lunes, 3 de marzo de 2008

El problema con querer pasársela bien...

es que el resto del mundo no quiere pasársela bien, uno se cansa de estar feliz “while everybody all around just brings me down”, como dicen los Candyskins. Para explicarlo sobran los ejemplos, el “coño, todo esto es tan hermoso” de Siniestro Total y el “goddamn right is a beautiful day” de los eels. Lo chistoso es que en el fondo estas afirmaciones tan hurañas en apariencia dan forma a canciones verdaderamente luminosas por donde quieran verse. Ambas contienen estrofas que contradicen lo afirmado en sus coros; en el caso de Siniestro de manera muy clara cerrando cada conjunto de versos melcochosos con una imagen aberrante desde la primera estrofa: “Los pájaros nos cantan/las nubes se levantan/las flores en el campo/dos monjas traficando” y los eels entrando de manera más directa con una columna de humo que pinta de hollín el cielo claro. Ninguna de las dos canciones da razones para que sus intérpretes vociferen las aseveraciones de sus respectivos coros. Lo que el día tenga de bonito –o hermoso- sólo ellos lo saben, y de hecho es justo ese conocimiento exclusivo el que los incomoda: “me quieres y todo es hermoso, te quiero y todo es hermoso”, ergo: “¡coño, todo esto es tan hermoso!”.
Si la felicidad fuera total como de Descartes a Kant –y no me refiero a la encomiable banda de Guanatos- llegando hasta Ronald McDonald nos la han querido vender, uno saldría del mejor restaurante de la mano de la princesa de nuestros sueños con un cielo estrellado sin tener que sacudirse a los pedigüeños en las aceras o a los limpiaparabrisas en los semáforos. El principal error de quien sale de su casa dispuesto a pasársela bien es no considerar que a nadie le interesa seguirle la corriente y en cambio es muy probable que él se contagie de las telarañas de los demás, no sólo porque son más pegajosas, sino porque aunque sea sólo por número le ganan: “los feos somos más”, como cantan en otro tema los siniestros. He ahí el curioso optimismo que despliegan estas canciones de bolsillo, enfurruñarse con la propia felicidad equivale a no tomarse en serio a uno mismo, ponerse en ridículo ante los demás, que codician esa vid tan escasa. Pero al mismo tiempo es renunciar a la satisfacción egoísta para no quedarse fuera del bullicio burlón del público, sacar risas a nuestras costillas para no quedarnos solos con nuestra felicidad. Es la oportunidad para no tomarnos nada en serio y todos pasárnosla bien, como resume la parte final del “Mr. E’s Beautiful Blues”:
Bueno, yo no sé cómo te tomas toda la mierda que ves
No le creas a nadie y principalmente
No me creas
Créete a ti.

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