Abriendo y cerrando cajas,
discos regados por el suelo
a medio sacar de sus fundas.
Al final el día renuncia
colgándose en la punta del asta bandera
en medio de la plaza de armas.
Querer contar los días que han pasado
desde la última vez que
rasuramos el campo de futbol
con tenis de ángel
es como voltear a ver el segundero
de un reloj de arena.
A veces el blanco pizarrón del silencio
nos pone frenéticos y sólo
sabemos estarnos quietos
hasta que lo rayoneamos
de palabras encimadas
de lectura imposible.
Le digo, señor comisario,
que cuando llegamos la discoteca
ya estaba en llamas
pero nos quedamos porque habían bajado
los martinis ala de mariposa
a mitad de precio
y todavía quedaban bailarinas en las mesas,
si entiende a qué me refiero.
Después el ambiente se puso muy pesado,
ya sabe, los gritos de histeria, los desmayos,
y sí, la verdad nos marchamos sin dejar propina.
Pero fuera de eso nada de lo que rumora la chusma
Nos preciamos de ser chicos refinados
que cumplen su deber de buenos cristianos.
Pagamos el diezmo y promovemos la caridad.
Una degolladita de vez en cuando,
pero nada que deje manchas en el traje.
Somos muy ordenaditos y, eso sí: honrados,
todo lo dejamos donde lo encontramos.
De cualquier forma planeábamos partir
en la primera diligencia de la mañana,
finalmente aquí ya fue misión cumplida
y hay muchos pueblos que esperan ser arrasados.
Para que no se olviden de nosotros les grabamos
un casete con nuestros grandes éxitos,
se nos ocurre que podrían ponerlo
en las oxidadas bocinas del ayuntamiento
-si es que todavía funcionan-
a la hora que más duro pega el sol
y ni siquiera quedan ganas de horca.
1 comentario:
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Un abrazo R.
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