viernes, 29 de mayo de 2009

¡Pelas!


Otra mala onda: se murió el Jay Bennett iniciador de los Wilco junto a Jeff Tweedy. Las últimas dos semanas han sido muy extrañas. Le llegó al eRRe un mail en el que le decían que la vida es una mierda y luego vas y te mueres. Bueno, pues sí, pero todos recibimos el mismo telegrama, el chiste es ver qué haces a partir de que recibes esas noticias. Por eso felicidades al Herrero que celebró sus fiestas nupciales en alguna parte de la Isla. Nada pues eso: la vida, la muerte, la tristeza, la felicidad. Bajamos el telón. Se ven. Yo me voy a oir un rato el "Being There": "When we came here today/We all felt something true/Now I'm red eyed and blue"...

...Agárrala de la esquinita porque si no se apaga...

jueves, 14 de mayo de 2009

Lo de Nacha nos viene del Pop

Pasados unos días, otros pensamientos eRRementales sobre la muerte de Antonio Vega...

El eRRe debe haberse enterado de que existía un grupo llamado Nacha Pop a través de un programa de videos que conducían en canal 5 un par de chavitas -una de las cuales con los años aspiraría a convertirse en primera dama de la Nación, vía Edomex. O a lo mejor no. Igual los había escuchado en Rock 101 o Espacio 59, pero su primer recuerdo de Nacha Pop está ligado a ese programa de videítos. Dados como somos los mexicanos a la faramalla, aquí a lo que más ruido le hicimos fue si lo de Nacha era por el argot local para “nalga” o por ser el nombre de batalla que Nacho García Vega defendía en su presunta faceta drag-queen. De las dos, la segunda teoría resultó la que mejor se ajustaba a la realidad, “Nacha” era el apodo que usaba el enfurruñado Antonio Vega para molestar a Nacho cuando llegaba tarde a los ensayos, evento que al parecer ocurría muy a menudo. Fue la primera vez que el eRRe veía a un grupo burlarse sin reservas de las adolescentes conmovedoramente estúpidas que los estaban entrevistando. Algo como su particular equivalente tropicalizado de los Sex Pistols en el programa de Bill Grundy.


El video de “Vístete” los presentaba como unos mocosos dados al robo ocasional y la lujuria constante. Sobre todo a Nacho. Curioso, aunque Antonio era el compositor principal del grupo, la canción que los dio a conocer en México es del carismático Nacho. Antonio prefirió siempre ese lado discreto. Intenten recordar a Antonio en el video de “Vístete” y la imagen nunca será tan clara como la de Nacho con sus lentes oscuros intentando ligarse la primera cosa con faldas que se le cruce. Antonio no usaba lentes oscuros, prefería inclinar la cabeza para esquivar la ceguera de los reflectores, lo suyo era ese oficio, viejo como el del herrero: escribir canciones.

El momento era el típico disco que comprabas por el éxito de “Vístete” y del cual acababas enamorándote por maravillas como “Persiguiendo sombras”, “No se acaban las calles”, “Desordenada habitación”, “Asustado estoy”, “Lágrimas al suelo” –en su mayoría escritas por Antonio- y, por supuesto, ese himno nacido más grande que sí mismo, “Lucha de gigantes”. Era un disco que en efecto reflejaba la comunión de Nacho y Antonio en un momento de iluminación pop excepcional. Fue una de las producciones más finas que circularon por las grabadoras de aquel verano del ’87, durante la invasión de grupos españoles a México que tenía en los Hombres G a sus claros puntales. A Nacha Pop no les hacía falta como a los G incluir la palabra “mamón” para pasar por irreverentes, sonaba mucho más sugestivo eso de “la cremallera yo te la abroacharé”. Sus canciones eran más elaboradas, tenían más clase, venían de una cepa más rocanrolera, pues. Eran más “movida”, una consecuencia social, que “Rock en español”, el concepto comercial abanderado en los G. Algo paso con grupos como Nacha Pop, que tras este disco excepcional y "80-88", un disco “En directo” –que, de hecho, tenía muy poco “de directo”, pues fue ampliamente retocado en el estudio- emprendieron la desbandada.


