lunes, 25 de agosto de 2008

Amo a las chicas locas, por Mark Oliver Everett, "E"

Traducción de un fragmento más extraído del libro autobiográfico de Mark Oliver Everett, Things the Grandchildren Should Know. En esta ocasión el cerebro detrás de los Eels nos permite un vistazo a su vida sentimental examinando el dilema que seguro ustedes también se han planteado más de una vez: ¿qué tendrán las chicas locas que enloquecemos por ellas? Al parecer no existe solución posible, pero, como todo, llegará el día en que estaremos demasiado cansados para seguir haciéndolo.Muy bien, éste es un tema delicado, y no es que me sienta particularmente cómodo hablando de él –porque finalmente significa que yo he sido un chico loco. Pero justo en este momento de la historia, tras haber encontrado mi primera novia en años y embarcarme en una infernal gira por deber después de la cual nos separamos, parece que es buen momento para abordar este asunto. Echémosle un vistazo a la historia.
Históricamente hablando, si me encontraba en una habitación donde también había alguien capaz de convertir mi vida en un infierno en la tierra, me las arreglaba para dar con esa persona, esperando que me enganchara en su conversación, sintiendo que había encontrado la pieza perdida de mi rompecabezas, viendo en mi cabeza imágenes de nosotros despertando juntos, nuestros hijos, nuestras tumbas una pegada a la otra cincuenta años después y de verdad creía que todo era para mejor. Por alguna razón, Dios hizo a las mujeres que me atraían, locas. Pero puesto que no creo en Dios, supongo que es un hecho vital que probablemente tenga más que ver con mi crianza. Personas que trabajaron conmigo incluso acostumbraban referirse a cierto tipo de mujeres como “chicas E”. Así de lamentable era la situación.
Si parecía recién salida del sanatorio mental del condado, la perseguía. He tenido varias novias a través de los años que pasaban de la risa histérica a los más lastimeros sollozos en un abrir y cerrar de ojos.
Woody Allen tenía un nombre para estas chicas, el cual explicó en su película Esposos y esposas. Las llamaba “mujeres Kamikaze”, porque no sólo son autodestructivas, sino que estrellan su avión en ti, llevándote con ellas.
Tomemos a la primera novia que tuve, tres años después de mudarme a California, mi Vietnam personal. Supongo que va incluido en el menú, como suele decirse. Si quieres estar con una persona interesante, sensible, de tipo artístico, esa sensibilidad probablemente quiere decir que se pondrán sensibles con todo tipo de cosas con las que no contabas. Vietnam y yo por estos días somos amigos, y pasados muchos años podemos voltear a ver la pesadilla emocional de la gira por deber con humor, pero como le diría una mesera al cliente que ordena un plato fuertemente especiado que lo hará sentirse fatal al día siguiente, eso no significa que “sea recomendable”.
Un día estaba enamorada de mí, al día siguiente no estaba segura de haber superado a su ex novio y volvía con él, sólo para regresar conmigo uno o dos días después. La montaña rusa era veloz e implacable. El que había sido su novio antes de su ex novio una noche le llamó para anunciarle su inminente matrimonio y ella me llamó para que fuera a consolarla, aun cuando el día anterior me había dicho que no podía seguir viéndome (yo, por supuesto, fui y la consolé). De cumpleaños le escribí una bonita canción llamada “Manchester Girl”, pensado que era la cosa más hermosa y auténtica que podía darle. La detestó. Dijo que el verso sobre la “caja de deperdicios de Pandora” la hacía parecer una mala ama de casa. ¡Y aun así, cuando me botó, me sentí devastado!
Luego vino la novia que se quitó la playera en el coche, nada más porque se le ocurrió, durante nuestra primera cita, ella enseñaba sus pechos mientras yo manejaba para ir a cenar en un restaurante. Después de la cena volvimos a casa, nos sentamos en el sillón y empezamos a besarnos. Cuando estábamos besándonos, empezó a llorar, salió corriendo a su coche y se marchó. A la siguiente noche me llamó para explicar que su intempestiva salida se debió a que había sentido la presencia de su ex novio en el cuarto.
Aun así, continué viéndola. Otra noche me llamó, lista para suicidarse, porque había oído que su ex tenía una novia nueva. Me pasé la noche hablando con ella para tranquilizarla.
Luego vino la que no dejaba de ponerse celosa por los enredos imaginarios en los que yo andaba metido, que durante un ataque psicótico azotó la puerta del dormitorio con tanta fuerza que un espejo de la pared cayó haciéndose añicos en el suelo. Estoy seguro que los vecinos gozaron con ésta, y gracias por los siete años de mala suerte (funcionó).
O qué me dicen de la otra, que una noche estaba acostada en la cama y soltó la inmortal frase:
“¿VER AL JODIDO DAVID LETTERMAN ES MÁS IMPORTANTE QUE CUCHAREARME?”
Y la lista sigue y sigue.
Quizás esto haga que mi vida parezca más emocionante de lo que realmente es. Tengan en cuenta que estos ejemplos fueron sucediéndose durante un periodo de tiempo muy largo, aproximadamente veinte años, intercalados con muchas “temporadas de sequía” y momentos de no-tanta-locura.
Ahora, cuando digo locura, quiero que sepan que en determinado momento tracé una línea. No hablo de locura tipo completamente esquizoide. Eso es demasiado, incluso para mí. Pero algunas de ellas en ocasiones se acercaban mucho.
¿Qué era lo que me atraía a estas ovejas descarriadas? Probablemente una combinación de varias cosas, entre las cuales la menor no era que yo también fuera una oveja descarriada, de modo que probablemente me sentía seguro con ellas (qué ironía, ya lo sé). Es para eso que te prepara crecer en una familia de locos, si no tienes cuidado. Y quizás yo tenía ganas de pasar por los puntos más bajos de la montaña rusa en nombre de las oh, tan gloriosas cumbres. Pero, conforme han pasado los años, la atracción por las locas ha disminuido, producto de puro agotamiento.
No todas han sido locas, pero debo enfrentar el hecho de que la mayoría sí. Supongo que todos estamos locos, de verdad. Simplemente algunos encontramos maneras distintas de lidiar con eso. Mírenme a mí y a mi hermana. Somos dos caras de la misma moneda. Es sólo que tratamos nuestros problemas de formas distintas: ella no sentía aprecio alguno por sí misma y se sumergió en una espiral nebulosa de drogas y alcohol. Yo me volqué en mis canciones. Simplemente tuve suerte de que mi método fuera más constructivo.
En defensa de ellas también debo decir que no soy la persona más fácil con la cual convivir en el mundo. En algunos sentidos sí, una vez se acepta que siempre estoy trabajando en algo, y cuando no, tiendo a ser muy retraído, cocinando ideas en mi cabeza. Hace falta ser una persona muy segura para estar con alguien así, de modo que probablemente todos estos años estuve equivocado, intentado la combinación errónea.
Le tengo mucho cariño a todas y cada una de mis chicas locas y no me arrepiento de las experiencias que pasé con ellas (bueno, de la mayoría. Algunas fueron de verdad malas).
A todas las chicas locas que amé en el pasado: gracias, pero ahora ya estoy muy cansado.

