martes, 31 de marzo de 2009

Rocanrol de fin de semana

¿Cuánto rocanrol cabe en un fin de semana? Como desde hace algunos años en la ciudad de México el fin de semana empezó el jueves en el Fiesta Inn de la Alameda Central con la conferencia de prensa donde se presentó la ópera rock Dr. Frankenstein, instigada por el impasible José Fors. Como casi todas las conferencias de prensa fue un evento más social que informativo, los reporteros intercambiando los últimos chismes del medio, los fans que tienen la fortuna de tener una acreditación pidiéndole autógrafos a los rockstars, los rockstars dejándose tomar fotos y faranduleando; el master Gerardo Enciso, uno de los cantautores de más peso –y menos reconocido- que ha dado este país, era de los pocos que deambulaba por ahí, con poca gente pelándolo, el eRRe fue uno de los pocos que se le acercó para preguntarle del nuevo disco, cuándo volvía a tocar en la capital y dónde carazos podía encontrarse la recopilación de demos que publicó el año pasado. Respuestas: para noviembre si todo sale según lo planeado, por el momento todas las energías están volcadas en el disco, por lo que no habrá futuras presentaciones en la capirucho y, de los demos, “te los rolo cuando caigas por Guadalajara”. A toda madre el Enciso –as usual- pese al saquito verde-espántame-la-retina. La conferencia en sí, para no variar, unas cuantas preguntas interesantes y la mayoría trivialidades, entre las que se llevó las palmas –o la pena ajena, pues- una infaltable en este tipo de eventos: “Resuman en tres palabras qué se siente participar de este trabajo?”. La mejor contestación a esto la dio Carlos Avilez –el ahora encanecido bajista de la Cuca: “Luego te digo”. Al final, también para conservar la costumbre, las damas de medios sin entenderse ni ellas mismas, de dos boletos prometidos, resulta que no hay ninguno porque sólo les dieron 50 acreditaciones, que hay que apuntarse a la lista de espera, luego que sí hay pero no más uno, luego que sí los dos, luego que medio, luego que uno, en fin…

Viernes el regreso de Peter Gabriel. Muchos fans deciden no ir hartos de que las dos veces anteriores que el dueño de los estudios Real World ha visitado este país nos ha dado trato tercermundista al no traer su espectáculo completo que luego debemos descubrir en dvd’s grabados en otras partes del mundo más privilegiadas. Por un lado Gabriel tendría razón, ya que en efecto somos un país del tercer mundo; por otra los fans no están del todo errados en su enojo, pues para alguien que siempre ha proclamado los derechos de los países pobres y se ha involucrado en luchas por los derechos humanos, resulta un tanto incoherente que replique, a su manera, el desprecio que recrimina a los gobernantes. Travis abre pero la mayoría de la gente ha ido por Peter Gabriel y ni siquiera conocen al grupo de Glasgow, la minoría del público que sí corea sus canciones se ve traicionada por un sonido de altibajos infame que no ayuda mucho a ganarles nuevos seguidores; viendo su actuación como teloneros esta noche la verdad cuesta trabajo creer el revuelo que armaron las dos últimas ocasiones que se presentaron en la ciudad de México. Cuando por fin sale Peter, acompañado por sus inseparables Tony Levin y David Rhodes, además de su hija y el resto de sus músicos la verdad es que el sonido no mejora mucho. Como alguien que ha visto a Gabriel en sus anteriores visitas a México, la verdad sorprende que lo que sale de los amplificadores haga pensar en un dvd pirata con sonido opaco. Pero eso no es obstáculo para que el concierto empiece a levantar y conforme suenan las rolas que han marcado momentos en la vida de muchos de quienes nos encontramos aquí, a nadie le importan las limitaciones técnicas y cantamos a la unión del hombre y la mujer en “Blood of Eden”, al calor que producen los cuerpos de los amantes en “Steam”, a los minutos bombásticos de “Big Time”, a las señales claras y profundas que desde la tumba manda un sampleado Nusrat Fateh Ali Khan en “Signal to Noise”, a la cabeza que rebota con “Sledgehammer”, al sentido homenaje al padre que todos hemos perdido, que alguna vez perderemos en “Father and Son” y finalmente salimos manchados de carmesí con el aguacero de “Red Rain”. El abuelo Gabriel sigue recibiendo los honores que merece un creador de una obra monumental como la suya, esperemos que lo que venga después ayuda a preservar ese respeto que el eRRe pudo apreciar algunos están perdiéndole, “que regresen el dinero” le tocó escuchar en una de sus escapadas a los mingitorios durante el concierto.