Antonio emprendió una carrera en solitario que produjo un gran disco, por lo menos, “Océano de sol” y Nacho formó Rico. A ninguno de los dos les seguí mucho la pista después, como que nunca les perdoné haber dejado el gran disco que debió seguir a El momento en el reino de lo imposible. Las canciones de Nacha Pop –y particularmente ese disco, El momento- siguieron acompañando al eRRe que de vez en cuando se ponía a soñar con una reunión de Nacha Pop que al paso de los años fue pareciendo imposible. “¿Sabes qué sería buenísimo?”, se decía en los diálogos sobrados de entusiasmo que a veces emprende consigo mismo. “Un nuevo disco de Nacha Pop”, se contestaba, “es el único grupo de aquella época con el que tendría sentido una reunión”.


Hace unos meses, en una de esas rachas de obsesión que le agarran de repente con ciertas bandas, sólo comparable a las rachas de obsesión que le producen algunas mujeres y bebidas, el eRRe desenterró algunos casetes y discos de acetato y poniéndose a bucear por Internet descubrió que Nacha Pop se había reunido y estaba realizando una gira en España. Siempre dispuesto a privilegiar la señal por encima de la coincidencia, al eRRe le pareció significativo y prueba de la inexplicable red de relaciones neuronales que la música es capaz de tejer entre mentes que nunca se han conocido, separadas por kilómetros de distancia, pero vecinas en afinidad musical… ¿qué quieren? Un hombre necesita algún tipo de religión… El eRRe incluso empezó a soñar con la posibilidad de que dicha gira tocara tierra azteca. Digo, tenía sentido, ¿no? Después de España seguro que aquí fue donde Nacha Pop tuvo más éxito, aunque su continuidad discográfica se haya ido al traste. Y si los Hombres G causaron tanto desmadre con su regreso, seguro que eso los animaba… Y después de la gira, un disco, ¡sí! Por fin, un nuevo disco de Nacha Pop.


El eRRe sospechó que sus ilusiones se iban al garete al enterarse que se había publicado un dvd con doble CD registro de la gira de reunión. Pero bueno, igual lo usan para promover su gira aquí en México. Y si no vienen, pues que no vengan. Con tal que hagan el disco. ¿Qué hay del nuevo disco? En entrevistas dejaron abierta la posibilidad de… Y de lo siguiente que me entero es que Antonio va, se enferma otra vez a la voz de “he salido de otras peores” y se muere de neumonía.

En ese último dvd de Nacha Pop hay una animación antes de volver a salir al escenario con “Chica de ayer”. “ “Chica de ayer? Pero si ya le hemos tocado”, contesta la caricatura de Antonio a la caricatura de Nacho. Y así era, aunque Nacho parecía el más desenfrenado de los dos, era también el que mejor comprendía el lado del negocio, de la imagen. Aun en estos últimos conciertos Nacho es el que se ve correr de un lado a otro del escenario, tomando el micrófono a menudo para hablar con el público, a su Mick Jagger no le hacía falta un Keith Richards porque ya lo traía incorporado –después de todo también tocaba la guitarra-, así que Antonio optó por convertirse en una especie de Nick Drake, un tipo genial que intentaba volverse invisible. Hasta que finalmente se salió con la suya. Es una diferencia que se mantuvo hasta el final. Las dos últimas noticias en la página web oficial de Nacha son la muerte de Antonio y que Nacho desfilaría en el Madrid Fashion Week. Él lo extrañará más que nadie. Si juntos eran un mundo aparte, juntos eran Nacha Pop. Ahora resulta complicado ver este dvd y sacudirse el pensamiento de que todo era un plan fríamente trazado. Evitar pensar que lo que todos vimos como un regreso, Antonio siempre lo vio como una despedida, el último adiós para los amigos, los que nos mantuvimos fieles. Ahora habita tierras donde el aire se convierte en gas natural y el disco que nos quedó a deber con Nacha Pop retumbará fuerte en las paredes de nuestra imaginación.

martes, 12 de mayo de 2009

Adiós, Antonio

El eRRe despertó hoy muy temprano animoso por ponerse a trabajar... cuando con tristeza descubrió que Antonio Vega, una de las dos piezas claves de Nacha Pop, a los 51 años compró boleto para el tren que no tiene regreso....

