
Otro rescate del baúl del eRRe...
*Nota: este texto que pueden calificar de lo que quieran debería llevar ciertas sangrías y espacios que el eRRe considera estratégicos para marcar una pauta de lectura, pero que su grave analfabetismo tecnológico le impide reproducir en lenguaje html... Bueno, ni que importase tanto.El día que murió Kurt Cobain
Es mejor arder que desvanecerse
-Neil Young citado en la carta de K.C.
El día que murió Kurt Cobain
yo estaba despertando.
Y me bañé con desgano
por tener que ir otro día a la escuela
a ver los mismos rostros que me erosionaban
a participar en las pláticas de siempre
que me dejaban sin ropa,
sin perro,
a mitad de camino al olvido.
Y me sentía un poco triste
por la chica de cabello rubio
que nunca quería mirarme.
Y sonreí ligeramente, inclinando la cabeza,
por una broma que me habían jugado
el fin de semana anterior.
Cuando encontraron su cuerpo,
tres días después,
le menté la madre porque ahora
sólo quedaban sus discos
junto a las cartas de la única mujer
que me había amado,
la que menos me dolió perder.
Le gruñí qué cabrón eres,
qué hijo de puta
con el dulce rencor de dos cómplices
en un fraude o en el robo a un banco
que hacen juramentos en un aeropuerto
y jamás vuelven a encontrarse
porque el viaje de uno
es demasiado largo,
demasiado rápido,
demasiado lo que es
para que el otro pueda alcanzarlo.
El día que murió Kurt Cobain
me sentía asfixiado,
miserable,
abandonado,
flojo,
como si los brazos se fueran
a desprender de mi cuerpo
en un error de respiración;
pero también estaba eufórico,
violento,
patán,
entusiasmado,
satisfecho de no tener
una sola respuesta que hiciera
de mi vida algo mejor
Es mejor arder que desvanecerse
-Neil Young citado en la carta de K.C.
El día que murió Kurt Cobain
yo estaba despertando.
Y me bañé con desgano
por tener que ir otro día a la escuela
a ver los mismos rostros que me erosionaban
a participar en las pláticas de siempre
que me dejaban sin ropa,
sin perro,
a mitad de camino al olvido.
Y me sentía un poco triste
por la chica de cabello rubio
que nunca quería mirarme.
Y sonreí ligeramente, inclinando la cabeza,
por una broma que me habían jugado
el fin de semana anterior.
Cuando encontraron su cuerpo,
tres días después,
le menté la madre porque ahora
sólo quedaban sus discos
junto a las cartas de la única mujer
que me había amado,
la que menos me dolió perder.
Le gruñí qué cabrón eres,
qué hijo de puta
con el dulce rencor de dos cómplices
en un fraude o en el robo a un banco
que hacen juramentos en un aeropuerto
y jamás vuelven a encontrarse
porque el viaje de uno
es demasiado largo,
demasiado rápido,
demasiado lo que es
para que el otro pueda alcanzarlo.
El día que murió Kurt Cobain
me sentía asfixiado,
miserable,
abandonado,
flojo,
como si los brazos se fueran
a desprender de mi cuerpo
en un error de respiración;
pero también estaba eufórico,
violento,
patán,
entusiasmado,
satisfecho de no tener
una sola respuesta que hiciera
de mi vida algo mejor
de lo que era.
Fui feliz
el día que murió Kurt Cobain
porque tenía amigos que se perdían
y de quienes me escapaba
y de alguna manera,
no tan extraña como me gustaría,
siempre acabábamos topándonos
en algún punto de la avenida donde,
sin habérnoslo propuesto,
compartíamos más cosas juntos
que las que teníamos para nosotros mismos.
El día que murió Kurt Cobain
nada cambió en este mundo;
los imbéciles siguieron reinando
y desayunaron cerdo
en el trono de la nación
que cada uno usaba de circo.
El día que murió Kurt Cobain
ni siquiera pude llorar
porque estaba siendo ridículo
y trivial e irresponsable,
es decir,
bastante ocupado en la vida
para voltear a una muerte
que no me pertenecía.
Ni siquiera pude llorar
el día que murió Kurt Cobain
me sentía encabronado
y golpeé ventanas
y pateé las puertas
al final me hundí rendido
en el regazo de mi madre
que no entendía el dolor de su hijo,
pero me regaló silencio e inmovilidad
y quizá se sintió peor que yo.
Luego todo siguió dando vueltas
para bien y para mal.
El terrón de azúcar se volvió café
en el frío tic-tac de los relojes
machacándonos la vieja sinfonía
de civilizaciones
y de arena…
El día que murió Kurt Cobain
me habría gustado desgañitarme,
encender diez millones de velas
en el Zócalo de la ciudad,
susurrarle “fornicad” a una monja,
bajar a dar un paseo
Fui feliz
el día que murió Kurt Cobain
porque tenía amigos que se perdían
y de quienes me escapaba
y de alguna manera,
no tan extraña como me gustaría,
siempre acabábamos topándonos
en algún punto de la avenida donde,
sin habérnoslo propuesto,
compartíamos más cosas juntos
que las que teníamos para nosotros mismos.
El día que murió Kurt Cobain
nada cambió en este mundo;
los imbéciles siguieron reinando
y desayunaron cerdo
en el trono de la nación
que cada uno usaba de circo.
El día que murió Kurt Cobain
ni siquiera pude llorar
porque estaba siendo ridículo
y trivial e irresponsable,
es decir,
bastante ocupado en la vida
para voltear a una muerte
que no me pertenecía.
Ni siquiera pude llorar
el día que murió Kurt Cobain
me sentía encabronado
y golpeé ventanas
y pateé las puertas
al final me hundí rendido
en el regazo de mi madre
que no entendía el dolor de su hijo,
pero me regaló silencio e inmovilidad
y quizá se sintió peor que yo.
Luego todo siguió dando vueltas
para bien y para mal.
El terrón de azúcar se volvió café
en el frío tic-tac de los relojes
machacándonos la vieja sinfonía
de civilizaciones
y de arena…
El día que murió Kurt Cobain
me habría gustado desgañitarme,
encender diez millones de velas
en el Zócalo de la ciudad,
susurrarle “fornicad” a una monja,
bajar a dar un paseo
en el vientre del planeta
para ver si al fin estallaba
en un ataque de risa.
En cambio
me fui desvaneciendo
y me hice inmune al fuego
con las manos en las rodillas
y la borrasca afilada en los ojos
tras la sombra del
temor
para ver si al fin estallaba
en un ataque de risa.
En cambio
me fui desvaneciendo
y me hice inmune al fuego
con las manos en las rodillas
y la borrasca afilada en los ojos
tras la sombra del
temor
que todavía
no me permite
no me permite
salir.
El día que murió Kurt Cobain
yo estaba despertando.
-eRRe (febrero 13, 1998; con alguna manita de 2009)
El día que murió Kurt Cobain
yo estaba despertando.
-eRRe (febrero 13, 1998; con alguna manita de 2009)
Salud... wherever u might be... dear asshole...
1 comentario:
Gracias.
Gracias.
Gracias.
Gracias.
Gracias.
Gracias.
Gracias.
Publicar un comentario