Con la generosidad que le caracteriza, Simón contesta que me lance a adquirir mi disco y de paso me quede a presenciar el chou.


Le debo uno de los momentos inesperados más gozosos que he vivido últimamente.


Si conocen el Sindicato Rupestre, saben que es un espacio de máxima libertad con absoluto respeto, alérgico al oropel y sanamente dispuesto al desmadre, sin grandes separaciones entre público y artista. Antes de subir, veo que el maestro Simón retiene a Nina en el pasillo que conduce al escenario para que le hagan la respetuosa presentación que amerita. La tengo a pocos metros de mí y quedo arrebatado, suspendido, pasmado como el puberto que iba a encenderle sus veladoras internas en Tlatelolco.


Acompañada únicamente por su guitarrista Jorge García Montemayor, recuerdo que “Algo de suerte”, del Rockdrigo fue una de las primeras que se reventaron y sí, sentía la tinta en estas páginas dibujadas por la muerte de correr con algo de suerte para compartir este momento, este lugar, este oxígeno en donde Nina Galindo derrocha su voz. Y cavernícolas como somos, adentrados en esta catacumba, no son tanto estas pobres antorchas que hemos traído para lacerar la noche las que nos iluminarán, sino el sonido, esta música desaprobada por los canónigos de Rhythm & Books, lo que trazará las pinturas mentales que cada uno se lleve en forma de aplausos, chiflidos, el beso que se da una pareja, una cerveza destapada, un triste tabaco encendido a escondidas de esta vieja ciudad de hierro que ya ni siquiera permite semejante consuelo al distante instante del corazón exaltado antes de convertirse en pinche instante de olvido.


Al menos yo me siento muy vivo en el momento que Nina se arranca con “La muerte de los viejos locos”, y me arrebata la respiración en pétalos aun cuando canta de “Ellla”, la que reniega de su mala suerte, porque yo llevo años latiendo con ese "corazón que naufragó”. Tan demolido estoy que no me queda más que juntar mis pedazos en esos gritos triviales de “¡Viva, Nina!” “¡Gracias, Nina!” “¡Eres grande, Nina”. Y ella me contesta con la edad que está próxima a cumplir. Me he convertido en uno esos rucos que gritaban cosas parecidas en Rockotitlán. Y soy tan feliz. ¿Por qué no brindar? Y se descorcha una de mi maestro Gerardo Enciso, “El vino”, que como todos sabemos, es buen amigo, pero como todo buen amigo puede traicionar. No es el caso esta noche, que mientras finiquito la tercera chela de la velada, el maestro Simón se me presenta para regalarme la cuarta al tiempo que Nina desde el micrófono pregunta por él sobre un asunto de la firmeza del escenario.


Así es el Sindicato. Sin pedos, sin mamonerías, sin propinas de a webo. Y por eso ha de permanecer inquebrantablemente Rupestre –denominación de origen que ya alguna vez les quisieron pelear-. Llegará el momento en que esto será un buen recuerdo, por ahora nos congregamos aquí para respirarlo, absorberlo, tomarlo, brindarlo justo cuando Nina por fin nos regala una de las más pedidas de la noche: “Habrá tiempo” 


Parece que se va y muchos quedaremos helados porque no ha encendido “El boiler”, pero bien que regresa para dejarnos mejor esta luz que la oscuridad. Yo sigo entre nubes. Cuando Nina regresa del escenario por el pasillo donde la he visto antes del concierto, algunos asistentes la detienen para tomarse una selfie. Despierto. No lo había pensado. No se me había ocurrido que podía acercarme a Nina Galindo para sacarme una foto con ella. Lo hago apresuradamente. Antes de soltarla para que huya a cualquier galaxia que habite, alcanzo a decirle "te amo". Me he quitado un peso de encima.


lunes, 16 de enero de 2023

¿Apagarlo? No si puedo evitarlo


Joe Jackson, músico de pop elegante, también es un escritor de pensamiento sagaz que denuncia los atentados a la libertad individual enmascarados de prevención sanitaria. El presente texto data de 2003, cuando varios motivos lo llevaron a abandonar Nueva York, el principal: las leyes antifumadores. La alteración del vínculo social en los espacios de esparcimiento, la manipulación de la investigación científica para sembrar pánico y la honda contradicción suyacente son algunos de los puntos que señala en esta política; si ni en las cantinas se puede fumar, acabaremos haciéndolo en el hogar junto a los hijos que queríamos proteger, lo que deja una duda perturbadora: ¿no será que hay una necesidad social latente por encontrar una minoría a la cual atacar ahora que todas las otras están prohibidas? Para mala fortuna de Jackson, el llamado al sentido común que aquí hacía a las autoridades inglesas pre Brexit cayó en saco roto y actualmente reside en Alemania, donde la regulación en torno al tabaco es más prudente. Sus esfuerzos en el tema cristalizarían en el ensayo Smoke, Lies & The Nanny State (Humo, mentiras y el Estado niñera, 2007), disponible para consulta en su sitio web: joejackson.com. (El texto fue publicado originalmente en Daily Telegraph el 28 de noviembre de 2003,;mi presente traducción junto a esta introducción aparecieron en 2019 en la revista Inundación Castálida de la Universidad del Claustro de Sor Juana.)


Noche de viernes en la ciudad. Acudo a una fiesta en un centro nocturno promovida por mis amigos Mimi y James, cuyas fiestas del pasado son legendarias. Pero hay poca concurrencia y un ánimo apagado. La economía local anda mal, pero ése no es el único problema.


