
Y finalmente tocaron “Creep”…
Y no fue tan espantoso como predicaban los puristas, ni tan emotivo como esperaban los admiradores casuales. Fue un buen detalle. Darles a todos algo que cantar. Como hace quince años cuando debutaron en los escenarios mexicanos –Ojo de Agua todavía es México, ¿cierto?-, su canción de karaoke. Y todo el mundo la cantó. Incluso aquellos que gritaban “¡nooooo!” cuando empezaron escuchar esos acordes de guitarra. Y cuando eso pasa es imposible que no se te caigan los calzones. Y el croupier que habita la mente del eRRe revolvía una baraja de años: el eRRe cantando Creep en el cuarto oscuro de fotografía en la Universidad con las burlas de DJ Pit-UFO, el eRRe volviendo a casa con el corazón por enésima vez destrozado y subiéndole todo el volumen a Creep en el estéreo, el eRRe regresando a Pablo Honey hace unos tres meses y descubriendo que todo el disco todavía le gustaba… incluso extrañando a esa banda… que hacía vulgar rocanrol… antes de leer a Chomsky… antes de que se convirtieran en una de las mejores bandas que haya en el jodido mundo.
Radiohead pasó por México y todos nos quedamos sin aliento. Todos. A los que nos gusta y a los que no nos gusta. Allegados al eRRe han pedido esta reseña, “ahora resulta que todo mundo los ama”, decía el mensaje de un amigo que nunca ha sentido estima alguna por el quinteto de Oxford. Pues bien, deje que el eRRe le diga: “nunca hubo amor tan bien ganado”.
Radiohead monta uno de los mejores espectáculos para el hombre moderno. Hace mucho que el eRRe no lo pasaba tan bien rodeado de luces y altavoces y vendedores de cerveza paseándose entre el público en un concierto. Un profesor de Crítica de Arte que el eRRe tuvo hace mucho preguntaba: “Se han puesto a pensar por qué van a un concierto”. Lógicamente no sólo por la música, para eso pones un disco y destapas una caguama en tu casa. Hasta la fecha el eRRe ha sido incapaz de resolver el enigma, “¿por qué vas a un concierto?”. Pero por la razón que sea, nunca estuvo más justificada que con Radiohead. Cerrabas los ojos, abrías los ojos y las luces que te bailaban en las pupilas seguían siendo las mismas. Lo cual ocasionaba un estado particularmente extraño oyendo las letras de canciones como “There, There”: “just because just feel it, it doesn’t mean it’s there”. Pero ahí estaban, y lo imposible parecía cosa de todos los días.
Espectáculo hipnótico. Ahí sale Kraftwerk, dándole una cátedra a todos los jovencitos de cuál es el origen del perfil cibernético que Radiohead viene explotando desde OK Computer. Unas güeritas –de no malos bigotes, lo que significa: de bigotonas nada- se voltean a preguntarle al eRRe y al Doc Cuajo si conocen al grupo que ha salido antes de los ídolos, si saben de dónde son… ah, sí, y al final si las figuras que han visto durante la última hora son robots. “Bueno, A VECES son robots”, contesta el eRRe haciéndole a la Wikipedia andante.
Así que cuando luego de una buena selección de dub, seguro cortesía de Johny Greenwood, sale Radiohead, lo que sucede en nuestros ojos y nuestros oídos parece la continuación natural de lo que hemos visto con los teutones. Olvídense de leer a Derrida. La deconstrucción nunca tuvo mayor sentido que en estos beats de dance decadentes, padeciendo el acoso sexual de una guitarra viciosa. Estamos hipnotizados. Estamos poseídos. La primera noche nos vamos con la historia de la chica enamorada de un cirujano plástico que operaba a nínfulas en los ochenta, la del hombre que a diferencia de la mayoría ejecuta sus peores acciones consigo mismo, la bossa nova disfuncional de “House of Cards” y con el pulmón vuelto acero.
