martes, 31 de marzo de 2009
Y por si fuera poco...
Rocanrol de fin de semana
¿Cuánto rocanrol cabe en un fin de semana? Como desde hace algunos años en la ciudad de México el fin de semana empezó el jueves en el Fiesta Inn de la Alameda Central con la conferencia de prensa donde se presentó la ópera rock Dr. Frankenstein, instigada por el impasible José Fors. Como casi todas las conferencias de prensa fue un evento más social que informativo, los reporteros intercambiando los últimos chismes del medio, los fans que tienen la fortuna de tener una acreditación pidiéndole autógrafos a los rockstars, los rockstars dejándose tomar fotos y faranduleando; el master Gerardo Enciso, uno de los cantautores de más peso –y menos reconocido- que ha dado este país, era de los pocos que deambulaba por ahí, con poca gente pelándolo, el eRRe fue uno de los pocos que se le acercó para preguntarle del nuevo disco, cuándo volvía a tocar en la capital y dónde carazos podía encontrarse la recopilación de demos que publicó el año pasado. Respuestas: para noviembre si todo sale según lo planeado, por el momento todas las energías están volcadas en el disco, por lo que no habrá futuras presentaciones en la capirucho y, de los demos, “te los rolo cuando caigas por Guadalajara”. A toda madre el Enciso –as usual- pese al saquito verde-espántame-la-retina. La conferencia en sí, para no variar, unas cuantas preguntas interesantes y la mayoría trivialidades, entre las que se llevó las palmas –o la pena ajena, pues- una infaltable en este tipo de eventos: “Resuman en tres palabras qué se siente participar de este trabajo?”. La mejor contestación a esto la dio Carlos Avilez –el ahora encanecido bajista de la Cuca: “Luego te digo”. Al final, también para conservar la costumbre, las damas de medios sin entenderse ni ellas mismas, de dos boletos prometidos, resulta que no hay ninguno porque sólo les dieron 50 acreditaciones, que hay que apuntarse a la lista de espera, luego que sí hay pero no más uno, luego que sí los dos, luego que medio, luego que uno, en fin…Viernes el regreso de Peter Gabriel. Muchos fans deciden no ir hartos de que las dos veces anteriores que el dueño de los estudios Real World ha visitado este país nos ha dado trato tercermundista al no traer su espectáculo completo que luego debemos descubrir en dvd’s grabados en otras partes del mundo más privilegiadas. Por un lado Gabriel tendría razón, ya que en efecto somos un país del tercer mundo; por otra los fans no están del todo errados en su enojo, pues para alguien que siempre ha proclamado los derechos de los países pobres y se ha involucrado en luchas por los derechos humanos, resulta un tanto incoherente que replique, a su manera, el desprecio que recrimina a los gobernantes. Travis abre pero la mayoría de la gente ha ido por Peter Gabriel y ni siquiera conocen al grupo de Glasgow, la minoría del público que sí corea sus canciones se ve traicionada por un sonido de altibajos infame que no ayuda mucho a ganarles nuevos seguidores; viendo su actuación como teloneros esta noche la verdad cuesta trabajo creer el revuelo que armaron las dos últimas ocasiones que se presentaron en la ciudad de México. Cuando por fin sale Peter, acompañado por sus inseparables Tony Levin y David Rhodes, además de su hija y el resto de sus músicos la verdad es que el sonido no mejora mucho. Como alguien que ha visto a Gabriel en sus anteriores visitas a México, la verdad sorprende que lo que sale de los amplificadores haga pensar en un dvd pirata con sonido opaco. Pero eso no es obstáculo para que el concierto empiece a levantar y conforme suenan las rolas que han marcado momentos en la vida de muchos de quienes nos encontramos aquí, a nadie le importan las limitaciones técnicas y cantamos a la unión del hombre y la mujer en “Blood of Eden”, al calor que producen los cuerpos de los amantes en “Steam”, a los minutos bombásticos de “Big Time”, a las señales claras y profundas que desde la tumba manda un sampleado Nusrat Fateh Ali Khan en “Signal to Noise”, a la cabeza que rebota con “Sledgehammer”, al sentido homenaje al padre que todos hemos perdido, que alguna vez perderemos en “Father and Son” y finalmente salimos manchados de carmesí con el aguacero de “Red Rain”. El abuelo Gabriel sigue recibiendo los honores que merece un creador de una obra monumental como la suya, esperemos que lo que venga después ayuda a preservar ese respeto que el eRRe pudo apreciar algunos están perdiéndole, “que regresen el dinero” le tocó escuchar en una de sus escapadas a los mingitorios durante el concierto.