Por ejemplo, nadie baila: es ilegal. El recinto no cuenta con el permiso debidamente caro y complicado de obtener. Todos tenemos historias: el bar castigado porque dejó a una pareja besuquearse junto a la rocola; la clase de swing que fue cancelada; incluso el club del centro que recibió una cuantiosa multa después de una velada de música klezmer judía cuando las setenta y pico personas que conformaban el público fueron vistas meneándose.


Pero ¿qué hace este grupo de gente fuera del club? No están bailando; fuman. 


Gracias a una nueva ley, es ilegal fumar en el interior. También es ilegal beber en el exterior. Entonces: una fumada entre trago y trago, o dejas tu bebida dentro con la esperanza de que ahí continúe cuando regreses. En cualquier caso, se desarrolla toda una fiesta por separado en la calle. Aunque no demasiado festiva. Todo el mundo refunfuña sobre cómo el actual alcalde es peor que el anterior, el que inició esta disneyficación de la ciudad con la idea de hacerla amigable para empresarios y turistas, exiliando el elemento creativo, “bohemio”, cerrando incluso los bares topless.


Los no fumadores poco a poco también empiezan a escaparse, y Judy, la bartender, toma su pausa de cinco minutos para un cigarrillo. La prohibición supuestamente busca proteger su salud, pero ella dice que preferiría no ser un poli que vigila su cumplimiento, muchas gracias, y por menos propina, ya entrados en gastos. Y de vez en cuando, uno de los promotores tiene que salir corriendo para avisar a los fumadores de algún acontecimiento importante dentro. Ah, sí, y para recordarles que no hagan mucho ruido. El club puede ser multado por eso, también. 


La ciudad, por supuesto, es Nueva York. La ciudad de la que me enamoré cuando era un forúnculo en el trasero de la América reaganista: más sucia, pero bastante más divertida. Me radiqué ahí desde entonces, pero este año volví a vivir de lleno en Inglaterra. Mi desilusión tiene que ver más con el presidente Bush que con el alcalde Bloomberg, pero la gota que derramó el vaso –lo que finalmente me puso a hacer mis maletas con absoluta indignación- fue la prohibición de fumar. Imaginen mi consternación al oír que la Policía del Humo promueve una prohibición similar en Britania. 


Una prohibición como ésa sería aun más devastadora aquí que en Nueva York, con todo y que la propaganda de Bloomberg diga “¡Amamos Nueva York libre de humo!”. Manhattan conserva una especie de glamour inamovible que Londres quizá nunca iguale, pero Londres –con todos sus problemas- es más sociable y su vida nocturna hoy en día es más libre, más amigable y por alguna razón más adulta. Se mueve en la dirección correcta además, con sus ridículas leyes para otorgar permisos a punto de cambiar. Mientras tanto, Nueva York está pensando en cerrar sus bares y clubes más temprano, en parte para retirar de las calles a esas molestas aglomeraciones de fumadores


Yo soy un fumador moderado; disfruto un par de cigarrillos o un cigarro puro con una copa. Pero también soy una persona consciente de la salud y, durante los últimos años, he investigado ampliamente todos los ángulos sobre el tema de fumar. He concluido que fumar es riesgoso, pero no tan peligroso como los oficiales fanáticos y los activistas antifumadores nos harían creer. Para ser más claro, estoy convencido (como muchos científicos respetados) que el peligro para los “fumadores pasivos” es en esencia un engaño, con dudosas estadísticas manipuladas y exageradas por la intención manifiesta de estigmatizar a los fumadores y horrorizarnos a todos.  

 

En mis incursiones dentro del loco mundo de la estadística, he descubierto, por ejemplo, que es más probable que mueras en un accidente de bicicleta, o como resultado de ser zurdo y usar objetos para diestro, que por ser un fumador pasivo. Pero los oficiales de la salud acostumbran ocultar cualquier evidencia que no sea de su agrado y alteran la información. Todo es parte de una campaña propagandística a gran escala y muy bien financiada para cambiar la percepción que tiene el público de fumar como algo que da placer a algo sucio y antisocial. Bueno, personalmente me considero una excepción a la acusación de que es un “hábito asqueroso”. ¿Dónde está lo asqueroso exactamente? Yo no soy una persona asquerosa, ¡venga, miren mis uñas!


Independientemente de las estadísticas, está el sentido común, y nuestras propias observaciones a menudo contrastan con la línea oficial. Por ejemplo, los antifumadores ahora nos dicen que aproximadamente la mitad de todos los fumadores (se refieren a personas que llevan mucho tiempo haciéndolo, adictos sin remedio, pero se olvidan de las letras pequeñas) morirán por este hábito.


Ahora bien, ¿por qué, si hay menos gente fumando, más gente como yo que fuma moderadamente y todo el mundo en general tiene hábitos más saludables, este cálculo ha ido en aumento constante? Además, si esto fuera remotamente cierto, todos sabríamos de docenas de fatalidades por fumar. ¿Ustedes de cuántas saben? Yo de una y, como en la mayoría de casos parecidos, murió a los 74 años después de haber fumado en grandes cantidades desde los 14. En realidad, la mayoría de nosotros moriremos pasados los 70 a causa del mismo tipo de enfermedades, seamos fumadores o no. Tampoco hemos visto generaciones enteras de fumadores pasivos que trabajaron en un bar cayendo como moscas, aun cuando en el pasado había más humo en los bares. 


