martes, 27 de marzo de 2012

eRRe visita el Vive Latino 2012

Gogol Bordello y el despegue
“Ya sé que no soy el mismo que cuando tenía quince años, que ya se notan los daños, ¡ay!, en todo mi mecanismo…” Pero veo con optimismo que una nueva vida empieza, y ahí va el eRRe con sus 37 años estrenados en esta semana rara y frenética, rumbo a la decimotercera edición de Vive Latino en un principio planeado tan distinto. La buena noticia es que el azar todavía sorprende. Por momentos incluso resplandece.
En lo musical el plan se mantiene. A tiempo con la chica más guapa del festival para ignorar el infierno de Hello Seahorse, hidratarse a gusto con una chela y buscar un buen lugar para ver a Gogol Bordello, el colectivo gitano-inmigrante afincado en Nueva York, que la revienta en el escenario principal con su caldero de ritmos balcánico-latino-punketos. La chaviza levanta las lonas que deberían servir de suelo para mandar cuerpos –de chicas, particularmente- volando por los aires que luego caen en descompuestas formas. La chica más guapa del festival está fascinada fotografiando a los “voladores del Vive”, el eRRe le advierte que se acerca mucho al peligro, una vez los controladores de la alfombra voladora eligen a la aeronauta en turno son inflexibles. Y pasa. Pronto claman por “¡la güera, la güera, la güera!”, sobre aviso no hay engaño y ahí tienen a la güera, que al concluir su visita a la estratósfera reclama al pésimo fotógrafo del eRRe no haberle sacado una foto con nubes de fondo, mientras a él le preocupaba cómo explicaría a su familia en Bélgica que la niña terminó desnucada en un inocente festival de rockcito en México. En fin, que “la güera” –a la que aquí preferimos llamar Sunshine Girl-, es una mujer excepcional, pero no deja de ser mujer.

Dale de comer al conejito: El nutritivo Personal
Después de chorromil años El Personal en el D.F., el escenario Indio Blanco. No sólo, en otra de esas afortunadas coincidencias, tengo el privilegio de contar entre mis amigos a Alfredo Sánchez, caballero tapatío tecladista del grupo, también resulta que El Personal fue una de las primeras bandas mexicanas que a primera oída atraparon al eRRe desde muy chavito.
¡Arránquese mariachi, que todavía “no me hallo” y “en Guadalajara fue donde yo me enamoré”! El sonido al principio no es el mejor, sobre todo en las voces, pero la emoción compensa. Poco a poco va juntándose la gente para ver a este grupo como nunca habrá en el rock nacional. Y agarramos lugar más o menos adelantito, y ahí está el Alfred y su cuate el eRRe le grita y salta cuando canta, con la inútil esperanza de que ser localizado en este mar de rostros que cantan al pie de la letra cada estrofa de ese primer disco del Personal, ese que bajita la mano cambió la historia del rock aquí, aunque ante la mención de su estatus de culto Alfredo invariablemente revire "se supone que éramos muy chingones y cuando tocábamos en los 80 nos iban a ver cinco pelagatos".
Invitan al Sabo Romo a tocar la guitarra de palo y el Rubén-Pinche-Juan de Café Tacuba la prende con “Dale de comer al conejito”, no se me ocurre mejor declaración de amor: "Yo no quiero ser tu padre, yo no quiero ser tu madre, yo no quiero ser pariente, ¡ay!, ni siquiera un buen amigo. Yo lo que quiero contigo es asunto muy aparte, es a picarte el ombligo, a lo que aspiro yo tanto, y por eso yo te canto, para ver si lo consigo...” Oscurece y bailamos y el espíritu de Julio Haro desde su nube debe disfrutarlo un chingo, que por este paréntesis de tiempo nos lavemos de la herrumbre, y brillemos, y seamos aves con alas abiertas al cielo gorgojeando sus canciones de picardía y sabiduría y corazón. Increíble que a nadie le haya interesado organizar una tocada con El Personal solos en algún lugar de la ciudad.

