Para Enrique Sierra y el resto...
...y para JVS por la conclusión.
Poco a poco nos vamos quedando solos. Es lo que nos pone tristes, lo que nos da miedo. Ver partir a nuestros mayores. La ley de la vida, te advierten. A mí no me ha tocado pasar por la muerte de mis padres, pero presiento que ni así lo entiendes. Hasta que quienes de verdad te educaron empiezan a irse, con los que creciste, esas personas más inventadas que reales injertadas en tu sistema nervioso-espiritual. La muerte de tus ídolos te recuerda que tú también estás en la lista. Un bajón por donde lo veas (a menos que seas darky o death metalero, pero entonces no sé quién te invitó).
El año pasado Clarence Clemons, saxofonista de Bruce Springsteen; la semana pasada Spinetta; hoy Enrique Sierra, ex guitarrista de Radio Futura. Ninguno era el centro de los reflectores, a excepción de Spinetta, por supuesto, emblema del rock argentino, nunca fue muy escuchado en nuestro país. Una amiga se burló de mí por poner una foto de él en mi perfil, “si ni siquiera oyes sus rolas", espetó. Aparte de aclararle que eso era impreciso –en efecto no entiendo a Spinetta pero hay por lo menos diez de sus rolas que considero geniales-, le explicaba que era un acto de solidaridad, puede que Spinetta no me guste mucho pero escribió “Rezo por vos” –un himno que ahora ha cobrado auténtica dimensión religiosa- con Charly García, uno de mis máximos héroes, y que había pesado en un montón de otros artistas que disfrutaba. Cierto, una tontería, parte de la relación que te inventas con estas personas cuyas vidas desconoces pero que han hecho canciones que parecen saberlo todo de la tuya, te duelen ellos, sus amigos, lo que los rodea, aunque ni Clemons ni Sierra eran unos segundones, el primero integrante fundamental de la banda de Springsteen –único con el que compartió una portada- y la guitarra del otro un elemento indispensable para redondear el sonido de la gran banda española Radio Futura.
¿Qué nos espera al resto si tipos como ellos serán sólo un pie de página cuando se hable de los grandes, a los que llamas maestros? ¿Ah, sí, y qué les aprendiste? Tienes 36 años y el otro día te caíste de borracho como uno de dieciséis, y de las relaciones disfuncionales que emprendes con las viejas, ni hablamos. Deberías saberlo mejor ahora que ya estás grande, ¿no cantaban eso los Faces? Pero, ¡mira!, quizá dimos en el clavo, el germen de tu mal, creer a ciegas en lo que dice una canción de rocanrol, cuando una canción es lo más mentiroso del mundo, una tarjetita que cree resolverlo todo en tres minutos, eso por cierto es de una rola de Los Rodríguez. ¿Ves? Tu caso es grave, probablemente incurable. Tienes la cabeza llena de canciones porque crees que te sanan, que te dan respuestas, que te enseñan algo. Pero tú no aprendes nada, claro, ahora te atreves a decir y hacer cosas que antes no habrías soñado –la timidez es linda, pero la timidez impide muchas cosas que te gustaría hacer, cantan los Smiths-, sé honesto, ni siquiera lo haces porque tengas el valor, lo haces porque te desespera el tic-tac del reloj, la fiesta se está terminando –eso lo sacas de Loquillo.
Una noche un amigo que de hecho trabaja de estrella de rock -"soy músico", me corregiría serio y con razón, un caballero sencillo y noble, raras cualidades en cualquier atmósfera roquera- lanzó el ominoso comentario “…pues a ver cuánto más nos dura el rocanrol…”. Le contesté que si se refería a su banda, bastante, porque les está yendo bien. La muerte de tus ídolos te restriega en la cara lo que no quise afrontar en esa pregunta. Que al final pierdes por cansancio, si hasta ellos se van… y tan seguido… empiezas a creer en tu propia muerte y te pasearás por bares y clubes arriba o abajo del escenario como una estrella de rock, pero un día van a desconectarte el amplificador… y te molestas con Neil por cacharlo en la flagrante mentira… hey, hey, my, my, tu rocanrol will someday die.
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