La segunda noche el eRRe se encuentra en la zona frente al escenario y pude apreciar de mejor manera el curioso efecto que esta banda ejerce entre sus seguidores. Una tanda de tres canciones fuertes: “15 Steps”, “There, There” y “The National Anthem”. Los empujones son insufribles. Apenas en la primera canción toda una fila de personas al borde de la asfixia huyen a la parte posterior, donde amainan las tempestades de la multitud. Los gringos elevados en E que no han tolerado un solo minuto de Kraftwerk, huyen también cuando ven el remolino de gente a sus costados. El eRRe, junto al Sumo Sacerdote de Toqueyrol aprovecha para abrirse paso entre el mar de cuerpos, ¡qué mamada esto de volverse viejo!”. Pero resulta que luego de que el tornado pasa, todos ellos, toda esa turba de jóvenes inquietos, de pronto empiezan a sentirse desgüanzados con “All I Need”. Y ese es el tono del resto del concierto. Jóvenes llenos de vida pero deshilachados, como si Radiohead o su espectáculo o la época que les toco vivir les hubiera dragado sus energías. Resulta paradójico, por ejemplo, si uno se toma el tiempo para pensarlo, que una de las canciones recibidas con mayor efusión empiece con alguien que pide silencio porque intenta descansar. Zombies bailando música de zombies. “Is this really happening, happenING, HAPPENING?”.
La segunda noche trae varias consentidas. Primero, “Talk Show Host”. Y después de “Idioteque”, un sampler introduce una rareza que para el eRRe valió más que “Creep”: “Climbing Up the Walls”, por supuesto un analista encontraría muchas razones para explicar por qué una de las canciones que más le gusta en toda la discografía de Radiohead trata de pánico y psicópatas, el eRRe se conforma con decir que es una gran rola y que oírla en vivo fue algo totalmente inesperado, lo que hizo aún más memorable la ocasión. Y entonces, vaya, para que no decaiga la emoción, la guitarrita lánguida de “Exit Music (For a Film)”, una de las más esperadas estuvo maldita en su interpretación mexicana, primero Johnny entra dando un guitarrazo completamente fuera de lugar; “Hello, there”, dice Thom con sarcasmo y cuando el resto del grupo entra nada parece estar en su lugar hasta que Thom pierde los estribos y manda la canción a la mierda antes de ese memorable corito clonazepanesco: “We hope that you choke, that you choke”.
Se van con “Bodysnatchers”, pero ellos y nosotros sabemos que regresarán. No sólo porque lo hayan hecho la noche anterior, sino porque volamos muy alto y no nos pueden dejar aquí arriba, tienen que propiciarnos una pista para aterrizar con ligereza y que el regreso a casa –sin metro, con los taxis incrementado tarifas al 300 por ciento- sea menos rudo luego de esta sobredosis de fascinación. Por eso “Creep” fue tan oportuna, fue liberarlo todo, fue cerrar el círculo de hace quince años. Fue un buen detalle. Fue un gran detalle. Dejarse los pulmones y saber que éramos los primeros en años en escuchar a esos cinco tipos de Oxford tocar la canción con la que empezó todo. Sin su canción de karaoke quién sabe si hubiese habido OK Computer, quién sabe si hubieran previsto el desastre del 11/9 años antes de que sucediera con Kid A, quién sabe si el destino nos hubiera dado la oportunidad de oírles un disco tan elegante como In Rainbows. Si “Creep” es una canción de mierda, la verdad es que nos encanta revolcarnos en la mierda. Pero esa es una verdad tan evidente que mencionarla parece un acto de necedad. Sólo canten motherfuckers. Sólo sientan la electricidad reptando por debajo de su piel. Sólo cierren los ojos y ábranlos y siéntanse flotar entre las luces. Sientan el aire de marzo con la música que han usado de telón de fondo para librar las miserias del trabajo, la escuela y el hogar. Sólo entréguense a la nostalgia y a la incertidumbre del futuro. Y cuando las luces del Foro Sol vuelven a encenderse y la música árabe de despedida empieza a sonar, nos hemos ganado el derecho a pedir desde nuestra vida de paranoica (y un tanto androide) “Please stop the noise, I’m trying to get some rest”... Todo está en el lugar que debería.
*Pasen por el blog amigo rockandrollstar.wordpress.com y llévense el mejor souvenir de este acontecimiento.
martes, 24 de marzo de 2009
Radiohead en el Detritus
Tras unos días de celebración cumpleañera en la playa, aquí las impresiones del eRRe sobre los conciertos de Radiohead en México... todavía sigue temblando de emoción.
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