El sentido común británico es algo que con mucha frecuencia eché de menos en Estados Unidos. Admitámoslo, los yanquis tienen una historia preocupante de embestidas santurronas en direcciones erróneas. Vean la Prohibición, por ejemplo. No porque el alcohol sea inofensivo; de hecho, fácilmente puede probarse que causa más daño que el tabaco. El tabaco, sin embargo, es un flagelo de la humanidad menos popular que el trago o las hamburguesas, y por eso los antifumadores se han enfocado tanto en él durante el último par de décadas


El sentimiento antifumador se ha exacerbado tanto en ciertas regiones de Estados Unidos que uno debe preguntarse si hay en juego algo más oscuro que la preocupación por la salud pública: una necesidad latente en la sociedad de tener una minoría a la cual atacar, ahora que todas las demás minorías son intocables. ¿De qué otro modo explicar la increíble rudeza que experimentan los fumadores, o los restaurantes que prohíben fumar en mesas al aire libre, o los edificios de oficinas donde no se permite fumar y luego colocan letreros de “No fumar” a dos metros de la entrada? Uno casi espera ver a los fumadores en instrumentos de tortura y que sean arrojados a la basura.


¿Es esto lo que queremos en Britania? El enfoque estadounidense ante temas polémicos no siempre funciona. No parece que Estados Unidos pueda curar a Los Ängeles de su perniciosa niebla tóxica, y aun así esa ciudad ahora intenta que no se fume en parques y playas. No parece que Estados Unidos entienda cómo frenar la obesidad descontrolada, o las 11,000 muertes por arma de fuego al año, y aun así un exfumador convertido en tabacofóbico puede llegar a alcalde de Nueva York y prohibir que se fume en los bares. El enfoque estadounidense no siempre funciona en Estados Unidos, por Dios. Y lo crean o no, en lo que toca al tema del cigarro Britania es de hecho notoriamente más progresiva.


La industria de la hospitalidad británica, con su recién adoptado Registro de Voluntarios, está haciendo grandes avances para brindar voluntariamente más opciones a la gente y aire más limpio. La gente está dándose cuenta de que los modernos sistemas de ventilación e higienización del aire logran un aire perfectamente confortable para todos salvo los resentidos del cigarro más fanatizados. Con eso no basta, dicen los antifumadores. Pero yo he estado en bares –en Japón, sobre todo, pero más recientemente en las excelentes nuevas áreas para fumar de alta tecnología en el aeropuerto de Heathrow- donde hay montones de personas fumando, pero la calidad del aire es perceptiblemente mejor que la de afuera.


En el caso de los pubs, particularmente, a los antifumadores les vendría bien un baño de realidad. Aun si es cierto que sólo alrededor del 30 por ciento de los británicos fuma, cualquier inepto se dará cuenta de que ese porcentaje al interior del pub es muy superior. Más aún, virtualmente todo no fumador del pub socializa con fumadores y lo hace alegremente, mientras la ventilación opere correctamente, se vacíen los ceniceros y el ambiente no esté plagado de humo. 


El pub inglés* siempre ha sido un bastión de tolerancia. Y es en el pub, no en el hogar, donde el fumador encuentra su último refugio. ¿Nadie ha notado un defecto cuando nos dicen que no debemos fumar en los pubs, tampoco con nuestra pareja, ni –sobre todo- con nuestros hjos? No pueden arrebatarnos ese refugio sin volver ilegal el tabaco de facto. Y la Prohibición en la realidad nunca funciona. Además, se perderían 7 mil millones de libras esterlinas al año en impuesto al tabaco.


Britania puede guiar al mundo en este tema, con una política más considerada hacia los no fumadores que, digamos, la de Europa del Este, pero más realista que las prohibiciones extremistas de California y de Nueva York. Políticos, tomen nota: pueden ganar titulares y popularidad con menos legislación restrictiva, no más; si son más razonables, no menos. ¿No es ése el modelo británico? Yo en verdad es lo que espero, detestaría tener que hacer mis maletas con indignación otra vez.


*Se ha optado por dejar aquí la palabra “pub” en lugar de encontrarle algún equivalente en español, pues parece evidente la intención del autor por desmarcarse de la palabra “bar” que apenas utilizó en el párrafo anterior en relación a Estados Unidos. “Pub” designa un establecimiento típico de la cultura inglesa donde se consumen viandas y bebidas alcóholicas; del mismo modo que una cantina es un espacio de encuentro único de la cultura mexicana (N. del t)


lunes, 17 de octubre de 2022

The Mission en ajuste de cuentas


The Mission UK toca este 19 de octubre en el Auditorio BB de la Ciudad de México. Formada a finales de los 80, la banda conoció el éxito gracias al toque de rock clásico que añadió al sonido gótico del momento. Las hordas de las sombras más recalcitrantes no les perdonaron el pecado de la popularidad ni lo que consideraban su traición a Sisters of Mercy. Pero el misionero mayor, Wayne Hussey, hace un ajuste de cuentas con tal percepción en su reciente libro de memorias Salad Daze y, de paso, aporta razones para no perdernos su inminente concierto.


¿La identidad secreta de Harry Potter?

Hussey nació en Bristol, en 1958, aunque siempre fue hincha del Liverpool FC. Soñaba convertirse en futbolista profesional hasta que Marc Bolan con su T. Rex se le cruzaron en la televisión y descubrió que tocar la guitarra era más fácil. Otro factor que truncó sus planes en el balompié fue una deficiencia visual detectada en la infancia que lo condenó a usar lentes por el resto de sus días. Eso lo volvió un chico taciturno e introspectivo, sólo superó el trauma años después cuando le fue revelado que podía mandarse hacer gafas oscuras con graduación, por eso las lleva puestas incluso entre las profundas penumbras del escenario.


