martes, 8 de septiembre de 2009

PANTERA!!!!

Alguien le cuenta un sueño donde el eRRe se convierte en Pantera. Conforme avanza la narración el eRRe la encuentra más divertida –“divertida porque es real”, acotaría un gánster de los Simpson-, pero quien se la cuenta mueve los ojos con un giro espeluznante. La onda es que en el sueño el eRRe pedía ayuda. Porque por más que lo evitara no podía evitar convertirse en Pantera. Y dicen que se ve que le dolía un chingo. Pero todo el chiste estribaba en escuchar la música. No el lenguaje que se empuña en un crujido como papel de aluminio. No las letras. No la puta armonía. Escuchar la música porque tenía algo que decir, algo que él no podía. Y si no escuchabas la música condenabas al eRRe a esa vil transformación de hombre-pantera. Vamos, tan vil que recuerda la nueva rola de Shakira –por más que en el video se vea buenísima. Ahora, lo curioso es que la Pantera nunca sería uno de los primeros animales que mencionaría en uno de esos estúpidos tests tipo faisbuk “¿qué animal te gustaría ser?”, es una bestia que le impone demasiado. No estoy seguro pero creo que es de las primeras que menciona el Génesis con el león y las aves. Los felinos, siempre le han parecido un mal necesario, pero entre ellos, la Pantera, como las Liliths del mundo, siempre le ha parecido investida del respeto que imponen los misterios perniciosos. Como el Cristo de Marcelino (pan y vino). El pelaje negro de las Panteras, el que con más facilidad se confunde en la noche, no es ningún tipo de buen augurio. En casa de los papás del eRRe hasta la fecha hay una Pantera de porcelana tamaño natural que hasta la fecha asusta a cualquier despistado. En una decisión de perversidad quién sabe qué tan consciente, el papá del eRRe decidió colocarla a la entrada del baño al que generalmente van los invitados y de lo imponente que resulta en medio de la oscuridad y la borrachera más de una vez ha costado un accidente a medio camino. La Pantera es de cuidado y tal vez por pura inercia del sueño que le contaron, al eRRe le ha agarrado una rachita de escuchar a un grupito que no pudo elegir mejor su nombre. A principios de los noventa, Pantera fue para el heavy metal un regalo caído del cielo. O mejor dicho del infierno. Como habrían de titular su recopilación del 2003 literalmente “reinventaron el infierno” en una época en que la corona de maldad del metal andaba por los suelos, abollada por la exuberancia del glam-rock era un pedazo de hojalata con el que jugaban futbol los muchachos grunge. Metallica se había rebajado a grabar más de una balada en su disco que de negro sólo tenía la portada y aunque la escena subterránea de heavy-metal nunca ha dejado de ser pujante, Pantera fue el primer acto de metal realmente pesado en irrumpir en el mainstream de los noventa y en ganarse el respeto de sus compinches alternativos o como se hicieran llamar que tenían alrededor. La maldad que encarnaba Pantera ya no era la de los demonios y el terror a lo Lovecraft de antaño. Pantera iba directo a la médula hablando del terror que yacía dentro de uno mismo y que en gran medida tenía que ver con un pavor de decepcionar a los demás –y en tu relación con los demás decepcionarte de los valores por los que creías vivir. En la prepa con el Maestro Reza solíamos comentar cómo Pantera encontraba la manera de hacer una canción pesadísima sobre la relación con un amigo. Antes de saltar a la fama Pantera era un grupo más del montón con más gel en el cabello que ideas para tocar –un Moderatto cualquiera, comidos por su propia broma. Pero a principios de los noventa, da igual si por querer saltar de vagón o por una auténtica transformación en la idea de lo que debía ser la banda, dieron un cambio hacia una música más rasposa, asimismo de una complejidad técnica que llegaría a ser pasmosa. Cowboys From Hell (1990) su primer LP tras la "renovación” todavía conserva trazos de su pasado glam, pero ya da muestra de unos cambios de ritmo hacia el lado salvaje que habría de gobernar Vulgar Display of Power (1992). Ese es el disco con el que Pantera dominaría, un disco que nos convocaba a asumir nuestro papel de guerreros en el sentido más caballeresco del término. Detrás de la dureza de su música y del mismo título del disco en realidad lo que había era un llamado a defender los principios básicos de convivencia humana. Era como decir, ya que el mundo está hecho una mierda y no tenemos puta idea de adónde vamos por lo menos hay que creer en la lealtad, el amor, la solidaridad, reconocer