Sábado en el Metropolitan el estreno de Dr. Frankenstein. En la conferencia de prensa una representante de la Universidad de Guadalajara (institución que respalda el proyecto) explica que decidieron hacer una sola presentación en el Detritus Hiederal porque primero querían presentar la obra y que diera de qué hablar, que el Metropolitan es de por sí un teatro grande y no se cerraban a la posibilidad de volver pronto con una temporada más extensa. Es decir, en lenguaje de humildes mortales: les dio frío. Les dio miedo no tener la convocatoria suficiente. Pero en este sentido, creo que la dama aludida y en general los involucrados en la logística de esta puesta en escena, subestimaron el poder de convocatoria que José Fors ejerce en la comunidad rocanrolebria chilangoteca. Cuca es un grupo que está bien clavado en el corazón de un buen de personas, una especie de secta que venera –y prometo que esa es la palabra justa-, venera cualquier cosa en la que Fors ponga sus manos, llámese Cuca, Forseps, su obra plástica y hasta sus intervenciones en los insulsos programas de “Las mejores rolas…” que VH1 de México le fusila a su contraparte gabacha. Los boletos se agotaron, el lugar estaba abarrotado, los puestos de camisetas no se daban abasto y en todo el lugar el olor a expectación te tapaba la nariz. El eRRe está convencido de que por lo menos una función más hubiera sido viable sin mayor problema, obteniendo mayor presencia en los medios, pero bueno, entre representantes y agencias de medios te veas… Respecto a la obra en sí, al eRRe todavía le cuesta definir su opinión al respecto. Empieza, le parece, de manera impresionante con unos cuerpos descarnados que van levantándose entre contorsiones detrás del escenario, consiguiendo en verdad un efecto de muertos vivientes. En este cuadro al igual que otros que sirven de transición entre los distintos pasajes de la obra, se nota claramente la mano de Salvador Moreno, el Chava que hasta hace poco lideraba La Castañeda, y constituyen algunos de los mejores momentos de la ópera. Los puristas deben abstenerse. El Frankenstein de Fors no se limita a la novela escrita por Mary Shelly sino que incorpora elementos de las distintas películas que se han hecho a través de los años y del imaginario propio que ha desarrollado en su obra visual. El Frankenstein de Fors es en sí mismo un Frankenstein, y la verdad el eRRe no acaba de decidir si eso es un halago o una crítica. Cabe señalar en este punto el lugar privilegiado que ocupó durante la presentación (tercera fila al centro) por lo cual es posible suponer que todo lo que sucedía en escena le causaba una más vívida impresión que, por ejemplo, a las personas que estaban cincuenta filas más atrás. La creación del monstruo (o el Ente, como se le llama en el disco y los programas de mano), por ejemplo, le resultó absolutamente mágica y poderosa, cuando el sarcófago se abre y finalmente aparece Fors en su encarnación de Ente, su inmovilidad es pasmosa, y cuando finalmente mueve una mano, de manera mecánica y avanza a pasos toscos, lo difícil es creer que ese mismo sea el animal de rocanrol que con Cuca arrasaba los escenarios. Es un monstruo perfecto, un monstruo que si te lo encuentras ahí mismo, afuera del Metropolitan, a las tres de la mañana seguro que te regresa a casa con la ropa interior manchada. Iraida Noriega, en su papel de novia del Dr. Frankenstein, brilla con esa voz educada en el jazz y en la mejor escuela crooner de su papá, el camarada mexicano de Frank Sinatra, Fredy Noriega. Ugo Rodríguez, ex Azul Violeta y actualmente despegando su proyecto Yo-yo Breakers, saca tonos metaleros que casi nadie sabía que poseía, los cuales imponen particularmente al rehusarse a construirle una novia al Ente; su “¡noooo, jamás!”, le sacaría dos que tres peditos al Halford de Judas Priest. Especialmente tomando en cuenta el personaje icónico que decidieron abordar, parecería que faltan canciones más memorables, canciones que a uno le den ganas de cantar fuera del contexto de la obra –sobre todo cuando Fors declaró que esto no era tanto un musical sino una colección de canciones que juntas contaban una historia-, no hay aquí una “See Me, Feel Me” o una “Love Reign O’er Me” (por mencionar sólo una canción memorable de cada una de las dos mejores óperas rock que se han escrito en la historia, ambas de The Who, Tommy y Quadrophenia), si acaso aquella en donde el Ente, semejante al hermano Lobo de San Francisco, decide que si no puede inspirar amor provocará terror, pero en general hay poco que reclamarle a la parte musical que fluyó sin problemas con matices que van de la exploración electrónica al heavy metal más acelerado. El principal problema es que al nutrirse de tantas fuentes, los episodios parecen suceder demasiado aprisa sin darle el peso que debería tener cada acontecimiento. Por ejemplo, cuando el Ente mata al profesor Waldman (interpretado por Chava de La Casta), un momento que debería estar cargado de dramatismo –es el primer muerto en la lista del Ente- pasa muy fácil, casi sin darnos cuenta, basta que el Ente ponga una de sus manos en el cuello del profesor para que éste caiga al suelo. Uno entiende la fuerza sobrehumana del Ente, pero esto da más risa que temor. Y este defecto plaga largos pedazos de la obra, la falta de drama, de creernos realmente que eso está pasando ahora y no es una simple puesta en escena. Curiosamente quienes parecen más conscientes del aspecto dramático que exige este trabajo tienen intervenciones más bien breves en la obra, uno es Iram Chávez, quien en su papel de Igor pone a bailar sus ojos, hace gesticulaciones y mueve su cuerpo de manera absolutamente desquiciada, tanta energía pone en su intervención que pareciera él quien está al mando de las cosas en el laboratorio y no el mismísimo Doc Frankenstein. Otra es una niña que interpreta dos papeles, el de una aldeana que se hace amiga del Ente y el de la hija de Frankenstein, en estas dos apariciones se apodera del escenario de una forma que sus compañeros rockeros ni siquiera se atreven a imaginar. José Fors también está muy bien, como ya se ha dicho, en su papel de Ente, pero esto no alcanza a contagiar a los demás.