Mark Oliver Everett. Things the Grandchildren Should Know. Little, Brown. Londres, 2008.
Versión al castellano: eRRe - erremental.blogspot.com

martes, 19 de agosto de 2008

Postal para TP

Hate a lot of things
But I love a few things
And you are one of them.
-E

Electro-shock blues desde hace meses anda en rotación continua en el playlist dentro de mi cabeza. Hoy no ha parado de sonar. Cuando caminábamos hablando del Hombre Araña y los discos que nos habíamos comprado el último fin de semana, ¿pensábamos que nos iríamos quedando tan solos? ¿De verdad creíamos que después de tantos años estaríamos juntos para vivir este momento? Qué flaco se puso el diccionario. Cuando lo abro todas las páginas están en blanco. Oigo un ruido seco al que le sigue un tenue silbido y vestido de negro salgo a gastar las calles de la Narvarte con mi perro, tu casa desde fuera parece la misma, pero él sabe, se detiene un momento, husmea y sigue caminando con el destello de un dios en la mirada. En la isla que nos construimos al sol no le dio por salir y el mar permanece callado. Qué ridículo ofrecer consuelo o fortaleza a una montaña. La vida es graciosa, pero no ja, ja, graciosa, dijo algún místico. Como en los aviones, la comida de hospital es asquerosa. Las caguamas vacías de Cuernavaca, el búnker de Guanajuato, el sueño de Berlín, las Navidades compartirdas y siempre había alguien con dos ojos esperándonos hasta el fin. Apretar el botón de reversa y el de adelantado, el casete siempre se enreda. Sollozando en silencio y con las luces apagadas, me siento junto a tu puerta esperando que la abras y me digas que es momento de vivir. Haremos una fiesta con payasos y barriles de cerveza y tres mil amplificadores que suenen al mismo tiempo con “The sea will rise… Please stand by the shore… Oh, oh, oh, I will be… I wil be there once more…” Un golpe de brisa nos despertará, y entonces nos daremos cuenta que una vez más: amaneció... y sí, que irremediablemente somos hermanos.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Razones para odiar a la Condesa

Hoy mientras buscaba la Mojo del mes de agosto y en su lugar encontraba la Uncut de septiembre, el eRRe vislumbró una revista cuyo titular enunciaba “Cinco barrios para vivir (que no sean la Condesa”. ¡¿De qué hablan?! Residir en la Condesa debe ser una de las formas del infierno, si está sobrada de gente, coches, valet parkings, restoranes, naifs de segunda, tercera y hasta cuarta generación, abiertos malandros y, por supuesto, sobrada de reputación. En un acto de conciencia ciudadana, aquí tienen tan sólo las primeras razones que acudieron a la mente del eRRe para odiar a la "Condechi" (por si el apodito que sus habitantes se han encargado de divulgar no les pareciera suficiente):

Vecinos demasiado inteligentes para llevar una conversación realmente espontánea

Vecinos demasiado sensibles que te obligan a llevar huaraches, o de plano andar descalzo, en tu propio departamento para que no perturbes su sesión de yoga nocturno

DJ's ultraconservadores de izquierda que no saben mezclar

Rock stars y periodistas que se creen rockstars

Gente bonita

Gente fea que se cree bonita presumiendo de "kitsch"

Libros al doble de su precio

Escritores, agentes de escritores y agentes de agentes de escritores

Meseros argentinos que a todas las chavas les dicen "Maga" y tienen memorizado el catálogo entero de Babasónicos

Fans de los meseros argentinos

Güeyes que usan camisetas de los Velvet Underground pero no reconocen una sola de sus canciones

Zipoliteños a los que se les perdió la playa

Pachecos que no pagan su propia mota

No Modern Lovers, just Posmo-Lovers

Principalmente: no es el HHH planeta Narvarte (aunque no faltan enfermos empeñados en convertirlo en franquicia condesera... ¡cruz, cruz!)