que por nuestra tendencia a formar tribus debemos alejarnos cuando nos tenemos que alejar y al mismo tiempo atacar al radical porque alguien así rompe con cualquier equilibrio. Para un título tan agresivo, era un disco que hablaba mucho de honor, pero también de los sacrificios tal vez inútiles, tal vez inexplicables, a los que uno llega en la defensa de un código de conducta. El despliegue vulgar de poder se aplicaba sólo cuando era necesario, pero no había que olvidar que existía el recurso. De eso trataba "Walk", con su riff machachón, bien disciplinado: sigue tu camino, maestro, no andes tras de mí que no soy ejemplo de nadie, soy único como cualquiera, aprende quién eres por tus propios medios, respeta, porque si cruzas esta línea estoy en todo mi derecho de pagar tu "jodida hostilidad" con idéntica moneda. Ninguna canción en ese disco expresaba con tanto dramatismo la insensatez que soporta todo gran ideal como “This Love” con una línea escalofriante: “I’d kill myself for you, I’d kill you for myself”, y lo mejor es que lo mismo podría referirse a una mujer que a la patria. Con Far Beyond Driven (1994) aceleraron todavía más las cosas aunque en el fondo es un disco introspectivo, las letras Phil Anselmo ya no ponen los valores afuera, el guerrero ha fracaso en defender a su nación y ahora debe ser fiel a sí mismo, si acaso a su pequeña cofradía custodia de los secretos de la lucha, más sámurai que espartano en esta ocasión, en "5 minutes alone" Phil Anselmo gruñe: "Lloras por una compensación, te pido que sólo nos des cinco minutos solos" (para decidir si te rompemos la madre o con correrte a patadas basta, podría agregarse). En The Great Southern Trendkill (1996) de plano se soltaron el chongo de la rudeza. Si años antes el eRRe había descubierto al diablo en los berridos que Franck Black soltaba con los Pixies, en “Drag the Waters” oiría la voz de los condenados, una cumbre de densidad metalera que te carcome como si trajeras un puercoespín caminándote las entrañas. La Pantera rugía como bestia poseída, pero cuando te acercas tanto a las puertas del abismo lo más probable es que algo malo suceda. Una noche al malencarado de Phil Anselmo se le fue la mano con la jeringa y casi no la cuenta. Fue declarado clínicamente muerto y gracias a los esfuerzos de los médicos y alguna ayudadita de sus aliados en el más allá nos lo regresaron. Cuando despertó lo primero que se apuró en aclarar es que no había visto ninguna puta luz al final del túnel ni nada que se le pareciera, solamente se sentía de la verrrrrga. El 8 de diciembre de 2004 en lo que el eRRe considera el particular 9/11 del rocanrol, un acto de aberración increíble, el guitarrista Dimebag Darrell, mientras tocaba con Damageplan, la nueva banda que había formado con Vinnie Paul, exbaterista de Pantera, fue acribillado a tiros por un tipo al que se le ocurrió subirse al escenario en pleno concierto y matarlo por considerarlo culpable de la disolución de Pantera, cargándose junto con él a un puñado de fans en un acto de una violencia que nunca soñaría Mark Chapman, con una frialdad de la que los Hell’s Angels serían incapaces. En fin, que a lo que iba es que eso motivó el siguiente ejercicio a base de fragmentos literales o retrabajados de canciones de Pantera. Por no mencionar ¡Radio 590, la Pantera! (¡MAWWWW!) que fue la primera formación como radioescucha del eRRe. Al final obtendrán la merecida recompensa a su paciencia con un video en concierto de “Walk”. Chingue a su madre la tolerancia. Respeten, maeses.

Cinco minutos solo y estoy roto.
Descerrajaste los portones del cementerio
en tu sueño para que cruzara
con mi traje de pantera
los desastres que nos cobijan.
Respiraste, escupiste, caminaste.
Tú debías quedarte aquí escuchando la música
Evitando desintegrarte. Qué cuentas
Me entregas, mi única amiga. Dolor de cabeza
Y las mejillas amoratadas de insomnio.
No la cuidaste. Dejaste que te tocara la gente.
No hubo música sólo ciudad.
Al cabo soy yo el que enlodece
Cuando llueve en el castillo del lenguaje.
Guardas este regalo en el dolor.
Este dolor en una forma de vida.
Felices en los bares. ¿No me extrañas?
Quise llamarme revolución,
Y terminé inmortalmente insensato
Arrastré las aguas en las que me ahogaron
La tribu de los santos y de los jodidos hostiles.
Más de una vez las caras fueron iguales.
Tienes razón
Cada mañana cuando volteo el espejo
Me da miedo el saludo de Phil Anselmo
Con las ganas que trae de madrearme...

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