Acabada la obra en el piso superior del teatro se llevó a cabo un cocktail y ahí estuvo el verdadero rocanrol. Los participantes de la obra se felicitaban, pues el público no escatimó ovaciones. Meseros se paseaban ofreciendo sin reservas cerveza, mezcales y martinis de sospechoso color. Los periodistas rockestareaban más que los rockstars. El dj ponía unos mash-ups de lujo. Lino Nava nos pedía permiso para poner un vaso en nuestra mesa. Alfredo Sánchez –que compuso la música para la ópera junto con Fors- descansaba de las zozobras que en los últimos días le habían impuesto los ensayos, al igual que Armando Chong (encargado de la orquestación) quien daba la impresión de un condenado que acababa de salir bien librado de la aplicación de la ley fuga. El Fors agradeciéndole al eRRe portar una camiseta con el logo de Forseps, “porque eso fue el incio para todo esto”. Con Gerardo Enciso, que como papá de la novia paseaba por todas las mesas, el eRRe estuvo recordando tiempos del viejo Rockotitlán, de la antigua estación de radio Estéreo Joven y ya con el Vampiro (sí, el de los Caiguares) poniéndose de acuerdo en que debería armarse una antología con las mejores rolas –y miren que hay varias- del inmenso –y a todísima madre- compositor tapatío. De la última hora y media, aproximadamente, las imágenes son borrosas. El eRRe recuerda que casi no quedaba nadie en las mesas dispuestas para la ocasión, empujándose los últimos mezcales con el Prisionero y chavos de prensa de Guadalajara. Informantes le dicen que ofreció invitar a todos los que ahí quedaban a matar la noche en su departamento haciendo caso omiso de la prudente observación del Prisionero (“¿Estás seguro?” “A huevísimo”, contestaba el alcohol en la sangre del eRRe.) Afortunadamente eso no paso y de repente se vio en el bar frente al Metropolitan con todo el equipo de producción de la obra, con otra chela en la mano, hablando con Iram-Igor de que si tuviera una banda le gustaría que él fuera su cantante, bailando salsa e incluso hay quienes afirman que haciéndolo como un veterano del California Dancing Club con una señora arrobada entre sus brazos a la que desafiaba con sus mejores pasos de la sangre del trópico que también corre por sus venos. Eso al eRRe no le consta. Lo único que le consta es que llegó a su casa (¿cómo? Who the fuck knows?), que despertó con la ropa puesta en la cama sin destender y con los fantasmas del mezcal todavía ululando en la cabeza. ¿El eRRe bailando? ¿Y haciéndolo bien? ¡Lo que hace el exceso de rocanrol!
En el séptimo día dios se preparó una michelada, se tendió en un sillón a ver tele y se puso a crudear a gusto… porque el fin de semana termina el lunes, en el salón 21 con Emir Kusturica y su No Smoking Orchestra: ¡a sudar! Salto, baile, euforia a la balcánica. El encuentro con amigos que han compartido la aventura de fin de semana. Es sólo rocanrol pero ya es mucho para vos: Mystery Girl está postrada con una fiebre fulminante, y en su representación manda una rubia de la que el eRRe podría enamorarse si no fuera porque hace mucho se retiró de los deportes de alto riesgo, pero eso no importa, cualquier concierto siempre es mejor cuando te acompaña una chica bonita, aunque nunca la vayas a tocar, en el pasado eso habría supuesto hacer del eRRe un manojo de nervios, pero ahora, como el E de los eels, piensa: “Hey, man, now you’re really living!”. Unza-unza-time, fuck you MTV, maybe you’re not Juliette but I’m not Romeo, underground que sale a la superficie en la ciudad de México, noche llena de referencias clásicas: Emir con camiseta de Pancho Villa, introducciones con homenajes a Pink Floyd y Deep Purple, los cachetes del Dr. Karajilic, los arcos de violín gigante… y sí, la rubia a su lado esta noche seguirá bailando en sus sueños cuando se vaya a dormir… pero sabe que por la mañana extrañará a la morena que lo mantiene despierto. ¿Ustedes con cuál se quedarían?
Aunque la pregunta está mal planteada. La pregunta correcta sería si alguna está interesada en acompañarlo un rato. Si a ninguna le apetece, bueno, ahí siempre está el rocanrol…
martes, 24 de marzo de 2009
34 muescas en la empuñadura...
La mordida de una bestia marina y la presencia de las dos únicas damas capaces de soportar al eRRe durante 5 minutos seguidos (una de ellas particularmente exquisita... oh, yeah, and mysterious) enmarcaron el pasado 21 de marzo el trigésimocuarto onomástico del eRRe... pasemos por alto la horripilante música que llegaba de una boda en las proximidades. Menos frenético que el año anterior, pero de eso se trata un poco esto de hacerse viejo, ¿no? Y pensándolo bien, ni tan menos frenético, pues la mordida de los profundides por poco quiebra al eRRe. Igual rockeó, ni más ni menos. Gracias a todos los que hicieron llegar sus felicitaciones por distintos medios.
Radiohead en el Detritus

Y finalmente tocaron “Creep”…
Y no fue tan espantoso como predicaban los puristas, ni tan emotivo como esperaban los admiradores casuales. Fue un buen detalle. Darles a todos algo que cantar. Como hace quince años cuando debutaron en los escenarios mexicanos –Ojo de Agua todavía es México, ¿cierto?-, su canción de karaoke. Y todo el mundo la cantó. Incluso aquellos que gritaban “¡nooooo!” cuando empezaron escuchar esos acordes de guitarra. Y cuando eso pasa es imposible que no se te caigan los calzones. Y el croupier que habita la mente del eRRe revolvía una baraja de años: el eRRe cantando Creep en el cuarto oscuro de fotografía en la Universidad con las burlas de DJ Pit-UFO, el eRRe volviendo a casa con el corazón por enésima vez destrozado y subiéndole todo el volumen a Creep en el estéreo, el eRRe regresando a Pablo Honey hace unos tres meses y descubriendo que todo el disco todavía le gustaba… incluso extrañando a esa banda… que hacía vulgar rocanrol… antes de leer a Chomsky… antes de que se convirtieran en una de las mejores bandas que haya en el jodido mundo.