OrnitoRRocanrol

El otro día el eRRe veía un documental sobre el ornitoRRinco, un animal que siempre le ha gustado mucho, pese a que personas como su propia madre lo consideren horripilante, involutivo, una aberración en el ordenado mundo de Dios. Viéndolo retrospectivamente quizá le guste por lo mismo que le gusta el rocanrol. Con su pico de pato y sus patas palmeadas, el ornitorrinco es un mamífero que no es mamífero, pone huevos y amamanta a sus crías aunque carece de mamas (segrega la leche directamente de sus poros en la región pélvica). El ornitoRRinco se pone de pie cuando a todos les ordenan sentarse, como canta Bruce Springsteen en “Growing Up”, la comparación no parece tan descabellada, después de todo ese aspecto inacabado es algo que comparte con el rocanrol y su proyección de adolescencia eterna, debería madurar, decidirse por ser ave, reptil o mamífero, anomalía desafiante de toda lógica, sin embargo mírenla, ahí está, imposible de ignorar, y es su propio misterio lo que seduce, lo que despierta nuestra curiosidad, aunque nunca dejará que lo conozcamos por completo, permanecerá elusivo, en imposible definición. Si algún día logramos descifrar los hábitos del ornitoRRinco, será un poco igual que cuando el eRRe vio el rostro de los integrantes de los Pixies por vez primera, la música seguía emocionándolo, pero echaba de menos la inocencia de cuando creía que quienes tocaban eran gnomos depravados con pésimos hábitos de higiene. Una semejanza más: si bien el presente desalentador podría orillarnos a pensar lo contrario el ornitoRRinco no está en peligro de extinción, simplemente se trata de una especie que siempre ha gozado de muy reducida distribución geográfica … y cuesta mucho reproducirlo en cautiverio.

lunes, 11 de agosto de 2008

Ike's Mood

Chale. Ahora el que se murió fue Isaac Hayes. Antes de que Barry White conquistara el mundo y se convirtiera en la música favorita de los aspirantes a donjuanes, Ike ya lo había hecho todo. Por lo menos desde un punto de vista discográfico, él fue primero al presentarse con ese estilo de barítono aterciopelado, que se te metía por el oído pero retumbaba en tus desos. Sólo que Hayes poseía una cualidad de la cual carecía Barry, así como podía ser terriblemente cachondo en canciones como “Never Can Say Goodbye” o “I Stand Accused”, lo dominaba un dejo de desdén, de hombre que se resiste a entregarse completamente a una pasión particular que lo volvía un hijodesu, un valemadrista consumado, un tipo capaz de entregar todo su amor, excepto por esa parte que particularmente quieres, lo cual no hace más que incrementar tu deseo.


Empezó como uno de los compositores titulares de Stax, la compañía que vio nacer a un titán llamado Ottis Redding. Escribió éxitos junto a David Portner para Sam and Dave y Booker T. & the MG’s, quienes se convertirían en su banda de apoyo. Luego de Presenting Isaac Hayes, un disco que no llegó a ningún lado, en 1969 Hot Buttered Soul fue el álbum más exitoso de una serie de 26 lanzamientos simultáneos que Stax realizó tras perder la mayoría de su catálogo ante Atlantic Records. Isaac Hayes se distinguía por practicar un soul ralentizado, de bajos profundos y secos, que revelaba sus propiedades pausadamente, como resbala un trago de vermouth; si James Brown tendía una invitación a zangolotearte y lanzarte sin humanidad alguna encima de la hembra más cercana, la música de Isaac Hayes era propia para los escarceos, la seducción, el juego de acercamientos y separaciones sucesivas incrementando la tensión sexual que hasta en el reino animal halla sentido.


Al mismo tiempo sabía guardar la distancia de los empalagos sentimentaloides. Aun con la excelsa interpretación que Nick Cave hace de “By the Time I Get to Phoenix”, nadie ha sabido transimitir con tanta exactitud la triste frialdad que subyace a esta canción como Hayes. Esto en parte gracias a la introducción hablada que hace de los motivos que llevaron a Jim Webb a escribir esta canción, algo que anticipaba a nuestros actuales raperos, salvo que en el caso de Ike cumplía con preparar a la razón para lo que estaba por recibir el corazón y junto con las modificaciones rítmicas –a veces radicales- convertía los cortes de otros autores en versiones personalísimas. No es cuestión de racionalizar los sentimientos, se trata de mantener el control de la situación en todo momento no dando concesiones, ni siquiera a ti mismo, para siempre saber tomar la decisión con la mayor probabilidad de salvarte el pellejo. Quizá por eso haya sido seleccionado para musicalizar la película sobre un policía -Shaft, de 1971- que vencía criminales y seducía mujeres con idéntica impudicia, pero lo suficientemente astuto para dejarse una puerta abierta que lo sacara de los problemas que creaba. Si bien pudo haberlo hecho igual desde un personaje al otro lado de la ley; otro rasgo en que se adelantó a los raperos: él también salía cubierto de cadenas resplandecientes, aunque parecía más estar preso del oropel que ostentándolo.

