viernes, 8 de febrero de 2008

Inventario

Últimamente desde la azotea de casa de mis padres se alcanzan a ver las estrellas, de chavito, como muchas otras cosas, me interesé por la astronomía, hoy lamenté no haber prestado mayor atención y ser incapaz de identificar más constelaciones, lo cual significa que si un día me pierdo navegando en el mar lo más probable es que naufrague. Los dos días pasados sentí una inexplicable tristeza… ¿o quizá no era tan inexplicable? ¿O era explicable pero sencillamente no me interesaba la explicación? Ayer me enteré que el animal que dio a luz a mi perro murió hace poco. Una vez, poco después de que tuviera la camada, un tipo fue a tocar a la puerta de la casa donde vivía la perra para anunciar que la cachorrita que había adoptado había muerto pocos días atrás, pidió permiso para pasarse una tarde jugando y llorando con la madre. Luego llegó el padre de un amigo, hacía mucho no veía al señor y me sorprendió que luciera viejo, claro que nada justificaba mi sorpresa, ahora los padres de todos lucen viejos y nosotros mismos nos vemos viejos. Una persona a la que quiero se quedó conmigo a acompañarme hasta la noche, yo quería que se quedara, pero no hizo falta decírselo. Hoy esa misma persona me recordó que un día –quizá más temprano que tarde- habría de irse y yo ni siquiera tendría permiso de cargarle el equipaje. Otra persona a la que quiero me habló para avisarme que en menos de dos meses tomará un avión a Argentina para quedarse un año estudiando. Left and Leaving de los Weakerthans lleva un par de semanas en mi coche. Tengo varios pendientes: la traducción de un manual para policías, mi texto sobre música electrónica, mi tesis de maestría, un artículo que le debo al buen Daniel Higiénico. Luego de varios meses le puse pila a mi reloj de los Pumas y desde entonces el equipo no gana un solo partido. Las tiendas de discos cada vez venden cualquier cosa menos discos. Me gusta mi iPod, pero extraño los días en que grabar una cinta para alguien significaba algo especial, ahora con eso de la promiscuidad digital tu novia anda metiendo el plug en la máquina de cualquiera y tu play-list es una entre un montón. Terminé las Lecciones para los jóvenes samuráis de Mishima que me estremeció hasta lo indecible, le prodigaré un especial afecto hasta el resto de mis días, no sólo por lo que está impreso, sino por la dedicatoria que quien me lo regaló puso al principio; estoy por terminar las Jiras, de Federico Arana, no tiene dedicatoria pero sí el aire entrañable de los libros de viejo y me tiene cagado de la risa. Todos creen que saben algo de mí pero todos tienen sólo un pedazo de mí… Todas estas cosas que juntas parecen la señal de algo, pero que sólo son las cuentas de un collar roto.
Que todos tengamos buen fin…

1 comentario:

Jorge Pedro dijo...

lee la torah, te hará bien.