Nacha Pop fue una de las grandes bandas ochenteras que nunca recibió el justo reconocimiento que merecía y una de las primeras que llamaron el interés del eRRe cuando empezó a escuchar música en serio. Artesanos de un pop fino, con una paleta de estilos que iba del country-rock a la parte más europea de la new wave. Cuesta imaginar una canción escrita por Antonio en donde no haya apostado toda su sinceridad. En algún momento del año pasado Antonio, que también cuenta con una larga lista de discos por su cuenta, decidió reunirse con quien nunca dejó de ser su amigo, Nacho García Vega, para volver a poner a Nacha Pop en el camino y saldar algunas cuentas pendientes en una gira que nos quedamos con las ganas de ver en México. Nada tan armónico en el pop español como cuando sus guitarras andaban con talante de diálogo... El chico triste y solitario, por fin se animó a salir a jugar con la chica de ayer, que resultó más pálida de lo que cualquiera hubiera imaginado. El chico triste y solitario ha salido de la pesadilla de correr con bestias detrás para, ahora sí, luchar con gigantes. El chico triste y solitario en una décima de segundo ya no está.

Ahora tú no dejes de hablar...

jueves, 7 de mayo de 2009

Puritita necesida'

El eRRe acaba de leer en otro blog un alegato contra la influenza porque no permite la realización de ferias de libros. "LAS NECESITAMOS", imploraba a la sensatez del maldito virus, así, en mayúsculas. You see the point del post anterior? Si algo no necesitamos son ferias del libro. Podremos necesitar algunos libros (muchos menos de los que se han publicado en la historia), algunos (muchísimos menos) escritores. Necesitamos emborracharnos, socializar, ligar, fornicar, cerrar tratos en lo oscurito, ponernos bien grifos, farolear, viborear, adular, posar para las fotos, rockestarear, darnos cuchilladas en la espalda, pero definitivamente no necesitamos una feria de libro para que todo eso suceda. Si la influenza dependiera de Dios, comentarios como ese serían la gota que derramara el vaso de nuestro armagedón. Lo cual nos pone ante dos posibilidades acerca de Dios: o su definitiva inexistencia o que nos tiene una paciencia inagotable.
Qué enfermos estamos...

martes, 5 de mayo de 2009

Benditos seamos los marranos

We are the pigs,
We are the swine,
We are the stars of the firing line

-“We are the pigs”, Suede

Eran de esperarse las primeras reacciones en el mundo dando un trato de apestados a los mexicanos so pretexto de la epidemia de influenza. En Argentina y Francia suspendieron vuelos, a las Chivas y al San Luis no les dejaron jugar la Libertadores, desde Alemania me reportan que en un par de ocasiones le negaron el saludo a Tachepiranha a menos que comprobara no haber visitado su tierra natal en fechas recientes, y de China mejor ni hablamos... Como si la epidemia fuera consecuencia de una nacionalidad y no de una mutación viral. Como en la rola del Personal, ahora resulta que nosotros somos los marranos, somos los cochinos, y eso nos saca muchísimo de onda, ¡a nosotros!, que allá en el Mundial del 70 a falta de laureles futboleros nos declaramos campeones de la amistad, nosotros que hacemos chistes de la mamonería argentina, de la lentitud de los gallegos, de los ojos de alcancía de los chinos, que nos burlamos de los pueblos del mundo, y como piensan algunos ingenuos, hasta de la muerte. Esto no viene más que a demostrarnos la poca satisfacción que obtenemos de las explicaciones sencillas, como las da la ciencia: ¿Un virus que se contagia entre humanos? Ah, no, vamos a matar a todos los cerdos del país, como decidieron en Egipto, y a esos pinches mexicanos que ni se les ocurra acercársenos.

Medidas de vida o muerte que responden a la lógica del clan. Y nada fortalece más la unión entre los miembros del clan que el temor a una amenaza común. Un clan ataca a otro en defensa propia, para que los suyos prevalezcan. A eso conduce el regreso a las necesidades básicas que proponen los cerebros intoxicados de doctrina de la nueva era, jipismo reciclado o, en el peor de los casos –heroína ideológica-, globalifobia de complejos persecutorios a nivel cósmico. Si de volver a lo básico se trata, nada más básico que la defensa de la propia vida: los sanos vs. los enfermos. Raíz del rudimentario sentimiento de pertenencia que posteriormente sofistica la ciudadanía y el más abstracto concepto de nacionalidad que, con razón, de repente incomoda tanto, si nos recuerda el sentido más primigenio de entender la humanidad, casi rebajándonos a los lodazales donde se revuelca la bestia: el instinto de supervivencia.