A últimas fechas Hayes había recuperado notoriedad haciendo la voz del chef de South Park, serie con la que marcó su distancia cuando sus irreverentes creadores Trey Parker y Matt Stone fijaron su mira en la cienciología, de la cual era un militante, por lo que se ve, recalcitrante. Vamos, está más que comprobado: para crear música magistral no no hace falta ser infalible


Ayer, domingo 10 de agosto, la esposa de Ike encontró su corpachón inherte de 65 años tendido junto a la caminadora. Si las compañías de discos encuentran la manera de comercializar su muerte, seguramente estaremos escuchando el álbum que dicen preparaba por primera vez desde 1995. Mientras, crecen los rumores de que en la Condesa pronto abirán un gym con excelente servicio de martinis y un dj que sólo rotará las pistas de Black Moses. Eso le traería vida a tanto zombie que deambula por ahí.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Cazar vinilo

Ir de cacería por vinilo. El eRRe ha llegado a considerar que el grado de civilización de una sociedad se mide según el número de lugares que ofrece para comprar discos de acetato, vinilos, LP’s como equívocamente muchos les llaman (en realidad el término "long play" o "larga duración" tiene una connotación meramente de tiempo, independientemente del formato). Aunque no haya tenido oportunidad de viajar tanto como algunos conocidos, le bastan las historias de los inesperados hallazgos en Camden Market y recónditos tendajones de Portobello Road para reverenciar la grandeza del pueblo inglés; o reconocer a Nueva York como clave cultural de nuestro tiempo simplemente por ser hogar del Hombre-Araña y sitio de aparición del más reciente Santo Grial de los acetatos (una copia del primer disco de los Velvet Underground -¡cómo no!- que un canadiense adquirió hace un par de años en un mercado de pulgas de Chelsea por 75 centavos de dólar, luego se cotizaría en más de $100,000 en e-Bay).

Berlín no desmerece, el eRRe guarda buena memoria de Cover, bajo el mutilado resplandor azulino de la Gedächtniskirche, en el número once de Kurfürstendamm, cuyos largos anaqueles lo sometieron a un par de horas de fascinación y arduas disyuntivas sobre las adquisiciones; hizo los honores a la capital alemana con el álbum que Lou Reed tituló en su honor (en edición italiana para completar el cuadro “globalista”), de ahí también salieron una edición doble numerada con las versiones estéreo y mono del Pet Sounds de los Beach Boys (en vinilo amarillo y verde respectivamente), el nada común in Tokyo, de Nico, y un impecable vinilo blanco de Live in London, registro de la etapa más broncade Alex Chilton, entre otros títulos.

Durante su estancia en Venecia, al expirar el pasado milenio, el eRRe encontró tiendas de discos decentes, aunque poco vinilo, no es de extrañar considerando que los venecianos apenas conservan espacio para sí mismos en los corredores del museo que habitan; el resto de Italia cuentan que es otra historia. En México estamos a media tabla. Curiosamente un país europeo comparable, y no sólo en este aspecto, es Croacia. Además de católica, poco respetuosa de las zonas peatonales y con paladar para las mazorcas tostadas en comal, Zagreb, la capital, se parece al DeFectuoso mexicano en albergar contados espacios para la compra de surco negro donde quizá no abunden joyitas o rarezas, pero con una variedad de títulos respetable. La diferencia estriba en que mientras allá integran la mayor parte de la oferta discos recientes comercializados por locales especializados, es decir tiendas de discos; aquí el raquitismo general de la industria ha afectado incluso el catálogo disponible en CD, por lo que apenas Aquarius, en la colonia Roma –que funciona más bien a pedido-, y negocios que se mantienen con las uñas -como el de don Pablo Novoa, en la calle de Mar Mediterráneo 20, en el viejo barrio de Tacuba- vienen a la mente como excepciones en un mercado establecido de vinilo prácticamente inexistente. Ahora hasta los yacimientos del comercio callejero, desde siempre ricos en vetas de acetato han empezado a decaer. Casi cualquier viejo cazador de vinilo recomienda acudir a La Lagunilla en pos de buenas presas, sin embargo en la última incursión del eRRe por aquellos terrenos bajo un cielo de lona amarillo los mentados paraísos brillaron por su ausencia, y según rumores la situación en Tepito es igual de triste. Claro que así como a los croatas les falta descubrir las alquimias que ejercen un limón y una buena espolvoreada de chilito piquín en la elotiza, tampoco cuentan con las delicias que brinda un tianguis del Chopo y su galería de discos de todos los tiempos a precios razonables –hay de todo. A través de los años la mayor parte de la colección de acetatos que el eRRe ha ido cultivando ha salido de ahí. Una edición promocional –con el sello “Not For Sale” bien visible en la carátula- de Take No Prisoners, de Lou Reed, que consiguió antes de que fuera reeditado en CD casi a cambio de un plato de lentejas; un bootleg del ’75 de Led Zeppelin en Zurich; el infeccioso segundo disco de Los Locos del Ritmo; Tommy y Quadrophenia, de The Who, este último hubo de comprarlo dos veces ya que la primera no se percató de que faltaba el cuadernillo con las fotos relatando la historia de Pete Townshend. Y si eso les parece una excentricidad, entonces nunca han conocido a un fanático de cómics.

