lunes, 21 de diciembre de 2009

Pensando lo impensable acerca de John Lennon. Por Lester Bangs.



Siempre te preguntas cómo reaccionarás con estas cosas, pero no puedo decir que me haya sorprendido demasiado cuando la NBC interrumpió “The Tonight Show” para decir que Johnn Lennon había muerto. Siempre pensé que sería el primero de los Beatles en morir porque siempre fue el que más vivió en el borde existencial, ya sea zambulléndose hasta las rodillas en aventuras izquierdosas o simplemente cerrando la boca cinco años cuando decidió que realmente no tenía mucho que decir; pero siempre me había imaginado que sería por su propia mano. Que meramente haya sido la celebridad más reciente en ser baleada por un posible psicótico no hace más que acentuar la banalidad alrededor de su muerte.
Miren: no creo ser insensible o cascarrabias. En 1965 John Lennon era una de las personas más importantes del mundo. Es simplemente que hoy por hoy me siento profundamente enajenado por el rocanrol y lo que ha significado o puede significar, alienado por mis compañeros hombres y mujeres y sus sueños o aspiraciones.
No sé quiénes resulten más patéticos, la gente de mi generación que se niega a que su adolescencia sesentera muera de una muerte natural, o los más jóvenes, que arrebatan y tragan cualquier trozo, cualquier morona de un sueño que alguien declaró terminado hace diez años. Probablemente los más jóvenes resulten más tristes, porque al menos mis congéneres pueden tener algún recuerdo nostálgico de las brasas largo tiempo enfriadas que se arrodillan a soplar, mientras que los chavos tienen que conformarse con cosas como el espectáculo de la Beatlemanía que les venden con recibo de bienes de consumo.
No puedo lamentarme por Lennon. No conocí al tipo. Pero sé que una vez dicho y hecho todo, sólo eso es lo que era: un tipo. La eterna negativa de sus fans por dejarlo ser nada más que eso al final fue casi tan letal como su “asesino” (y por favor, basta de hablar de esto como un asesinato “político” y dejen de llamarlo un “mártir del rocanrol”). ¿Vieron los especiales de televisión del jueves por la noche? ¿Vieron a todas esas personas frente al departamento de la calle Dakota en donde vivió Lennon cantando “Hey Jude”? ¿Qué creen ustedes que el verdadero John Lennon –cínico, burlonamente sarcástico, abrasivamente ingenioso e iconoclasta- habría dicho de eso?
El mejor John Lennon despreciaba el sentimentalismo barato y tuvo que aprender por las malas que cuando has dejado tu marca en la historia los menos capaces de agradecimiento lo convertirán en una jaula donde meterte. Quienes prefieren falsear sus recuerdos –los que suspiran por la tierra imposible de unos sesenta que para empezar nunca ocurrieron de ese modo- insultan el Edén retroactivo que consagran.
Así que en este tiempo de predicar los últimos íconos, espero que compartan mis pontificaciones personales lo suficiente para permitirme decir que los Beatles ciertamente fueron mucho más que un grupo de cuatro músicos talentosos que incluso probablemente fueran los mejores de su generación. Más que todo los Beatles fueron un momento. Pero la suya no fue la única generación de la historia, y seguir dirigiendo la destripada linterna de aquellos sueños en esta dirección con esperanza de que la llama de algún modo brille de nuevo en los ochenta es una aspiración tan inútil como tratar de convertir las letras de Lennon en poesía. Es por ese momento –y no por John Lennon, el hombre- por lo que se lamentan, si es que se lamentan. A fin de cuentas se lamentan por ustedes mismos.
¿Recuerdan a ese otro tipo, el viejo amigo de ellos que una vez dijo “no sigas a los líderes”? Bueno, pues tenía razón. Pero las mismas personas que tomaron esas palabras y las pusieron en letreros estaban violando la consigna que enarbolaban. Y lo siguen haciendo hasta la fecha. Los Beatles fueron líderes, pero lo fueron guiñando un ojo. Puede que hayan sido más famosos que Jesús, pero no creo que hayan querido ser la religión del mundo. Eso habría abaratado y cubierto de oropel lo que tenían de especiales y maravillosos. Eso no era lo que Lennon quería, de lo contrario no se habría retirado en la segunda mitad de los setenta. Lo que pasó la noche del lunes fue solamente la máxima extensión de todas las fuerzas que lo llevaron a tomar esa decisión en primer lugar.
En algunas de las últimas entrevistas que dio antes de morir, dijo, “de lo que me di cuenta en los cinco años que me alejé fue que cuando dije que el sueño había terminado, había cortado físicamente con los Beatles, pero mentalmente sigue habiendo una gran carga en lo que la gente espera de mí”. Y: “Nosotros éramos los buena onda de los sesenta. Pero el mundo no es como los sesenta. El mundo entero ha cambiado”. Y: “Produzcan su propio sueño. Es bastante posible hacer cualquier cosa… es de lo desconocido que se trata. Y tenerle miedo a eso es lo que hace a la gente salir despavorida por ahí persiguiendo sueños, ilusiones”.
Adiós, nene, y amén.
Los Angeles Times, diciembre 11, 1980.
Versión al castellano: eRRe

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