Sábado en el Metropolitan el estreno de Dr. Frankenstein. En la conferencia de prensa una representante de la Universidad de Guadalajara (institución que respalda el proyecto) explica que decidieron hacer una sola presentación en el Detritus Hiederal porque primero querían presentar la obra y que diera de qué hablar, que el Metropolitan es de por sí un teatro grande y no se cerraban a la posibilidad de volver pronto con una temporada más extensa. Es decir, en lenguaje de humildes mortales: les dio frío. Les dio miedo no tener la convocatoria suficiente. Pero en este sentido, creo que la dama aludida y en general los involucrados en la logística de esta puesta en escena, subestimaron el poder de convocatoria que José Fors ejerce en la comunidad rocanrolebria chilangoteca. Cuca es un grupo que está bien clavado en el corazón de un buen de personas, una especie de secta que venera –y prometo que esa es la palabra justa-, venera cualquier cosa en la que Fors ponga sus manos, llámese Cuca, Forseps, su obra plástica y hasta sus intervenciones en los insulsos programas de “Las mejores rolas…” que VH1 de México le fusila a su contraparte gabacha. Los boletos se agotaron, el lugar estaba abarrotado, los puestos de camisetas no se daban abasto y en todo el lugar el olor a expectación te tapaba la nariz. El eRRe está convencido de que por lo menos una función más hubiera sido viable sin mayor problema, obteniendo mayor presencia en los medios, pero bueno, entre representantes y agencias de medios te veas… Respecto a la obra en sí, al eRRe todavía le cuesta definir su opinión al respecto. Empieza, le parece, de manera impresionante con unos cuerpos descarnados que van levantándose entre contorsiones detrás del escenario, consiguiendo en verdad un efecto de muertos vivientes. En este cuadro al igual que otros que sirven de transición entre los distintos pasajes de la obra, se nota claramente la mano de Salvador Moreno, el Chava que hasta hace poco lideraba La Castañeda, y constituyen algunos de los mejores momentos de la ópera. Los puristas deben abstenerse. El Frankenstein de Fors no se limita a la novela escrita por Mary Shelly sino que incorpora elementos de las distintas películas que se han hecho a través de los años y del imaginario propio que ha desarrollado en su obra visual. El Frankenstein de Fors es en sí mismo un Frankenstein, y la verdad el eRRe no acaba de decidir si eso es un halago o una crítica. Cabe señalar en este punto el lugar privilegiado que ocupó durante la presentación (tercera fila al centro) por lo cual es posible suponer que todo lo que sucedía en escena le causaba una más vívida impresión que, por ejemplo, a las personas que estaban cincuenta filas más atrás. La creación del monstruo (o el Ente, como se le llama en el disco y los programas de mano), por ejemplo, le resultó absolutamente mágica y poderosa, cuando el sarcófago se abre y finalmente aparece Fors en su encarnación de Ente, su inmovilidad es pasmosa, y cuando finalmente mueve una mano, de manera mecánica y avanza a pasos toscos, lo difícil es creer que ese mismo sea el animal de rocanrol que con Cuca arrasaba los escenarios. Es un monstruo perfecto, un monstruo que si te lo encuentras ahí mismo, afuera del Metropolitan, a las tres de la mañana seguro que te regresa a casa con la ropa interior manchada. Iraida Noriega, en su papel de novia del Dr. Frankenstein, brilla con esa voz educada en el jazz y en la mejor escuela crooner de su papá, el camarada mexicano de Frank Sinatra, Fredy Noriega. Ugo Rodríguez, ex Azul Violeta y actualmente despegando su proyecto Yo-yo Breakers, saca tonos metaleros que casi nadie sabía que poseía, los cuales imponen particularmente al rehusarse a construirle una novia al Ente; su “¡noooo, jamás!”, le sacaría dos que tres peditos al Halford de Judas Priest. Especialmente tomando en cuenta el personaje icónico que decidieron abordar, parecería que faltan canciones más memorables, canciones que a uno le den ganas de cantar fuera del contexto de la obra –sobre todo cuando Fors declaró que esto no era tanto un musical sino una colección de canciones que juntas contaban una historia-, no hay aquí una “See Me, Feel Me” o una “Love Reign O’er Me” (por mencionar sólo una canción memorable de cada una de las dos mejores óperas rock que se han escrito en la historia, ambas de The Who, Tommy y Quadrophenia), si acaso aquella en donde el Ente, semejante al hermano Lobo de San Francisco, decide que si no puede inspirar amor provocará terror, pero en general hay poco que reclamarle a la parte musical que fluyó sin problemas con matices que van de la exploración electrónica al heavy metal más acelerado. El principal problema es que al nutrirse de tantas fuentes, los episodios parecen suceder demasiado aprisa sin darle el peso que debería tener cada acontecimiento. Por ejemplo, cuando el Ente mata al profesor Waldman (interpretado por Chava de La Casta), un momento que debería estar cargado de dramatismo –es el primer muerto en la lista del Ente- pasa muy fácil, casi sin darnos cuenta, basta que el Ente ponga una de sus manos en el cuello del profesor para que éste caiga al suelo. Uno entiende la fuerza sobrehumana del Ente, pero esto da más risa que temor. Y este defecto plaga largos pedazos de la obra, la falta de drama, de creernos realmente que eso está pasando ahora y no es una simple puesta en escena. Curiosamente quienes parecen más conscientes del aspecto dramático que exige este trabajo tienen intervenciones más bien breves en la obra, uno es Iram Chávez, quien en su papel de Igor pone a bailar sus ojos, hace gesticulaciones y mueve su cuerpo de manera absolutamente desquiciada, tanta energía pone en su intervención que pareciera él quien está al mando de las cosas en el laboratorio y no el mismísimo Doc Frankenstein. Otra es una niña que interpreta dos papeles, el de una aldeana que se hace amiga del Ente y el de la hija de Frankenstein, en estas dos apariciones se apodera del escenario de una forma que sus compañeros rockeros ni siquiera se atreven a imaginar. José Fors también está muy bien, como ya se ha dicho, en su papel de Ente, pero esto no alcanza a contagiar a los demás.

