miércoles, 30 de abril de 2008
Oyendo "Tango 4"
Charly García canta “Mala señal cruzó las piernas” y afuera la ciudad cada vez más hundida de noche. No son los grandes eventos, son las pequeñas cosas, las piedritas en el zapato las que acaban con la vida de un hombre, escribía Bukowski… o algo así. Bukowski nunca quiso que todos quisiéramos escribir como Bukowski, le entrarían ganas de meternos en una cámara de gas y haría bien. Por lo menos a esos escritores que ganan premios y los mandan de agregados culturales a Kazajistán y luego escriben novelas de escritores que ganan premios y los mandan de agregados culturales a Kazajistán. ¿Se dan cuenta del rollo laberíntico y circular que tiene la vida? Pues claro que se dan cuenta, si son lectores instruidos que conocen bien la obra de Borges y Nietzsche. No importa pa donde nos hagamos el caso es que no podemos escapar, hacer un vuelo de doce horas para darnos cuenta que sólo le dimos una vuelta a la habitación. Es como aquella vez en que Tachepiranha y el eRRe llegaron a Zagreb creyendo que por fin habían escapado de los mexicanos para que lo primero que oyeran al mostrar sus pasaportes en el mostrador del hostal fuera la voz inconfundible de una paisana exclamando “¡ay, México!”. Es como eso o como la canción del cisne Nick Drake “toma tu barco a España o a Inglaterra, lo que es yo, a donde quiera que he ido me topo con que la tristeza manda en este juego”. Es como querer decirle a alguien palabras que nunca nadie le haya dicho antes, un propósito inútil pero al que nos aferramos para creer que valemos la pena de ser recordados, para creer por un momento que podemos vencer la erosión del mundo. Para eso hace falta ser un artista, lo que de verdad nos queda al resto es esta zozobra, el frío junto a los andenes de un tranvía que tarda demasiado en llegar, los racimos de flores, la joyería y la perfumería, como hace falta todo el acopio de fe posible conviene profesar alguna religión, hasta el día en que ardes con tal de no desvanecerte, como escribió el profeta Neil que habría de pasarle a Kurt, el bautista; o en resumidas cuentas “we could be heroes just for one day”. Y después nada. Cenizas. Ni siquiera barras de sincronía. La pantalla en blanco. O mejor, en negro. Si acaso un balbuceo por descubrir que te dejaron solo en la sala. Agitar las manos y no tener a donde asirte. Caída libre. Conozco a una persona, por ejemplo, que cuando se siente hueca le da por anticipar despedidas y la mente se le atasca de canciones. No teman, sin embargo, no es agregado cultural en Boswana ni recibe una beca solventada con los impuestos del distinguido público.
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