Unos grados más abajo, en la misma primaria a la que asistió, tuvo de compañera a una tal Joanne Rowling; si les digo J. K., quizá la ubiquen mejor. Efectivamente, la creadora de Harry Potter ha manifestado que ese colegio inspiró varios personajes de sus libros, y si uno ve la foto del imberbe Wayne con los pelillos cayéndole de lado en la frente y sus redondos anteojos, la semejanza con el protagonista de las novelas despierta sospechas.


Su crianza en la fe mormona lo llevó a conocer a través de uno de los campamentos que organizaba la iglesia a otro gótico en ciernes, John Klein. El futuro guitarrista de Siouxsie & The Banshees le compraría un amplificador primero y luego una guitarra, moldeaba ya desde entonces el sonido del movimiento. Por cierto, el campamento terminó para Hussey tras provocar un incendio, ¿qué tan intencional o fortuito fue?, no lo recuerda.



De camino a las tinieblas

Una vez instalado en la ciudad del equipo de sus amores (y también de sus admirados Beatles), tuvo su primera banda en forma como guitarrista de The Ded Byrds. Más que melodías oscuras, tomaban el toro de la new-wave por los cuernos del ska. Cambiaron de nombre a The Walkie Talkies cuando grabaron un único sencillo con el cual no pasó gran cosa, pero la experiencia sirvió para ubicar a Hussey entre las caras habituales de Eric’s, el club que albergaba a bandas en ascenso del subsuelo de Liverpool y alrededores, semillero de propuestas que lograrían reconocimiento internacional como The Teardrop Explodes, Echo & the Bunnymen, The KLF o Frankie Goes to Hollywood, a estos últimos recibió la oferta de unirse, pero le pareció que con un nombre tan ridículo nunca serían exitosos. 


Separados The Wallkie Talkies, pasó lo mismo con otra banda de la escena, Tontrix, y Wayne se unió a su cantante para formar Hamibi and The Dance. Su paso fue breve, pues saltaron chispas al tocar el tema de la autoría de las canciones; el vocalista pensaba que debía recibir el crédito absoluto, el resto del grupo creía que merecía una parte. Wayne se detiene en este punto para aconsejar a las bandas que empiezan: los créditos de publicación de las canciones pueden ser una fuente de mucho resentimiento, por lo que recomienda establecer porcentajes desde un principio. En The Mission, por ejemplo, el criterio es 80% por música, 20% por letra; al tratarse de un cuarteto, cada integrante recibe su 20% correspondiente por mínima -y aun inexistente- que sea su contribución musical; Wayne, al tratarse del letrista principal, recibe 40%. Hamibi and the Dance sacaría su disco Heartache en 1982 con la totalidad de los temas adjudicados a Hamibi


Los ex de Hamibi continuaron un rato desafiantemente como …and the Dance, pero a Hussey el destino lo esperaba en Pauline Murray & The Invisible Girls, una banda con miembros de los Buzzcocks y Be-Bop Deluxe originalmente planeada para acompañar a John Cooper Clarke y de la que era bajista el legendario productor Martin Hannett. Con él, mientras producían las nuevas pistas en el estudio, nuestro misionero inhaló su primera raya de cocaína, recuerda con cariño cómo torpemente tiró un poco del polvo y Hannet al rescate se puso de rodillas a escarbar los gránulos caídos en concienzudo afán de no desperdiciar. Hussey fue acreditado como coautor en el sencillo resultante, “Searching for Heaven”, que ocupó al sitio 83 de las listas del Reino Unido, primera vez que sucedía con una canción en la que hubiera estado involucrado; si la escuchan, aparte de su guitarra, se llevan de regalo un solo del Bernard Sumner, ese de Joy Division y New Order.


Fue invitado entonces a incorporarse a la banda de Pete Burns, Dave Or Alive. Con ellos grabó el EP It’s Been Hours Now y el álbum Sophisticated Boom Boom. Su salida sobrevino en parte por su propia mano, al introducir el uso de DAT en el grupo redefinió el camino irrevocablemente hacia la música electrónica y ya no tenía mucho sentido ser el guitarrista si sus partes podían cubrirse con apretar un botón. Burns, además, era muy posesivo y no le gustó enterarse de sus colaboraciones con otros músicos. Hussey escribe en Salad Daze que se les saltaron las lágrimas al enterarse de su muerte el 24 de octubre de 2016, no por el Pete Burns al que sus drásticas modificaciones corporales hicieron una celebridad, “a ese Pete no lo conocí, sino por el Pete más joven que una vez conocí y admiré tanto, al que incluso amé”. Esa noche The Mission tocó y le dedicó su canción más popular, “Tower of Strength”, una melodía cuyos orígenes rastrea hasta un corte de Sophisticated Boom Boom, “The Stranger”. Reciclar es bueno.



Hermanita de la caridad

La acusación que parte del público de Sisters of Mercy dirige hacia Wayne Hussey se basa en la suposición de que conspiró para sacar al guitarrista fundador Gary Max y, con ello, causó la debacle de la alineación que grabó el venerado primer larga duración de la agrupación. Es categórico en su defensa: “Creo que sin mi presencia la banda se habría separado antes de siquiera grabar First and Last and Always. Lo cierto es que estaba desintegrándose frente a mis ojos desde el momento en que me uní”.