Acabada la obra en el piso superior del teatro se llevó a cabo un cocktail y ahí estuvo el verdadero rocanrol. Los participantes de la obra se felicitaban, pues el público no escatimó ovaciones. Meseros se paseaban ofreciendo sin reservas cerveza, mezcales y martinis de sospechoso color. Los periodistas rockestareaban más que los rockstars. El dj ponía unos mash-ups de lujo. Lino Nava nos pedía permiso para poner un vaso en nuestra mesa. Alfredo Sánchez –que compuso la música para la ópera junto con Fors- descansaba de las zozobras que en los últimos días le habían impuesto los ensayos, al igual que Armando Chong (encargado de la orquestación) quien daba la impresión de un condenado que acababa de salir bien librado de la aplicación de la ley fuga. El Fors agradeciéndole al eRRe portar una camiseta con el logo de Forseps, “porque eso fue el incio para todo esto”. Con Gerardo Enciso, que como papá de la novia paseaba por todas las mesas, el eRRe estuvo recordando tiempos del viejo Rockotitlán, de la antigua estación de radio Estéreo Joven y ya con el Vampiro (sí, el de los Caiguares) poniéndose de acuerdo en que debería armarse una antología con las mejores rolas –y miren que hay varias- del inmenso –y a todísima madre- compositor tapatío. De la última hora y media, aproximadamente, las imágenes son borrosas. El eRRe recuerda que casi no quedaba nadie en las mesas dispuestas para la ocasión, empujándose los últimos mezcales con el Prisionero y chavos de prensa de Guadalajara. Informantes le dicen que ofreció invitar a todos los que ahí quedaban a matar la noche en su departamento haciendo caso omiso de la prudente observación del Prisionero (“¿Estás seguro?” “A huevísimo”, contestaba el alcohol en la sangre del eRRe.) Afortunadamente eso no paso y de repente se vio en el bar frente al Metropolitan con todo el equipo de producción de la obra, con otra chela en la mano, hablando con Iram-Igor de que si tuviera una banda le gustaría que él fuera su cantante, bailando salsa e incluso hay quienes afirman que haciéndolo como un veterano del California Dancing Club con una señora arrobada entre sus brazos a la que desafiaba con sus mejores pasos de la sangre del trópico que también corre por sus venos. Eso al eRRe no le consta. Lo único que le consta es que llegó a su casa (¿cómo? Who the fuck knows?), que despertó con la ropa puesta en la cama sin destender y con los fantasmas del mezcal todavía ululando en la cabeza. ¿El eRRe bailando? ¿Y haciéndolo bien? ¡Lo que hace el exceso de rocanrol!