La vida del cazador de vinilo es dura, aparte de tener que soportar injustas murmuraciones y sacrificios, estos no se comparan con el irredimible dolor que dejan los errores de juventud. El eRRe, por ejemplo, nunca ha podido recuperarse por completo de haber malbaratado, en un indudable ataque de inconsciencia púber, sus primera ediciones del Diamond Dogs, de Bowie, y –para incredulidad de más de uno- del Born to Run nacional de Bruce Springsteen . Cada laceración del camino vale por ese instante en que aparece un disco del que ni siquiera te acordabas, tan remota vislumbrabas la posibilidad de encontrarlo que lo archivaste en un enmohecido hueco de la memoria, hasta el día en que te das de bruces con él y sientes la pequeña esperanza resurgiendo en un disparo de adrenalina. Igual que otros momentos de vida con potencial para generar semejantes niveles de excitación, esta empresa también reserva las mayores satisfacciones para las ocasiones menos premeditadas, a menudo sorprendiéndonos por lo cerca y fácil que llegan. Varias entradas que hasta la fecha distinguen la colección del eRRe han venido por conducto de personas harto irracionales como para decidir obsequiarle con álbumes de los que ahora él difícilmente se desprendería. La primera edición del Their Satanic Majesties Request, de los Stones, con efecto de portada en “tercera dimensión” y las primeras ediciones de Led Zeppelin III y Physical Graffiti con sus portadas “interactivas” (o lo que se entendía por este concepto a principios de los setenta), fueron regalo de un tío, en gran parte culpable de promover esta adicción, por lo que debió purgar su falta entregando asimismo Shhh! de Ten Years After, Fandango! de ZZ-Top, Long Live to Rock and Roll de Rainbow y el triple Yessongs que tantos momentos de divertimento ha generado al eRRe cada vez que le dice a un progresivo “ni siquiera me gusta mucho”. Al carnal Tachepiranha debe una colección de diez álbumes dobles que documentan la historia de la música sinfónica difícil de encontrar en tan buen estado y con los textos explicatorios íntegros, lo mejor es que uno de los volúmenes incluye la ultrapsicódelica y no muy conocida “Sinfonía de los juguetes”, obra de Leopold Mozart, papá de Wolfgang Amadeus. De su reciente visita al Londres de sus amores, Mystery Girl trajo una copia en vinilo amarillo del Three Imaginary Boys de The Cure y un sencillo italiano de “Roadrunner”, de los Modern Lovers, de 1977, con “Egyptian Reggae” de lado B.

Ya desde su aspecto los cd’s delatan una condición de meros artefactos, un acetato en cambio revela una presencia. No sólo por el espacio que ocupa, no sólo porque permite apreciar mejor el arte de cubierta e interiores; es el rigor de los cuidados que impone, la delicadeza de colocar la aguja de la tornamesa, la trascendencia de cada surco para la experiencia auditiva por la que incluso los crujidos y ruidos de estática se vuelven propiedades exclusivas que confieren a cada copia una vitalidad irrepetible. En esta parte algunos amigos audiófilos difieren. Parece innegable, sin embargo, que la reducción de los formatos justificada en un aumento de eficiencia y portabilidad cuya actual cúspide representa el iPod, ha derivado en un paulatino pero constante desdeño por la música en sí que hace poco lanzó a Neil Young en contra de Steve Jobs, cabeza de Apple, acusándolo de “rebajar la calidad de audio en la música al nivel de un juguete de Fisher-Price”. Ahora, debe reconocerse que en el apego al vinilo sobrevive un destello de la misma rancia actitud que le gana respeto a un pelmazo simplemente por darse el gusto de colgar un “original de X” arriba de la chimenea. Hace décadas que las actividades tradicionalmente consideradas artísticas vienen socavando el altar del creador hasta irlo derribando junto con el halo de santidad que como por ósmosis transmite al propietario de “la obra”, y el rocanrol asestó un golpe clave a ese trono para ser sustituido por una manifestación… más urgente, en una de esas hasta más necesaria que el arte. Y ni modo, a los cazadores de vinilo sólo les quedará resignarse al sopor de la nostalgia u ocupar su lugar en el bullicioso desfile hacia nuestra extinción.

viernes, 11 de julio de 2008

Poema S.A.

Abriendo y cerrando cajas,
discos regados por el suelo
a medio sacar de sus fundas.
Al final el día renuncia
colgándose en la punta del asta bandera
en medio de la plaza de armas.

Querer contar los días que han pasado
desde la última vez que
rasuramos el campo de futbol
con tenis de ángel
es como voltear a ver el segundero
de un reloj de arena.
A veces el blanco pizarrón del silencio
nos pone frenéticos y sólo
sabemos estarnos quietos
hasta que lo rayoneamos
de palabras encimadas
de lectura imposible.

Le digo, señor comisario,
que cuando llegamos la discoteca
ya estaba en llamas
pero nos quedamos porque habían bajado
los martinis ala de mariposa
a mitad de precio
y todavía quedaban bailarinas en las mesas,
si entiende a qué me refiero.

Después el ambiente se puso muy pesado,
ya sabe, los gritos de histeria, los desmayos,
y sí, la verdad nos marchamos sin dejar propina.
Pero fuera de eso nada de lo que rumora la chusma
Nos preciamos de ser chicos refinados
que cumplen su deber de buenos cristianos.
Pagamos el diezmo y promovemos la caridad.
Una degolladita de vez en cuando,
pero nada que deje manchas en el traje.
Somos muy ordenaditos y, eso sí: honrados,
todo lo dejamos donde lo encontramos.