El propio ideólogo y voz de las Hermanitas, Andrew Eldritch (maliciosamente apodado Von), lo contactó para trasladarse a Leeds como reemplazo del segundo guitarrista, Ben Gunn. Pambolero incorregible, Hussey anota que debió saber que su relación siempre sería conflictiva cuando supo que Eldritch apoyaba al Manchester United. El problema estaba en los hábitos del cantante: no ensayaba con los instrumentistas, y mientras Hussey, junto al bajista Craig Adams, estaban ávidos por salir de fiesta y socializar; Von, de carácter más taciturno, pasaba días a puerta cerrada. La principal diferencia consistía en la velocidad de trabajo, como hicieron evidente las sesiones para registrar First and Last and Always. La música quedó lista, pero Andrew no salía de su aislamiento, luchaba por terminar las letras y, en consecuencia, no estaba preparado para ejecutar sus tomas vocales; hasta que una madrugada grabó casi todas las canciones de un tirón, a solas con el productor David M. Allen. Complicaciones posteriores que llevaban cocinándose quién sabe cuántos años ocasionaron la salida de Gary Marx en medio de una gira.


Hussey reconoce que, si bien lo ha negado en entrevistas, probablemente ese álbum sea el mejor trabajo de todos los implicados porque cada nueva obra que cada uno ha perpetrado desde entonces acaba por ser comparada con aquel disco de 1985. “Al terminar la grabación, sentí que me había vaciado de cada onza de mi energía, de cada idea”, y admite que, años después, entendería mejor los modales y exigencias de Eldritch por situaciones similares atravesadas con The Mission.


De conformidad a los tiempos de Von, la composición del segundo álbum empezó a tardar mucho. Wayne llevó una nueva canción, “Garden of Delight”, que el mandamás cantó, pero a regañadientes, no le convencía la letra y la pieza iría a paarar en el debut de The Mission (la versión demo de Sisters la encuentran en YouTube). Harto de las tácticas de su hermético líder, Craig Adams botó el bajo en un ensayo  y anunció su salida del grupo. Al día siguiente, Hussey visitó a Eldritch para informarle que también se iba y formaría una nueva banda con Adams. Von todavía le preguntó si estaría dispuesto a tocar en el próximo álbum y aceptó (esto nunca se concretó). Todo muy civilizado y amistoso para las habladurías que se tejerían . Volvieron a verse hasta pasados vario años, un amigo mutuo conspiró para dejarlos a solas, y, según relata Wayne, Andrew le confío que él “seguía siendo el mejor guitarrista que haya tenido esta banda”, y aunque no era dado a las demostraciones efusivas de afecto, Von no respingó cuando lo estrecho en fuerte abrazo.


Salad Daze termina en el rompimiento con Sisters of Mercy, por sus páginas desfilan integrantes de The Pretenders, Joy Division, XTC y The Cult, así como Courtney Love, Thom Yorke, Brad Pitt y Lemmy. Un segundo volumen, Heady Daze, que indagará de lleno en los años de The Mission, completará estas memorias con su publicación en 2023. Por lo pronto, aprovechemos la oportunidad este 19 de octubre para presenciar historia viva del llamado rock gótico en la distinguida compañía de otra insignia del género, Gene Loves Jezebel.




lunes, 1 de agosto de 2022

¿Coleccionismo o acumulación? El caso de Marion Stokes

 


Marion Stokes me intriga desde que supe de ella a principios de este año. Chuck Klosterman la menciona brevemente en las páginas de su reciente The Nineties: A Book. Habla de la predominancia que la televisión tenía hace 30 años y cómo mucho de ese material se perdió, las televisoras no archivaban sus transmisiones, sino que para ahorrar costos –y espacio, por supuesto- reutilizaban los videocassettes para registrar las transmisiones más recientes. “El único material que sobrevive de aquel periodo fue registrado por una ciudadana privada”, explica Klosterman, una mujer de Filadelfia que grabó y almacenó compulsivamente transmisiones de noticias que abarcan los años de 1979 a 2012: Marion Stokes.


Klosterman dice que su colección constaba de 40,000 videocassettes, pero según el documental Recorder: The Marion Stokes Project, una producción de 2019 que acabo de ver, el número llega a los 70,000. En su juventud, Marion fue activista de filiación comunista, al parecer espiada por el FBI, y, en su edad madura, participó de un programa televisivo de debate llamado Input (un equivalente mexicano serían los programas de Nino Canún), donde conoce a su segundo esposo, John. La primera videograbadora betamax sale al mercado en 1975 y en un principio no graba noticias, sino sus sitcoms favoritos. Es la crisis de rehenes en Irán de 1979 lo que le hace apretar el botón rojo de “record” para nunca detenerse.


Al año siguiente, en junio de 1980, CNN iniciaría transmisiones. Marion era consciente de que un ciclo de noticias las 24 horas moldearía de nuevas formas la opinión pública. Un punto destacado por el documental en el que vale la pena reflexionar es cómo pequeñas historias locales que de otro modo no habrían trascendido, se convertían en noticias nacionales para llenar todo ese tiempo. Marion pensaba en su registro como un activismo y un medio para cotejar los datos difundidos a gran escala por los medios.


Debo decir, sin embargo, que Marion me interesaba no tanto por el aspecto informativo, semiológico o hermenéutico, sino por el hecho mismo de su obsesión. A través del documental se observa la dedicación hacia sus grabaciones, los trabajadores domésticos a su disposición debían suspender sus actividades para las cintas, ella se molestaba si alguna grabadora había parado durante su ausencia, llegaba a tener hasta 8 televisores al mismo tiempo prendidos y grabando; en resumen, lo sufría más de lo que lo disfrutaba. Todo por una ilusión de posteridad.


Puedo comprender a Marion porque alguna vez compartí su manía. Yo acostumbraba grabar todas las presentaciones de grupos de rock que se me cruzaban en la televisión. La satisfacción no provenía exactamente de ese momento, sino de la fantasía de estar realizando una noble labor, formando un acervo, no para mi propio disfrute, sino para el conocimiento de otras personas a las que quizá nunca conocería en el incierto futuro. Era un sueño altruista que seguiría practicando si YouTube no lo hubiera demolido. Y aun así hay cosas perdidas en esos VHS que nunca han llegado a internet.