Radiohead pasó por México y todos nos quedamos sin aliento. Todos. A los que nos gusta y a los que no nos gusta. Allegados al eRRe han pedido esta reseña, “ahora resulta que todo mundo los ama”, decía el mensaje de un amigo que nunca ha sentido estima alguna por el quinteto de Oxford. Pues bien, deje que el eRRe le diga: “nunca hubo amor tan bien ganado”.
Radiohead monta uno de los mejores espectáculos para el hombre moderno. Hace mucho que el eRRe no lo pasaba tan bien rodeado de luces y altavoces y vendedores de cerveza paseándose entre el público en un concierto. Un profesor de Crítica de Arte que el eRRe tuvo hace mucho preguntaba: “Se han puesto a pensar por qué van a un concierto”. Lógicamente no sólo por la música, para eso pones un disco y destapas una caguama en tu casa. Hasta la fecha el eRRe ha sido incapaz de resolver el enigma, “¿por qué vas a un concierto?”. Pero por la razón que sea, nunca estuvo más justificada que con Radiohead. Cerrabas los ojos, abrías los ojos y las luces que te bailaban en las pupilas seguían siendo las mismas. Lo cual ocasionaba un estado particularmente extraño oyendo las letras de canciones como “There, There”: “just because just feel it, it doesn’t mean it’s there”. Pero ahí estaban, y lo imposible parecía cosa de todos los días.
Espectáculo hipnótico. Ahí sale Kraftwerk, dándole una cátedra a todos los jovencitos de cuál es el origen del perfil cibernético que Radiohead viene explotando desde OK Computer. Unas güeritas –de no malos bigotes, lo que significa: de bigotonas nada- se voltean a preguntarle al eRRe y al Doc Cuajo si conocen al grupo que ha salido antes de los ídolos, si saben de dónde son… ah, sí, y al final si las figuras que han visto durante la última hora son robots. “Bueno, A VECES son robots”, contesta el eRRe haciéndole a la Wikipedia andante.
Así que cuando luego de una buena selección de dub, seguro cortesía de Johny Greenwood, sale Radiohead, lo que sucede en nuestros ojos y nuestros oídos parece la continuación natural de lo que hemos visto con los teutones. Olvídense de leer a Derrida. La deconstrucción nunca tuvo mayor sentido que en estos beats de dance decadentes, padeciendo el acoso sexual de una guitarra viciosa. Estamos hipnotizados. Estamos poseídos. La primera noche nos vamos con la historia de la chica enamorada de un cirujano plástico que operaba a nínfulas en los ochenta, la del hombre que a diferencia de la mayoría ejecuta sus peores acciones consigo mismo, la bossa nova disfuncional de “House of Cards” y con el pulmón vuelto acero.
La segunda noche el eRRe se encuentra en la zona frente al escenario y pude apreciar de mejor manera el curioso efecto que esta banda ejerce entre sus seguidores. Una tanda de tres canciones fuertes: “15 Steps”, “There, There” y “The National Anthem”. Los empujones son insufribles. Apenas en la primera canción toda una fila de personas al borde de la asfixia huyen a la parte posterior, donde amainan las tempestades de la multitud. Los gringos elevados en E que no han tolerado un solo minuto de Kraftwerk, huyen también cuando ven el remolino de gente a sus costados. El eRRe, junto al Sumo Sacerdote de Toqueyrol aprovecha para abrirse paso entre el mar de cuerpos, ¡qué mamada esto de volverse viejo!”. Pero resulta que luego de que el tornado pasa, todos ellos, toda esa turba de jóvenes inquietos, de pronto empiezan a sentirse desgüanzados con “All I Need”. Y ese es el tono del resto del concierto. Jóvenes llenos de vida pero deshilachados, como si Radiohead o su espectáculo o la época que les toco vivir les hubiera dragado sus energías. Resulta paradójico, por ejemplo, si uno se toma el tiempo para pensarlo, que una de las canciones recibidas con mayor efusión empiece con alguien que pide silencio porque intenta descansar. Zombies bailando música de zombies. “Is this really happening, happenING, HAPPENING?”.
La segunda noche trae varias consentidas. Primero, “Talk Show Host”. Y después de “Idioteque”, un sampler introduce una rareza que para el eRRe valió más que “Creep”: “Climbing Up the Walls”, por supuesto un analista encontraría muchas razones para explicar por qué una de las canciones que más le gusta en toda la discografía de Radiohead trata de pánico y psicópatas, el eRRe se conforma con decir que es una gran rola y que oírla en vivo fue algo totalmente inesperado, lo que hizo aún más memorable la ocasión. Y entonces, vaya, para que no decaiga la emoción, la guitarrita lánguida de “Exit Music (For a Film)”, una de las más esperadas estuvo maldita en su interpretación mexicana, primero Johnny entra dando un guitarrazo completamente fuera de lugar; “Hello, there”, dice Thom con sarcasmo y cuando el resto del grupo entra nada parece estar en su lugar hasta que Thom pierde los estribos y manda la canción a la mierda antes de ese memorable corito clonazepanesco: “We hope that you choke, that you choke”.