Pero si está rodeado de fango es que por algún lugar empiezan a construirse los escalones. Caer en la cuenta de que toda sociedad sienta sus principios en esta porquería es una de las mejores partes cuando uno ve la película “28 días después” (nada sutilmente traducida como “Exterminio” en la época de su estreno), del director Danny Boyle –el mismo de “Trainspotting” y “Slumdog Millionaire”-. Retrata una epidemia de índole muy distinta a la que actualmente atravesamos, un virus que propaga la furia (rage) entre los humanos (y los animales); en lo que sí coincide con la influenza es en las vías de contagio: los ojos o la boca (y se asume que la nariz o cualquier orificio con mucosidades); aunque, claro, aquí no hablamos de partículas invisibles a las que ni remotamente quepa darles pelea con un triste cubrebocas, sino de chorros de sangre que los zombies poseídos por la enfermedad vomitan directamente en la cara de los infortunados que se ponen a su alcance. Jim, un repartidor que lo último que recuerda es haber sido atropellado mientras manejaba su bicicleta, despierta en un hospital vacío y con su ropa de convaleciente sale a recorrer unas calles de Londres todavía más vacías en una escena que fondeada con la música tremendista de Godspeed! You Black Emperor produce un efecto descomunalmente desolador. Selena y Mark, dos sobrevivientes de la epidemia a los que Jim conoce mientras intenta escapar de su primer encuentro con los infectados, le informan que debido a la agresividad de este peculiar padecimiento, el único remedio aplicable consiste en matar a los infectados. No importa quién sea, tu madre, tu esposa o tu hermano, cuando sospechas que alguien está infectado tienes 30 segundos antes de que se arroje furibundo sobre ti contagiándote. Por esta causa Mark se les quedará en el camino.

El enfermo siempre es inocente. Lo advertimos en el caso de Frank, el papá de Hannah, personajes que se unen a Jim y Selena en la búsqueda de una solución prometida en una transmisión que captan por radio. En pantalla, Frank es el único que se contagia por casualidad, no por el contacto directo con un enfermo, sino por una gota de sangre que resbala de una viga justo en el momento en que él levanta la vista. Pero su inocencia no lo salva. Frank, como cualquier infectado, debe ser aniquilado antes que contagie a los demás, incluyendo a su hija Hannah, que desesperada berrea por una piedad vedada para su padre.

Y todo por el bien intencionado propósito de regresar a lo básico…

“28 días después” empieza con un grupo de jóvenes defensores de los animales que allanan un laboratorio donde varios simios son mantenidos en cautiverio con propósitos experimentales. Pese a las advertencias que reciben a tiempo de un científico respecto al peligro que entraña liberar específicamente a estos animales, nuestros muchachos, irreversiblemente estimulados por la nobleza de la causa que defienden, abren las jaulas y de inmediato un rabioso simio salta sobre una de las abnegadas justicieras desatando un peligro epidemiológico de consecuencias impredecibles. Mencionando esto nada dista más de mi intención que avivar la hoguera de teorías de conspiraciones financieras, de guerra bacteriologíca y creo hasta supraterrenas que funden las neuronas de la población por estos días. Lo que sí me interesa es poner el dedo en la llaga de la promesa de mayor tranquilidad -algunos desvergonzados incluso hablan de felicidad-, que supuestamente nos traería una vida sin posesiones materiales que retomara la esencia natural de ser humano. Patrañas. No es cierto que volver a lo básico nos libere, es la restricción más severa de nuestra libertad. No simplifica nuestras necesidades, las estrecha, y, por lo tanto, endurece nuestros criterios.