El hijo de Marion define bien la diferencia entre un acumulador y un coleccionista: Si una persona llega, ve todo lo que tienes y dice: “cuánta basura”, eres un acumulador; si alguien más llega y dice: “¡Qué increíble que una persona haya juntado todo esto!”, eres un coleccionista. Me resultó desolador cuando habla de la muerte de su madre y todas las videograbadoras se detuvieron, los televisores se apagaron y sobrevino el silencio. Su también enorme colección de libros y muebles logra colocarlas con otros propietarios fácilmente, pero nadie quería las cintas. Hasta que el Internet Archive entró al rescate y actualmente trabaja para digitalizarlas y, paulatinamente, ponerlas a disposición del público.


Hace poco leía a un amigo en Facebook lamentarse porque nada le garantizaba que su preciada colección de juguetes, cómics, elepés, no acabaría en la basura. Yo hace tiempo que vengo resignándome a que no todos correremos con la suerte postmortem de Marion Stokes. ¿A quién le interesan todos esos VHS de los que les hablaba? Yo mismo hace años que no poseo un reproductor de dicho formato. Hace poco escombré y encontré una gran colección del suplemento Histerietas de La Jornada, sin los diarios, solo los suplementos, ¿existe un lugar al que pueda donarlos? ¿Y mis cassettes? Tengo un montón de cassettes que seguramente no podré conservar cuando se venda la casa de mis papás. Me dolería mucho tirarlos, y aunque haga una venta de garaje o simplemente los ofrezca gratis, seguramente ese será el destino de muchos de estos objetos. Hace muchos años entrevisté a don Pablo Novoa, coleccionista y vendedor de discos, le pregunte si pensaba qué pasaría con su colección, él me respondió que ya le había enseñado a su familia los pormenores del negocio y, si no sabían aprovechar los discos, “pues, mira, ¡yo ya los disfruté!”. Creo que es la mejor postura.




domingo, 22 de mayo de 2022

Pictures of Dead Good

Me conseguí el documental Dead Good principalmente porque quería escuchar completa la versión de “Pictures of You” que Robert Smith grabó con cuarteto de cuerdas en exclusiva para este largometraje.


Una de las experiencias más absurdas que depara nuestra existencia debe ser preparar las exequias de alguien. Cercano o lejano. Si vives el tiempo suficiente, tarde o temprano te tocará “cargar con el muerto”. Tus padres, tus tíos, un abuelo, un hermano, un amigo que no tenía parientes, un hijo en el peor de los casos. Y por más trágico o natural que sea el deceso, no le quita lo ridículo a eso de demorarse en pensar qué ropa le sentaría bien al difunto, la tela que no le picaría o el interior y tipo de madera para que se sienta cómodo en su ataúd. Puedes creer que su alma se fue al Paraíso, al Nirvana o al Mictantlecuhtli, pero ten por seguro que a tu muertito poco le afecta el uso que hagas de los materiales de este mundo que ha dejado atrás. 


Ya sé, es una fantasía a la que debemos siglos de civilización, desde avances médicos hasta arquitectónicos (el embalsamamiento egipcio y sus pirámides), incluso la delicia del whiskey la debemos a que los antiguos celtas guardaban a sus muertos en toneles que sumergían en pantanos y, cuando los sacaron, les dio por probar el agüita ahí fermentada que los puso felizmente mareados. El manejo de las ceremonias funerarias nunca dejará de ser buen negocio, el más artístico y el que mayor tacto demanda. El documental Dead Good se centra en una funeraria buena onda, que te hace un funeral a tu gusto (o, bueno, a lo que tus sobrevientes digan que sería tu gusto), supuestamente rompen con la solemnidad de las Gayosso del mundo, las cuales considerarían irrespetuoso el traslado de un cuerpo en una combi. Aquí si el transporte fúnebre que deseas es un carruaje tirado por caballos o una combi, eso obtienes. Al final, es una funeraria, comercializan rituales que sirven más para el consuelo de los vivos que para el buen viaje de los muertos (como si realmente supiéramos a dónde es que se fueron).


Se reduce a lo de siempre, tú podrás sepultar a tu ser querido entre terciopelos o con esclavas y animales vivos si eso hace que te sientas más tranquilo, pero al finado le vale madres. Y lo sabemos. Y eso no evitará que sigamos practicando las mismas payasadas u otras nuevas que nos inventemos para evadir pensar en el misterio máximo. No estamos preparados, nunca lo estaremos. La muerte no nos fue dada para pensarla, sino para esto, para delirarla, fantasearla, santificarla, alucinarla, glorificarla; cualquier cosa, menos pensarla. 


Claro que en mis excesos de ocio yo también me he puesto a imaginar cómo me gustaría que fuera mi funeral, la música que pondrían y los tragos que servirían. Pero ¿a quién engaño? Sin mujer y sin hijos, lo más probable es que acabe siendo un problema para cualquiera que tenga la mala fortuna de encontrarse con mi fiambre, del cual querrá deshacerse de la manera más rápida y con la menor faramalla posible. Igual sería una de tantas fiestas a las que no fui invitado.