De cualquier forma planeábamos partir
en la primera diligencia de la mañana,
finalmente aquí ya fue misión cumplida
y hay muchos pueblos que esperan ser arrasados.
Para que no se olviden de nosotros les grabamos
un casete con nuestros grandes éxitos,
se nos ocurre que podrían ponerlo
en las oxidadas bocinas del ayuntamiento
-si es que todavía funcionan-
a la hora que más duro pega el sol
y ni siquiera quedan ganas de horca.

jueves, 10 de julio de 2008

Adiós, Niño Gusano asoleado en la Costa Brava

Bah, al final todo acaba en fallas ajenas a nuestra voluntad, ¿verdad? Esto es lo que no ves en el cine después del beso de los protagonistas. Justo cuando creías haberla librado, después de terminar la tarea y cenar, cuidar tu jardín y hacer tu buena obra del día. Sentarte como que no quiere la cosa a visitar los blogs amigos antes de sumergirte en el reino de los sueños y dar con la noticia de que Sergio Algora murió la madrugada del miércoles 9 de julio de 2008.

Fundador de El Niño Gusano, grupo célebre de la escena subterránea española proveniente de la misma ciudad que los Héroes del Silencio, Zaragoza, a los cuales en más de una ocasión influyeron y sobrepasaron en ingenio. De hecho el wattaje quizá fuese demasiado y el bulbo ardió rápido dejando tres discos tónicos para transmutar la esquizofrenia nuestra de todos los días en pegajoso tarareo: Circo Luso(1995), El efecto lupa (1997) y El escarabajo más grande de Europa (1999).

Lo cierto es que al eRRe la música de El Niño Gusano si bien le parece fundamental para un momento de la música española, ampoyetas de letras y sonidos con flechitas que señalan fuera de este mundo, éxitos potenciales si todos los radioescuchas sintonizaran Radio Syd Barrett, son grandes canciones a las que sin embargo les falta esa infecciosa universalidad, ese poder que se mete por las partes más innombrables del cuerpo y subyuga tu voluntad haciéndote pedir más que sólo otorga el cielo de la perfección pop que Sergio realmente acarició con la Costa Brava.

La Costa Brava surgió cuando en su camino se cruzó Fran Fernandez (aka Francisco Nixon), que en su propio peregrinaje desde las filas de Australian Blonde decidió unir fuerzas para despresurizar la revulsión creativa que los movía a trabajar un nuevo tipo de material. La Costa Brava no cantaban en inglés ni ponían guitarras saturadas en primer plano como Australian Blonde, tampoco le daban forma los batidillos psicodélicos que caractarizaron a El Niño Gusano, desde una aproximación más equilibrada que la acostumbrada en cualquiera de sus dos agrupaciones originales, el sonido compacto decantado por la nueva banda ayudó a que Fran y Sergio soltaran amarras creativas y tomaran el control absoluto de sus virtudes como escritores de canciones. En el 2003 debutaron con un disco, Déjese querer por una loca, que sonaba a los Beach Boys y Big Star y new-wave, pero también a Burt Bacharach y orquesta mareada en el bar de un crucero, un sonido de lo más moderno que no escondía sus deudas con preclaros contemporáneos (uno podría pensar en The Delgados como referencia, el cover a "Two Scientists" de los Flaming Limps es sintomático) y que de algún modo conservaba un invariable aire de bohemia clásica, como si Verlaine y Rimbaud hubieran trastabillado por las calles de París canturreando una tonada sobre la novia de Spider-Man asesinada por un duende de verde absenta, el carisma combinado de sus dos miembros frontales alcanzaba para librar cualquier influencia. En el mismo 2003 vino Se hacen los interesantes, empezando con ello a ganarse una fama de prolíficos que en el rock panhispánico sólo Andrés Calamaro les competiría, editando otros tres discos en un lapso apenas mayor a un año: Se hacen los interesantes (2004), Llamadas perdidas (2004) y el mini-LP en exclusiva para las tiendas FNAC Costabravismo (2005). Su último álbum, Velocidad de crucero, salió en el 2007. En medio de El Niño Gusano y La Costa Brava, Algora formó Muy Poca Gente, grupo de breve existencia con los cuales grabó el EP Con zapatos nuevos en el 2000 y en el 2001 el muy viajado larga duración En flor, joyita perdida del pop español de principios de milenio en donde prácticamente toda la música popular del siglo XX es pasada a revisión a través de un calidoscopio de refinada psicodelia que anticipa muchas ideas que la Costa Brava llevaría a su esplendor. Paralelamente a la música mantuvo una intensa actividad literaria que cobró forma en los poemarios Paulus e Irene, Otro rey, la misma reina, Cielo ha muerto y Los versos dictados, la colección de relatos A los hombres de buena voluntad y la obra de teatro La lengua del bosque.

En una canción de El Niño Gusano, Sergio cantaba: "¡Qué bien sabe no existir!". Si por lo menos fuera garantía, con gusto uno pagaba la cuota de dolor. Detalles de su fallecimiento pocos, por no decir que ninguno. Eso, que murió durante la madrugada, "mientras dormía", lo más probable a causa de un fallo del corazón que hace algunos años le habían operado. Así de sencillo. Así de... insulso. Ayer estaba. Si hoy van y le tocan a su casa de Zaragoza, él ya no abrirá la puerta. Tenía 39 años.