Como la vida “básica” no ofrece nada, tenemos que buscarnos nuestras necesidades. Una vez que Jim, Selena y Hannah encuentran la fortaleza de donde procedían las transmisiones de radio descubren que han caído en una trampa. El mandamás del incierto ejército (nunca se nos explica si eran militares antes de la epidemia) se sincera con Jim: “Les prometí mujeres. Un montón de hombres solos acaba suicidándose. Pero las mujeres son el futuro”. Un paisaje sin futuro resulta una visión insoportable bajo cualquier mirada, el primer requisito para entrar en posesión de la vida es tener un futuro, y aprendemos de la naturaleza que más nos vale conseguirnos uno cueste lo que cueste. Jim comprende entonces que para asegurar su futuro tendrá qué convertirse en un infectado aunque no contraiga el virus de la furia. Porque incluso aquellos que se creen saludables están lo bastante enfermos para no darse cuenta que la violencia a la que tanto temen ha penetrado los muros de su fortaleza en la que se sienten tan seguros. No lo haría en otras condiciones, Jim preferiría una tazá de té, una cama caliente y un besito de Selena, pero eso vendrá después, para conseguir esas cosas sencillas que ofrece la vida primero va a tener que matar a todos estos hijos de puta que quieren desaparecerlo. Combate el fuego con fuego. Ponerle remedio a una enfermedad exige asumir el lugar del enfermo, pero enfermo de una aflicción muy particular con mayor potencial maligno a largo plazo, pues para encontrar el mal que combata el mal hace falta un mal premeditado, un mal fruto de un ejercicio del pensamiento. Regresar a lo básico es asistir al engendramiento de las razones para la maldad.

Abominamos de la vida básica y nos encanta complicarnos la vida. De hecho no existe otra manera de disfrutar la vida más que complicándola. La disfrutamos en la medida que resolvemos nuestras necesidades primordiales al grado que ni siquiera las percibimos como tales y nos permiten entregarnos a zozobras eminentemente de menor urgencia como el amor y la política. Esto a Jim le toca descubrirlo de la manera más dura. En esa plática íntima, la primera pregunta que el mandamás castrense le atiza es: “¿A quién tuviste que matar? Porque tuviste que matar a alguien para mantenerte vivo”. Con reticencia, Jim acaba admitiendo que fue un niño, tuvo que matar a un niño para conservar su vida. Y no hay manera de culparlo. Igual que seríamos unos hipócritas si culpáramos al resto del mundo por el trato discriminatorio que actualmente nos dedica y que seguramente todavía tendremos que aguantarnos un rato más los mexicanos. Seamos francos, si estuviéramos en su posición, de elegir entre ellos o nosotros, haríamos lo mismo. Otra complicación que se les olvida tomar en cuenta a nuestros entusiastas promotores de la sociedad silvestre en la idílica visión que tienen de nuestros antepasados, si las circunstancias de vida o muerte hallan condiciones propicias en la restricción de nuestras necesidades, estas cuestiones a menudo terminan resolviéndose en actos de matar o morir.

Entender el proceso no significa justificarlo.

Hace poco veía otra producción, “Generation Kill”, una miniserie que algunos de los creadores de la serie “The Wire” hicieron sobre la primera brigada de marines que entró en Irak, uno de ellos suelta una verdad lapidaria: “el hecho es que la gente que no puede matar siempre estará sujeta a la que sí puede”. Pero el hecho también es que en el estremecimiento de Jim, cuando no le queda más que reconocer el asesinato –justificado o no- de ese niño, encontramos la historia de la cultura humana. Y de lo que trata la historia de la cultura humana es de la fuga despavorida que nos inspira contemplar su espantoso origen. Mientras más lejos estemos de lo básico, de las tinieblas por las que empezamos a hacernos hombres, por nosotros mejor. Desde nuestra condición de enfermos adquirimos un arma inaccesible para los presuntos sanos en toda su asepsia, el arma que nos da conocer una verdad superior a la del marine. Una verdad tan sencilla como decir que no somos los infectados de “28 días después”, la verdad de que la negligencia aplicada a los cerdos egipcios no es la única cura posible para nuestra enfermedad, la verdad de que no hay una “gripe mexicana” y sí una nueva cepa de influenza que representa un riesgo a la salud del mundo entero. Para promulgarla, tal parece que un crucifijo o hasta cualquier talismán servirán más que todos los informes médicos que seamos capaces de recopilar. Visto está que las explicaciones que da la ciencia nunca le vienen lo suficientemente complicadas a nuestro intelecto.

miércoles, 29 de abril de 2009

Choro de encerrón

¡Todos somos enfermeros!
-Del público en un concierto (¿imaginario o real?) de Charly García