En el séptimo día dios se preparó una michelada, se tendió en un sillón a ver tele y se puso a crudear a gusto… porque el fin de semana termina el lunes, en el salón 21 con Emir Kusturica y su No Smoking Orchestra: ¡a sudar! Salto, baile, euforia a la balcánica. El encuentro con amigos que han compartido la aventura de fin de semana. Es sólo rocanrol pero ya es mucho para vos: Mystery Girl está postrada con una fiebre fulminante, y en su representación manda una rubia de la que el eRRe podría enamorarse si no fuera porque hace mucho se retiró de los deportes de alto riesgo, pero eso no importa, cualquier concierto siempre es mejor cuando te acompaña una chica bonita, aunque nunca la vayas a tocar, en el pasado eso habría supuesto hacer del eRRe un manojo de nervios, pero ahora, como el E de los eels, piensa: “Hey, man, now you’re really living!”. Unza-unza-time, fuck you MTV, maybe you’re not Juliette but I’m not Romeo, underground que sale a la superficie en la ciudad de México, noche llena de referencias clásicas: Emir con camiseta de Pancho Villa, introducciones con homenajes a Pink Floyd y Deep Purple, los cachetes del Dr. Karajilic, los arcos de violín gigante… y sí, la rubia a su lado esta noche seguirá bailando en sus sueños cuando se vaya a dormir… pero sabe que por la mañana extrañará a la morena que lo mantiene despierto. ¿Ustedes con cuál se quedarían?

Aunque la pregunta está mal planteada. La pregunta correcta sería si alguna está interesada en acompañarlo un rato. Si a ninguna le apetece, bueno, ahí siempre está el rocanrol…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Una morena, mucho más morena de lo que el eRRe jamás de los jamases pudo imaginar, y más morena aún desde que regresó del paraíso al que teme nunca volver piensa que todas las güeras pueden ir a chingar a su reputísima madre, así, con acento y todo... Ojalá se las coma completitas, con todo y su acento fresa, un lagarto de mar comno el que mordió al eRRe en días pasados... Así, para celebrar su cumple...

eRRe dijo...

Through the yard,
Through the yard of blonde girls

[...]

Very sexy, very sexy
Ok, ok...