Se van con “Bodysnatchers”, pero ellos y nosotros sabemos que regresarán. No sólo porque lo hayan hecho la noche anterior, sino porque volamos muy alto y no nos pueden dejar aquí arriba, tienen que propiciarnos una pista para aterrizar con ligereza y que el regreso a casa –sin metro, con los taxis incrementado tarifas al 300 por ciento- sea menos rudo luego de esta sobredosis de fascinación. Por eso “Creep” fue tan oportuna, fue liberarlo todo, fue cerrar el círculo de hace quince años. Fue un buen detalle. Fue un gran detalle. Dejarse los pulmones y saber que éramos los primeros en años en escuchar a esos cinco tipos de Oxford tocar la canción con la que empezó todo. Sin su canción de karaoke quién sabe si hubiese habido OK Computer, quién sabe si hubieran previsto el desastre del 11/9 años antes de que sucediera con Kid A, quién sabe si el destino nos hubiera dado la oportunidad de oírles un disco tan elegante como In Rainbows. Si “Creep” es una canción de mierda, la verdad es que nos encanta revolcarnos en la mierda. Pero esa es una verdad tan evidente que mencionarla parece un acto de necedad. Sólo canten motherfuckers. Sólo sientan la electricidad reptando por debajo de su piel. Sólo cierren los ojos y ábranlos y siéntanse flotar entre las luces. Sientan el aire de marzo con la música que han usado de telón de fondo para librar las miserias del trabajo, la escuela y el hogar. Sólo entréguense a la nostalgia y a la incertidumbre del futuro. Y cuando las luces del Foro Sol vuelven a encenderse y la música árabe de despedida empieza a sonar, nos hemos ganado el derecho a pedir desde nuestra vida de paranoica (y un tanto androide) “Please stop the noise, I’m trying to get some rest”... Todo está en el lugar que debería.
*Pasen por el blog amigo rockandrollstar.wordpress.com y llévense el mejor souvenir de este acontecimiento.
sábado, 14 de marzo de 2009
Boleto de Radiohead ya tiene dueño...
viernes, 27 de febrero de 2009
¡Madres! I

Menos risa da lo que le ha pasado recientemente a Mystery Girl. Hace cosa de un año que a MG, no más porque sí, porque ya hay mucha pinche mierda en el mundo para seguirnos cagando en el prójimo, le dio por organizarse con unos vecinos para darle de desayunar una vez a la semana a un grupo de niños de la calle por el rumbo de Tlalpan. Para tal efecto y aunque no es creyente, a MG lo más lógico le pareció pedir el apoyo de un convento de monjas católicas –el eRRe ignora la orden. MG no llegó con dobles caras, desde un principio dejó claro ante la madre superiora y el sacerdote del lugar que ella no profesaba la religión, que apenas y estaba bautizada, y por lo tanto no quería que el asunto de los niños tuviera nada que ver con cuestiones de fe, era simplemente proveerles algo elemental para la vida: alimento…. desayuno… UNA vez por semana… sin que las santas madres intervinieran, con los vecinos encargándose de la preparación y la limpieza.
Conforme las semanas pasaron los vecinos poco a poco fueron ausentándose, hasta que en Navidad desaparecieron por completo esgrimiendo el muy devoto pretexto de “cómo voy a darle de comer a esos niños cuando tengo que ir a comprar los regalos y la cena para mi familia”, así hasta que sólo quedaron MG y un vecino encargándose de cumplir…. ja… religiosamente, con los desayunos. Los niños, como cabe suponer, no son los más disciplinados del mundo, mamá no les relame el pelo con limón y les da la bendición en camino a la escuela… es decir, pues ése es el punto, ¿no? Muchos de ellos llegaban con verdugones que MG también les curaba dedicadamente. Son niños que no conocen límites, mal educados, ¿por qué no decirlo?, bestiezuelas, y por qué no decir también: niños sin amor. A MG uno le mordió la pierna, otro tiro un Cristo, otro rompió una mecedora -¡qué grave pérdida para un convento, una mecedora!-, las cosas, hay que reconocer llegaron a un punto álgido cuando el nada tonto niño mordelón descalabró al padre T.
Cierto, un niño travieso saca de quicio a cualquiera. El eRRe mismo reconoce que si bien considera tener paciencia con los niños, la piel se le pone chinita cuando ve que uno se acerca, seguro que con funestas intenciones, a sus cosas. Y sí, uno entiende que cualquier persona se enoje cuando le rompen su Maradona de porcelana o la edición de Amazing Fantasy donde por primera vez aparece el hombre araña. Pero, ¿una esposa de Jesús? O, está bien, está bien, también son humanos, concedamos que se puedan enojar, pero uno pensaría que después de un tiempo le darían paso a una actitud menos egoísta, más cerca de la imitación de Cristo que proponía Kempis.
Quizá en otra vida… o en otro país. Desgraciadamente en México tenemos políticos que medio saben hacer política, maestros que medio saben enseñar, y, tal parece, religiosas que medio saben de religión. MG plantó cara y aceptó la responsabilidad por el incidente que terminó en el lamentable descalabro del padre T., pero también apeló a la caridad cristiana de la madre superiora para que le permitiera continuar con los desayunos de estos niños por los que básicamente nadie se interesa. Incluso el padre T. brindó su apoyo –aunque no total pues el miedo lo alejó del comedor del convento- advirtiéndole a la madre que si negaba el espacio “se le va a regresar”. Nada valió. La religiosa no se limito a permanecer inconmovible ante la súplica de un acto de humanismo tan elemental como el que practicó el buen samaritano, aparte se atrevió a entregarle a MG una carta vergonzosa, tosca y decididamente vulgar proviniendo de alguien que ha tomado los votos.