Y quién iba a decir que esos chavos del toquín de Pantitlán iban a tener razón al final. Quién sabe qué año corría –me imagino que alrededor del dos mil por la indumentaria finimilenarista a la que estoy a punto de hacer referencia-, el caso es que en el viejo exBalneario Olímpico de Pantitlán habría uno de esos toquines de cartel interminable encabezado por la Maldita y los españoles Def Con Dos y seguida por bandas venidas de todo el continente: los Piojos de Argentina, Desorden Público de Venezuela y varias bandas nacionales en su mayoría de linaje punkoide. Ahí estaban el buen Pescador y el ermitaño del eRRe acompañados por un personaje venido desde las planicies australianas con una chica que poco después terminaría abandonándolo en una peyotiza de Real de Catorce, pero eso, como diría Michael Ende, es otra historia y historia y debe ser contada en otra ocasión… Al eRRe y el Pescador les hacía gracia que buena parte de la audiencia asistiera con máscaras antigas, como muy preparados para la guerra, ay, sí, qué malote soy. Mas nos habría valido haber cerrado la boca y, siguiendo su ejemplo, ir a equiparnos del mejor blindaje que pudiésemos improvisar para la batalla campal que se vino. Todo valió madres, como con cualquier conflicto, cuando se acabó la chela. Es decir, cuando los organizadores mandaron clausurar el único puestito que se les ocurrió colocar. La banda, sedienta como siempre anda, pronto superó al personal capaz de atender sus necesidades básicas y compensaban la ineficiencia atendiéndose a sí mismas con sendas caguamas que pasaban por alto pagar. Cuando se ordenó el veto alcohólico, el grito fue apoderarse de las chelas restantes, motín que fue apenas detenido, pero de ahí en adelante ¡corran por sus vidas! El furioso slam levantaba una polvareda peor que las de los desiertos de Irak y, como allá, también había que cuidarse del vuelo errático de proyectiles que iban desde botellas de plástico hasta botas con punta de metal y descomunales piedras, si bien éstas eran preferentemente lanzadas a las ventanas de los edificios de los alrededores. Para colmo empezó a llover, El Pescador y el eRRe al igual que decenas de personas más –tirándole a cientos- intentaban guarecerse de las hostilidades en una estructura que servía de torre técnica, la cual oscilaba peligrosamente con la gente aglomerada y ante los gritos despavoridos de los técnicos que suplicaban que por favor no nos apretáramos tanto. A Los Piojos los bajaron, al tecladista de Desorden Público le estrellaron una botella en la cabeza, la Maldita tuvo que salir antes de tiempo y cuando Def Con Dos iba en la tercera rola, el numerito valió madres, pues los vecinos habían mandado llamar a la policía y entre los caballos de la montada tuvimos que enfilar al metro… Durante una época estuvo esa modita de las máscaras antigas, las vendían en los puestos del chopo, y los toquines se ponían en efecto como espectáculos a los que había que asistir con máscaras antigas. No sé si se sigan poniendo así, los toquines en Pantitlán y Tlalne, el eRRe por eso dejó de asistir a esos toquines, porque hacía falta ir con máscaras antigas y él ya estaba viejo para las guerras, había prestado sus servicios valerosamente, pero ahora la fresez o la edad o el trabajo lo habían vuelto un blanco fácil. Pero ahora se pregunta, dónde estarán esos chavos de las máscaras antigas ahora que finalmente llegó la hora que estaban esperando, ahora que hay ejércitos de gente con tapabocas, ¿por qué al eRRe no le ha tocado ver ni uno solo de esos chavos con máscaras antigas? ¿Será que las cambiaron por una playera de rayitas y un corte emo en el Chopo? Como quiera que sea, honor el eRRe ayer se puso en su honor su playera de Siniestro Total con el estampado una máscara antigas y salió a recorrer nuestras calles de “28 Days Later”, película sin duda obligada para estos días de guardar (¿están abriendo los Blockbusters? El eRRe como hombre previsor la tiene en su colección, aunque lamenta que le falte la segunda parte, donde salía Robert Carlyle, que tampoco está mal). Hay quienes lamentan que entre todas las desgracias que pasa México, esto es lo peor que le podía pasar, lo que faltaba, el colmo. Yo creo que, en caso de que exista Dios. habría que admirar su sabiduría, porque en ningún otro lugar del mundo pudo caer mejor esta, llamémosle plaga, de la influenza. Y es que si se ponen a pensarlo, estábamos muy ocupados en pendejaditas que si del presidente espurio o el presidente de a devis, que si no te suelto la firma para pasar la ley porque me sacaste la lengua, que si los gringos, que si el ejército cuida o perjudica a la población. Nos hacía falta algo para salir del ensueño melindroso. Algo que nos recordara el verdadero significado de la igualdad y la unidad que nuestros políticos son tan afectos a mencionar en sus discursos. Algo de verdad cabrón y no mamadas que pasan o no en las urnas. Algo que nos recordara que la ley y la disciplina tienen un fundamento y no son un capricho. Nuestro uniforme de cubrebocas nos vuelve soldados de la forma más animal de humanidad: la de salvaguardar nuestra vida. Los uniformes son útiles. La ley es útil, sirve que todos nos lavemos las manos y quien esté en desacuerdo hace un mal a sí mismo y la comunidad. Los besos son riquísimos e irresistibles, es lo que quiebra la ley, pero en el fondo lo único que la da sentido a la ley, porque la ley existe para disfrutar la vida de la forma que queramos, quejándonos del mal gobierno, cenando un pato entero en el restaurante giratorio del WTC, saliendo de putas, yendo al cine, marchando el primero de mayo, sudando en la clase de pilates. El amor es lo único que puede romper la ley, porque es lo único que salva la vida. Si somos los marranos del mundo, como canta el Personal, por lo menos ya es un inicio para agarrarnos cariño. Porque si no somos nosotros, ¿quién?

