En uno de los conciertos de la gira mundial que Leonard Cohen emprendió a mediados del año pasado y que hasta la fecha continua (crucen los deditos para que recale en México), la primera en más de diez años, tras el ingreso y la huida de un convento budista en las colinas de California, una voz entre el público se alzó: “¡Por favor no vuelvas a tardar tanto!”. A lo que Cohen, con su voz grave, liberada de la mundana premura se limitó a contestar algo así como “No puedo volver a tardar tanto porque seguramente ya estaría muerto”.Imponente es la idea que llena la cabeza del eRRe luego de presenciar el concierto en la Arena O2 que ofreció el pasado julio y que ahora se publica en dvd. Gigante luce Cohen rodeado por su banda de impecables músicos, por la inmaculada voz de sus coristas, el esclavo más fustigado en la Torre de la Canción librando las que sabe muy probablemente serán sus últimas batallas. Con el buen gusto en el vestir que siempre lo ha caracterizado, quitándose el sombrero ante las abrumadoras ovaciones de un público que se rinde ante un cancionero cuya inmortalidad nadie se atreve a poner en duda, a los que no se cansa de dar el trato de “amigos”. Con una grandeza sustentada en humildad y en el regalo de esa voz de oro. El poeta rapsoda en la caravana final. Un dvd –y cd doble- obligado para todos los que quieran aprender algo de la difícil artesanía de la canción, para todo el que quiera saber algo sobre las cosas que realmente importan en el corazón humano, para todo el que disfrute desfalleciendo ante la belleza, para los ateos con ganas de creer, para los creyentes que quieren ensuciarse de mundo.
Imponente. Gigantesco. Aguerrido. Delicado. Eufórico. Apacible. Santo. Pecador.
El homenaje a continuación dista de la gloria que merecería este monje, mujeriego, oficiante de nueva piel para una ceremonia ancestral: la invención del fuego. Con la esperanza de que la sinceridad salve la sencillez de esta ofrenda, el eRRe ha rescatado de su baúl estas letras que hace diez años le dedicaba. Gracias, amigos ustedes también, por su indulgencia…
Un hombre honesto
a Leonard Cohen
Te dije que era uno de ellos
que añoraba el fulgor de las armas
que el chillido de los niños
me arrullaba en el sueño dorado de Auschwitz
que de vez en cuando me daba por salir
a darles dentelladas a vírgenes e inválidos
que me masturbaba frente a la silla eléctrica
que sólo entraba a las iglesias
a remachar los clavos de Cristo
y a levantarle a sus santos la túnica
que las rosas me revolvían el estómago
que me gustaba probar el semen de los ahorcados
y que nunca creería suficientes
todas las bombas del mundo
Y tú reíste
como si hubiera hecho una broma
un comentario jocoso acerca de la contaminación y el clima
Pero yo
yo siempre me acerqué con el cuchillo en la mano
y la verdad espumeando en la boca
Te dije que era uno de ellos
y te dije también
un comentario jocoso acerca de la contaminación y el clima
Pero yo
yo siempre me acerqué con el cuchillo en la mano
y la verdad espumeando en la boca
Te dije que era uno de ellos
y te dije también
que te amaba.
-eRRe (en algún momento de 1997)
-eRRe (en algún momento de 1997)
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