Ah, y la versión de “Pictures of You” está chida. De hecho, no hace falta que se avienten todo el documental como yo hice, aquí la pueden escuchar:



viernes, 20 de mayo de 2022

Mañana es mi cumpleaños (apuntes sobre la película Shiki-Jitsu: Ritual)

 

Todo el mundo dice que mi amor es en vano

Y que llevo siglos esperando nacer

-David Lebón


Soñé que vi una película, luego la vi por segunda vez y me di cuenta de que sí existía. Se llama Shiki-Jitsu en japonés, que se traduce como Ritual, es la segunda película de Hideaki Anno, uno de los creadores de la serie de anime Neon Genesis Evangelion. No es fantástica, pero tiene fantasía. No es una película de acción, pero es una aventura que nos acostumbraron a llamarlo amor. Es un cuento que puede ocurrirle a cualquiera cualquier día en cualquier parte del mundo.


Érase una vez un chico que encuentra a una chica recostada en un cruce ferroviario, como a la espera de ser aplastada por algún tren. Un chico se cruza, parecería que la ha salvado, pero en realidad, ha interrumpido un ritual personal: mañana es su cumpleaños. Al día siguiente, de nuevo la encuentra en las vías y le ofrece unos obsequios de cumpleaños, ella le abre una sombrilla roja en la cara. No hoy, lo corrige: mañana es mi cumpleaños.


Ella deja que él entre en su secreto,  “el único lazo entre los seres que no es una apariencia, porque no puede ser manifiesto”, ha escrito Pascal Quignard. Compartir un secreto es la entrada a otro mundo. Yo también he conocido chicas que parecía que querían ser salvadas cuando sólo querían escapar de la realidad. Y tú eres la puerta de salida más próxima. O en dado caso, ambos son para el otro la tabla de salvación del resto del mundo en esa confidencialidad máxima. “Solo el secreto puede vincular sustancialmente a los seres”, continúa Quignard, y si por definición no existe para los demás, el secreto es una fantasía. 


El día antes de tu cumpleaños es más emocionante que el cumpleaños en sí. Ya que el día llega, la fiesta se celebra y termina, recibes abrazos, felicitaciones, tarjetas y la ilusión de los regalos termina por volverse vulgar realidad. Mucho más emocionante la eterna adrenalina de que mañana será el día de tu cumpleaños, empezando por no saber si llegarás a vivirlo. Ella tiene otro ritual: cada día sube a la azotea del laberíntico edificio que habita, se quita los zapatos rojos y cruza los barrotes de seguridad para caminar por el borde del techo en un mediodía radiante. “Si yo no existiera todo seguiría siendo bonito” observa. “Tal vez sería mejor que no existiera. ¿Y qué hay de mi sangre? Puede que también sea bonita. Debería comprobarlo”. Pero siente que le sigue gustando estar viva y vuelve a la seguridad de la azotea.


Sigues a una chica que gusta de tentar a la muerte porque nunca te habías sentido tan vivo… El chico, cineasta, empieza a filmar a la chica porque “las imágenes, especialmente la animación, simplemente expresan nuestras fantasías personales y colectivas, manipulando información determinada y construcciones inventadas. Incluso una película de acción real no se corresponde con la realidad. En cambio, la realidad, al cooperar con la ficción, pierde su valor. Ya no me importa, mi conciencia, mi realidad, convergen toda en ella. Ella quiere escapar a la fantasía y yo de la fantasía”. En esto último se engaña. Todos somos Alicias gustosas de seguir a un desconfiable conejo por un agujero que transporta del mundo conocido al país de las maravillas que entraña el secreto. Más tarde, el propio cineasta lo admitirá: “Las imágenes transforman un pasado real en ficción, pero cada uno de nosotros edita y altera su propia memoria”. La reinvención del pasado, su purificación, es un intercambio de realidad y fantasía que cualquier persona practica para crear una versión idealizada de sí misma, varían nuestros métodos, pero todos nos sentimos más cómodos en la ficción.

No debería extrañarnos. Lo raro es que demos tanto peso a nuestras diferencias ideológicas cuando nuestro denominador común es que la realidad del pensamiento racional era una fantasía en el ambiente oscuro y acuático, onírico, que habitamos antes de nacer. La chica nunca duerme, pero el cuarto destinado a ello debe permanecer inundado, como en el útero. Si el mañana de tu cumpleaños nunca se cumple, quiere decir que nunca has nacido. Sin embargo, aquí estás: erguida en tus dos pies, tus pulmones se llenan de aire y, porque respiras, hablas. Afrontado por la impudicia de un mundo que sueña despierto, el lenguaje, invención social por excelencia, no planeado para el aislamiento (plaga de una sociedad), debería callar. Como ya no puede hacerlo: delira, imagina; poetiza (si esa designación les resulta menos inquietante). 


“Me gusta la lluvia porque entonces todas las personas felices tienen que caminar cabizbajas, ¡por eso me gusta la lluvia”. Él piensa que la lluvia que ella ama y embotella para los días soleados, eleva sus emociones y le evita encajar en un comportamiento determinado. Él sigue buscando explicaciones que respondan a la lógica ordinaria hace mucho en caída libre. Ella le explica que odia el sexo porque si lo haces no eres más que macho o hembra, como todo el mundo. Cuando ella le pregunta si le gustan los rieles del tren, la respuesta que da él se ciñe al aspecto mecánico, algo así como que está bien seguir las vías porque a veces conviene no tener opción de cambiar el camino. Hay un ánimo de mayor libertad en la réplica de ella, tan misteriosa como sensata: “Me gustan las vías del tren porque estos dos rieles nunca van a estar juntos, y aun así son uno”.