I don't fear about danger
If it was meant for me

Influenza

una rola del disco The Ever Popular Tortured Artist Effect, de Todd Rundgren...

I can tell, I can feel
I can tell, I can feel, I can see
Something is changing
To me change is no stranger
I don't run, I don't hide
I don't run, I don't hide, I don't fight
What fate arranges

I don't think about danger
If it was meant for me
I'd know just when to come
But if I can take it slow
Then I might be in control

In the back of my head
In the back of my head there is doubt
There is suspicion
With my new fascination
I don't know what it is
I don't know what it is, you might say
It's intuition
It's a true indication
I should trust myself
I should beware of this
But it's like a stranger's kiss
And somehow I can't resist
I can feel, I can feel, I can feel
my will slip away
From a strange influenza
I can feel, I can feel, I can feel
my mind slip away
Under your influenza
I can feel, I can feel, I can feel
my heart slip away
Under your influenza
There's a part of my heart
There's a part of my heart that says stop
Please go no further
I just can't take the pressure

So I try to resist
So I try to resist and my heart
Tells me don't bother
That this pain is a pleasure
If I were someone else
I wouldn't disagree
But it's always hard to see
When something's controlling me

martes, 28 de abril de 2009

La rola del encerrón 2009...


Cómo puedes decir que lo harás y luego no lo haces
Cambias de modo de pensar y dices que no
El misterio aquí es por qué le hago al chivo
El misterio que tú llamas amor

A veces eres como un águila fuerte como una roca
Otras veces parece que te abrieron la jaula
Y todos los peores de tus temores llegan atropelladamente
Por la calle, por la nieve

Me acuerdo de cuando tenías un sueño
Todo era lo que parecía ser
Pero ahora las pesadillas todo lo reemplazan
Y todo lo que ves está equivocado

Me dijiste que nos veríamos pero llevas dos horas de retraso
Dijiste que habías pensado que alguien se había llevado tu reja
De modo que te escondiste y tenías miedo de esperar
Viendo sombras en la nieve
Viendo sombras en la nieve

Ahora tu amigo Godfrey es una perfecta elección
Un minuto menos para el regocijo de la siguiente ocasión, parece
-encontrar la voz perfecta
Paranoia en clave de mi

Digamos que todo lo que dice es verdad
Tú me amas pero yo a ti te engaño
Y en mi cama hay un zoológico de féminas
Peor que Clinton en la hora de más audiencia

Te juro que no estoy con Jill o Joyce
O Cyd o Sherry o Marlene o peor
No te beso mientras por dentro maldigo
Paranoia en clave de mi

Juguemos algo la siguiente vez que nos veamos,
Yo seré las manos y tú serás los pies
Y juntos vamos a llevar el ritmo
De la paranoia en clave de mi

Tú ya sabes que la mania está en clave de si
La psicosis en clave de do
Esperemos no estar hechos para
La paranoia en clave de mi

La anorexia está en sol bemol
Y fa es todo lo que dejé fuera
Dislexia, cleptomanía y vértigo
Parricidio en la, matricidio en re los mismos esquizos

Paranoia en clave de mi

Pongamos una coda en clave de ka
Algo que sólo nosotros podamos tocar
Tal vez nos encendamos como cientos de kas
Paranoia desafinada

Paranoia clave de mi
Paranoia clave de mi

Anorexia, dislexia,
Cleptomania, parricidio la, matricidio re, vértigo, esquizos

Parnoia en clave de mi, paranoia
Paranoia, paranoia, paranoia en clave de mi
Paranoia, paranoia, paranoia en clave de mi
"Paranoia Key of E", Lou Reed
vers. eRRe

sábado, 4 de abril de 2009

Hoy hace 15 años...


