lunes, 11 de agosto de 2008

Ike's Mood

Chale. Ahora el que se murió fue Isaac Hayes. Antes de que Barry White conquistara el mundo y se convirtiera en la música favorita de los aspirantes a donjuanes, Ike ya lo había hecho todo. Por lo menos desde un punto de vista discográfico, él fue primero al presentarse con ese estilo de barítono aterciopelado, que se te metía por el oído pero retumbaba en tus desos. Sólo que Hayes poseía una cualidad de la cual carecía Barry, así como podía ser terriblemente cachondo en canciones como “Never Can Say Goodbye” o “I Stand Accused”, lo dominaba un dejo de desdén, de hombre que se resiste a entregarse completamente a una pasión particular que lo volvía un hijodesu, un valemadrista consumado, un tipo capaz de entregar todo su amor, excepto por esa parte que particularmente quieres, lo cual no hace más que incrementar tu deseo.


Empezó como uno de los compositores titulares de Stax, la compañía que vio nacer a un titán llamado Ottis Redding. Escribió éxitos junto a David Portner para Sam and Dave y Booker T. & the MG’s, quienes se convertirían en su banda de apoyo. Luego de Presenting Isaac Hayes, un disco que no llegó a ningún lado, en 1969 Hot Buttered Soul fue el álbum más exitoso de una serie de 26 lanzamientos simultáneos que Stax realizó tras perder la mayoría de su catálogo ante Atlantic Records. Isaac Hayes se distinguía por practicar un soul ralentizado, de bajos profundos y secos, que revelaba sus propiedades pausadamente, como resbala un trago de vermouth; si James Brown tendía una invitación a zangolotearte y lanzarte sin humanidad alguna encima de la hembra más cercana, la música de Isaac Hayes era propia para los escarceos, la seducción, el juego de acercamientos y separaciones sucesivas incrementando la tensión sexual que hasta en el reino animal halla sentido.


Al mismo tiempo sabía guardar la distancia de los empalagos sentimentaloides. Aun con la excelsa interpretación que Nick Cave hace de “By the Time I Get to Phoenix”, nadie ha sabido transimitir con tanta exactitud la triste frialdad que subyace a esta canción como Hayes. Esto en parte gracias a la introducción hablada que hace de los motivos que llevaron a Jim Webb a escribir esta canción, algo que anticipaba a nuestros actuales raperos, salvo que en el caso de Ike cumplía con preparar a la razón para lo que estaba por recibir el corazón y junto con las modificaciones rítmicas –a veces radicales- convertía los cortes de otros autores en versiones personalísimas. No es cuestión de racionalizar los sentimientos, se trata de mantener el control de la situación en todo momento no dando concesiones, ni siquiera a ti mismo, para siempre saber tomar la decisión con la mayor probabilidad de salvarte el pellejo. Quizá por eso haya sido seleccionado para musicalizar la película sobre un policía -Shaft, de 1971- que vencía criminales y seducía mujeres con idéntica impudicia, pero lo suficientemente astuto para dejarse una puerta abierta que lo sacara de los problemas que creaba. Si bien pudo haberlo hecho igual desde un personaje al otro lado de la ley; otro rasgo en que se adelantó a los raperos: él también salía cubierto de cadenas resplandecientes, aunque parecía más estar preso del oropel que ostentándolo.

A últimas fechas Hayes había recuperado notoriedad haciendo la voz del chef de South Park, serie con la que marcó su distancia cuando sus irreverentes creadores Trey Parker y Matt Stone fijaron su mira en la cienciología, de la cual era un militante, por lo que se ve, recalcitrante. Vamos, está más que comprobado: para crear música magistral no no hace falta ser infalible


Ayer, domingo 10 de agosto, la esposa de Ike encontró su corpachón inherte de 65 años tendido junto a la caminadora. Si las compañías de discos encuentran la manera de comercializar su muerte, seguramente estaremos escuchando el álbum que dicen preparaba por primera vez desde 1995. Mientras, crecen los rumores de que en la Condesa pronto abirán un gym con excelente servicio de martinis y un dj que sólo rotará las pistas de Black Moses. Eso le traería vida a tanto zombie que deambula por ahí.

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