Hate a lot of things
But I love a few things
And you are one of them.
-E
But I love a few things
And you are one of them.
-E
Electro-shock blues desde hace meses anda en rotación continua en el playlist dentro de mi cabeza. Hoy no ha parado de sonar. Cuando caminábamos hablando del Hombre Araña y los discos que nos habíamos comprado el último fin de semana, ¿pensábamos que nos iríamos quedando tan solos? ¿De verdad creíamos que después de tantos años estaríamos juntos para vivir este momento? Qué flaco se puso el diccionario. Cuando lo abro todas las páginas están en blanco. Oigo un ruido seco al que le sigue un tenue silbido y vestido de negro salgo a gastar las calles de la Narvarte con mi perro, tu casa desde fuera parece la misma, pero él sabe, se detiene un momento, husmea y sigue caminando con el destello de un dios en la mirada. En la isla que nos construimos al sol no le dio por salir y el mar permanece callado. Qué ridículo ofrecer consuelo o fortaleza a una montaña. La vida es graciosa, pero no ja, ja, graciosa, dijo algún místico. Como en los aviones, la comida de hospital es asquerosa. Las caguamas vacías de Cuernavaca, el búnker de Guanajuato, el sueño de Berlín, las Navidades compartirdas y siempre había alguien con dos ojos esperándonos hasta el fin. Apretar el botón de reversa y el de adelantado, el casete siempre se enreda. Sollozando en silencio y con las luces apagadas, me siento junto a tu puerta esperando que la abras y me digas que es momento de vivir. Haremos una fiesta con payasos y barriles de cerveza y tres mil amplificadores que suenen al mismo tiempo con “The sea will rise… Please stand by the shore… Oh, oh, oh, I will be… I wil be there once more…” Un golpe de brisa nos despertará, y entonces nos daremos cuenta que una vez más: amaneció... y sí, que irremediablemente somos hermanos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario