viernes, 3 de julio de 2009
Al cuarto día, el sueño regresó:
No hay tristeza o jolgorio que lo aguanten, luego de tres días de hachazos de insomnio, el cuerpo inevitablemente cae (a menos que estén construyendo algo arriba de tu cuarto de hotel, que es lo que le pasó al buen E de los Eels). Primero soñó una reunión con los amigos, todo como de costumbre la chela y la cábula, lo más extraño resultaba enterarse que la esposa de uno de ellos era adicta a la cocaína aunque nadie se lo hubiera sospechado. Terminaban en un estacionamiento ampliando la reunión con una variedad de cuates que no veía desde la secundaria y la prepa, todos tirándole muy buen pedo, las únicas personas que no le hablaban eran las únicas dos mujeres presentes, una ya sabía por qué, a la otra no la notó hasta que iba saliendo del estacionamiento porque tenía que tomar un camión en Veracruz (a eso se debía la reunión), qué raro fue verla ahí. Despertó, pero pronto volvió a dormir. Soñó que estaba en una orgía con esas mismas dos mujeres: la que hace mucho no ve y la que probablemente no volverá a ver desnuda fuera de un sueño. El sueño terminaba con esta última dándole la morena espalda -estaban en un cuarto de hotel a la orilla del mar- y metiéndose al baño, lo cual no dejaba de ser una mala nota, pero bueno, ¿quién se puede quejar de soñar con una orgía? No vio el reloj, pero seguro eran cerca de las seis, ya se oía a los pájaros trinar, aunque afuera seguía oscuro. Tenía que irse a trabajar, pero se empeñó en dormir un poco más. Entonces todo se vino abajo. Soñó que se despedía de la mujer que probablemente no vuelva a ver desnuda, se metía al baño a lavarse los dientes y por el espejo la veía besando a X -no un besito y ya, uno de esos besos donde su lengua se vuelve dulce de leche. Sabía que no debía regresar ni decir nada, pero aun así lo hacía y queriendo mostrar la cara más despreocupada decía "ajajá, no que ustedes no se besaban". Ella con la misma despreocupación le respondía "si yo te dije que nos dábamos nuestros besitos". X se notaba nervioso, se limpiaba la boca, se hacía para atrás. Ella abrazaba al soñador, se metía al baño con él, le metía la mano por debajo del pantalón y luego se bajaba sus propios pantalones para sentarse en la taza del water. Adonde sea que fuera él, se veía que ella lo iba a acompañar. El soñador estaba desconcertado, no sabía si sentirse feliz o abatido. Entonces despertó, se recriminó por haber querido esos minutos extra de sueño y finalmente se puso a trabajar... O eso dice.
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