Veinte canciones de La Costa Brava que -hoy- el eRRe les recomendaría escuchar (sin orden jerárquico) son:

Cuéntame cosas tuyas
La música, las drogas, el láser, las minifaldas
Canción de regalo
La condesa aragonesa
Hazte camarera
Falsos mitos sobre la piel y el cabello
Déjese querer por una loca
Justicia poética
El cumpleaños de Ronaldo
Cena recalentada
Perruca campeón
Mi última mujer
Nadie sabía que estaba muerto
Te cambio por un mundo donde no valga la pena
Novias con el pelo largo
Gwen Stacy
Adoro a las pijas de mi ciudad
Treinta y tres
Quinceañeros
El hombre que perdió los papeles


*Encuentren discos de El Niño Gusano y La Costa Brava acudiendo al blog del amigo Horacio en http://enciclopediadelrockentuidioma.blogspot.com/

Un poema de Sergio Algora

"Hombres pelados con cuchilla,
mujeres en el sacapuntas,
niños en la mina, planetas en el zoo, estrellas en el cortejo."

Dejé mi país para ser etíope por un año.
Dejé de dictar para subordinarme.

Etiopía estaba bajo la nieve.
La fiebre la había helado.

El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado.
Los buitres habían construido allí una nueva ciudad.
Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos
arrancados de las reses.
Los ancianos se convertían en pergaminos.

El ganado se reducía a cenizas.
Los adivinos contemplaban el humo
y las heces.
Los brujos traducían los poemas del premio Loewe.
Nos dábamos por el culo sin cesar,
tiritando en las chozas.

Cada nevada exterminaba una tribu.
Nos quedábamos con sus cuerpos y con sus enseres.

Parecía que un sueño invernal
iba a terminar con el hambre.

Llegaron los renos y Santa Claus
y cargaron en el trineo los leones famélicos
que se exhibían en el palacio presidencial.
Le dimos un león a la uno,
dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro,
cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once,
todo el oro de África a todos los santos,
el único clítoris mayor de dieciocho años
al único dios.

El entrenador de dios,
colocó el clítoris africano en el centro del campo
de un chochito blanco
y lo hizo debutar en el mundial.

martes, 1 de julio de 2008

¡Gloria a los Modern Lovers!

Sólo es posible aguantar un rato de Mick Jagger hablando de frustración sexual [en "Satisfaction"], en cambio de algún modo “Roadrunner” nunca envejece.
-Judy Berman en tinymixtapes.com
En su atinado libro Rebelarse vende, los canadienses Joseph Heath y Andrew Potter señalan cómo todo el garlito de la revolución sexual terminó para algunos de nosotros en la ridiculez de no saber cuál es la mejor manera de saludar a una dama: ¿dar un desinhibido beso o un apretón de manos respetuoso de la igualdad de género? Uno de esos fue Jonathan Richman, curiosamente el alumno más avezado del Velvet Underground en Boston entendió que cuando Lou Reed cantaba “Heroin”, no se refería a una droga sino a encontrar algo real –real para uno, como es la única posibilidad que la realidad tiene de existir. Cuando fundó el grupo The Modern Lovers acostumbraba iniciar sus shows con una canción llamada “Someone I Care About” en la cual declaraba cambiar gustoso “los triunfos de cocaína en un bar” a favor de mejor encontrar a “una chica que me importe o mejor nada”. Afirmación inusualmente “uncool” para su época. Y también para la nuestra.
“Someone I Care About” es comandada por una guitarra que repite frenética los mismos acordes, como queriendo encontrar una construcción estable y duradera en medio de la dispersión psicodélica de los hippies que a la postre terminaría en el horror del rock progresivo (léase rock con aspiraciones sinfónicas sin los suficientes huevos para de verdad componer una sinfonía). “Old World” declara sin vergüenza su amor por la década de los cincuenta citando a la “novia de Nueva York que no podía entender cómo es que todavía amo a mis padres y todavía amo el viejo mundo”. Es la voz de alguien simplemente demasiado confundido para encontrar su lugar en un mundo que ha borrado todo tipo de certezas y en “Girlfriend” acepta su necesidad por dar con un concepto susceptible de ser manejable: “he encontrado una novia, eso es algo que puedo entender”.
Y aun así en el coro es incapaz de deletrearlo bien: “That’s a G-I-R-L-F-R-E-N”. Imposible tener una "girlfriend" en forma como las de antes. Hace no demasiado tiempo el eRRe platicaba con su Pontificio Maestro de Guanajuato acerca de cómo el arte de hoy ha perdido cualquier horizonte de moralidad. Cuando Jonathan Richman eligió el nombre para su grupo lo que más le gustó fue que se trataba de una justa representación de sus canciones: combinaba lo más nuevo con lo más viejo. Su aprecio por los valores eternos sería imposible desde un panorama que justamente ha negado toda su justificación. En “Roadrunner”, por ejemplo, una canción versionada entre otros por epítomes del libertinaje como los Sex Pistols, oímos: “I’m in love with modern rock & roll/Modern girls and rock & roll”. Pero resulta que las “modern girls” no quieren saber nada de ineptos que necesiten una “g-i-r-l-f-r-e-n” para saber de qué va el asunto o alguien que de verdad les importe más que cualquier otra persona. Ellas quieren andar con “hippie Johnny”, con todos esos novios que dicen ser profundos y abiertos de mente,“pero si de verdad todos esos tipos son tan grandiosos, ¿por qué por lo menos no pueden tomar mi lugar y ser derechos”. El mundo moderno en realidad es la gran influencia de Richman: “hay sexo en un día soleado/que brilla en la calle Boylston/y estoy enamorado con los E.U.A./Así que comparte el mundo moderno conmigo”. ¿Pero en realidad hay algo que compartir cuando da igual con quien lo compartas?
Para Jonathan Richman este es el tiempo más excitante para amar a alguien. Las luces de neón, las carreteras infinitas, la música estridente, lástima que nadie pueda darse cuenta de ello, entonces el Roadrunner viaja solo “con la radio prendida”. En sus conciertos a menudo Jonathan pedía que parase la banda con la intención de que la audiencia pudiera entender las letras en el aluvión de abucheos y botellazos. Durante una de las sesiones en que los Modern Lovers intentaban grabar su primer disco, John Cale bajista y violista de sus admirados Velvets le suplicaba que cantara con más rabia. “¿Por qué?”, contestaba Richman, “si no quiero transmitir rabia”. Quizá por eso lloraba cuando cantaba “Hospital”, era un himno de resignación ante lo que nunca podría cambiar, las chicas modernas inevitablemente acabarían en el hospital y aun así cuando salieran él quería que lo dejaran volver a entrar en su vida. No entendía lo que hacían, a veces no las entendía a ellas mismas, pero había algo mayor, algo inevitable: “estoy enamorado con el poder que translucen tus ojos”. Y eso está fuera de los calendarios, más allá de las creencias que uno pretenda mantener, más allá incluso de las dueñas de esa mirada. Algo eterno. Un revoltijo de entrañas que no pasa por la razón… igualito que el rocanrol.