Jaime López y su Chilanga Rockandsnob Band
Al López lo había checado meses atrás en un concierto que organizó en el Teatro de la Ciudad con esta misma Chilanga Banda, un grupo en realidad armado por los de Café Tacuba y algunos de sus amigos con la intención de acompañar a Santiago Auserón, antiguo cantante de Radio Futura, en un concierto de la primera edición del Festival internacional de Música de Guadalajara el año pasado. Por razones hasta la fecha misteriosas, hubo cambio de improviso, le cancelaron el viaje de Auserón y milagrosamente lo que sería la “Escuela de Calor”, cambió a ser la Chilanga Banda de López al quite.
Como sea, el López no tiene la culpa. El grupo suena bien acopladito sin mucho esfuerzo y le hacen mediana justicia a unas cuantas de las mejores rolas de un catálogo riquísimo en calidad lírica e invenciones de rock con moldes de música tradicional mexicana. Desde cierto ángulo Café Tacuba le debe una carrera a la rola que le da el nombre a esta nueva banda y Rubén Albarrán-Pinche-Juan sale cumplido para cerrar con el público coreando aquello de “Pachucos cholos y chundos…”. A estas alturas la gente la identifica más con ellos que con el López y lo cagante de esta ocasión es lo mismo que aquella noche en el Teatro de la Ciudad, muy cuidadito y esquemático y hecho más a gusto de los fans de Café Tacuba que para quienes conocemos la espontánea expresión del oriundo de Puerto Bagdad, Tamaulipas.
Quizá por eso mismo, lo más entretenido es platicar con Sunshine Girl, conocedora por obligación laboral de la vida nocturna en el corredor “jipsteril” Condesa-Roma, sobre cuál de los músicos que tocaba frecuentaba qué bares y su comportamiento en los mismos. El eRRe empieza a sentirse absorbido por una noche en espirales turquesas similares a un fenómeno en el océano abisal o las profundidades del espacio todavía no descubierto.

Los Horrorosos
El eRRe nunca había ido a un festival de rock acompañado de una chica. Nunca ha hecho muchas cosas por primera vez junto a una chica… No, tampoco, tampoco… y eso menos, “pero a pesar de todo sigo siendo heterosexual”, como cantaron los Def Con Dos en el Vive del día anterior.
Es sólo que nunca había ido a un festival con una chica porque los festivales de por sí lo ponen nervioso y más la seguridad de las chicas. Ahora, si vas con una chica que de entrada se deja aventar por unos trogloditas en un juego potencialmente mortal ya llevas un poco de ganancia. Armonía de festival magnífica. Ante la disyuntiva de moverse al escenario principal para los maestros del ska Madness o quedarse a checar a la nueva sensación de reciclaje nuevaolero, los Horrors, acuerdan que todo festival marca un punto de renuncia. Si ellos están dándose frutas orgánicas y rayas larguísimas de coca en los camerinos, ¿por qué tu no vas a gozar el derecho de recostarte en el pasto y hablar-de-lo-que-sea y que te valga un poco madres lo que pasa en el entarimado? Más cuando los Horrors suenan en verdad horrorosos, el hijo que nunca debieron engendrar los Strokes e Interpol –dos bandas que siempre merecieron ser ahogadas al estilo espartano. “Ya sé por qué le gustan a la gente, por guapos”, sentencia ella con desdén. eRRe aplaude el dictamen. La única vez que aplaude en todo el concierto de los Horrores.