Otro rescate del baúl del eRRe...
*Nota: este texto que pueden calificar de lo que quieran debería llevar ciertas sangrías y espacios que el eRRe considera estratégicos para marcar una pauta de lectura, pero que su grave analfabetismo tecnológico le impide reproducir en lenguaje html... Bueno, ni que importase tanto.

El día que murió Kurt Cobain

Es mejor arder que desvanecerse
-Neil Young citado en la carta de K.C.

El día que murió Kurt Cobain
yo estaba despertando.
Y me bañé con desgano
por tener que ir otro día a la escuela
a ver los mismos rostros que me erosionaban
a participar en las pláticas de siempre
que me dejaban sin ropa,
sin perro,
a mitad de camino al olvido.
Y me sentía un poco triste
por la chica de cabello rubio
que nunca quería mirarme.
Y sonreí ligeramente, inclinando la cabeza,
por una broma que me habían jugado
el fin de semana anterior.

Cuando encontraron su cuerpo,
tres días después,
le menté la madre porque ahora
sólo quedaban sus discos
junto a las cartas de la única mujer
que me había amado,
la que menos me dolió perder.
Le gruñí qué cabrón eres,
qué hijo de puta
con el dulce rencor de dos cómplices
en un fraude o en el robo a un banco
que hacen juramentos en un aeropuerto
y jamás vuelven a encontrarse
porque el viaje de uno
es demasiado largo,
demasiado rápido,
demasiado lo que es
para que el otro pueda alcanzarlo.

El día que murió Kurt Cobain
me sentía asfixiado,
miserable,
abandonado,
flojo,
como si los brazos se fueran
a desprender de mi cuerpo
en un error de respiración;
pero también estaba eufórico,
violento,
patán,
entusiasmado,
satisfecho de no tener
una sola respuesta que hiciera
de mi vida algo mejor
de lo que era.

Fui feliz
el día que murió Kurt Cobain
porque tenía amigos que se perdían
y de quienes me escapaba
y de alguna manera,
no tan extraña como me gustaría,
siempre acabábamos topándonos
en algún punto de la avenida donde,
sin habérnoslo propuesto,
compartíamos más cosas juntos
que las que teníamos para nosotros mismos.

El día que murió Kurt Cobain
nada cambió en este mundo;
los imbéciles siguieron reinando
y desayunaron cerdo
en el trono de la nación
que cada uno usaba de circo.

El día que murió Kurt Cobain
ni siquiera pude llorar
porque estaba siendo ridículo
y trivial e irresponsable,
es decir,
bastante ocupado en la vida
para voltear a una muerte
que no me pertenecía.

Ni siquiera pude llorar
el día que murió Kurt Cobain
me sentía encabronado
y golpeé ventanas
y pateé las puertas
al final me hundí rendido
en el regazo de mi madre
que no entendía el dolor de su hijo,
pero me regaló silencio e inmovilidad
y quizá se sintió peor que yo.
Luego todo siguió dando vueltas
para bien y para mal.
El terrón de azúcar se volvió café
en el frío tic-tac de los relojes
machacándonos la vieja sinfonía
de civilizaciones
y de arena…

El día que murió Kurt Cobain
me habría gustado desgañitarme,
encender diez millones de velas
en el Zócalo de la ciudad,
susurrarle “fornicad” a una monja,
bajar a dar un paseo
en el vientre del planeta
para ver si al fin estallaba
en un ataque de risa.
En cambio
me fui desvaneciendo
y me hice inmune al fuego
con las manos en las rodillas
y la borrasca afilada en los ojos
tras la sombra del
temor
que todavía
no me permite
salir.

El día que murió Kurt Cobain
yo estaba despertando.

-eRRe (febrero 13, 1998; con alguna manita de 2009)
Salud... wherever u might be... dear asshole...