martes, 26 de agosto de 2008

Tell Me It Ain't So

Se levantó devastado por el coro de esa canción: “Constantly protecting what isn’t mine”, retumbando en su cabeza como la resaca de una borrachera de vino tinto bailando toda la noche al compás de las sombras. Y como con cualquier resaca, el mejor remedio le pareció administrarse más del mismo veneno. Poner a todo volumen ese nuevo disco quebrantahuesos de Micah P. Hinson, and the Red Empire Orchestra. El buen Micah conoce el dolor y no sólo de oídas. A los 19 años había perdido todo: dinero, familia, instrumentos, salud y libertad por irse siguiendo a esa “Viuda Negra” que refiere en sus primeras grabaciones. Cuando salió de la cárcel un sello de Glasgow le ofreció grabarle su primer disco. A los 23 años estaba logrando salir de la adicción cuando en una fiesta un amigo en plan de cábula le asestó un golpe en la espalda que lo dejaría inmóvil durante todo un año y paradójicamente los médicos prescribieron que retomara el consumo de codeína y ansiolíticos. Tiene una voz grave encuadrada en el espectro de Nick Cave, Johnny Cash o Leonard Cohen. Por cierto, ¿no fue Leonard Cohen el que escribó en una de las canciones de amor más grandes de todos los tiempos “If you want to work the street alone/I’ll disappear for you?”. Sí, pero a veces no basta con desaparecer para no estorbar, ¿saben? De modo que salió a sentarse en el corredor del hotel que habitaba, sorbiendo el té un poco más amargo que lo habitual, a contemplar el trajín de las mucamas fantasma y, mientras, como entumecido, pensaba: “¿qué sentido tiene amar a alguien que le da igual ser amada o no? ¿No es como si te dijeran que tu amor no sirve de nada, que no es muy distinto a esos juguetitos de cuerda chinos que compras al tres por dos a la salida del metro y al día siguiente no funcionan?”. Se levantó y dejó el amor correr como hilillo de sangre en esa novela de García Márquez. Para entonces había empezado a llover y el fuego le llegaba hasta las rodillas, oyó los gritos de los demás, pero decidió salvarse a sí mismo. Después de todo el día anterior ella le había dicho que detestaba las rolas y rolas era todo lo que tenía para pasar el día. Supuso que daba igual quién te amara cuando todo el mundo te ama, pero eso es algo que nunca sabría a ciencia cierta y sólo podía intuir a través de una banda perdida en el marisma de los noventa. Él nunca se detenía a mirar la cara de los extraños y siempre hablaba de perfil. Recordó como las últimas veces que la vio se había ido más triste de lo que había llegado. Si él no era escritor, ni estrella de rock, vamos, ni siquiera un miserable cantante de peñas. Él sólo tenía una resaca espantosa por todas las canciones que había escuchado en su vida. A ella no le interesaba poner eso en un cuadro (y la verdad sea dicha... ¿a quién?). Cuando entró de nuevo al cuarto vio su cama todavía destendida y las mismas manchas en la alfombra, extrañó el dulce aturdimiento de las olimpiadas y Micah se aproximaba al final del disco cantando “We won’t have to be lonesome tonight”, la que va justo antes de “Dyin’ alone”. Le costó acordarse quién había escrito primero eso de “nunca nadie conoce o ama a nadie”, ¿Robert Smith o Charles Baudelaire? Lo que sí sabía bien es que tenía ganas de bajar a tomarse un martini y contemplar las caderas de la mulata que cantaba Nina Simone en el bar del hotel, pero no de ver camareros con el bigotito perfectamente pintado de negro y borrachos que te rogaban echar moneditas de secretos en sus latas. Bostezó. Vio en National Geographic un documental de cómo los osos duermen en invierno, cuando los lobos salen a cazar. Tal vez lo único que realmente le urgía fuese un golpazo en la cabeza, con los cuatro Ramones empuñando el bat como en “Beat on the Brat”.

Micah P. Hinson and the Red Empire Orchestra, aquí: http://rs125.rapidshare.com/files/121646143/MPHTREO.rar

1 comentario:

Hombre Montaña dijo...

Mi R:

Otra gran adición a la fonoteca, por desgracia este descubrimiento llegó tarde a mis oídos, revisando las fechas de conciertos, resulta que ya tocó por acá por los Berlines el carnal Micah, ni modo, pero se agradece eternamente esta aparición musical en el horizonte ensombrecido de este tu amigo.

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