Esta señora, -permitan que a partir de este momento el eRRe retire a la investidura un respeto en este caso inmerecido- se atreve a empezar su carta con un “Estimada MG”, por favor no se puede ser tan hipócrita sin enseñar los dientes, si por lo que sigue se ve que no siente ningún tipo de estima por MG. Saludamos a la primera falta de ortografía -¿dónde quedaron los grandes amanuenses?, ¿los religiosos que se acababan los ojos practicando la lectura y refinando la escritura?: “Me pregunta usted las razones por las que he deSidido ya no prestarles el comedor para que hagan sus desayunos. Le respondo que son varias”. La carta está escrita en computadora, así que no hay excusa, hasta Word marca esos errores, ¿será que cuando vio aparecer esa quebrada línea rojiza se persignó esperando que no fuera un símbolo del Maligno? Pero revisemos las muy interesantes razones que ofrece. El primer reclamo es una cuestión de tiempos: “Ya le mencioné en otra ocasión que nosotros necesitamos el comedor a las ocho de la mañana y algunas veces usted y el señor A. se quedan limpiando hasta las ocho y media y eso atrás las labores del convento”, un problema que sería remediable ajustando la organización o si las monjitas se animaran a colaborar aparte de prestar el lugar.
A partir de aquí diríamos que empieza la diversión si el asunto no fuera tan patético. “Los niños que usted invita a desayunar son niños de la calle y por lo tanto su educación no es la mejor” –no me diga, oiga, qué brillante deducción, seguramente si estuvieran bien educados no les haría falta ir a desayunar a un convento. Y ¿qué es eso de invita? MG no invita a estos chilpayates como si fueran sus cuates a un reven, está bastante claro que son niños que no tienen qué comer, para los que ese desayuno consiste casi en su única comida en serio de la semana- “y esto causa algunos desastres en el convento”. Y a continuación enumera las peripecias ya mencionadas de las cuales la única realmente grave es la del padre T. Cuando Cristo dijo “dejad que los niños se acerquen a mí”, no dijo “pero sólo los que estén bien bañaditos, los bien portados, los que sacan 10 en la escuela”, nada se lo hubiera impedido, pero sólo dijo “los niños” sin mayores condiciones, sin adjetivos, todos los niños. ¿Y qué hay de ese otro pasaje de “estuve hambriento y me diste de comer”? Además, ¿no leemos en los Evangelios también algo así como que Él no vino a curar a los sanos sino a los que están enfermos?
Lo que nos lleva al siguiente –asombroso- reclamo: “Otra de las razones que me llevaron a tomar esta desesión [sic] es que usted ha confesado que no es católica y yo ya lo he hablado con las madres del convento y alguna mala intención debe tener con los niños porque no nos explicamos si usted no tiene fe cristiana por qué hace esos desayunos argumentado que es [sic] solamente porque ellos [sic] pasan hambre.”
Aquí es donde la historia del Maestro y la de Mystery Girl convergen y se vuelven muy tristes. Porque da tristeza que a alguien que es bueno no se le reconozca. Pero da más tristeza que nos hayamos vuelto tan desconfiados, tan maleados, que hasta dentro de los tengamos el ama tan podrida para no creer que haya una persona buena porque sí, que no persiga ningún interés, ni el reconocimiento, ni deducción en los impuestos, ni siquiera por satisfacción personal o buscar la salvación. Por eso al principio dije “simplemente ser bueno en algo”, y si en algo es buena MG es en hacer sentir bien a la gente. ¿Cómo habrá sido esa reunión que la señora tuvo con sus subordinadas? ¿Qué razones habrá expuesto para que concluyeran las malas intenciones de MG? ¿Habrá sido un brillo de sus ojos? ¿O el hecho de que casi siempre viste de negro? O, ¡ya sé!, la actitud desenfadada y, sí, un tanto, insolente, que fascina e/o impone a quien la conoce por primera vez. Que MG, aun aceptando su irreligiosidad, haya decidido acercarse a ellas para ayudar a esos niños, en todo caso daría más confianza por su sinceridad. No muy lejos del citado convento se ubicaba el malogrado albergue Casitas del Sur, donde ya ven lo que pasó, una niña perdida, actividades nebulosas, una imperdonable falta de supervisión por parte de las autoridades encargadas, y todo a manos de unos señores que ahora nadie está seguro de si eran un padre y una monja. Lejos de retirarle el muy elemental apoyo que la brindaban, uno pensaría que la falta de fe de MG las motivaría a trabajar aun más duro que ella para contagiarla del ejemplo.