Pero llega un momento en que hasta la indomable fantasía pierde su halo de novedad. A él empieza a pesarle la acumulación de esos días, su registro en la cámara, el exceso de intimidad, los días que pasa con ella lo deprimen y dejan atrás aquello que disfrutaba. El pensamiento de la muerte infiltra la vida ilimitada. “Estos días que paso con ella habrán de terminar, aun mi vida algún día habrá de terminar”. Recibe una llamada al celular, lo saca, ve la pantalla y no contesta. “Algún día me pasará eso a mí”, piensa ella. Es el temor a despertar del sueño.


El problema es que un día subió a la azotea y extendió sus manos hacia atrás para ser sostenida por él. Y al recostarse sobre su pecho, el corazón de él le dijo que todo estaría bien. Y ya no le asusta quedarse dormida: “eso es porque estás conmigo. Pude cerrar los ojos sin más. Como si nada me asustara… pude dormir. ¡Eso es fantástico! ¿Sabes lo que significa? ¡Un descubrimiento sorprendente!”.


Confiar a otra persona el cuerpo dormido, en su estado de máxima vulnerabilidad, sella el secreto y en cierto modo es como lo contrario, como despertar, como nacer. Ya no debes mantenerte vigía del sueño que construiste. Ahora lo compartes con alguien que lo cuidará por ti si te duermes. No importa la mamá, la hermana o el exnovio que intervenga, no lo dañarán. Has aprendido a nacer. Ahora conoces el día exacto de tu cumpleaños, quizás hasta el amor.


Esto último no puedo asegurarlo porque una vez conseguí mi trabajo soñado y coincidió con el cumpleaños de la chica de mis sueños; “such a perfect day”, oigo a Lou Reed mascullando. Le llamé, pero le chocaba festejar su cumpleaños, no se sentía bien, no quería ver a nadie. Ok. Al día siguiente me encontré en Facebook las fotos del magno festejo al que sí estuvo invitado el tipo que destruiría el secreto que habíamos construido ella y yo. Ninguna chica que de verdad haya querido en tiempos recientes se acordó de mí en mi cumpleaños pasado. Eso debería decirme algo, ¿no? ¿Saben qué día es mañana? Mañana es mi cumpleaños.




lunes, 16 de mayo de 2022

¡Feliz cumpleaños, Jonathan Richman!

Llegaste tarde a mi vida. Pasa que buscaba tus discos en México y no los encontraba. Fue en un viaje ráfaga a Europa que compré en Zagreb una edición corregida y aumentada en CD del primer disco de los Modern Lovers, contaba arriba de 30 años. Quizá era el momento adecuado. Quizá antes no te habría entendido. Revisaba la evolución de tus canciones es y reflejaban mi progresión sentimental. Yo también fui el chico amargo y alienado de tus primeras rolas, hacía escarnio del Hippie Johnny y execraba a la chica que parecía entender todo lo que me gustaba, pero que no me dejaba preguntarle por qué se acostaba con tantos chicos. Yo sólo quería una chica que me quisiera; si no se podía, mejor nada. Luego entendí que ser sombrío todo el tiempo, tomarse todo tan en serio, no era sano. Se vale ser feliz hasta por tonterías, si uno de verdad es inteligente se lo permitiría. No fue de inmediato. Me preparaste para lo que vendría. Sucedía que todavía no había conocido al amor de mi vida; es decir, ya la conocía, pero no sabía que sería el amor de mi vida. Le ponía tu canción “A Higher Power” en su versión en español y ella la odiaba, no sé si por el acento gringo en tu pronunciación o porque le parecía cursi, a mí simplemente me parecía verdadera. “Es magia, ¡justicia!, el habernos quedado juntos”. Por supuesto, no nos quedamos juntos, pero aprendí que si nos rehusamos a sufrir, entonces sufriremos más, porque “True Love Is Not Nice”. ¿A qué venimos, si no a caer? Hay que enamorarse de la propia soledad para enamorarse del mundo y sus pequeños milagros que todos los días nos pasan frente a las narices y también merecen ser cantados: la arquitectura de un edificio, la envoltura de una goma de mascar que saluda tirada en la banqueta, las campanitas del vendedor de helados, la diversión nada planeada dentro de un club de lesbianas. Yo también prefiero el misterio que no usa tacones altos ni sombra en los ojos, la belleza cruda y al natural, por eso te sientes más cómodo tocando en una plaza pública o en un parque, en un hospital pediátrico o un asilo de ancianos; en un club de rock la pose se ha instalado con fuerza para que puedan entender la naturalidad de lo que tú haces. No te voy a mentir, todavía disfruto de tomarme una cerveza y fumarme un toquecito, así que no puedo presumir de haberte aprendido mucho. Pero no se trata de ser como tú, se trata de la verdad que cantas en discos que sacas con nula promoción de por medio. Ya llegarán los oídos adecuados. Qué importa si nadie escucha el programa que te dedico. Qué importa si nadie entiende. Para mí es importante. Tú una vez te subiste a una azotea a gritar tus canciones con la guitarra desconectada. No somos iguales, pero tú sabes de lo que se trata: de compartir emociones, las que dan placer, las que dan pena, pero emociones netas, que ya hay suficientes productos artificiales en el mercado, en la vitrina, en lo que paga. Tú me enseñaste que no hay problema si lloras frente a un micrófono; si eso es lo que sientes, nadie te remunera lo suficiente para ocultarlo, eso hace un Modern Lover. Eres el amigo de banqueta que siempre habla con sinceridad, aunque duela: “A veces solamente pienso en ella. A veces no (…) Estoy tan confundido, estoy tan confundido”. 

Y esa es la única certeza que tengo. 

Lo pienso todo demasiado, ya sé.

Gracias, Jonathan Richman. ¡Feliz cumpleaños!