jueves, 10 de julio de 2008

Adiós, Niño Gusano asoleado en la Costa Brava

Bah, al final todo acaba en fallas ajenas a nuestra voluntad, ¿verdad? Esto es lo que no ves en el cine después del beso de los protagonistas. Justo cuando creías haberla librado, después de terminar la tarea y cenar, cuidar tu jardín y hacer tu buena obra del día. Sentarte como que no quiere la cosa a visitar los blogs amigos antes de sumergirte en el reino de los sueños y dar con la noticia de que Sergio Algora murió la madrugada del miércoles 9 de julio de 2008.

Fundador de El Niño Gusano, grupo célebre de la escena subterránea española proveniente de la misma ciudad que los Héroes del Silencio, Zaragoza, a los cuales en más de una ocasión influyeron y sobrepasaron en ingenio. De hecho el wattaje quizá fuese demasiado y el bulbo ardió rápido dejando tres discos tónicos para transmutar la esquizofrenia nuestra de todos los días en pegajoso tarareo: Circo Luso(1995), El efecto lupa (1997) y El escarabajo más grande de Europa (1999).

Lo cierto es que al eRRe la música de El Niño Gusano si bien le parece fundamental para un momento de la música española, ampoyetas de letras y sonidos con flechitas que señalan fuera de este mundo, éxitos potenciales si todos los radioescuchas sintonizaran Radio Syd Barrett, son grandes canciones a las que sin embargo les falta esa infecciosa universalidad, ese poder que se mete por las partes más innombrables del cuerpo y subyuga tu voluntad haciéndote pedir más que sólo otorga el cielo de la perfección pop que Sergio realmente acarició con la Costa Brava.

La Costa Brava surgió cuando en su camino se cruzó Fran Fernandez (aka Francisco Nixon), que en su propio peregrinaje desde las filas de Australian Blonde decidió unir fuerzas para despresurizar la revulsión creativa que los movía a trabajar un nuevo tipo de material. La Costa Brava no cantaban en inglés ni ponían guitarras saturadas en primer plano como Australian Blonde, tampoco le daban forma los batidillos psicodélicos que caractarizaron a El Niño Gusano, desde una aproximación más equilibrada que la acostumbrada en cualquiera de sus dos agrupaciones originales, el sonido compacto decantado por la nueva banda ayudó a que Fran y Sergio soltaran amarras creativas y tomaran el control absoluto de sus virtudes como escritores de canciones. En el 2003 debutaron con un disco, Déjese querer por una loca, que sonaba a los Beach Boys y Big Star y new-wave, pero también a Burt Bacharach y orquesta mareada en el bar de un crucero, un sonido de lo más moderno que no escondía sus deudas con preclaros contemporáneos (uno podría pensar en The Delgados como referencia, el cover a "Two Scientists" de los Flaming Limps es sintomático) y que de algún modo conservaba un invariable aire de bohemia clásica, como si Verlaine y Rimbaud hubieran trastabillado por las calles de París canturreando una tonada sobre la novia de Spider-Man asesinada por un duende de verde absenta, el carisma combinado de sus dos miembros frontales alcanzaba para librar cualquier influencia. En el mismo 2003 vino Se hacen los interesantes, empezando con ello a ganarse una fama de prolíficos que en el rock panhispánico sólo Andrés Calamaro les competiría, editando otros tres discos en un lapso apenas mayor a un año: Se hacen los interesantes (2004), Llamadas perdidas (2004) y el mini-LP en exclusiva para las tiendas FNAC Costabravismo (2005). Su último álbum, Velocidad de crucero, salió en el 2007. En medio de El Niño Gusano y La Costa Brava, Algora formó Muy Poca Gente, grupo de breve existencia con los cuales grabó el EP Con zapatos nuevos en el 2000 y en el 2001 el muy viajado larga duración En flor, joyita perdida del pop español de principios de milenio en donde prácticamente toda la música popular del siglo XX es pasada a revisión a través de un calidoscopio de refinada psicodelia que anticipa muchas ideas que la Costa Brava llevaría a su esplendor. Paralelamente a la música mantuvo una intensa actividad literaria que cobró forma en los poemarios Paulus e Irene, Otro rey, la misma reina, Cielo ha muerto y Los versos dictados, la colección de relatos A los hombres de buena voluntad y la obra de teatro La lengua del bosque.

En una canción de El Niño Gusano, Sergio cantaba: "¡Qué bien sabe no existir!". Si por lo menos fuera garantía, con gusto uno pagaba la cuota de dolor. Detalles de su fallecimiento pocos, por no decir que ninguno. Eso, que murió durante la madrugada, "mientras dormía", lo más probable a causa de un fallo del corazón que hace algunos años le habían operado. Así de sencillo. Así de... insulso. Ayer estaba. Si hoy van y le tocan a su casa de Zaragoza, él ya no abrirá la puerta. Tenía 39 años.

Veinte canciones de La Costa Brava que -hoy- el eRRe les recomendaría escuchar (sin orden jerárquico) son:

Cuéntame cosas tuyas
La música, las drogas, el láser, las minifaldas
Canción de regalo
La condesa aragonesa
Hazte camarera
Falsos mitos sobre la piel y el cabello
Déjese querer por una loca
Justicia poética
El cumpleaños de Ronaldo
Cena recalentada
Perruca campeón
Mi última mujer
Nadie sabía que estaba muerto
Te cambio por un mundo donde no valga la pena
Novias con el pelo largo
Gwen Stacy
Adoro a las pijas de mi ciudad
Treinta y tres
Quinceañeros
El hombre que perdió los papeles


*Encuentren discos de El Niño Gusano y La Costa Brava acudiendo al blog del amigo Horacio en http://enciclopediadelrockentuidioma.blogspot.com/

Un poema de Sergio Algora

"Hombres pelados con cuchilla,
mujeres en el sacapuntas,
niños en la mina, planetas en el zoo, estrellas en el cortejo."

Dejé mi país para ser etíope por un año.
Dejé de dictar para subordinarme.

Etiopía estaba bajo la nieve.
La fiebre la había helado.

El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado.
Los buitres habían construido allí una nueva ciudad.
Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos
arrancados de las reses.
Los ancianos se convertían en pergaminos.

El ganado se reducía a cenizas.
Los adivinos contemplaban el humo
y las heces.
Los brujos traducían los poemas del premio Loewe.
Nos dábamos por el culo sin cesar,
tiritando en las chozas.

Cada nevada exterminaba una tribu.
Nos quedábamos con sus cuerpos y con sus enseres.

Parecía que un sueño invernal
iba a terminar con el hambre.

Llegaron los renos y Santa Claus
y cargaron en el trineo los leones famélicos
que se exhibían en el palacio presidencial.
Le dimos un león a la uno,
dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro,
cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once,
todo el oro de África a todos los santos,
el único clítoris mayor de dieciocho años
al único dios.

El entrenador de dios,
colocó el clítoris africano en el centro del campo
de un chochito blanco
y lo hizo debutar en el mundial.

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