¡Madres! II
“Usted me habla de la caridad pero alguien que no cree en Dios no puede tener caridad”. Qué lapidaria, madre. Ojalá nunca se vea en una situación donde tenga que ser juzgada con la dureza que usted exhibe. Porque en esa frase no sólo está poniendo en duda la integridad moral de MG, sino que arrebata a todas las personas que por un motivo u otro no han descubierto al Señor la posibilidad de practicar la caridad, un don que como alguien educado 12 años en escuelas maristas el eRRe entiende que la Iglesia Católica debería estar promoviendo y no destruyéndolo a la menor provocación. La caridad no es fácil, madre, debería usted saberlo. No hay caridad sin sacrificio. Y si Cristo aceptó el máximo sacrificio muriendo en la cruz, ¿de verdad es para tanto escándalo unos muebles rotos y una descalabrada? Estas son las cosas que hacen que tomen por tontos a los cristianos, porque hay grandes segmentos de la grey que prolongan en ese Dios único y todo poderoso el sentir idolátrico que horrorizó a Moisés, abaratando la que, pese al sermón de antropólogos y sociólogos, es la religión más desmitologizadora que haya concebido la civilización humana, convirtiéndola en un mito del montón.Por ahí se encamina el resto de la misiva:
“Yo pensaba que usted era una persona educada ya que siempre nos trató con mucho respeto, sin embargo el día que le comuniqué mi deSisiOn, usted se mostró agresiva y cuestionó mi fe y mi caridad.” La señora entiende por agresiva una conversación de palabras duras, que no groserías, como se tiene cuando uno está convencido de lo que defiende, como usted debe estar convencida de su fe y si se la cuestionan seguro que cuenta con los argumentos para defenderla sin que nadie le haga dudar de dónde está parada, las discusiones acaloradas no deben amedrentar ningún cristiano, siendo que desde que Jesús corrió a los mercaderes del templo u ofreció la mejilla derecha hay una larga tradición de hablar fuerte entre los Cristianos. “Yo le comunico que no tengo ninguna deuda con Nuestro Señor y que rezo mis oraciones todas las noches.” Lo de las deudas con el Señor, pues eso lo sabrán ella y el Señor, y en realidad a nadie más debería de concernirle, en cuanto a las oraciones, bueno, rezar es fácil, es la parte más fácil, hasta los niños rezan todas las noches; es tan fácil que es de lo último que Jesucristo le enseña a los apóstoles y sólo a petición de Pedro. Pero primero hacen todo lo demás, agotan los caminos enseñando la palabra, curan a los enfermos, conviven con los publicanos, dan de comer a los hambrientos. Rezar viene después, casi como un accesorio, una religión sin acción es una creencia vacua. Esto la señora superiora lo considera una grosería: “Usted muy grosera me dijo que con rezar no basta y que la fe cristiana no es suficiente para salvarnos” -disculpe madre, pero no basta, porque si toda esta sarta de maleantes, asesinos, tranzas, chupasangres, mentirosos, extorsionadores con los que tratamos a diario van a salvarse sólo porque ponen cara de contrición en misa cada domingo, dan la paz, comulgan y salen tan campantes a seguir llenando de liendres este valle ahogado de lágrimas, estaríamos poniendo el prestigio de Dios por los suelos-, “dice usted que hay que actuar hoy, aquí en la Tierra y ayudar al que se pueda sin importar las creencias religiosas. Yo no estoy de acuerdo con eso. Ojala [sic] y usted enderese [sic] su camino”. Lo que nos devuelve al buen samaritano. Precisamente una discusión similar es la que da origen a esa parábola que con tanta frecuencia se cita, pero que al parecer, a 2,000 años de haber sido contada por primera vez, a quienes mayor atención deberían prestarle todavía les cuesta trabajo entender. Un sacerdote y un levita pasan de largo donde se encontraba el hombre lisiado, solamente un samaritano con valor para ignorar la ley que enemistaba a hebreos y samaritanos lo reconforta. La verdadera parábola, tal parece, es que no importa cuántas veces nos las repitan hay cosas que nunca cambian. Y lo curioso es ese “ojala enderece –permítanme ponerle la “c”- su camino” al final de un mensaje lleno de especulaciones que en ninguna parte da una razón de peso para suponer que el camino de MG esté enchuecado de alguna manera.
Ya nada más por el divertimento de ver las últimas faltas de ortografía leamos el párrafo final:
“Le reitero que la deSisión está tomada y que no la cambiaré.” Eso seguro que no lo sacó de la Biblia sino de algún mocodramón televisivo. “No pueden venir más” ¿A poco no hasta imaginan la voz de Ofelia Guilmain? “Le voy a dar unos días a ver sí [sic] consiguen otro lugar pero aquí ya no”. Al más puro estilo lopezobradoresco cuando luego de soltar su retahíla de insultos aclaraba “pero con todo respeto”, la señora superiora, luego de las tremendas aseveraciones que hace sobre MG se despide con un “Dios la bendiga”. ¿Segura? Por lo que se ve que piensa no creo que lo diga en serio. Lo más triste aquí no es que se tome tan a la ligera la probidad de una persona, la que sea. Lo más triste no es –aunque sí lo que más enfureció al eRRe- que una persona tan turbia y de intelecto tan reducido haya hecho llorar a otra tan sagaz y sencillamente buen pedo como MG. Lo triste de verdad es que afuera haya un montón de niños con la panza más vacía que antes sólo porque hay una persona incorrecta en un lugar incorrecto ostentando un cargo que no merece. Lo que debería alegrarnos es que existan personas increíbles como MG a los que cuestiones como ésta honestamente le preocupan.
Y aunque los nombres de ese mundo que algunos llaman real no cuentan en eRRemental, por esta vez haremos una excepción y revelaremos que la susodicha madre se llama María del Socorro Salazar… y, obviamente, necesita ayuda.
martes, 24 de febrero de 2009
Kiss me, kiss me, kiss me...

