miércoles, 29 de abril de 2009

Choro de encerrón

¡Todos somos enfermeros!
-Del público en un concierto (¿imaginario o real?) de Charly García

Y quién iba a decir que esos chavos del toquín de Pantitlán iban a tener razón al final. Quién sabe qué año corría –me imagino que alrededor del dos mil por la indumentaria finimilenarista a la que estoy a punto de hacer referencia-, el caso es que en el viejo exBalneario Olímpico de Pantitlán habría uno de esos toquines de cartel interminable encabezado por la Maldita y los españoles Def Con Dos y seguida por bandas venidas de todo el continente: los Piojos de Argentina, Desorden Público de Venezuela y varias bandas nacionales en su mayoría de linaje punkoide. Ahí estaban el buen Pescador y el ermitaño del eRRe acompañados por un personaje venido desde las planicies australianas con una chica que poco después terminaría abandonándolo en una peyotiza de Real de Catorce, pero eso, como diría Michael Ende, es otra historia y historia y debe ser contada en otra ocasión… Al eRRe y el Pescador les hacía gracia que buena parte de la audiencia asistiera con máscaras antigas, como muy preparados para la guerra, ay, sí, qué malote soy. Mas nos habría valido haber cerrado la boca y, siguiendo su ejemplo, ir a equiparnos del mejor blindaje que pudiésemos improvisar para la batalla campal que se vino. Todo valió madres, como con cualquier conflicto, cuando se acabó la chela. Es decir, cuando los organizadores mandaron clausurar el único puestito que se les ocurrió colocar. La banda, sedienta como siempre anda, pronto superó al personal capaz de atender sus necesidades básicas y compensaban la ineficiencia atendiéndose a sí mismas con sendas caguamas que pasaban por alto pagar. Cuando se ordenó el veto alcohólico, el grito fue apoderarse de las chelas restantes, motín que fue apenas detenido, pero de ahí en adelante ¡corran por sus vidas! El furioso slam levantaba una polvareda peor que las de los desiertos de Irak y, como allá, también había que cuidarse del vuelo errático de proyectiles que iban desde botellas de plástico hasta botas con punta de metal y descomunales piedras, si bien éstas eran preferentemente lanzadas a las ventanas de los edificios de los alrededores. Para colmo empezó a llover, El Pescador y el eRRe al igual que decenas de personas más –tirándole a cientos- intentaban guarecerse de las hostilidades en una estructura que servía de torre técnica, la cual oscilaba peligrosamente con la gente aglomerada y ante los gritos despavoridos de los técnicos que suplicaban que por favor no nos apretáramos tanto. A Los Piojos los bajaron, al tecladista de Desorden Público le estrellaron una botella en la cabeza, la Maldita tuvo que salir antes de tiempo y cuando Def Con Dos iba en la tercera rola, el numerito valió madres, pues los vecinos habían mandado llamar a la policía y entre los caballos de la montada tuvimos que enfilar al metro… Durante una época estuvo esa modita de las máscaras antigas, las vendían en los puestos del chopo, y los toquines se ponían en efecto como espectáculos a los que había que asistir con máscaras antigas. No sé si se sigan poniendo así, los toquines en Pantitlán y Tlalne, el eRRe por eso dejó de asistir a esos toquines, porque hacía falta ir con máscaras antigas y él ya estaba viejo para las guerras, había prestado sus servicios valerosamente, pero ahora la fresez o la edad o el trabajo lo habían vuelto un blanco fácil. Pero ahora se pregunta, dónde estarán esos chavos de las máscaras antigas ahora que finalmente llegó la hora que estaban esperando, ahora que hay ejércitos de gente con tapabocas, ¿por qué al eRRe no le ha tocado ver ni uno solo de esos chavos con máscaras antigas? ¿Será que las cambiaron por una playera de rayitas y un corte emo en el Chopo? Como quiera que sea, honor el eRRe ayer se puso en su honor su playera de Siniestro Total con el estampado una máscara antigas y salió a recorrer nuestras calles de “28 Days Later”, película sin duda obligada para estos días de guardar (¿están abriendo los Blockbusters? El eRRe como hombre previsor la tiene en su colección, aunque lamenta que le falte la segunda parte, donde salía Robert Carlyle, que tampoco está mal). Hay quienes lamentan que entre todas las desgracias que pasa México, esto es lo peor que le podía pasar, lo que faltaba, el colmo. Yo creo que, en caso de que exista Dios. habría que admirar su sabiduría, porque en ningún otro lugar del mundo pudo caer mejor esta, llamémosle plaga, de la influenza. Y es que si se ponen a pensarlo, estábamos muy ocupados en pendejaditas que si del presidente espurio o el presidente de a devis, que si no te suelto la firma para pasar la ley porque me sacaste la lengua, que si los gringos, que si el ejército cuida o perjudica a la población. Nos hacía falta algo para salir del ensueño melindroso. Algo que nos recordara el verdadero significado de la igualdad y la unidad que nuestros políticos son tan afectos a mencionar en sus discursos. Algo de verdad cabrón y no mamadas que pasan o no en las urnas. Algo que nos recordara que la ley y la disciplina tienen un fundamento y no son un capricho. Nuestro uniforme de cubrebocas nos vuelve soldados de la forma más animal de humanidad: la de salvaguardar nuestra vida. Los uniformes son útiles. La ley es útil, sirve que todos nos lavemos las manos y quien esté en desacuerdo hace un mal a sí mismo y la comunidad. Los besos son riquísimos e irresistibles, es lo que quiebra la ley, pero en el fondo lo único que la da sentido a la ley, porque la ley existe para disfrutar la vida de la forma que queramos, quejándonos del mal gobierno, cenando un pato entero en el restaurante giratorio del WTC, saliendo de putas, yendo al cine, marchando el primero de mayo, sudando en la clase de pilates. El amor es lo único que puede romper la ley, porque es lo único que salva la vida. Si somos los marranos del mundo, como canta el Personal, por lo menos ya es un inicio para agarrarnos cariño. Porque si no somos nosotros, ¿quién?

I don't fear about danger
If it was meant for me

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