http://rapidshare.com/files/125675233/The_Modern_Lovers.rar

11 discos de la primera mitad del año...

que el eRRe está considerando para ser incluidos en la lista final de 2008

The Raveonettes – Lust, Lust, Lust El dueto de suecos obsesos de Phil Spector y Jesus & Mary Chain lo hacen de nuevo entregando una placa de siniestra sensualidad.

Vampire Weekend – Vampire Weekend El entusiasmo inicial habrá pasado, su presentación en Coachella habrá decepcionado a más de uno, pero eso no quita que hayan entregado uno de los discos más contagiosos de la escena indie, la mezcla perfecta entre Paul Simon, Gang of Four y una pizca de Television.

Sole – Sole & the Skyrider Band Hip-hop que sacaría ámpulas a nuestros "trendsetters" de la Condesa eruditos de Jay-Z y Kanye West, las letras de Sole siguen siendo corrosivas e incómodas, ahora con una banda en vivo que está a la altura del ladrido de sus rimas rabiosas.

Marah – Angels of Destruction! En el principio fue simplemente el rock y eso lo sabe bien Marah. Su cantante, David Bielanko, habrá dejado el alcohol, pero afortunadamente eso no resulta en un puñado de canciones sobre rehabilitación sino en la recuperación de la garra de sus letras pobladas de inadaptados y perdedores irredentos.

Nick Cave & the Bad Seeds – Dig, Lazarus Dig!!! El de la voz cavernosa se nos pone funky con letras tremendamente sexosas, sus malas semillas son un torbellino todavía poseído por las vibraciones de Grinderman

Jonathan Richman – Because Her Beauty Is Raw and Wild Convencido de que menos es más, Jonathan Richman se encerró con una guitarra acústica, una eléctrica (sin efectos) y un amigo a la batería para demostrar que no hay austeridad que valga frente a una gran canción.

Joan as Police Woman – To Survive La ex novia del difunto Jeff Buckley nuevamente abre su alma en canal dejando caer un torrente de suaves melodías con el piano al frente que acarician como un golpe de brisa al salir del cabaret con los primeros rayos de sol.

Matmos – Supreme Balloon Los hijos más nerds de la bandera del arco iris, alguna vez acompañantes de Bjork, dejan a un lado los sampleos de tubos para liposucción y juegos de naipes para demostrar que también saben hacer electrónica con los medios tradicionales .

Etran Finatawa – Desert Crossroads Si bien Desert Crossroads no alcanza la portentosa hipnosis de Tinariwen con su Aman Iman del año pasado, esta vez desde Níger Etran Finatawa llegan a demostrar que todavía queda mucho por descubrir en el blues nómada de los beduinos.

Sigur Ros – Með suð í eyrum við spilum endalaust Los de Islandia se nos ponen más luminosos con ayuda de coros infantiles, los cuarenta-y-pico miembros de la London Sinfonietta, muchas percusiones y la orquesta de vientos que intentó salvar el día en el infame Festival Cólmame la Paciencia de Tepoztlán. Lo único feito: la portada elegida de último minuto. .

Hot Chip – Made in the Dark Luego del estupendo The Warning, los ratones de biblioteca (¿o debería decir de laptop?) que molestábamos en la escuela regresan para ponernos a bailar con un disco tan intelectual como físico, lección de pop electrónico construida sobre pautas propias de la mal llamada música “culta”.