¿Cuál será la prehistoria del beso? Del beso en la boca, por supuesto, casi el único de valor para el eRRe. Él sabe que hay libros al respecto, pero ese tipo de asuntos prefiere imaginárselos a partir de cosas que le pasan a él mismo, o que ve en la gente, o de rolas, o de sí, lecturas, pero no tratados, estas son materias de laboratorio, no de salón de clase. Al eRRe no le parece complicado intuir el origen de los besos en otras partes del cuerpo, a la hora de la calentura, donde caiga el beso es bueno y, en todo caso, en el reinado de la carne lo importante no es tanto besar como apachurrar. El resto de los cariñitos tienen una explicación fácil, a las personas que uno aprecia quiere agasajarlas, y lo más inmediato que tenemos para realizarlo es nuestro cuerpo, y vamos eso hasta con los padres o los hermanos, incluso a los perros acariciamos (y no me digan que nunca les ha tocado el reclamo de “¡aay, me acariciaste como a un perro!”). Pero si se ponen a pensarlo, el beso en la boca implica una lógica más intrincada. ¿Por qué uno querría besar la boca de alguien? Y ni siquiera hablemos de los microbios y otros peligros microscópicos que el fortuito montículo de historia en que habitamos nos permite apreciar. Aun poniéndonos en el lugar del cavernícola: la boca debió ser un lugar vedado, era el orificio donde entraba la comida, una parte casi tan abyecta como su contraparte fisiológica; además estaban esas armas terribles, los dientes, aunque ya era un riesgo permitirle a alguien posar la boca donde sea en el cuerpo, al eRRe le da por suponer que un daño de boca a boca adquiriría una significación profunda, justamente por las consecuencias que tendría para la más elemental supervivencia y por la humillación que supondría haber sido tan tonto para permitir semejante daño –reflexionando, no parece probable que los cromañones hayan sido muy dados a darse besos en la zona que me digan, no creo que hayan practicado mucho la fellatio.
El eRRe ha llegado a la conclusión de que besar en la boca y la aparición del lenguaje oral guardan lazos estrechos. Tuvo la revelación el otro día mientras veía la trilladísima escena de la dama joven que acude a contarle sus penurias al apuesto galán, quien, a falta de mejor consejo, literalmente le calla la boca plantándole tremendo beso de trompa, buche y amígdala. Vaya violencia, tanto como decirle a quién le importa lo que dices, vámonos a coger. Por eso los besos no deseados ameritan el castigo de una cachetada –muchas veces simple pretexto para avivar la lógica de aproximación-separación seguida por el beso. Cuando es correspondido, qué salto al vacío. El beso silencia la realidad, marca la entrada al mundo aparte que se construyen los amantes, que sólo ellos entienden porque ahí no se intercambian palabras, exclusivamente actos de amor, y cuesta pensar en órgano que se preste mejor para el intercambio de muestras de cariño recíproco que la boca, a las manos les falta ese grado de intimidad, y lo siguiente significaría amar con todo el cuerpo. Un buen beso preludia crecida en los caudales de la pasión o representa la sublimación de un ideal, cualquier cosa menor equivale a beso defectuoso.
Habrán de conceder que las situaciones propicias para el beso por lo general tienden a cierto desprecio o impotencia ante las posibilidades del alfabeto; aun cuando se da premeditadamente o en busca de segundas intenciones, al querer aprovecharlo estos casos confirman el único efecto claramente desprendible de un beso en la boca: el estado de confusión. La última prueba en estas cavilaciones llega por el irrefutable conducto de Los Simpson. En el capítulo donde la escrupulosa Lisa desarrolla una atracción, a todas luces desconcertante, por Nelson, el niño peleonero de la escuela, una noche la pareja acude a contemplar el paisaje de Springfield desde una colina, Lisa, deshecha en un elogio del momento romántico, hastiado por el panegírico que Lisa emprende, Nelson le da un beso en la boca, mientras ella vuela en la experiencia de su primer beso, él sólo piensa “a ver si con esto se calla”.
O, en realidad, esta letanía termina cuando el eRRe admite que se le agotaron los recursos para prolongar artificialmente aquello que desde un principio nos habría quedado bastante más claro del modo directo y emocionante que plantean los New York Dolls:
there’s one reason
I’m tellin’ you this
I feels BAAAAAD
and I’m looking for a kiss
Una butaca vacía
Te acuerdas de la primera vez que vinimos al cine. Recuerdas la ansiedad con que nadaban nuestras manos por debajo del descansabrazos, haciendo de su encuentro una proeza. Y de lo bien que encajaron. De la pelotita de fuego que en la oscuridad de la sala nadie vio que nos jugábamos entre los dedos. Te acuerdas de las figuras caprichosas que formaban, de las cuevas y de los montes, de los animales que sacaste a pastar en mi palma. Qué diferente a esta ocasión, apenas depositas una oquedad en el tacto y me das la espalda, y todos los ensayos de mis manos aventuran el abismo, donde el frío quema, donde el alma pende de un hilo. Daría lo mismo estar uno a cada extremo del Gran Cañón de Colorado. Modestamente dejo una butaca vacía. Un símbolo de la distancia para no sólo pensarla. De mala gana acomodo mi cabeza de trapo en las manos de alambre y no me queda de otra más que resignarme a ponerle atención a la película.Esta locura que crece cuando te pasas la vida tumbado bajo el sol de la isla Toqueyrol.
Quisiera convertirme en algo que alguien pueda usar...

Tengo la sensación de que no le agrado al día de hoy. El aire sabe como a flores y pintura. Hay un fregadero lleno de botellas y cubiertos, y el coche tiene una lista de quejas. Desearía ser un cepillo de dientes o una herramienta de soldadura. Convertirme en algo que alguien pueda usar. Podemos desear que un foco explote, o esas fotos amarillentas y enrolladas que andan sueltas en cajas cerca de aparatos abandonados por los rincones de los sótanos del mundo. Supongo que nuestros deseos no lavan los platos o arreglan los frenos. Que se conviertan en algo que alguien pueda usar. Tengo una cara llena de clima ominoso. Una sonrisita engreída de una cadena de tiendas de prestigio. Tengo más fallas que el estado de California, y el corazón es un puente mal construido. Parece que lo mejor que tengo para ofrecer no ofrece demasiado. Que se convierta en algo que alguien pueda usar. Que esto se convierta en algo que alguien pueda usar.
-John K. Samson
Vers. al castellano: eRRe (who made of it something he could use)