¿Molotov o cohetón?
Cumplidas las necesidades impuestas por un festival –fila para baños, resurtido de cerveza- de regreso al escenario principal. A Molotov el eRRe los ha visto un puñado de veces en su vida, una de ellas en la presentación de su primer disco, quizá acababa de salir de la universidad. Sunshine Girl tenía trece años entonces pero cuenta que ya usaban la de “Puto” para molestar a los compañeritos. ¿Dónde jugaran las niñas?, se llamaba ese disco. Y aquí están eRRe y Sunshine Girl, dos personas que la lógica elemental indicaría que no deberían de conocerse compartiendo una misma felicidad cuando tocan esa y alguna otra de aquella época tan distinta para cada uno. Una felicidad exclusiva de ellos, una hoguera personal, porque si somos sinceros Molotov pudo armar una selección de canciones avasallante, de esas que marcan historia en un Vive Latino. Se les nota cansados, no sé si no hayan ensayado en algún tiempo pero es lo que parece, se echan un covercito de “Perro negro y callejero” del Three Souls que les queda chido, pero luego cierran con un batidillo de canción que suena a mala copia de “Perro negro y callejero”.
Es la sala de espera para el cielo.

Fatboy Slim is fucking in Heaven…
Parálisis y baile y estallido. Ella ha esperado toda su vida por ver a Fatboy Slim. Él sólo está feliz de traer un sol de noche. Avanzan entre la multitud para ganar sitio más adelante. La toma del brazo, no de la mano. Esto por alguna razón es importante. Entre tanta gente realmente no basta con tomar de la mano al otro, tienes que tomarlo del brazo para que realmente se apoye. Por alguna razón siempre que tomas la mano de alguien existe mayor riesgo para el tropiezo. Aunque hay quienes dicen que los riesgos son para correrlos. Pero esta noche no queremos a nadie caído –y se los dice el de la cicatriz en el ojo-, queremos estar seguros y saltar de alegría y deslumbrarnos… and just fuck in heaven, bro!
“Fucking in heaven”, la tercera pista de su disco de 1998, You've come a long way, baby es una imagen que deshilacha la imaginación. I mean fucking in heaven… it has to be better than fucking, and you and me and I and we all know there are no many things better than fucking… Pero también sabemos que una de esas pocas cosas , una es la música, que según el escritor francés Pascal Quignard, es como el amor: un sentimiento que extravía por completo. Y el señor Cook con sus aparatos mezcla bien los ingredientes para perderte abriendo una compresa eufórica de melodía, ritmo y armonía que los diyéis de ahora llaman “viejo”, pero, con sus disculpas, irresistible.
Si la película del eRRe altera un poco la realidad, es por cuestiones de iluminación. No ayuda mucho a la objetividad haber estado bailando con la chica más radiante de la noche, la más feliz aquí, ahora, y por un momento, apenas por un parpadeo en la vigilia de la galaxia, I just get it… this is fucking in heaven, this is better than fucking, this is better than heaven, just this… to be alive… right here and now… and maybe that was my chance, which maybe I missed, but then maybe not… and you don’t think in terms of chances when you’re just being blinded by the light… Y cuando avienta "Praise you", cumple su justo deber: I have to praise you like I should… if you know what I mean, and if you don’t, well, I’m really not looking for your approval. “Mis papás me matarían, pero es mejor que ver a los Rolling Stones”. Hey, hey, hey! That’s what I mean! -y para aumentar el enigma, antes de concluir la noche "Satisfaction" serviría de cama para "Funk Soul Brother".
Entonces aterrizamos… pero no por completo. Antes de la retirada, un pedazo de cielo que ha sobrevivido. Un hombre y una mujer bailan el vals que han soltado apenas Fatboy Slim termina la masacre. La gente ha formado un círculo a su alrededor para contemplar el inesperado espectáculo, varios les sacan video o toman fotos. La gracia con que ella se movía disimulaba la torpeza de él, que pese a sus burdos desplazamientos, intentaba lucirse con galanura a la altura de la dama, imprimiéndole a la escena un aire de auténtica nobleza en medio de la muchedumbre, dos cortesanos que bailaban solos en un amplio salón de palacio, quienes los observamos en un hechizo no existíamos, ellos habían logrado la gran fuga definitiva, escaparse del tiempo y el lugar, bailaban lejos, en un planeta habitado solo por ellos. Al eRRe le esperaban malas noticias, buenas noticias. Lo salva pensar que en algún lugar esos dos seres de otro mundo siguen ahí, bailando su vals… o the funk soul, brother!

No hay comentarios: